“Querida Amazonia”

Bollettino Sala Stampa Santa SedeSegue testo multilingue in PDF

pdfquerida-amazzonia.pdf



Testo in lingua originale

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA POSTSINODAL

QUERIDA AMAZONIA

DEL SANTO PADRE FRANCISCO

AL PUEBLO DE DIOS

Y A TODAS LAS PERSONAS DE BUENA VOLUNTAD

1. La querida Amazonia se muestra ante el mundo con todo su esplendor, su drama, su misterio. Dios nos regaló la gracia de tenerla especialmente presente en el Sínodo que tuvo lugar en Roma entre el 6 y el 27 de octubre, y que concluyó con un texto titulado Amazonia: nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral.

El sentido de esta Exhortación

2. Escuché las intervenciones durante el Sínodo y leí con interés las aportaciones de los círculos menores. Con esta Exhortación quiero expresar las resonancias que ha provocado en mí este camino de diálogo y discernimiento. No desarrollaré aquí todas las cuestiones abundantemente expuestas en el Documento conclusivo. No pretendo ni reemplazarlo ni repetirlo. Sólo deseo aportar un breve marco de reflexión que encarne en la realidad amazónica una síntesis de algunas grandes preocupaciones que ya expresé en mis documentos anteriores y que ayude y oriente a una armoniosa, creativa y fructífera recepción de todo el camino sinodal.

3. Al mismo tiempo quiero presentar oficialmente ese Documento, que nos ofrece las conclusiones del Sínodo, en el cual han colaborado tantas personas que conocen mejor que yo y que la Curia romana la problemática de la Amazonia, porque viven en ella, la sufren y la aman con pasión. He preferido no citar ese Documento en esta Exhortación, porque invito a leerlo íntegramente.

4. Dios quiera que toda la Iglesia se deje enriquecer e interpelar por ese trabajo, que los pastores, consagrados, consagradas y fieles laicos de la Amazonia se empeñen en su aplicación, y que pueda inspirar de algún modo a todas las personas de buena voluntad.

Sueños para la Amazonia

5. La Amazonia es una totalidad plurinacional interconectada, un gran bioma compartido por nueve países: Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam, Venezuela y Guayana Francesa. No obstante, dirijo esta Exhortación a todo el mundo. Por un lado, lo hago para ayudar a despertar el afecto y la preocupación por esta tierra que es también “nuestra” e invitarles a admirarla y a reconocerla como un misterio sagrado; por otro lado, porque la atención de la Iglesia a las problemáticas de este lugar nos obliga a retomar brevemente algunas cuestiones que no deberíamos olvidar y que pueden inspirar a otras regiones de la tierra frente a sus propios desafíos.

6. Todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo, de manera que la Esposa de Cristo adquiera multiformes rostros que manifiesten mejor la inagotable riqueza de la gracia. La predicación debe encarnarse, la espiritualidad debe encarnarse, las estructuras de la Iglesia deben encarnarse. Por ello me atrevo humildemente, en esta breve Exhortación, a expresar cuatro grandes sueños que la Amazonia me inspira.

7. Sueño con una Amazonia que luche por los derechos de los más pobres, de los pueblos originarios, de los últimos, donde su voz sea escuchada y su dignidad sea promovida.

Sueño con una Amazonia que preserve esa riqueza cultural que la destaca, donde brilla de modos tan diversos la belleza humana.

Sueño con una Amazonia que custodie celosamente la abrumadora hermosura natural que la engalana, la vida desbordante que llena sus ríos y sus selvas.

Sueño con comunidades cristianas capaces de entregarse y de encarnarse en la Amazonia, hasta el punto de regalar a la Iglesia nuevos rostros con rasgos amazónicos.

CAPÍTULO PRIMERO

UN SUEÑO SOCIAL

8. Nuestro sueño es el de una Amazonia que integre y promueva a todos sus habitantes para que puedan consolidar un “buen vivir”. Pero hace falta un grito profético y una ardua tarea por los más pobres. Porque, si bien la Amazonia enfrenta un desastre ecológico, cabe destacar que «un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres».[1] No nos sirve un conservacionismo «que se preocupa del bioma pero ignora a los pueblos amazónicos».[2]

Injusticia y crimen

9. Los intereses colonizadores que expandieron y expanden —legal e ilegalmente— la extracción de madera y la minería, y que han ido expulsando y acorralando a los pueblos indígenas, ribereños y afrodescendientes, provocan un clamor que grita al cielo:

«Son muchos los árboles
donde habitó la tortura
y bastos los bosques
comprados entre mil muertes».[3]

«Los madereros tienen parlamentarios
y nuestra Amazonia ni quién la defienda […]
Exilian a los loros y a los monos […]
Ya no será igual la cosecha de la castaña».[4]

10. Esto alentó los movimientos migratorios más recientes de los indígenas hacia las periferias de las ciudades. Allí no encuentran una real liberación de sus dramas sino las peores formas de esclavitud, de sometimiento y miseria. En estas ciudades, caracterizadas por una gran desigualdad, donde hoy habita la mayor parte de la población de la Amazonia, crecen también la xenofobia, la explotación sexual y el tráfico de personas. Por eso el grito de la Amazonia no brota solamente del corazón de las selvas, sino también desde el interior de sus ciudades.

11. No es necesario que yo repita aquí los diagnósticos tan amplios y completos que fueron presentados antes y durante el Sínodo. Recordemos al menos una de las voces escuchadas: «Estamos siendo afectados por los madereros, ganaderos y otros terceros. Amenazados por actores económicos que implementan un modelo ajeno en nuestros territorios. Las empresas madereras entran en el territorio para explotar el bosque, nosotros cuidamos el bosque para nuestros hijos, tenemos la carne, pesca, remedios vegetales, árboles frutales […]. La construcción de hidroeléctricas y el proyecto de hidrovías impacta sobre el río y sobre los territorios […]. Somos una región de territorios robados».[5]

12. Ya mi predecesor, Benedicto XVI, denunciaba «la devastación ambiental de la Amazonia y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones».[6] Quiero agregar que muchos dramas estuvieron relacionados con una falsa “mística amazónica”. Notoriamente desde las últimas décadas del siglo pasado, la Amazonia se presentó como un enorme vacío que debe ocuparse, como una riqueza en bruto que debe desarrollarse, como una inmensidad salvaje que debe ser domesticada. Todo esto con una mirada que no reconoce los derechos de los pueblos originarios o sencillamente los ignora como si no existieran o como si esas tierras que ellos habitan no les pertenecieran. Aun en los planes educativos de niños y jóvenes, los indígenas fueron vistos como intrusos o usurpadores. Sus vidas, sus inquietudes, su manera de luchar y de sobrevivir no interesaban, y se los consideraba más como un obstáculo del cual librarse que como seres humanos con la misma dignidad de cualquier otro y con derechos adquiridos.

13. Algunos eslóganes aportaron a esta confusión, entre otros aquel de “no entregar”,[7] como si este avasallamiento pudiera venir sólo desde afuera de los países, cuando también poderes locales, con la excusa del desarrollo, participaron de alianzas con el objetivo de arrasar la selva —con las formas de vida que alberga— de manera impune y sin límites. Los pueblos originarios muchas veces han visto con impotencia la destrucción de ese entorno natural que les permitía alimentarse, curarse, sobrevivir y conservar un estilo de vida y una cultura que les daba identidad y sentido. La disparidad de poder es enorme, los débiles no tienen recursos para defenderse, mientras el ganador sigue llevándoselo todo, «los pueblos pobres permanecen siempre pobres, y los ricos se hacen cada vez más ricos».[8]

14. A los emprendimientos, nacionales o internacionales, que dañan la Amazonia y no respetan el derecho de los pueblos originarios al territorio y a su demarcación, a la autodeterminación y al consentimiento previo, hay que ponerles los nombres que les corresponde: injusticia y crimen. Cuando algunas empresas sedientas de rédito fácil se apropian de los territorios y llegan a privatizar hasta el agua potable, o cuando las autoridades dan vía libre a las madereras, a proyectos mineros o petroleros y a otras actividades que arrasan las selvas y contaminan el ambiente, se transforman indebidamente las relaciones económicas y se convierten en un instrumento que mata. Se suele acudir a recursos alejados de toda ética, como penalizar las protestas e incluso quitar la vida a los indígenas que se oponen a los proyectos, provocar intencionalmente incendios forestales, o sobornar a políticos y a los mismos indígenas. Esto viene acompañado de graves violaciones de los derechos humanos y de nuevas esclavitudes que afectan especialmente a las mujeres, de la peste del narcotráfico que pretende someter a los indígenas, o de la trata de personas que se aprovecha de quienes fueron expulsados de su contexto cultural. No podemos permitir que la globalización se convierta en «un nuevo tipo de colonialismo».[9]

Indignarse y pedir perdón

15. Es necesario indignarse,[10] como se indignaba Moisés (cf. Ex 11,8), como se indignaba Jesús (cf. Mc 3,5), como Dios se indigna ante la injusticia (cf. Am 2,4-8; 5,7-12; Sal 106,40). No es sano que nos habituemos al mal, no nos hace bien permitir que nos anestesien la conciencia social mientras «una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por toda nuestra región […] pone en peligro la vida de millones de personas y en especial el hábitat de los campesinos e indígenas».[11] Las historias de injusticia y crueldad ocurridas en la Amazonia aun durante el siglo pasado deberían provocar un profundo rechazo, pero al mismo tiempo tendrían que volvernos más sensibles para reconocer formas también actuales de explotación humana, de atropello y de muerte. Con respecto al pasado vergonzoso, recojamos, por ejemplo, una narración sobre los padecimientos de los indígenas de la época del caucho en la Amazonia venezolana: «A los indígenas no les daban plata, sólo mercancía y cara, y nunca terminaban de pagarla, […] pagaban pero le decían al indígena: “Ud. está debiendo tanto” y tenía que volver el indígena a trabajar […]. Más de veinte pueblos ye’kuana fueron enteramente arrasados. Las mujeres ye’kuana fueron violadas y amputados sus pechos, las encintas desventradas. A los hombres se les cortaban los dedos de las manos o las muñecas a fin de que no pudieran navegar, […] junto con otras escenas del más absurdo sadismo».[12]

16. Esta historia de dolor y de desprecios no se sana fácilmente. Y la colonización no se detiene, sino que en muchos lugares se transforma, se disfraza y se disimula,[13] pero no pierde la prepotencia contra la vida de los pobres y la fragilidad del ambiente. Los Obispos de la Amazonia brasileña recordaron que «la historia de la Amazonia revela que siempre fue una minoría la que lucraba a costa de la pobreza de la mayoría y de la depredación sin escrúpulos de las riquezas naturales de la región, dádiva divina para los pueblos que aquí viven desde milenios y para los migrantes que llegaron a lo largo de los siglos pasados».[14]

17. Al mismo tiempo que dejamos brotar una sana indignación, recordamos que siempre es posible superar las diversas mentalidades de colonización para construir redes de solidaridad y desarrollo; «el desafío consiste en asegurar una globalización en la solidaridad, una globalización sin dejar nadie al margen».[15] Se pueden buscar alternativas de ganadería y agricultura sostenibles, de energías que no contaminen, de fuentes dignas de trabajo que no impliquen la destrucción del medioambiente y de las culturas. Al mismo tiempo, hace falta asegurar para los indígenas y los más pobres una educación adaptada que desarrolle sus capacidades y los empodere. Precisamente en estos objetivos se juegan la verdadera astucia y la genuina capacidad de los políticos. No será para devolver a los muertos la vida que se les negó, ni siquiera para compensar a los sobrevivientes de aquellas masacres, sino al menos para ser hoy realmente humanos.

18. Nos alienta recordar que, en medio de los graves excesos de la colonización de la Amazonia, llena de «contradicciones y desgarramientos»,[16] muchos misioneros llegaron allí con el Evangelio, dejando sus países y aceptando una vida austera y desafiante cerca de los más desprotegidos. Sabemos que no todos fueron ejemplares, pero la tarea de los que se mantuvieron fieles al Evangelio también inspiró «una legislación como las Leyes de Indias que protegían la dignidad de los indígenas contra los atropellos de sus pueblos y territorios».[17] Dado que frecuentemente eran los sacerdotes quienes protegían de salteadores y abusadores a los indígenas, los misioneros relatan: «Nos pedían con insistencia que no los abandonáramos y nos arrancaban la promesa de volver nuevamente».[18]

19. En el momento actual la Iglesia no puede estar menos comprometida, y está llamada a escuchar los clamores de los pueblos amazónicos «para poder ejercer con transparencia su rol profético».[19] Al mismo tiempo, ya que no podemos negar que el trigo se mezcló con la cizaña y que no siempre los misioneros estuvieron del lado de los oprimidos, me avergüenzo y una vez más «pido humildemente perdón, no sólo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América»[20] y por los atroces crímenes que siguieron a través de toda la historia de la Amazonia. A los miembros de los pueblos originarios, les doy gracias y les digo nuevamente que «ustedes con su vida son un grito a la conciencia […]. Ustedes son memoria viva de la misión que Dios nos ha encomendado a todos: cuidar la Casa común».[21]

Sentido comunitario

20. La lucha social implica una capacidad de fraternidad, un espíritu de comunión humana. Entonces, sin disminuir la importancia de la libertad personal, se evidencia que los pueblos originarios de la Amazonia tienen un fuerte sentido comunitario. Ellos viven de ese modo «el trabajo, el descanso, las relaciones humanas, los ritos y las celebraciones. Todo se comparte, los espacios privados —típicos de la modernidad— son mínimos. La vida es un camino comunitario donde las tareas y las responsabilidades se dividen y se comparten en función del bien común. No hay lugar para la idea de individuo desligado de la comunidad o de su territorio».[22] Esas relaciones humanas están impregnadas por la naturaleza circundante, porque ellos la sienten y perciben como una realidad que integra su sociedad y su cultura, como una prolongación de su cuerpo personal, familiar y grupal:

«Aquel lucero se aproxima
aletean los colibríes
más que la cascada truena mi corazón
con esos tus labios regaré la tierra
que en nosotros juegue el viento».[23]

21. Esto multiplica el efecto desintegrador del desarraigo que viven los indígenas que se ven obligados a emigrar a la ciudad, intentando sobrevivir, incluso a veces indignamente, en medio de los hábitos urbanos más individualistas y de un ambiente hostil. ¿Cómo sanar tanto daño? ¿Cómo recomponer esas vidas desarraigadas? Frente a tal realidad, hay que valorar y acompañar todos los esfuerzos que hacen muchos de estos grupos para conservar sus valores y estilo de vida, e integrarse en los contextos nuevos sin perderlos, más bien, ofreciéndolos como una contribución propia al bien común.

22. Cristo redimió al ser humano entero y quiere recomponer en cada uno su capacidad de relación con los otros. El Evangelio propone la caridad divina que brota del Corazón de Cristo y que genera una búsqueda de justicia que es inseparablemente un canto de fraternidad y de solidaridad, un estímulo para la cultura del encuentro. La sabiduría de la manera de vivir de los pueblos originarios —aun con todos los límites que pueda tener— nos estimula a profundizar este anhelo. Por esa razón los Obispos del Ecuador reclamaron «un nuevo sistema social y cultural que privilegie las relaciones fraternas, en un marco de reconocimiento y valoración de las diversas culturas y de los ecosistemas, capaz de oponerse a toda forma de discriminación y dominación entre los seres humanos».[24]

Instituciones dañadas

23. En Laudato si’ recordábamos que «si todo está relacionado, también la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana […]. Dentro de cada uno de los niveles sociales y entre ellos, se desarrollan las instituciones que regulan las relaciones humanas. Todo lo que las dañe entraña efectos nocivos, como la pérdida de la libertad, la injusticia y la violencia. Varios países se rigen con un nivel institucional precario, a costa del sufrimiento de las poblaciones».[25]

24. ¿Cómo están las instituciones de la sociedad civil en la Amazonia? El Instrumentum laboris del Sínodo, que recoge muchas aportaciones de personas y grupos de la Amazonia, se refiere a «una cultura que envenena al Estado y sus instituciones, permeando todos los estamentos sociales, incluso las comunidades indígenas. Se trata de un verdadero flagelo moral; como resultado se pierde la confianza en las instituciones y en sus representantes, lo cual desprestigia totalmente la política y las organizaciones sociales. Los pueblos amazónicos no son ajenos a la corrupción, y se convierten en sus principales víctimas».[26]

25. No podemos excluir que miembros de la Iglesia hayan sido parte de las redes de corrupción, a veces hasta el punto de aceptar guardar silencio a cambio de ayudas económicas para las obras eclesiales. Precisamente por esto han llegado propuestas al Sínodo que invitan a «prestar una especial atención a la procedencia de donaciones u otra clase de beneficios, así como a las inversiones realizadas por las instituciones eclesiásticas o los cristianos».[27]

Diálogo social

26. La Amazonia debería ser también un lugar de diálogo social, especialmente entre los distintos pueblos originarios, para encontrar formas de comunión y de lucha conjunta. Los demás estamos llamados a participar como “invitados” y a buscar con sumo respeto caminos de encuentro que enriquezcan a la Amazonia. Pero si queremos dialogar, deberíamos hacerlo ante todo con los últimos. Ellos no son un interlocutor cualquiera a quien hay que convencer, ni siquiera son uno más sentado en una mesa de pares. Ellos son los principales interlocutores, de los cuales ante todo tenemos que aprender, a quienes tenemos que escuchar por un deber de justicia, y a quienes debemos pedir permiso para poder presentar nuestras propuestas. Su palabra, sus esperanzas, sus temores deberían ser la voz más potente en cualquier mesa de diálogo sobre la Amazonia, y la gran pregunta es: ¿Cómo imaginan ellos mismos su buen vivir para ellos y sus descendientes?

27. El diálogo no solamente debe privilegiar la opción preferencial por la defensa de los pobres, marginados y excluidos, sino que los respeta como protagonistas. Se trata de reconocer al otro y de valorarlo “como otro”, con su sensibilidad, sus opciones más íntimas, su manera de vivir y trabajar. De otro modo, lo que resulte será, como siempre, «un proyecto de unos pocos para unos pocos»,[28] cuando no «un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz».[29] Si esto sucede «es necesaria una voz profética»[30] y los cristianos estamos llamados a hacerla oír.

De aquí nace el siguiente sueño.

CAPÍTULO SEGUNDO

UN SUEÑO CULTURAL

28. El asunto es promover la Amazonia, pero esto no implica colonizarla culturalmente sino ayudar a que ella misma saque lo mejor de sí. Ese es el sentido de la mejor tarea educativa: cultivar sin desarraigar, hacer crecer sin debilitar la identidad, promover sin invadir. Así como hay potencialidades en la naturaleza que podrían perderse para siempre, lo mismo puede ocurrir con culturas que tienen un mensaje todavía no escuchado y que hoy están amenazadas más que nunca.

El poliedro amazónico

29. En la Amazonia existen muchos pueblos y nacionalidades, y más de 110 pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV).[31] Su situación es muy frágil y muchos sienten que son los últimos depositarios de un tesoro encaminado a desaparecer, como si sólo se les permitiera sobrevivir sin molestar, mientras la colonización posmoderna avanza. Hay que evitar entenderlos como salvajes “incivilizados”. Simplemente ellos gestaron culturas diferentes y otras formas de civilización que antiguamente llegaron a ser muy desarrolladas.[32]

30. Antes de la colonización, la población se concentraba en los márgenes de los ríos y lagos, pero el avance colonizador expulsó a los antiguos habitantes hacia el interior de la selva. Hoy la creciente desertificación vuelve a expulsar a muchos que terminan habitando las periferias o las aceras de las ciudades a veces en una miseria extrema, pero también en una fragmentación interior a causa de la pérdida de los valores que los sostenían. Allí suelen faltarles los puntos de referencia y las raíces culturales que les daban una identidad y un sentido de dignidad, y engrosan el sector de los desechados. Así se corta la transmisión cultural de una sabiduría que fue traspasándose durante siglos de generación en generación. Las ciudades, que deberían ser lugares de encuentro, de enriquecimiento mutuo, de fecundación entre distintas culturas, se convierten en el escenario de un doloroso descarte.

31. Cada pueblo que logró sobrevivir en la Amazonia tiene su identidad cultural y una riqueza única en un universo pluricultural, debido a la estrecha relación que establecen los habitantes con su entorno, en una simbiosis —no determinista— difícil de entender con esquemas mentales externos:

«Una vez había un paisaje que salía con su río,
sus animales, sus nubes y sus árboles.
Pero a veces, cuando no se veía por ningún lado
el paisaje con su río y sus árboles,
a las cosas les tocaba salir en la mente de un muchacho».[33]

«Del río haz tu sangre […].
Luego plántate,
germina y crece
que tu raíz
se aferre a la tierra
por siempre jamás
y por último
sé canoa,
bote, balsa,
pate, tinaja,
tambo y hombre».[34]

32. Los grupos humanos, sus estilos de vida y sus cosmovisiones, son tan variados como el territorio, puesto que han debido adaptarse a la geografía y a sus posibilidades. No son lo mismo los pueblos pescadores que los pueblos cazadores y recolectores de tierra adentro o que los pueblos que cultivan las tierras inundables. Todavía encontramos en la Amazonia miles de comunidades indígenas, afrodescendientes, ribereños y habitantes de las ciudades que a su vez son muy diferentes entre sí y albergan una gran diversidad humana. A través de un territorio y de sus características Dios se manifiesta, refleja algo de su inagotable belleza. Por lo tanto, los distintos grupos, en una síntesis vital con su entorno, desarrollan un modo propio de sabiduría. Quienes observamos desde afuera deberíamos evitar generalizaciones injustas, discursos simplistas o conclusiones hechas sólo a partir de nuestras propias estructuras mentales y experiencias.

Cuidar las raíces

33. Quiero recordar ahora que «la visión consumista del ser humano, alentada por los engranajes de la actual economía globalizada, tiende a homogeneizar las culturas y a debilitar la inmensa variedad cultural, que es un tesoro de la humanidad».[35] Esto afecta mucho a los jóvenes, cuando se tiende «a disolver las diferencias propias de su lugar de origen, a convertirlos en seres manipulables hechos en serie».[36] Para evitar esta dinámica de empobrecimiento humano, hace falta amar y cuidar las raíces, porque ellas son «un punto de arraigo que nos permite desarrollarnos y responder a los nuevos desafíos».[37] Invito a los jóvenes de la Amazonia, especialmente a los indígenas, a «hacerse cargo de las raíces, porque de las raíces viene la fuerza que los va a hacer crecer, florecer y fructificar».[38] Para los bautizados entre ellos, estas raíces incluyen la historia del pueblo de Israel y de la Iglesia hasta el día de hoy. Conocerlas es una fuente de alegría y sobre todo de esperanza que inspira acciones valientes y valerosas.

34. Durante siglos, los pueblos amazónicos transmitieron su sabiduría cultural de modo oral, con mitos, leyendas, narraciones, como ocurría con «esos primitivos habladores que recorrían los bosques llevando historias de aldea en aldea, manteniendo viva a una comunidad a la que sin el cordón umbilical de esas historias, la distancia y la incomunicación hubieran fragmentado y disuelto».[39] Por eso es importante «dejar que los ancianos hagan largas narraciones»[40] y que los jóvenes se detengan a beber de esa fuente.

35. Mientras el riesgo de que se pierda esta riqueza cultural es cada vez mayor, gracias a Dios en los últimos años algunos pueblos han comenzado a escribir para narrar sus historias y describir el sentido de sus costumbres. Así ellos mismos pueden reconocer de manera explícita que hay algo más que una identidad étnica y que son depositarios de preciosas memorias personales, familiares y colectivas. Me hace feliz ver que, quienes han perdido el contacto con sus raíces, intenten recuperar la memoria dañada. Por otra parte, también en los sectores profesionales fue desarrollándose un mayor sentido de identidad amazónica y aun para ellos, muchas veces descendientes de inmigrantes, la Amazonia se convirtió en fuente de inspiración artística, literaria, musical, cultural. Las diversas artes y destacadamente la poesía, se dejaron inspirar por el agua, la selva, la vida que bulle, así como por la diversidad cultural y por los desafíos ecológicos y sociales.

Encuentro intercultural

36. Como toda realidad cultural, las culturas de la Amazonia profunda tienen sus límites. Las culturas urbanas de occidente también los tienen. Factores como el consumismo, el individualismo, la discriminación, la desigualdad, y tantos otros, componen aspectos frágiles de las culturas supuestamente más evolucionadas. Las etnias que desarrollaron un tesoro cultural estando enlazadas con la naturaleza, con fuerte sentido comunitario, advierten con facilidad nuestras sombras, que nosotros no reconocemos en medio del pretendido progreso. Por consiguiente, recoger su experiencia de la vida nos hará bien.

37. Desde nuestras raíces nos sentamos a la mesa común, lugar de conversación y de esperanzas compartidas. De ese modo la diferencia, que puede ser una bandera o una frontera, se transforma en un puente. La identidad y el diálogo no son enemigos. La propia identidad cultural se arraiga y se enriquece en el diálogo con los diferentes y la auténtica preservación no es un aislamiento empobrecedor. De ahí que no sea mi intención proponer un indigenismo completamente cerrado, ahistórico, estático, que se niegue a toda forma de mestizaje. Una cultura puede volverse estéril cuando «se encierra en sí misma y trata de perpetuar formas de vida anticuadas, rechazando cualquier cambio y confrontación sobre la verdad del hombre».[41] Esto podría parecer poco realista, ya que no es fácil protegerse de la invasión cultural. Por ello, este interés en cuidar los valores culturales de los grupos indígenas debería ser de todos, porque su riqueza es también nuestra. Si no crecemos en este sentido de corresponsabilidad ante la diversidad que hermosea nuestra humanidad, no cabe exigir a los grupos de selva adentro que se abran ingenuamente a la “civilización”.

38. En la Amazonia, aun entre los diversos pueblos originarios, es posible desarrollar «relaciones interculturales donde la diversidad no significa amenaza, no justifica jerarquías de poder de unos sobre otros, sino diálogo desde visiones culturales diferentes, de celebración, de interrelación y de reavivamiento de la esperanza».[42]

Culturas amenazadas, pueblos en riesgo

39. La economía globalizada daña sin pudor la riqueza humana, social y cultural. La desintegración de las familias, que se da a partir de migraciones forzadas, afecta la transmisión de valores, porque «la familia es y ha sido siempre la institución social que más ha contribuido a mantener vivas nuestras culturas».[43] Además, «frente a una invasión colonizadora de medios de comunicación masiva», es necesario promover para los pueblos originarios «comunicaciones alternativas desde sus propias lenguas y culturas» y que «los propios sujetos indígenas se hagan presentes en los medios de comunicación ya existentes».[44]

40. En cualquier proyecto para la Amazonia «hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos y las culturas, y así entender que el desarrollo de un grupo social […] requiere del continuado protagonismo de los actores sociales locales desde su propia cultura. Ni siquiera la noción de calidad de vida puede imponerse, sino que debe entenderse dentro del mundo de símbolos y hábitos propios de cada grupo humano».[45] Pero si las culturas ancestrales de los pueblos originarios nacieron y se desarrollaron en íntimo contacto con el entorno natural, difícilmente puedan quedar indemnes cuando ese ambiente se daña.

Esto abre paso al siguiente sueño.

CAPÍTULO TERCERO

UN SUEÑO ECOLÓGICO

41. En una realidad cultural como la Amazonia, donde existe una relación tan estrecha del ser humano con la naturaleza, la existencia cotidiana es siempre cósmica. Liberar a los demás de sus esclavitudes implica ciertamente cuidar su ambiente y defenderlo,[46] pero todavía más ayudar al corazón del hombre a abrirse confiadamente a aquel Dios que, no sólo ha creado todo lo que existe, sino que también se nos ha dado a sí mismo en Jesucristo. El Señor, que primero cuida de nosotros, nos enseña a cuidar de nuestros hermanos y hermanas, y del ambiente que cada día Él nos regala. Esta es la primera ecología que necesitamos. En la Amazonia se comprenden mejor las palabras de Benedicto XVI cuando decía que «además de la ecología de la naturaleza hay una ecología que podemos llamar “humana”, y que a su vez requiere una “ecología social”. Esto comporta que la humanidad […] debe tener siempre presente la interrelación ente la ecología natural, es decir el respeto por la naturaleza, y la ecología humana».[47] Esa insistencia en que «todo está conectado»[48] vale especialmente para un territorio como la Amazonia.

42. Si el cuidado de las personas y el cuidado de los ecosistemas son inseparables, esto se vuelve particularmente significativo allí donde «la selva no es un recurso para explotar, es un ser, o varios seres con quienes relacionarse».[49] La sabiduría de los pueblos originarios de la Amazonia «inspira el cuidado y el respeto por la creación, con conciencia clara de sus límites, prohibiendo su abuso. Abusar de la naturaleza es abusar de los ancestros, de los hermanos y hermanas, de la creación, y del Creador, hipotecando el futuro».[50] Los indígenas, «cuando permanecen en sus territorios, son precisamente ellos quienes mejor los cuidan»,[51] siempre que no se dejen atrapar por los cantos de sirena y por las ofertas interesadas de grupos de poder. Los daños a la naturaleza los afectan de un modo muy directo y constatable, porque —dicen—: «Somos agua, aire, tierra y vida del medio ambiente creado por Dios. Por lo tanto, pedimos que cesen los maltratos y el exterminio de la Madre tierra. La tierra tiene sangre y se está desangrando, las multinacionales le han cortado las venas a nuestra Madre tierra».[52]

Este sueño hecho de agua

43. En la Amazonia el agua es la reina, los ríos y arroyos son como venas, y toda forma de vida está determinada por ella:

«Allí, en la plenitud de los estíos ardientes, cuando se diluyen, muertas en los aires inmóviles, las últimas ráfagas del este, el termómetro está substituido por el higrómetro en la definición del clima. Las existencias derivan de una alternativa dolorosa de bajantes y crecientes de los grandes ríos. Estos se elevan siempre de una manera asombrosa. El Amazonas, repleto, sale de su lecho, levanta en pocos días el nivel de sus aguas […]. La creciente es una parada en la vida. Preso entre las mallas de los igarapíes, el hombre aguarda entonces, con raro estoicismo ante la fatalidad irrefrenable, el término de aquel invierno paradójico, de temperaturas elevadas. La bajante es el verano. Es la resurrección de la actividad rudimentaria de los que por allí se agitan, de la única forma de vida compatible con la naturaleza que se extrema en manifestaciones dispares, tornando imposible la continuación de cualquier esfuerzo».[53]

44. El agua deslumbra en el gran Amazonas, que recoge y vivifica todo a su alrededor:

«Amazonas
capital de las sílabas del agua,
padre patriarca, eres
la eternidad secreta
de las fecundaciones,
te caen ríos como aves…».[54]

45. Es además la columna vertebral que armoniza y une: «El río no nos separa, nos une, nos ayuda a convivir entre diferentes culturas y lenguas».[55] Si bien es verdad que en este territorio hay muchas “Amazonias”, su eje principal es el gran río, hijo de muchos ríos:

«De la altura extrema de la cordillera, donde las nieves son eternas, el agua se desprende y traza un esbozo trémulo en la piel antigua de la piedra: el Amazonas acaba de nacer. Nace a cada instante. Desciende lenta, sinuosa luz, para crecer en la tierra. Espantando verdes, inventa su camino y se acrecienta. Aguas subterráneas afloran para abrazarse con el agua que desciende de Los Andes. De la barriga de las nubes blanquísimas, tocadas por el viento, cae el agua celeste. Reunidas avanzan, multiplicadas en infinitos caminos, bañando la inmensa planicie […]. Es la Gran Amazonia, toda en el trópico húmedo, con su selva compacta y atolondrante, donde todavía palpita, intocada y en vastos lugares jamás sorprendida por el hombre, la vida que se fue urdiendo en las intimidades del agua [...]. Desde que el hombre la habita, se yergue de las profundidades de sus aguas, y se escurre de los altos centros de su selva un terrible temor: de que esa vida esté, despacito, tomando el rumbo del fin».[56]

46. Los poetas populares, que se enamoraron de su inmensa belleza, han tratado de expresar lo que este río les hace sentir y la vida que él regala a su paso, en una danza de delfines, anacondas, árboles y canoas. Pero también lamentan los peligros que lo amenazan. Estos poetas, contemplativos y proféticos, nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista que destroza la naturaleza y que nos deja sin una existencia realmente digna:

«El mundo sufre de la transformación de los pies en caucho, de las piernas en cuero, del cuerpo en paño y de la cabeza en acero […]. El mundo sufre la transformación de la pala en fusil, del arado en tanque de guerra, de la imagen del sembrador que siembra en la del autómata con su lanzallamas, de cuya sementera brotan desiertos. Sólo la poesía, con la humildad de su voz, podrá salvar a este mundo».[57]

El grito de la Amazonia

47. La poesía ayuda a expresar una dolorosa sensación que hoy muchos compartimos. La verdad insoslayable es que, en las actuales condiciones, con este modo de tratar a la Amazonia, tanta vida y tanta hermosura están “tomando el rumbo del fin”, aunque muchos quieran seguir creyendo que no pasa nada:

«Los que creyeron que el río era un lazo para jugar se equivocaron.
El río es una vena delgadita en la cara de la tierra. […]
El río es una cuerda de donde se agarran los animales y los árboles.
Si lo jalan muy duro, el río podría reventarse.
Podría reventarse y lavarnos la cara con el agua y con la sangre».[58]

48. El equilibrio planetario depende también de la salud de la Amazonia. Junto con el bioma del Congo y del Borneo, deslumbra por la diversidad de sus bosques, de los cuales también dependen los ciclos de las lluvias, el equilibrio del clima y una gran variedad de seres vivos. Funciona como un gran filtro del dióxido de carbono, que ayuda a evitar el calentamiento de la tierra. En gran parte, su suelo es pobre en humus, por lo cual la selva «crece realmente sobre el suelo y no del suelo».[59] Cuando se elimina la selva, esta no es reemplazada, porque queda un terreno con pocos nutrientes que se convierte en territorio desértico o pobre en vegetación. Esto es grave, porque en las entrañas de la selva amazónica subsisten innumerables recursos que podrían ser indispensables para la curación de enfermedades. Sus peces, frutas y otros dones desbordantes enriquecen la alimentación humana. Además, en un ecosistema como el amazónico, la importancia de cada parte en el cuidado del todo se vuelve ineludible. Las tierras bajas y la vegetación marina también necesitan ser fertilizadas por lo que arrastra el Amazonas. El grito de la Amazonia alcanza a todos porque la «conquista y explotación de los recursos […] amenaza hoy la misma capacidad de acogida del medioambiente: el ambiente como “recurso” pone en peligro el ambiente como “casa”».[60] El interés de unas pocas empresas poderosas no debería estar por encima del bien de la Amazonia y de la humanidad entera.

49. No es suficiente prestar atención al cuidado de las especies más visibles en riesgo de extinción. Es crucial tener en cuenta que en «el buen funcionamiento de los ecosistemas también son necesarios los hongos, las algas, los gusanos, los insectos, los reptiles y la innumerable variedad de microorganismos. Algunas especies poco numerosas, que suelen pasar desapercibidas, juegan un rol crítico fundamental para estabilizar el equilibrio de un lugar».[61] Esto fácilmente es ignorado en la evaluación del impacto ambiental de los proyectos económicos de industrias extractivas, energéticas, madereras y otras que destruyen y contaminan. Por otra parte, el agua, que abunda en la Amazonia, es un bien esencial para la sobrevivencia humana, pero las fuentes de contaminación son cada vez mayores.[62]

50. Es verdad que, además de los intereses económicos de empresarios y políticos locales, están también «los enormes intereses económicos internacionales».[63] La solución no está, entonces, en una “internacionalización” de la Amazonia,[64] pero se vuelve más grave la responsabilidad de los gobiernos nacionales. Por esta misma razón «es loable la tarea de organismos internacionales y de organizaciones de la sociedad civil que sensibilizan a las poblaciones y cooperan críticamente, también utilizando legítimos mecanismos de presión, para que cada gobierno cumpla con su propio e indelegable deber de preservar el ambiente y los recursos naturales de su país, sin venderse a intereses espurios locales o internacionales».[65]

51. Para cuidar la Amazonia es bueno articular los saberes ancestrales con los conocimientos técnicos contemporáneos, pero siempre procurando un manejo sustentable del territorio que al mismo tiempo preserve el estilo de vida y los sistemas de valores de los pobladores.[66] A ellos, de manera especial a los pueblos originarios, corresponde recibir —además de la formación básica— la información completa y transparente de los proyectos, de su alcance, de sus efectos y riesgos, para poder relacionar esta información con sus intereses y con su propio conocimiento del lugar, y así poder dar o no su consentimiento, o bien proponer alternativas.[67]

52. Los más poderosos no se conforman nunca con las ganancias que obtienen, y los recursos del poder económico se agigantan con el desarrollo científico y tecnológico. Por ello todos deberíamos insistir en la urgencia de «crear un sistema normativo que incluya límites infranqueables y asegure la protección de los ecosistemas, antes que las nuevas formas de poder derivadas del paradigma tecnoeconómico terminen arrasando no sólo con la política sino también con la libertad y la justicia».[68] Si el llamado de Dios necesita de una escucha atenta del clamor de los pobres y de la tierra al mismo tiempo,[69] para nosotros «el grito de la Amazonia al Creador, es semejante al grito del Pueblo de Dios en Egipto (cf. Ex 3,7). Es un grito de esclavitud y abandono, que clama por la libertad».[70]

La profecía de la contemplación

53. Muchas veces dejamos cauterizar la conciencia, porque «la distracción constante nos quita la valentía de advertir la realidad de un mundo limitado y finito».[71] Si se mira la superficie quizás parece «que las cosas no fueran tan graves y que el planeta podría persistir por mucho tiempo en las actuales condiciones. Este comportamiento evasivo nos sirve para seguir con nuestros estilos de vida, de producción y de consumo. Es el modo como el ser humano se las arregla para alimentar todos los vicios autodestructivos: intentando no verlos, luchando para no reconocerlos, postergando las decisiones importantes, actuando como si nada ocurriera».[72]

54. Más allá de todo esto, quiero recordar que cada una de las distintas especies tiene un valor en sí misma, pero «cada año desaparecen miles de especies vegetales y animales que ya no podremos conocer, que nuestros hijos ya no podrán ver, perdidas para siempre. La inmensa mayoría se extinguen por razones que tienen que ver con alguna acción humana. Por nuestra causa, miles de especies ya no darán gloria a Dios con su existencia ni podrán comunicarnos su propio mensaje. No tenemos derecho».[73]

55. Aprendiendo de los pueblos originarios podemos contemplar la Amazonia y no sólo analizarla, para reconocer ese misterio precioso que nos supera. Podemos amarla y no sólo utilizarla, para que el amor despierte un interés hondo y sincero. Es más, podemos sentirnos íntimamente unidos a ella y no sólo defenderla, y entonces la Amazonia se volverá nuestra como una madre. Porque «el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres».[74]

56. Despertemos el sentido estético y contemplativo que Dios puso en nosotros y que a veces dejamos atrofiar. Recordemos que «cuando alguien no aprende a detenerse para percibir y valorar lo bello, no es extraño que todo se convierta para él en objeto de uso y abuso inescrupuloso».[75] En cambio, si entramos en comunión con la selva, fácilmente nuestra voz se unirá a la de ella y se convertirá en oración: «Recostados a la sombra de un viejo eucalipto nuestra plegaria de luz se sumerge en el canto del follaje eterno».[76] Esta conversión interior es lo que podrá permitirnos llorar por la Amazonia y gritar con ella ante el Señor.

57. Jesús decía: «¿No se venden cinco pajarillos por dos monedas? Pues bien, ninguno de ellos está olvidado ante Dios» (Lc 12,6). El Padre Dios, que creó cada ser del universo con infinito amor, nos convoca a ser sus instrumentos en orden a escuchar el grito de la Amazonia. Si nosotros acudimos ante ese clamor desgarrador, podrá manifestarse que las creaturas de la Amazonia no han sido olvidadas por el Padre del cielo. Para los cristianos, el mismo Jesús nos reclama desde ellas, «porque el Resucitado las envuelve misteriosamente y las orienta a un destino de plenitud. Las mismas flores del campo y las aves que Él contempló admirado con sus ojos humanos, ahora están llenas de su presencia luminosa».[77] Por estas razones, los creyentes encontramos en la Amazonia un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos.

Educación y hábitos ecológicos

58. Así podemos dar un paso más y recordar que una ecología integral no se conforma con ajustar cuestiones técnicas o con decisiones políticas, jurídicas y sociales. La gran ecología siempre incorpora un aspecto educativo que provoca el desarrollo de nuevos hábitos en las personas y en los grupos humanos. Lamentablemente muchos habitantes de la Amazonia han adquirido costumbres propias de las grandes ciudades, donde el consumismo y la cultura del descarte ya están muy arraigados. No habrá una ecología sana y sustentable, capaz de transformar algo, si no cambian las personas, si no se las estimula a optar por otro estilo de vida, menos voraz, más sereno, más respetuoso, menos ansioso, más fraterno.

59. Porque «mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir. En este contexto, no parece posible que alguien acepte que la realidad le marque límites. […] No pensemos sólo en la posibilidad de terribles fenómenos climáticos o en grandes desastres naturales, sino también en catástrofes derivadas de crisis sociales, porque la obsesión por un estilo de vida consumista, sobre todo cuando sólo unos pocos puedan sostenerlo, sólo podrá provocar violencia y destrucción recíproca».[78]

60. La Iglesia, con su larga experiencia espiritual, con su renovada consciencia sobre el valor de la creación, con su preocupación por la justicia, con su opción por los últimos, con su tradición educativa y con su historia de encarnación en culturas tan diversas de todo el mundo, también quiere aportar al cuidado y al crecimiento de la Amazonia.

Esto da lugar al siguiente sueño, que quiero compartir más directamente con los pastores y fieles católicos.

CAPÍTULO CUARTO

UN SUEÑO ECLESIAL

61. La Iglesia está llamada a caminar con los pueblos de la Amazonia. En América Latina este caminar tuvo expresiones privilegiadas como la Conferencia de Obispos en Medellín (1968) y su aplicación a la Amazonia en Santarem (1972);[79] y luego en Puebla (1979), Santo Domingo (1992) y Aparecida (2007). El camino continúa, y la tarea misionera, si quiere desarrollar una Iglesia con rostro amazónico, necesita crecer en una cultura del encuentro hacia una «pluriforme armonía».[80] Pero para que sea posible esta encarnación de la Iglesia y del Evangelio debe resonar, una y otra vez, el gran anuncio misionero.

El anuncio indispensable en la Amazonia

62. Frente a tantas necesidades y angustias que claman desde el corazón de la Amazonia, podemos responder a partir de organizaciones sociales, recursos técnicos, espacios de debate, programas políticos, y todo eso puede ser parte de la solución. Pero los cristianos no renunciamos a la propuesta de fe que recibimos del Evangelio. Si bien queremos luchar con todos, codo a codo, no nos avergonzamos de Jesucristo. Para quienes se han encontrado con Él, viven en su amistad y se identifican con su mensaje, es inevitable hablar de Él y acercar a los demás su propuesta de vida nueva: «¡Ay de mí si no evangelizo!» (1 Co 9,16).

63. La auténtica opción por los más pobres y olvidados, al mismo tiempo que nos mueve a liberarlos de la miseria material y a defender sus derechos, implica proponerles la amistad con el Señor que los promueve y dignifica. Sería triste que reciban de nosotros un código de doctrinas o un imperativo moral, pero no el gran anuncio salvífico, ese grito misionero que apunta al corazón y da sentido a todo lo demás. Tampoco podemos conformarnos con un mensaje social. Si damos la vida por ellos, por la justicia y la dignidad que ellos merecen, no podemos ocultarles que lo hacemos porque reconocemos a Cristo en ellos y porque descubrimos la inmensa dignidad que les otorga el Padre Dios que los ama infinitamente.

64. Ellos tienen derecho al anuncio del Evangelio, sobre todo a ese primer anuncio que se llama kerygma y que «es el anuncio principal, ese que siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y ese que siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra».[81] Es el anuncio de un Dios que ama infinitamente a cada ser humano, que ha manifestado plenamente ese amor en Cristo crucificado por nosotros y resucitado en nuestras vidas. Propongo releer un breve resumen sobre este contenido en el capítulo IV de la Exhortación Christus vivit. Este anuncio debe resonar constantemente en la Amazonia, expresado de muchas modalidades diferentes. Sin este anuncio apasionado, cada estructura eclesial se convertirá en una ONG más, y así no responderemos al pedido de Jesucristo: «Vayan por todo el mundo y anuncien el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15).

65. Cualquier propuesta de maduración en la vida cristiana necesita tener como eje permanente este anuncio, porque «toda formación cristiana es ante todo la profundización del kerygma que se va haciendo carne cada vez más y mejor».[82] La reacción fundamental ante ese anuncio, cuando logra provocar un encuentro personal con el Señor, es la caridad fraterna, ese «mandamiento nuevo que es el primero, el más grande, el que mejor nos identifica como discípulos».[83] Así, el kerygma y el amor fraterno conforman la gran síntesis de todo el contenido del Evangelio que no puede dejar de ser propuesta en la Amazonia. Es lo que vivieron grandes evangelizadores de América Latina como santo Toribio de Mogrovejo o san José de Anchieta.

La inculturación

66. La Iglesia, al mismo tiempo que anuncia una y otra vez el kerygma, necesita crecer en la Amazonia. Para ello siempre reconfigura su propia identidad en escucha y diálogo con las personas, realidades e historias de su territorio. De esa forma podrá desarrollarse cada vez más un necesario proceso de inculturación, que no desprecia nada de lo bueno que ya existe en las culturas amazónicas, sino que lo recoge y lo lleva a la plenitud a la luz del Evangelio.[84] Tampoco desprecia la riqueza de sabiduría cristiana transmitida durante siglos, como si se pretendiera ignorar la historia donde Dios ha obrado de múltiples maneras, porque la Iglesia tiene un rostro pluriforme «no sólo desde una perspectiva espacial [...] sino también desde su realidad temporal».[85] Se trata de la auténtica Tradición de la Iglesia, que no es un depósito estático ni una pieza de museo, sino la raíz de un árbol que crece.[86] Es la Tradición milenaria que testimonia la acción divina en su Pueblo y «tiene la misión de mantener vivo el fuego más que conservar sus cenizas».[87]

67. San Juan Pablo II enseñaba que, al presentar su propuesta evangélica, «la Iglesia no pretende negar la autonomía de la cultura. Al contrario, tiene hacia ella el mayor respeto», porque la cultura «no es solamente sujeto de redención y elevación, sino que puede también jugar un rol de mediación y de colaboración».[88] Dirigiéndose a los indígenas del Continente americano recordó que «una fe que no se haga cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida».[89] Los desafíos de las culturas invitan a la Iglesia a «una actitud de vigilante sentido crítico, pero también de atención confiada».[90]

68. Cabe retomar aquí lo que ya expresé en la Exhortación Evangelii gaudium acerca de la inculturación, que tiene como base la convicción de que «la gracia supone la cultura, y el don de Dios se encarna en la cultura de quien lo recibe».[91] Percibamos que esto implica un doble movimiento. Por una parte, una dinámica de fecundación que permite expresar el Evangelio en un lugar, ya que «cuando una comunidad acoge el anuncio de la salvación, el Espíritu Santo fecunda su cultura con la fuerza transformadora del Evangelio».[92] Por otra parte, la misma Iglesia vive un camino receptivo, que la enriquece con lo que el Espíritu ya había sembrado misteriosamente en esa cultura. De ese modo, «el Espíritu Santo embellece a la Iglesia, mostrándole nuevos aspectos de la Revelación y regalándole un nuevo rostro».[93] Se trata, en definitiva, de permitir y de alentar que el anuncio del Evangelio inagotable, comunicado «con categorías propias de la cultura donde es anunciado, provoque una nueva síntesis con esa cultura».[94]

69. Por esto, «como podemos ver en la historia de la Iglesia, el cristianismo no tiene un único modo cultural»[95] y «no haría justicia a la lógica de la encarnación pensar en un cristianismo monocultural y monocorde».[96] Sin embargo, el riesgo de los evangelizadores que llegan a un lugar es creer que no sólo deben comunicar el Evangelio sino también la cultura en la cual ellos han crecido, olvidando que no se trata de «imponer una determinada forma cultural, por más bella y antigua que sea».[97] Hace falta aceptar con valentía la novedad del Espíritu capaz de crear siempre algo nuevo con el tesoro inagotable de Jesucristo, porque «la inculturación coloca a la Iglesia en un camino difícil, pero necesario».[98] Es verdad que «aunque estos procesos son siempre lentos, a veces el miedo nos paraliza demasiado» y terminamos como «espectadores de un estancamiento infecundo de la Iglesia».[99] No temamos, no le cortemos las alas al Espíritu Santo.

Caminos de inculturación en la Amazonia

70. Para lograr una renovada inculturación del Evangelio en la Amazonia, la Iglesia necesita escuchar su sabiduría ancestral, volver a dar voz a los mayores, reconocer los valores presentes en el estilo de vida de las comunidades originarias, recuperar a tiempo las ricas narraciones de los pueblos. En la Amazonia ya hemos recibido riquezas que vienen de las culturas precolombinas, «como la apertura a la acción de Dios, el sentido de la gratitud por los frutos de la tierra, el carácter sagrado de la vida humana y la valoración de la familia, el sentido de solidaridad y la corresponsabilidad en el trabajo común, la importancia de lo cultual, la creencia en una vida más allá de la terrenal, y tantos otros valores».[100]

71. En este contexto, los pueblos indígenas amazónicos expresan la auténtica calidad de vida como un “buen vivir” que implica una armonía personal, familiar, comunitaria y cósmica, y que se expresa en su modo comunitario de pensar la existencia, en la capacidad de encontrar gozo y plenitud en medio de una vida austera y sencilla, así como en el cuidado responsable de la naturaleza que preserva los recursos para las siguientes generaciones. Los pueblos aborígenes podrían ayudarnos a percibir lo que es una feliz sobriedad y en este sentido «tienen mucho que enseñarnos».[101] Ellos saben ser felices con poco, disfrutan los pequeños dones de Dios sin acumular tantas cosas, no destruyen sin necesidad, cuidan los ecosistemas y reconocen que la tierra, al mismo tiempo que se ofrece para sostener su vida, como una fuente generosa, tiene un sentido materno que despierta respetuosa ternura. Todo eso debe ser valorado y recogido en la evangelización.[102]

72. Mientras luchamos por ellos y con ellos, estamos llamados «a ser sus amigos, a escucharlos, a interpretarlos y a recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos».[103] Los habitantes de las ciudades necesitan valorar esta sabiduría y dejarse “reeducar” frente al consumismo ansioso y al aislamiento urbano. La Iglesia misma puede ser un vehículo que ayude a esta recuperación cultural en una preciosa síntesis con el anuncio del Evangelio. Además, ella se convierte en instrumento de caridad en la medida en que las comunidades urbanas no sólo sean misioneras en su entorno, sino también acogedoras ante los pobres que llegan del interior acuciados por la miseria. Lo es igualmente en la medida en que las comunidades estén cerca de los jóvenes migrantes para ayudarles a integrarse en la ciudad sin caer en sus redes de degradación. Estas acciones eclesiales, que brotan del amor, son valiosos caminos dentro de un proceso de inculturación.

73. Pero la inculturación eleva y plenifica. Ciertamente hay que valorar esa mística indígena de la interconexión e interdependencia de todo lo creado, mística de gratuidad que ama la vida como don, mística de admiración sagrada ante la naturaleza que nos desborda con tanta vida. No obstante, también se trata de lograr que esta relación con Dios presente en el cosmos se convierta, cada vez más, en la relación personal con un Tú que sostiene la propia realidad y quiere darle un sentido, un Tú que nos conoce y nos ama:

«Flotan sombras de mí, maderas muertas.
Pero la estrella nace sin reproche
sobre las manos de este niño, expertas,
que conquistan las aguas y la noche.
Me ha de bastar saber que Tú me sabes
entero, desde antes de mis días».[104]

74. De igual modo, la relación con Jesucristo, Dios y hombre verdadero, liberador y redentor, no es enemiga de esta cosmovisión marcadamente cósmica que los caracteriza, porque Él también es el Resucitado que penetra todas las cosas.[105] Para la experiencia cristiana, «todas las criaturas del universo material encuentran su verdadero sentido en el Verbo encarnado, porque el Hijo de Dios ha incorporado en su persona parte del universo material, donde ha introducido un germen de transformación definitiva».[106] Él está gloriosa y misteriosamente presente en el río, en los árboles, en los peces, en el viento, como el Señor que reina en la creación sin perder sus heridas transfiguradas, y en la Eucaristía asume los elementos del mundo dando a cada uno el sentido del don pascual.

Inculturación social y espiritual

75. Esta inculturación, dada la situación de pobreza y abandono de tantos habitantes de la Amazonia, necesariamente tendrá que tener un perfume marcadamente social y caracterizarse por una firme defensa de los derechos humanos, haciendo brillar ese rostro de Cristo que «ha querido identificarse con ternura especial con los más débiles y pobres».[107] Porque «desde el corazón del Evangelio reconocemos la íntima conexión que existe entre evangelización y promoción humana»,[108] y esto implica para las comunidades cristianas un claro compromiso con el Reino de justicia en la promoción de los descartados. Para ello es sumamente importante una adecuada formación de los agentes pastorales en la Doctrina Social de la Iglesia.

76. Al mismo tiempo, la inculturación del Evangelio en la Amazonia debe integrar mejor lo social con lo espiritual, de manera que los más pobres no necesiten ir a buscar fuera de la Iglesia una espiritualidad que responda a los anhelos de su dimensión trascendente. Por lo tanto, no se trata de una religiosidad alienante e individualista que acalle los reclamos sociales por una vida más digna, pero tampoco se trata de mutilar la dimensión trascendente y espiritual como si al ser humano le bastara el desarrollo material. Esto nos convoca no sólo a combinar las dos cosas, sino a conectarlas íntimamente. Así brillará la verdadera hermosura del Evangelio, que es plenamente humanizadora, que dignifica íntegramente a las personas y a los pueblos, que colma el corazón y la vida entera.

Puntos de partida para una santidad amazónica

77. Así podrán nacer testimonios de santidad con rostro amazónico, que no sean copias de modelos de otros lugares, santidad hecha de encuentro y de entrega, de contemplación y de servicio, de soledad receptiva y de vida común, de alegre sobriedad y de lucha por la justicia. A esta santidad la alcanza «cada uno por su camino»,[109] y eso vale también para los pueblos, donde la gracia se encarna y brilla con rasgos distintivos. Imaginemos una santidad con rasgos amazónicos, llamada a interpelar a la Iglesia universal.

78. Un proceso de inculturación, que implica caminos no sólo individuales sino también populares, exige amor al pueblo cargado de respeto y comprensión. En buena parte de la Amazonia este proceso ya se ha iniciado. Hace más de cuarenta años los Obispos de la Amazonia del Perú destacaban que en muchos de los grupos presentes en esa región «el sujeto de evangelización, modelado por una cultura propia múltiple y cambiante, está inicialmente evangelizado» ya que posee «ciertos rasgos de catolicismo popular que, aunque primitivamente quizás fueron promovidos por agentes pastorales, actualmente son algo que el pueblo ha hecho suyo y hasta les ha cambiado los significados y los transmite de generación en generación».[110] No nos apresuremos en calificar de superstición o de paganismo algunas expresiones religiosas que surgen espontáneamente de la vida de los pueblos. Más bien hay que saber reconocer el trigo que crece entre la cizaña, porque «en la piedad popular puede percibirse el modo en que la fe recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo».[111]

79. Es posible recoger de alguna manera un símbolo indígena sin calificarlo necesariamente de idolatría. Un mito cargado de sentido espiritual puede ser aprovechado, y no siempre considerado un error pagano. Algunas fiestas religiosas contienen un significado sagrado y son espacios de reencuentro y de fraternidad, aunque se requiera un lento proceso de purificación o de maduración. Un misionero de alma trata de descubrir qué inquietudes legítimas buscan un cauce en manifestaciones religiosas a veces imperfectas, parciales o equivocadas, e intenta responder desde una espiritualidad inculturada.

80. Será sin duda una espiritualidad centrada en el único Dios y Señor, pero al mismo tiempo capaz de entrar en contacto con las necesidades cotidianas de las personas que procuran una vida digna, que quieren disfrutar de las cosas bellas de la existencia, encontrar la paz y la armonía, resolver las crisis familiares, curar sus enfermedades, ver a sus hijos crecer felices. El peor peligro sería alejarlos del encuentro con Cristo por presentarlo como un enemigo del gozo, o como alguien indiferente ante las búsquedas y las angustias humanas.[112] Hoy es indispensable mostrar que la santidad no deja a las personas sin «fuerzas, vida o alegría».[113]

La inculturación de la liturgia

81. La inculturación de la espiritualidad cristiana en las culturas de los pueblos originarios tiene en los sacramentos un camino de especial valor, porque en ellos se une lo divino y lo cósmico, la gracia y la creación. En la Amazonia no deberían entenderse como una separación con respecto a lo creado. Ellos «son un modo privilegiado de cómo la naturaleza es asumida por Dios y se convierte en mediación de la vida sobrenatural».[114] Son una plenificación de lo creado, donde la naturaleza es elevada para que sea lugar e instrumento de la gracia, para «abrazar el mundo en un nivel distinto».[115]

82. En la Eucaristía, Dios «en el colmo del misterio de la Encarnación, quiso llegar a nuestra intimidad a través de un pedazo de materia. […] [Ella] une el cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado».[116] Por esa razón puede ser «motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y nos orienta a ser custodios de todo lo creado».[117] Así «no escapamos del mundo ni negamos la naturaleza cuando queremos encontrarnos con Dios».[118] Esto nos permite recoger en la liturgia muchos elementos propios de la experiencia de los indígenas en su íntimo contacto con la naturaleza y estimular expresiones autóctonas en cantos, danzas, ritos, gestos y símbolos. Ya el Concilio Vaticano II había pedido este esfuerzo de inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas,[119] pero han pasado más de cincuenta años y hemos avanzado poco en esta línea.[120]

83. Al domingo, «la espiritualidad cristiana incorpora el valor del descanso y de la fiesta. El ser humano tiende a reducir el descanso contemplativo al ámbito de lo infecundo o innecesario, olvidando que así se quita a la obra que se realiza lo más importante: su sentido. Estamos llamados a incluir en nuestro obrar una dimensión receptiva y gratuita».[121] Los pueblos originarios saben de esta gratuidad y de este sano ocio contemplativo. Nuestras celebraciones deberían ayudarles a vivir esta experiencia en la liturgia dominical y a encontrarse con la luz de la Palabra y de la Eucaristía que ilumina nuestras vidas concretas.

84. Los sacramentos muestran y comunican al Dios cercano que llega con misericordia a curar y a fortalecer a sus hijos. Por lo tanto deben ser accesibles, sobre todo para los pobres, y nunca deben negarse por razones de dinero. Tampoco cabe, frente a los pobres y olvidados de la Amazonia, una disciplina que excluya y aleje, porque así ellos son finalmente descartados por una Iglesia convertida en aduana. Más bien, «en las difíciles situaciones que viven las personas más necesitadas, la Iglesia debe tener un especial cuidado para comprender, consolar, integrar, evitando imponerles una serie de normas como si fueran una roca, con lo cual se consigue el efecto de hacer que se sientan juzgadas y abandonadas precisamente por esa Madre que está llamada a acercarles la misericordia de Dios».[122] Para la Iglesia la misericordia puede volverse una mera expresión romántica si no se manifiesta concretamente en la tarea pastoral.[123]

La inculturación de la ministerialidad

85. La inculturación también debe desarrollarse y reflejarse en una forma encarnada de llevar adelante la organización eclesial y la ministerialidad. Si se incultura la espiritualidad, si se incultura la santidad, si se incultura el Evangelio mismo, ¿cómo evitar pensar en una inculturación del modo como se estructuran y se viven los ministerios eclesiales? La pastoral de la Iglesia tiene en la Amazonia una presencia precaria, debida en parte a la inmensa extensión territorial con muchos lugares de difícil acceso, gran diversidad cultural, serios problemas sociales, y la propia opción de algunos pueblos de recluirse. Esto no puede dejarnos indiferentes y exige de la Iglesia una respuesta específica y valiente.

86. Se requiere lograr que la ministerialidad se configure de tal manera que esté al servicio de una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía, aun en las comunidades más remotas y escondidas. En Aparecida se invitó a escuchar el lamento de tantas comunidades de la Amazonia «privadas de la Eucaristía dominical por largos períodos».[124] Pero al mismo tiempo se necesitan ministros que puedan comprender desde dentro la sensibilidad y las culturas amazónicas.

87. El modo de configurar la vida y el ejercicio del ministerio de los sacerdotes no es monolítico, y adquiere diversos matices en distintos lugares de la tierra. Por eso es importante determinar qué es lo más específico del sacerdote, aquello que no puede ser delegado. La respuesta está en el sacramento del Orden sagrado, que lo configura con Cristo sacerdote. Y la primera conclusión es que ese carácter exclusivo recibido en el Orden, lo capacita sólo a él para presidir la Eucaristía.[125] Esa es su función específica, principal e indelegable. Algunos piensan que lo que distingue al sacerdote es el poder, el hecho de ser la máxima autoridad de la comunidad. Pero san Juan Pablo II explicó que aunque el sacerdocio se considere “jerárquico”, esta función no tiene el valor de estar por encima del resto, sino que «está ordenada totalmente a la santidad de los miembros del Cuerpo místico de Cristo».[126] Cuando se afirma que el sacerdote es signo de “Cristo cabeza”, el sentido principal es que Cristo es la fuente de la gracia: Él es cabeza de la Iglesia «porque tiene el poder de hacer correr la gracia por todos los miembros de la Iglesia».[127]

88. El sacerdote es signo de esa Cabeza que derrama la gracia ante todo cuando celebra la Eucaristía, fuente y culmen de toda la vida cristiana.[128] Esa es su gran potestad, que sólo puede ser recibida en el sacramento del Orden sacerdotal. Por eso únicamente él puede decir: “Esto es mi cuerpo”. Hay otras palabras que sólo él puede pronunciar: “Yo te absuelvo de tus pecados”. Porque el perdón sacramental está al servicio de una celebración eucarística digna. En estos dos sacramentos está el corazón de su identidad exclusiva.[129]

89. En las circunstancias específicas de la Amazonia, de manera especial en sus selvas y lugares más remotos, hay que encontrar un modo de asegurar ese ministerio sacerdotal. Los laicos podrán anunciar la Palabra, enseñar, organizar sus comunidades, celebrar algunos sacramentos, buscar distintos cauces para la piedad popular y desarrollar la multitud de dones que el Espíritu derrama en ellos. Pero necesitan la celebración de la Eucaristía porque ella «hace la Iglesia»,[130] y llegamos a decir que «no se edifica ninguna comunidad cristiana si esta no tiene su raíz y centro en la celebración de la sagrada Eucaristía».[131] Si de verdad creemos que esto es así, es urgente evitar que los pueblos amazónicos estén privados de ese alimento de vida nueva y del sacramento del perdón.

90. Esta acuciante necesidad me lleva a exhortar a todos los Obispos, en especial a los de América Latina, no sólo a promover la oración por las vocaciones sacerdotales, sino también a ser más generosos, orientando a los que muestran vocación misionera para que opten por la Amazonia.[132] Al mismo tiempo conviene revisar a fondo la estructura y el contenido tanto de la formación inicial como de la formación permanente de los presbíteros, para que adquieran las actitudes y capacidades que requiere el diálogo con las culturas amazónicas. Esta formación debe ser eminentemente pastoral y favorecer el desarrollo de la misericordia sacerdotal.[133]

Comunidades repletas de vida

91. Por otra parte, la Eucaristía es el gran sacramento que significa y realiza la unidad de la Iglesia,[134] y se celebra «para que de extraños, dispersos e indiferentes unos a otros, lleguemos a ser unidos, iguales y amigos».[135] Quien preside la Eucaristía debe cuidar la comunión, que no es una unidad empobrecida, sino que acoge la múltiple riqueza de dones y carismas que el Espíritu derrama en la comunidad.

92. Por lo tanto, la Eucaristía, como fuente y culmen, reclama el desarrollo de esa multiforme riqueza. Se necesitan sacerdotes, pero esto no excluye que ordinariamente los diáconos permanentes —que deberían ser muchos más en la Amazonia—, las religiosas y los mismos laicos asuman responsabilidades importantes para el crecimiento de las comunidades y que maduren en el ejercicio de esas funciones gracias a un acompañamiento adecuado.

93 Entonces no se trata sólo de facilitar una mayor presencia de ministros ordenados que puedan celebrar la Eucaristía. Este sería un objetivo muy limitado si no intentamos también provocar una nueva vida en las comunidades. Necesitamos promover el encuentro con la Palabra y la maduración en la santidad a través de variados servicios laicales, que suponen un proceso de preparación —bíblica, doctrinal, espiritual y práctica— y diversos caminos de formación permanente.

94. Una Iglesia con rostros amazónicos requiere la presencia estable de líderes laicos maduros y dotados de autoridad,[136] que conozcan las lenguas, las culturas, la experiencia espiritual y el modo de vivir en comunidad de cada lugar, al mismo tiempo que dejan espacio a la multiplicidad de dones que el Espíritu Santo siembra en todos. Porque allí donde hay una necesidad peculiar, Él ya ha derramado carismas que permitan darle una respuesta. Ello supone en la Iglesia una capacidad para dar lugar a la audacia del Espíritu, para confiar y concretamente para permitir el desarrollo de una cultura eclesial propia, marcadamente laical. Los desafíos de la Amazonia exigen a la Iglesia un esfuerzo especial por lograr una presencia capilar que sólo es posible con un contundente protagonismo de los laicos.

95. Muchas personas consagradas gastaron sus energías y buena parte de sus vidas por el Reino de Dios en la Amazonia. La vida consagrada, capaz de diálogo, de síntesis, de encarnación y de profecía, tiene un lugar especial en esta configuración plural y armoniosa de la Iglesia amazónica. Pero le hace falta un nuevo esfuerzo de inculturación, que ponga en juego la creatividad, la audacia misionera, la sensibilidad y la fuerza peculiar de la vida comunitaria.

96. Las comunidades de base, cuando supieron integrar la defensa de los derechos sociales con el anuncio misionero y la espiritualidad, fueron verdaderas experiencias de sinodalidad en el caminar evangelizador de la Iglesia en la Amazonia. Muchas veces «han ayudado a formar cristianos comprometidos con su fe, discípulos y misioneros del Señor, como testimonia la entrega generosa, hasta derramar su sangre, de tantos miembros suyos».[137]

97. Aliento la profundización de la tarea conjunta que se realiza a través de la REPAM y de otras asociaciones, con el objetivo de consolidar lo que ya pedía Aparecida: «establecer, entre las iglesias locales de diversos países sudamericanos, que están en la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto con prioridades diferenciadas».[138] Esto vale especialmente para la relación entre las Iglesias fronterizas.

98. Finalmente, quiero recordar que no siempre podemos pensar proyectos para comunidades estables, porque en la Amazonia hay una gran movilidad interna, una constante migración muchas veces pendular, y «la región se ha convertido de hecho en un corredor migratorio».[139] La «trashumancia amazónica no ha sido bien comprendida ni suficientemente trabajada desde el punto de vista pastoral».[140] Por ello hay que pensar en equipos misioneros itinerantes y «apoyar la inserción y la itinerancia de los consagrados y las consagradas junto a los más empobrecidos y excluidos».[141] Por otro lado, esto desafía a nuestras comunidades urbanas, que deberían cultivar con ingenio y generosidad, de forma especial en las periferias, diversas formas de cercanía y de acogida ante las familias y los jóvenes que llegan del interior.

La fuerza y el don de las mujeres

99. En la Amazonia hay comunidades que se han sostenido y han transmitido la fe durante mucho tiempo sin que algún sacerdote pasara por allí, aun durante décadas. Esto ocurrió gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas: bautizadoras, catequistas, rezadoras, misioneras, ciertamente llamadas e impulsadas por el Espíritu Santo. Durante siglos las mujeres mantuvieron a la Iglesia en pie en esos lugares con admirable entrega y ardiente fe. Ellas mismas, en el Sínodo, nos conmovieron a todos con su testimonio.

100. Esto nos invita a expandir la mirada para evitar reducir nuestra comprensión de la Iglesia a estructuras funcionales. Ese reduccionismo nos llevaría a pensar que se otorgaría a las mujeres un status y una participación mayor en la Iglesia sólo si se les diera acceso al Orden sagrado. Pero esta mirada en realidad limitaría las perspectivas, nos orientaría a clericalizar a las mujeres, disminuiría el gran valor de lo que ellas ya han dado y provocaría sutilmente un empobrecimiento de su aporte indispensable.

101. Jesucristo se presenta como Esposo de la comunidad que celebra la Eucaristía, a través de la figura de un varón que la preside como signo del único Sacerdote. Este diálogo entre el Esposo y la esposa que se eleva en la adoración y santifica a la comunidad, no debería encerrarnos en planteamientos parciales sobre el poder en la Iglesia. Porque el Señor quiso manifestar su poder y su amor a través de dos rostros humanos: el de su Hijo divino hecho hombre y el de una creatura que es mujer, María. Las mujeres hacen su aporte a la Iglesia según su modo propio y prolongando la fuerza y la ternura de María, la Madre. De este modo no nos limitamos a un planteamiento funcional, sino que entramos en la estructura íntima de la Iglesia. Así comprendemos radicalmente por qué sin las mujeres ella se derrumba, como se habrían caído a pedazos tantas comunidades de la Amazonia si no hubieran estado allí las mujeres, sosteniéndolas, conteniéndolas y cuidándolas. Esto muestra cuál es su poder característico.

102. No podemos dejar de alentar los dones populares que han dado a las mujeres tanto protagonismo en la Amazonia, aunque hoy las comunidades están sometidas a nuevos riesgos que no existían en otras épocas. La situación actual nos exige estimular el surgimiento de otros servicios y carismas femeninos, que respondan a las necesidades específicas de los pueblos amazónicos en este momento histórico.

103. En una Iglesia sinodal las mujeres, que de hecho desempeñan un papel central en las comunidades amazónicas, deberían poder acceder a funciones e incluso a servicios eclesiales que no requieren el Orden sagrado y permitan expresar mejor su lugar propio. Cabe recordar que estos servicios implican una estabilidad, un reconocimiento público y el envío por parte del obispo. Esto da lugar también a que las mujeres tengan una incidencia real y efectiva en la organización, en las decisiones más importantes y en la guía de las comunidades, pero sin dejar de hacerlo con el estilo propio de su impronta femenina.

Ampliar horizontes más allá de los conflictos

104. Suele ocurrir que en un determinado lugar los agentes pastorales vislumbran soluciones muy diversas para los problemas que enfrentan, y por ello proponen formas aparentemente opuestas de organización eclesial. Cuando esto ocurre es probable que la verdadera respuesta a los desafíos de la evangelización esté en la superación de las dos propuestas, encontrando otros caminos mejores, quizás no imaginados. El conflicto se supera en un nivel superior donde cada una de las partes, sin dejar de ser fiel a sí misma, se integra con la otra en una nueva realidad. Todo se resuelve «en un plano superior que conserva en sí las virtualidades valiosas de las polaridades en pugna».[142] De otro modo, el conflicto nos encierra, «perdemos perspectivas, los horizontes se limitan y la realidad misma queda fragmentada».[143]

105. Esto de ninguna manera significa relativizar los problemas, escapar de ellos o dejar las cosas como están. Las verdaderas soluciones nunca se alcanzan licuando la audacia, escondiéndose de las exigencias concretas o buscando culpas afuera. Al contrario, la salida se encuentra por “desborde”, trascendiendo la dialéctica que limita la visión para poder reconocer así un don mayor que Dios está ofreciendo. De ese nuevo don acogido con valentía y generosidad, de ese don inesperado que despierta una nueva y mayor creatividad, manarán como de una fuente generosa las respuestas que la dialéctica no nos dejaba ver. En sus inicios, la fe cristiana se difundió admirablemente siguiendo esta lógica que le permitió, a partir de una matriz hebrea, encarnarse en las culturas grecorromanas y adquirir a su paso distintas modalidades. De modo análogo, en este momento histórico, la Amazonia nos desafía a superar perspectivas limitadas, soluciones pragmáticas que se quedan clausuradas en aspectos parciales de los grandes desafíos, para buscar caminos más amplios y audaces de inculturación.

La convivencia ecuménica e interreligiosa

106. En una Amazonia plurirreligiosa, los creyentes necesitamos encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres. No se trata de que todos seamos más light o de que escondamos las convicciones propias que nos apasionan para poder encontrarnos con otros que piensan distinto. Si uno cree que el Espíritu Santo puede actuar en el diferente, entonces intentará dejarse enriquecer con esa luz, pero la acogerá desde el seno de sus propias convicciones y de su propia identidad. Porque mientras más profunda, sólida y rica es una identidad, más tendrá para enriquecer a los otros con su aporte específico.

107. Los católicos tenemos un tesoro en las Sagradas Escrituras, que otras religiones no aceptan, aunque a veces son capaces de leerlas con interés e incluso de valorar algunos de sus contenidos. Algo semejante intentamos hacer nosotros ante los textos sagrados de otras religiones y comunidades religiosas, donde se encuentran «preceptos y doctrinas que […] no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres».[144] También tenemos una gran riqueza en los siete sacramentos, que algunas comunidades cristianas no aceptan en su totalidad o en idéntico sentido. Al mismo tiempo que creemos firmemente en Jesús como único Redentor del mundo, cultivamos una profunda devoción hacia su Madre. Si bien sabemos que esto no se da en todas las confesiones cristianas, sentimos el deber de comunicar a la Amazonia la riqueza de ese cálido amor materno del cual nos sentimos depositarios. De hecho terminaré esta Exhortación con unas palabras dirigidas a María.

108. Todo esto no tendría que convertirnos en enemigos. En un verdadero espíritu de diálogo se alimenta la capacidad de comprender el sentido de lo que el otro dice y hace, aunque uno no pueda asumirlo como una convicción propia. Así se vuelve posible ser sinceros, no disimular lo que creemos, sin dejar de conversar, de buscar puntos de contacto, y sobre todo de trabajar y luchar juntos por el bien de la Amazonia. La fuerza de lo que une a todos los cristianos tiene un valor inmenso. Prestamos tanta atención a lo que nos divide que a veces ya no apreciamos ni valoramos lo que nos une. Y eso que nos une es lo que nos permite estar en el mundo sin que nos devoren la inmanencia terrena, el vacío espiritual, el egocentrismo cómodo, el individualismo consumista y autodestructivo.

109. A todos los cristianos nos une la fe en Dios, el Padre que nos da la vida y nos ama tanto. Nos une la fe en Jesucristo, el único Redentor, que nos liberó con su bendita sangre y con su resurrección gloriosa. Nos une el deseo de su Palabra que guía nuestros pasos. Nos une el fuego del Espíritu que nos impulsa a la misión. Nos une el mandamiento nuevo que Jesús nos dejó, la búsqueda de una civilización del amor, la pasión por el Reino que el Señor nos llama a construir con Él. Nos une la lucha por la paz y la justicia. Nos une la convicción de que no todo se termina en esta vida, sino que estamos llamados a la fiesta celestial donde Dios secará todas las lágrimas y recogerá lo que hicimos por los que sufren.

110. Todo esto nos une. ¿Cómo no luchar juntos? ¿Cómo no orar juntos y trabajar codo a codo para defender a los pobres de la Amazonia, para mostrar el rostro santo del Señor y para cuidar su obra creadora?

CONCLUSIÓN

LA MADRE DE LA AMAZONIA

111. Después de compartir algunos sueños, aliento a todos a avanzar en caminos concretos que permitan transformar la realidad de la Amazonia y liberarla de los males que la aquejan. Ahora levantemos la mirada a María. La Madre que Cristo nos dejó, aunque es la única Madre de todos, se manifiesta en la Amazonia de distintas maneras. Sabemos que «los indígenas se encuentran vitalmente con Jesucristo por muchas vías; pero el camino mariano ha contribuido más a este encuentro».[145] Ante la maravilla de la Amazonia, que hemos descubierto cada vez mejor en la preparación y en el desarrollo del Sínodo, creo que lo mejor es culminar esta Exhortación dirigiéndonos a ella:

Madre de la vida,
en tu seno materno se fue formando Jesús,
que es el Señor de todo lo que existe.
Resucitado, Él te transformó con su luz
y te hizo reina de toda la creación.
Por eso te pedimos que reines, María,
en el corazón palpitante de la Amazonia.

Muéstrate como madre de todas las creaturas,
en la belleza de las flores, de los ríos,
del gran río que la atraviesa
y de todo lo que vibra en sus selvas.
Cuida con tu cariño esa explosión de hermosura.

Pide a Jesús que derrame todo su amor
en los hombres y en las mujeres que allí habitan,
para que sepan admirarla y cuidarla.

Haz nacer a tu hijo en sus corazones
para que Él brille en la Amazonia,
en sus pueblos y en sus culturas,
con la luz de su Palabra, con el consuelo de su amor,
con su mensaje de fraternidad y de justicia.
Que en cada Eucaristía
se eleve también tanta maravilla
para la gloria del Padre.

Madre, mira a los pobres de la Amazonia,
porque su hogar está siendo destruido
por intereses mezquinos.
¡Cuánto dolor y cuánta miseria,
cuánto abandono y cuánto atropello
en esta tierra bendita,
desbordante de vida!

Toca la sensibilidad de los poderosos
porque aunque sentimos que ya es tarde
nos llamas a salvar
lo que todavía vive.

Madre del corazón traspasado
que sufres en tus hijos ultrajados
y en la naturaleza herida,
reina tú en la Amazonia
junto con tu hijo.
Reina para que nadie más se sienta dueño
de la obra de Dios.

En ti confiamos, Madre de la vida,
no nos abandones
en esta hora oscura.
Amén
.

Dado en Roma, junto a San Juan de Letrán, el 2 de febrero, Fiesta de la Presentación del Señor, del año 2020, séptimo de mi Pontificado.

FRANCISCO

__________________________________

[1] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 49: AAS 107 (2015), 866.

[2] Instrumentum laboris, 45.

[3] Ana Varela Tafur, «Timareo», en Lo que no veo en visiones, Lima 1992.

[4] Jorge Vega Márquez, «Amazonia solitaria», en Poesía obrera, Cobija-Pando-Bolivia 2009, 39.

[5] Red Eclesial Panamazónica (REPAM), Brasil, Síntesis del aporte al Sínodo, 120; Instrumentum laboris, 45.

[6] Discurso a los jóvenes, San Pablo - Brasil (10 mayo 2007), 2: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (18 mayo 2007), p. 6.

[7] Cf. Alberto C. Araújo, «Imaginario amazónico», en Amazonia real: amazoniareal.com.br (29 enero 2014).

[8] S. Pablo VI, Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 57: AAS 59 (1967), 285.

[9] S. Juan Pablo II, Discurso a la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales (27 abril 2001), 4: AAS 93 (2001), 600.

[10] Cf. Instrumentum laboris, 41.

[11] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 473.

[12] Ramón Iribertegui, Amazonas: El hombre y el caucho, ed. Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho - Venezuela, Monografía, n. 4, Caracas 1987, 307ss.

[13] Cf. Amarílis Tupiassú, «Amazônia, das travessias lusitanas à literatura de até agora», en Estudos Avançados, vol. 19, n. 53, San Pablo (enero/abril 2005): «De hecho, después del final de la primera colonización, la Amazonia continuó su camino como una región sujeta a la avaricia de siglos, ahora bajo nuevas imposiciones retóricas [...] por parte de agentes “civilizadores” que ni siquiera necesitan una personificación para generar y multiplicar las nuevas facetas de la vieja destrucción, ahora a través de una muerte lenta».

[14] Obispos de la Amazonia de Brasil, Carta al Pueblo de Dios, Santarem - Brasil (6 julio 2012).

[15] S. Juan Pablo II, Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 1998, 3: AAS 90 (1998), 150.

[16] III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Puebla (23 marzo 1979), 6.

[17] Instrumentum laboris, 6. El Papa Pablo III, con el Breve Veritas ipsa (2 junio 1537), condenó las tesis racistas, reconociendo a los indios, ya fuesen cristianos o no, la dignidad de la persona humana, les reconoció el derecho a sus posesiones y prohibió que fuesen reducidos a esclavitud. Afirmaba: «Siendo hombres como los demás, […] no pueden ser absolutamente privados de su libertad y de la posesión de sus bienes, tampoco aquellos que están fuera de la fe de Jesucristo». Este magisterio fue reafirmado por los papas Gregorio XIV, Bula Cum Sicuti (28 abril 1591); Urbano VIII, Bula Commissum Nobis (22 abril 1639); Benedicto XIV, Bula Immensa Pastorum Principis, dirigida a los Obispos de Brasil (20 diciembre 1741); Gregorio XVI, Breve In Supremo (3 diciembre 1839); León XIII, Epístola a los Obispos de Brasil sobre la esclavitud (5 mayo 1888); S. Juan Pablo II, Mensaje a los indígenas del Continente americano, Santo Domingo (12 octubre 1992), 2: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (23 octubre 1992), p. 15.

[18] Frederico Benício de Sousa Costa, Carta Pastoral (1909), ed. Imprenta del gobierno del Estado de Amazonas, Manaos 1994, 83.

[19] Instrumentum laboris, 7.

[20] Discurso con motivo del II Encuentro Mundial de los Movimientos Populares, Santa Cruz de la Sierra - Bolivia (9 julio 2015): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (17 julio 2015), p. 9.

[21] Discurso con motivo del Encuentro con los Pueblos de la Amazonia, Puerto Maldonado - Perú (19 enero 2018): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (26 enero 2018), p. 3.

[22] Instrumentum laboris, 24.

[23] Yana Lucila Lema, Tamyahuan Shamakupani (Con la lluvia estoy viviendo), 1, en http://siwarmayu.com/es/yana-lucila-lema-6-poemas-de-tamyawan-shamukupani-con-la-lluvia-estoy-viviendo/

[24] Conferencia Episcopal Ecuatoriana, Cuidemos nuestro planeta (20 abril 2012), 3.

[25] N. 142: AAS 107 (2015), 904-905.

[26] N. 82.

[27] Ibíd., 83.

[28] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 239: AAS 105 (2013), 1116.

[29] Ibíd., 218: AAS 105 (2013), 1110.

[30] Ibíd.

[31] Cf. Instrumentum laboris, 57.

[32] Cf. Evaristo Eduardo de Miranda, Quando o Amazonas corria para o Pacífico, Petrópolis 2007, 83-93.

[33] Juan Carlos Galeano, «Paisajes», en Amazonia y otros poemas, ed. Universidad Externado de Colombia, Bogotá 2011, 31.

[34] Javier Yglesias, «Llamado», en Revista peruana de literatura, n. 6 (junio 2007), 31.

[35] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 144: AAS 107 (2015), 905.

[36] Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 186.

[37] Ibíd., 200.

[38] Videomensaje para el Encuentro Mundial de la Juventud Indígena, Soloy - Panamá (18 enero 2019): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (15 enero 2019), p. 10.

[39] Mario Vargas Llosa, Prólogo de El Hablador, Madrid (8 octubre 2007).

[40] Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 195.

[41] S. Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 50: AAS 83 (1991), 856.

[42] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 97.

[43] Discurso en el Encuentro con los Pueblos de la Amazonia, Puerto Maldonado - Perú (19 enero 2018): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (26 enero 2018), p. 3.

[44] Instrumentum laboris, 123, e.

[45] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 144: AAS 107 (2015), 906.

[46] Cf. Benedicto XVI, Carta enc. Caritas in veritate (29 junio 2009), 51: AAS 101 (2009), 687: «La naturaleza, especialmente en nuestra época, está tan integrada en la dinámica social y cultural que prácticamente ya no constituye una variable independiente. La desertización y el empobrecimiento productivo de algunas áreas agrícolas son también fruto del empobrecimiento de sus habitantes y de su atraso».

[47] Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2007, 8: Insegnamenti 2/2 (2006), 776.

[48] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 16, 91, 117, 138, 240: AAS 107 (2015), 854, 884, 894, 903, 941.

[49] Documento Bolivia: informe país. Consulta presinodal (2019), 36; cf. Instrumentum laboris, 23.

[50] Instrumentum laboris, 26.

[51] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 146: AAS 107 (2015), 906.

[52] Documento con aportaciones al Sínodo de la Diócesis de San José del Guaviare y de la Arquidiócesis de Villavicencio y Granada - Colombia; cf. Instrumentum laboris, 17.

[53] Euclides da Cunha, Los Sertones (Os Sertões), Buenos Aires 1946, 65-66.

[54] Pablo Neruda, «Amazonas», en Canto General (1938), I, IV.

[55] REPAM, Doc. Eje de Fronteras. Preparación para el Sínodo de la Amazonia, Tabatinga - Brasil (13 febrero 2019), 3; cf. Instrumentum laboris, 8.

[56] Amadeu Thiago de Mello, Amazonas, patria da agua. Traducción al español de Jorge Timossi, en http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/mello_thiago/amazonas_patria_da_agua.htm

[57] Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor, Buenos Aires 2013, 166.

[58] Juan Carlos Galeano, «Los que creyeron», en Amazonia y otros poemas, ed. Universidad Externado de Colombia, Bogotá 2011, 44.

[59] Harald Sioli, A Amazônia, Petrópolis 1985, 60.

[60] S. Juan Pablo II, Discurso a los participantes en un Congreso Internacional sobre “Ambiente y salud” (24 marzo 1997), 2: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (11 abril 1997), p. 7.

[61] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 34: AAS 107 (2015), 860.

[62] Cf. ibíd., 28-31: AAS 107 (2015), 858-859.

[63] Ibíd., 38: AAS 107 (2015), 862.

[64] Cf. V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 86.

[65] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 38: AAS 107 (2015), 862.

[66] Cf. ibíd., 144, 187: AAS 107 (2015), 905-906, 921.

[67] Cf. ibíd., 183: AAS 107 (2015), 920.

[68] Ibíd., 53: AAS 107 (2015), 868.

[69] Cf. ibíd., 49: AAS 107 (2015), 866.

[70] Documento preparatorio del Sínodo de los Obispos para la Asamblea Especial para la Región Panamazónica, 8.

[71] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 56: AAS 107 (2015), 869.

[72] Ibíd., 59: AAS 107 (2015), 870.

[73] Ibíd., 33: AAS 107 (2015), 860.

[74] Ibíd., 220: AAS 107 (2015), 934.

[75] Ibíd., 215: AAS 107 (2015), 932.

[76] Sui Yun, Cantos para el mendigo y el rey, Wiesbaden 2000.

[77] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 100: AAS 107 (2015), 887.

[78] Ibíd., 204: AAS 107 (2015), 928.

[79] Cf. Documentos de Santarem (1972) y Manaos (1997), en Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil, Desafío missionário. Documentos da Igreja na Amazônia, Brasilia 2014, 9-28, 67-84.

[80] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 220: AAS 105 (2013), 1110.

[81] Ibíd., 164: AAS 105 (2013), 1088-1089.

[82] Ibíd., 165: AAS 105 (2013), 1089.

[83] Ibíd., 161: AAS 105 (2013), 1087.

[84] Así lo recoge el Concilio Vaticano II en el n. 44 de la Constitución Gaudium et spes cuando dice: «[La Iglesia] desde el comienzo de su historia, aprendió a expresar el mensaje de Cristo por medio de los conceptos y de las lenguas de los distintos pueblos y procuró, además, ilustrarlo con la sabiduría de los filósofos, todo ello con el fin de adaptar el Evangelio, en cuanto era conveniente, al nivel de la comprensión de todos y de las exigencias de los sabios. Ciertamente, esta predicación acomodada de la palabra revelada debe mantenerse como ley de toda evangelización. Pues así en todo pueblo se estimula el poder de expresar el mensaje de Cristo a su modo y, al mismo tiempo, se promueve un vivo intercambio entre la Iglesia y las diferentes culturas de los pueblos».

[85] Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29 junio 2019), 9: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (5 julio 2019), p. 9.

[86] Cf. S. Vicente de Lerins, Commonitorium primum, cap. 23: PL 50, 668: «Ut annis scilicet consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate».

[87] Carta al Pueblo de Dios que peregrina en Alemania (29 junio 2019), 9. Cf. La expresión atribuida a Gustav Mahler: «La tradición es la salvaguarda del futuro y no la conservación de las cenizas».

[88] Discurso a los docentes universitarios y los hombres de cultura, Coimbra (15 mayo 1982), 5: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (23 mayo 1982), p. 18.

[89] Mensaje a los indígenas del Continente americano, Santo Domingo (12 octubre 1992), 6: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (23 octubre 1992), p. 15; cf. Discurso a los participantes en el Congreso nacional del Movimiento eclesial de compromiso cultural (16 enero 1982), 2: Insegnamenti 5/1 (1982), 131.

[90] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin. Vita consecrata (25 marzo 1996), 98: AAS 88 (1996), 474-475.

[91] N. 115: AAS 105 (2013), 1068.

[92] Ibíd., 116: AAS 105 (2013), 1068.

[93] Ibíd.

[94] Ibíd., 129: AAS 105 (2013), 1074.

[95] Ibíd., 116: AAS 105 (2013), 1068.

[96] Ibíd., 117: AAS 105 (2013), 1069.

[97] Ibíd.

[98] S. Juan Pablo II, Discurso a la Asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Cultura (17 enero 1987), 5: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (1 febrero 1987), p. 21.

[99] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 129: AAS 105 (2013), 1074.

[100] IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Santo Domingo (12-28 octubre 1992), 17.

[101] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[102] Cf. Vittorio Messori - Joseph Ratzinger, Informe sobre la fe, ed. BAC, Madrid 2015, 209-210.

[103] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[104] Pedro Casaldáliga, «Carta de navegar (Por el Tocantins amazónico)», en El tiempo y la espera, Santander 1986.

[105] Santo Tomás de Aquino lo explica de esta manera: «La triple manera como está Dios en las cosas: Una es común, por esencia, presencia y potencia; otra por la gracia en sus santos; la tercera, singular en Cristo, por la unión» (Ad Colossenses, c. II, l. 2).

[106] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[107] III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Puebla (23 marzo 1979), 196.

[108] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 178: AAS 105 (2013), 1094.

[109] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11; cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 10-11.

[110] Vicariatos Apostólicos de la Amazonia Peruana, «Segunda asamblea episcopal regional de la selva», San Ramón - Perú (5 octubre 1973), en Éxodo de la Iglesia en la Amazonia. Documentos pastorales de la Iglesia en la Amazonia peruana, Iquitos 1976, 121.

[111] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 123: AAS 105 (2013), 1071.

[112] Cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 126-127.

[113] Ibíd., 32.

[114] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[115] Ibíd.

[116] Ibíd., 236: AAS 107 (2015), 940.

[117] Ibíd.

[118] Ibíd., 235: AAS 107 (2015), 939.

[119] Cf. Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, 37-40, 65, 77, 81.

[120] En el Sínodo surgió la propuesta de elaborar un “rito amazónico”.

[121] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 237: AAS 107 (2015), 940.

[122] Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 49: AAS 108 (2016), 331; cf. ibíd., 305: AAS 108 (2016), 436-437.

[123] Cf. ibíd., 296, 308: AAS 108 (2016), 430-431, 438.

[124] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 100, e.

[125] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Sacerdotium ministeriale, a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunas cuestiones concernientes al ministro de la Eucaristía (6 agosto 1983): AAS, 75 (1983), 1001-1009.

[126] Carta ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 27: AAS 80 (1988), 1718.

[127] Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae III, q. 8, a. 1, resp.

[128] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, 5; S. Juan Pablo II, Carta enc. Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 22: AAS 95 (2003), 448.

[129] También es propio del sacerdote administrar la Unción de los enfermos, por estar íntimamente ligada al perdón de los pecados: «Y si tuviera pecados le serán perdonados» (St 5,15).

[130] Catecismo de la Iglesia Católica, 1396; S. Juan Pablo II, Carta enc. Ecclesia de Eucharistia (17 abril 2003), 26: AAS 95 (2003), 451; cf. Henri de Lubac, Meditación sobre la Iglesia, ed. Desclée de Brouwer, Bilbao 1958, 130.

[131] Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y la vida de los presbíteros, 6.

[132] Llama la atención que en algunos países de la cuenca amazónica hay más misioneros para Europa o para Estados Unidos que para auxiliar a los propios Vicariatos de la Amazonia.

[133] También en el Sínodo se habló sobre la carencia de seminarios para la formación sacerdotal de personas indígenas.

[134] Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 3.

[135] S. Pablo VI, Homilía en la Solemnidad del Corpus Christi (17 junio 1965): Insegnamenti 3 (1965), 358.

[136] Es posible, por escasez de sacerdotes, que el obispo encomiende «una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a un diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad» (Código de Derecho Canónico, 517 §2).

[137] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 178.

[138] Ibíd., 475.

[139] Instrumentum laboris, 65.

[140] Ibíd., 63.

[141] Ibíd., 129, d, 2.

[142] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 228: AAS 105 (2013), 1113.

[143] Ibíd., 226: AAS 105 (2013), 1112.

[144] Concilio Vaticano II, Declaración Nostra Aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, 2.

[145] CELAM, III Simposio latinoamericano sobre Teología india, Ciudad de Guatemala (23-27 octubre 2006).

Traduzione in lingua italiana

ESORTAZIONE APOSTOLICA POSTSINODALE

QUERIDA AMAZONIA

DEL SANTO PADRE FRANCESCO

AL POPOLO DI DIO

E A TUTTE LE PERSONE DI BUONA VOLONTÀ

1. L’amata Amazzonia si mostra di fronte al mondo con tutto il suo splendore, il suo dramma, il suo mistero. Dio ci ha donato la grazia di averla presente in maniera speciale nel Sinodo che ha avuto luogo a Roma tra il 6 e il 27 ottobre e che si è concluso con un testo intitolato Amazzonia: nuovi cammini per la Chiesa e per un’ecologia integrale.

Il senso di questa Esortazione

2. Ho ascoltato gli interventi durante il Sinodo e ho letto con interesse i contributi dei circoli minori. Con questa Esortazione desidero esprimere le risonanze che ha provocato in me questo percorso di dialogo e discernimento. Non svilupperò qui tutte le questioni abbondantemente esposte nel Documento conclusivo. Non intendo né sostituirlo né ripeterlo. Desidero solo offrire un breve quadro di riflessione che incarni nella realtà amazzonica una sintesi di alcune grandi preoccupazioni che ho già manifestato nei miei documenti precedenti, affinché possa aiutare e orientare verso un’armoniosa, creativa e fruttuosa ricezione dell’intero cammino sinodale.

3. Nello stesso tempo voglio presentare ufficialmente quel Documento, che ci offre le conclusioni del Sinodo e a cui hanno collaborato tante persone che conoscono meglio di me e della Curia romana la problematica dell’Amazzonia, perché ci vivono, ci soffrono e la amano con passione. Ho preferito non citare tale Documento in questa Esortazione, perché invito a leggerlo integralmente.

4. Dio voglia che tutta la Chiesa si lasci arricchire e interpellare da questo lavoro, che i pastori, i consacrati, le consacrate e i fedeli laici dell’Amazzonia si impegnino nella sua applicazione e che possa ispirare in qualche modo tutte le persone di buona volontà.

Sogni per l’Amazzonia

5. L’Amazzonia è una totalità multinazionale interconnessa, un grande bioma condiviso da nove paesi: Brasile, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Perù, Suriname, Venezuela e Guyana Francese. Tuttavia, indirizzo questa Esortazione a tutto il mondo. Lo faccio, da una parte, per aiutare a risvegliare l’affetto e la preoccupazione per questa terra che è anche “nostra” e invitarli ad ammirarla e a riconoscerla come un mistero sacro; dall’altra, perché l’attenzione della Chiesa alle problematiche di questo luogo ci obbliga a riprendere brevemente alcuni temi che non dovremmo dimenticare e che possono ispirare altre regioni della terra di fronte alle loro proprie sfide.

6. Tutto ciò che la Chiesa offre deve incarnarsi in maniera originale in ciascun luogo del mondo, così che la Sposa di Cristo assuma volti multiformi che manifestino meglio l’inesauribile ricchezza della grazia. La predicazione deve incarnarsi, la spiritualità deve incarnarsi, le strutture della Chiesa devono incarnarsi. Per questo mi permetto umilmente, in questa breve Esortazione, di formulare quattro grandi sogni che l’Amazzonia mi ispira.

7. Sogno un’Amazzonia che lotti per i diritti dei più poveri, dei popoli originari, degli ultimi, dove la loro voce sia ascoltata e la loro dignità sia promossa.

Sogno un’Amazzonia che difenda la ricchezza culturale che la distingue, dove risplende in forme tanto varie la bellezza umana.

Sogno un’Amazzonia che custodisca gelosamente l’irresistibile bellezza naturale che l’adorna, la vita traboccante che riempie i suoi fiumi e le sue foreste.

Sogno comunità cristiane capaci di impegnarsi e di incarnarsi in Amazzonia, fino al punto di donare alla Chiesa nuovi volti con tratti amazzonici.

CAPITOLO PRIMO

UN SOGNO SOCIALE

8. Il nostro sogno è quello di un’Amazzonia che integri e promuova tutti i suoi abitanti perché possano consolidare un “buon vivere”. Ma c’è bisogno di un grido profetico e di un arduo impegno per i più poveri. Infatti, benché l’Amazzonia si trovi di fronte a un disastro ecologico, va rilevato che «un vero approccio ecologico diventa sempre un approccio sociale, che deve integrare la giustizia nelle discussioni sull’ambiente, per ascoltare tanto il grido della terra quanto il grido dei poveri».[1] Non ci serve un conservazionismo «che si preoccupa del bioma ma ignora i popoli amazzonici».[2]

Ingiustizia e crimine

9. Gli interessi colonizzatori che hanno esteso ed estendono – legalmente e illegalmente – il taglio di legname e l’industria mineraria, e che sono andati scacciando e assediando i popoli indigeni, rivieraschi e di origine africana, provocano una protesta che grida al cielo:

«Molti sono gli alberi
dove abitò la tortura
e vasti i boschi
comprati tra mille uccisioni».[3]

«I mercanti di legname hanno parlamentari
e la nostra Amazzonia non ha chi la difenda […].
Esiliano i pappagalli e le scimmie […]
Non sarà più la stessa la raccolta delle castagne».[4]

10. Questo ha favorito i movimenti migratori più recenti degli indigeni verso le periferie delle città. Lì non incontrano una reale liberazione dai loro drammi, bensì le peggiori forme di schiavitù, di asservimento e di miseria. In queste città, caratterizzate da una grande disuguaglianza, dove oggi abita la maggior parte della popolazione dell’Amazzonia, crescono anche la xenofobia, lo sfruttamento sessuale e il traffico di persone. Per questo il grido dell’Amazzonia non si leva solamente dal cuore delle foreste, ma anche dall’interno delle sue città.

11. Non è necessario che qui ripeta le analisi così ampie e complete che sono state presentate prima e durante il Sinodo. Ricordiamo almeno una delle voci ascoltate: «Siamo colpiti dai commercianti di legname, da allevatori e altre parti terze. Minacciati da attori economici che implementano un modello estraneo ai nostri territori. Le imprese del legno entrano nel territorio per sfruttare la foresta, noi abbiamo cura della foresta per i nostri figli, abbiamo carne, pesce, medicine vegetali, alberi da frutto […]. La costruzione di impianti idroelettrici e il progetto di vie d’acqua ha un impatto sul fiume e sui territori […]. Siamo una regione di territori derubati».[5]

12. Già il mio predecessore, Benedetto XVI, denunciava «la devastazione ambientale dell’Amazzonia e le minacce alla dignità umana delle sue popolazioni».[6] Desidero aggiungere che tanti drammi sono stati legati ad una falsa “mistica amazzonica”. È noto infatti che dagli ultimi decenni del secolo scorso l’Amazzonia è stata presentata come un enorme spazio vuoto da occupare, come una ricchezza grezza da elaborare, come un’immensità selvaggia da addomesticare. Tutto ciò con uno sguardo che non riconosce i diritti dei popoli originari o semplicemente li ignora, come se non esistessero, o come se le terre in cui abitano non appartenessero a loro. Persino nei programmi educativi per bambini e giovani, gli indigeni sono stati visti come intrusi o usurpatori. La loro vita, i loro desideri, il loro modo di lottare e di sopravvivere non interessavano, e li si considerava più come un ostacolo di cui liberarsi che come esseri umani con la medesima dignità di chiunque altro e con diritti acquisiti.

13. Alcuni slogan hanno contribuito a questa confusione, tra gli altri quello del “non concedere”,[7] come se tale asservimento potesse venire solo dall’esterno dei Paesi, mentre anche poteri locali, con la scusa dello sviluppo, hanno partecipato ad alleanze allo scopo di distruggere la foresta – con le forme di vita che ospita – impunemente e senza limiti. I popoli originari tante volte hanno assistito impotenti alla distruzione dell’ambiente naturale che permetteva loro di nutrirsi, di curarsi, di sopravvivere e conservare uno stile di vita e una cultura che dava loro identità e significato. La disparità di potere è enorme, i deboli non hanno risorse per difendersi, mentre il vincitore continua a prendersi tutto. «I poveri restano ognora poveri, mentre i ricchi diventano sempre più ricchi».[8]

14. Alle operazioni economiche, nazionali e internazionali, che danneggiano l’Amazzonia e non rispettano il diritto dei popoli originari al territorio e alla sua demarcazione, all’autodeterminazione e al previo consenso, occorre dare il nome che a loro spetta: ingiustizia e crimine. Quando alcune aziende assetate di facili guadagni si appropriano dei terreni e arrivano a privatizzare perfino l’acqua potabile, o quando le autorità danno il via libera alle industrie del legname, a progetti minerari o petroliferi e ad altre attività che devastano le foreste e inquinano l’ambiente, si trasformano indebitamente i rapporti economici e diventano uno strumento che uccide. È abituale ricorrere a mezzi estranei ad ogni etica, come sanzionare le proteste e addirittura togliere la vita agli indigeni che si oppongono ai progetti, provocare intenzionalmente incendi nelle foreste, o corrompere politici e gli stessi indigeni. Ciò è accompagnato da gravi violazioni dei diritti umani e da nuove schiavitù che colpiscono specialmente le donne, dalla peste del narcotraffico che cerca di sottomettere gli indigeni, o dalla tratta di persone che approfitta di coloro che sono stati scacciati dal loro contesto culturale. Non possiamo permettere che la globalizzazione diventi «un nuovo tipo di colonialismo».[9]

Indignarsi e chiedere perdono

15. Bisogna indignarsi,[10] come si indignava Mosè (cfr Es 11,8), come si indignava Gesù (cfr Mc 3,5), come Dio si indigna davanti all’ingiustizia (cfr Am 2,4-8; 5,7-12; Sal 106,40). Non è sano che ci abituiamo al male, non ci fa bene permettere che ci anestetizzino la coscienza sociale, mentre «una scia di distruzione, e perfino di morte, per tutte le nostre regioni […] mette in pericolo la vita di milioni di persone e in special modo dell’habitat dei contadini e degli indigeni».[11] Le storie di ingiustizia e di crudeltà accadute in Amazzonia anche durante il secolo scorso dovrebbero provocare un profondo rifiuto, ma nello stesso tempo dovrebbero renderci più sensibili a riconoscere forme anche attuali di sfruttamento umano, di prevaricazione e di morte. In merito al passato vergognoso, raccogliamo, a modo di esempio, una narrazione sulle sofferenze degli indigeni dell’epoca del caucciù nell’Amazzonia venezuelana: «Agli indigeni non davano denaro, solo mercanzia e a caro prezzo, così non finivano mai di pagarla, […] pagavano, ma dicevano all’indigeno: “Lei ha un grosso debito”, e doveva ritornare a lavorare […]. Più di venti villaggi ye’kuana sono stati completamente devastati. Le donne ye’kuana sono state violentate e amputati i loro petti, quelle gravide sventrate. Agli uomini tagliavano le dita delle mani o i polsi in modo che non potessero andare in barca, […] insieme ad altre scene del più assurdo sadismo».[12]

16. Questa storia di dolore e di disprezzo non si risana facilmente. E la colonizzazione non si ferma, piuttosto in alcune zone si trasforma, si maschera e si nasconde,[13] ma non perde la prepotenza contro la vita dei poveri e la fragilità dell’ambiente. I Vescovi dell’Amazzonia brasiliana hanno ricordato che «la storia dell’Amazzonia rivela che è sempre stata una minoranza che guadagnava a costo della povertà della maggioranza e della razzia senza scrupoli delle ricchezze naturali della regione, elargizione divina alle popolazioni che qui vivono da millenni e ai migranti che sono arrivati nel corso dei secoli passati».[14]

17. Mentre lasciamo emergere una sana indignazione, ricordiamo che è sempre possibile superare le diverse mentalità coloniali per costruire reti di solidarietà e di sviluppo: «la sfida è quella di assicurare una globalizzazione nella solidarietà, una globalizzazione senza marginalizzazione».[15] Si possono cercare alternative di allevamento e agricoltura sostenibili, di energie che non inquinino, di risorse lavorative che non comportino la distruzione dell’ambiente e delle culture. Al contempo, occorre assicurare agli indigeni e ai più poveri un’educazione adeguata, che sviluppi le loro capacità e li valorizzi. Proprio su questi obiettivi si gioca la vera scaltrezza e la genuina capacità dei politici. Non sarà per restituire ai morti la vita che si è loro negata, e nemmeno per risarcire i sopravvissuti di quei massacri, ma almeno perché possiamo essere oggi realmente umani.

18. Ci incoraggia ricordare che, in mezzo ai gravi eccessi della colonizzazione dell’Amazzonia, piena di «contraddizioni e lacerazioni»,[16] molti missionari sono giunti là con il Vangelo, lasciando i propri Paesi e accettando una vita austera e impegnativa vicino ai più indifesi. Sappiamo che non tutti sono stati esemplari, ma il lavoro di quelli che si sono mantenuti fedeli al Vangelo ha anche ispirato «una legislazione come le Leggi delle Indie che proteggevano la dignità degli indigeni contro i soprusi ai loro popoli e territori».[17] Dato che spesso erano i sacerdoti coloro che proteggevano gli indigeni da assalitori e profittatori, i missionari raccontano: «Ci chiedevano con insistenza di non abbandonarli e ci strappavano la promessa di ritornare di nuovo».[18]

19. Nel momento presente la Chiesa non può essere meno impegnata, ed è chiamata ad ascoltare le grida dei popoli amazzonici «per poter esercitare in modo trasparente il suo ruolo profetico».[19] Al tempo stesso, poiché non possiamo negare che il grano si è mescolato con la zizzania e che non sempre i missionari sono stati a fianco degli oppressi, me ne vergogno e ancora una volta «chiedo umilmente perdono, non solo per le offese della Chiesa stessa, ma per i crimini contro i popoli indigeni durante la cosiddetta conquista dell’America»[20] e per gli atroci crimini che seguirono attraverso tutta la storia dell’Amazzonia. Ringrazio i membri dei popoli originari e dico loro nuovamente: «Voi con la vostra vita siete un grido rivolto alla coscienza […]. Voi siete memoria viva della missione che Dio ha affidato a noi tutti: avere cura della Casa comune».[21]

Senso comunitario

20. La lotta sociale implica una capacità di fraternità, uno spirito di comunione umana. Ora, senza sminuire l’importanza della libertà personale, va sottolineato che i popoli originari dell’Amazzonia possiedono un forte senso comunitario. Essi vivono così «il lavoro, il riposo, le relazioni umane, i riti e le celebrazioni. Tutto è condiviso, gli spazi privati – tipici della modernità – sono minimi. La vita è un cammino comunitario dove i compiti e le responsabilità sono divisi e condivisi in funzione del bene comune. Non c’è posto per l’idea di un individuo distaccato dalla comunità o dal suo territorio».[22] Le relazioni umane sono impregnate dalla natura circostante, perché gli indigeni la sentono e la percepiscono come una realtà che integra la loro società e la loro cultura, come un prolungamento del loro corpo personale, familiare e di gruppo sociale:

«Quella stella si avvicina
aleggiano i colibrì
più che la cascata tuona il mio cuore
con le tue labbra irrigherò la terra
che su di noi giochi il vento».[23]

21. Questo moltiplica l’effetto disintegratore dello sradicamento che vivono gli indigeni che si vedono obbligati a emigrare in città, cercando di sopravvivere, a volte anche in maniera non dignitosa, tra le abitudini urbane più individualiste e in un ambiente ostile. Come sanare un danno così grave? Come ricostruire quelle vite sradicate? Di fronte a una tale realtà, bisogna apprezzare e accompagnare tutti gli sforzi che fanno molti di questi gruppi sociali per conservare i loro valori e stili di vita e integrarsi nei nuovi contesti senza perderli, anzi, offrendoli come contributo al bene comune.

22. Cristo ha redento l’essere umano intero e vuole ristabilire in ciascuno la capacità di entrare in relazione con gli altri. Il Vangelo propone la carità divina che promana dal Cuore di Cristo e che genera una ricerca di giustizia che è inseparabilmente un canto di fraternità e di solidarietà, uno stimolo per la cultura dell’incontro. La saggezza dello stile di vita dei popoli originari – pur con tutti i limiti che possa avere – ci stimola ad approfondire questa aspirazione. Per tale ragione i Vescovi dell’Ecuador hanno sollecitato «un nuovo sistema sociale e culturale che privilegi le relazioni fraterne, in un quadro di riconoscimento e di stima delle diverse culture e degli ecosistemi, capace di opporsi ad ogni forma di discriminazione e di dominazione tra esseri umani».[24]

Istituzioni degradate

23. Nella Laudato si’ ricordavamo che «se tutto è in relazione, anche lo stato di salute delle istituzioni di una società comporta conseguenze per l’ambiente e per la qualità della vita umana […]. All’interno di ciascun livello sociale e tra di essi, si sviluppano istituzioni che regolano le relazioni umane. Tutto ciò che le danneggia comporta effetti nocivi, come la perdita della libertà, l’ingiustizia e la violenza. Diversi Paesi sono governati da un sistema istituzionale precario, a costo delle sofferenze della popolazione».[25]

24. Come stanno le istituzioni della società civile in Amazzonia? L’Instrumentum laboris del Sinodo, che raccoglie molti contributi di persone e gruppi dell’Amazzonia, si riferisce a «una cultura che avvelena lo Stato e le sue istituzioni, permeando tutti gli strati sociali, comprese le comunità indigene. Si tratta di una vera e propria piaga morale; di conseguenza, si perde la fiducia nelle istituzioni e nei suoi rappresentanti, il che scredita totalmente la politica e le organizzazioni sociali. I popoli amazzonici non sono estranei alla corruzione e ne diventano le principali vittime».[26]

25. Non possiamo escludere che membri della Chiesa siano stati parte della rete di corruzione, a volte fino al punto di accettare di mantenere il silenzio in cambio di aiuti economici per le opere ecclesiali. Proprio per questo sono arrivate proposte al Sinodo che invitano a «prestare particolare attenzione all’origine delle donazioni o di altri tipi di benefici, così come agli investimenti fatti dalle istituzioni ecclesiastiche o dai cristiani».[27]

Dialogo sociale

26. L’Amazzonia dovrebbe essere anche un luogo di dialogo sociale, specialmente tra i diversi popoli originari, per trovare forme di comunione e di lotta congiunta. Tutti gli altri siamo chiamati a partecipare come “invitati” e a cercare con estremo rispetto vie d’incontro che arricchiscano l’Amazzonia. Ma se vogliamo dialogare, dovremmo farlo prima di tutto con gli ultimi. Essi non sono interlocutori qualsiasi, che bisogna convincere, e nemmeno un convitato in più ad una tavola di pari. Essi sono i principali interlocutori, dai quali anzitutto dobbiamo imparare, che dobbiamo ascoltare per un dovere di giustizia e ai quali dobbiamo chiedere permesso per poter presentare le nostre proposte. La loro parola, le loro speranze, i loro timori dovrebbero essere la voce più potente in qualsiasi tavolo di dialogo sull’Amazzonia; e la grande questione è: come loro stessi immaginano il buon vivere per sé stessi e i loro discendenti?

27. Il dialogo non solo deve privilegiare la scelta preferenziale per la difesa dei poveri, degli emarginati e degli esclusi, ma li considera come protagonisti. Si tratta di riconoscere l’altro e di apprezzarlo “come altro”, con la sua sensibilità, le sue scelte più personali, il suo modo di vivere e di lavorare. Altrimenti il risultato sarà, come sempre, «un progetto di pochi indirizzato a pochi»,[28] quando non «un consenso a tavolino o un’effimera pace per una minoranza felice».[29] Se questo accade, «è necessaria una voce profetica»[30] e come cristiani siamo chiamati a farla sentire.

Da qui nasce il sogno successivo.

CAPITOLO SECONDO

UN SOGNO CULTURALE

28. Il tema è promuovere l’Amazzonia; ciò però non significa colonizzarla culturalmente, bensì fare in modo che essa stessa tragga da sé il meglio. Questo è il senso della migliore opera educativa: coltivare senza sradicare; far crescere senza indebolire l’identità; promuovere senza invadere. Come ci sono potenzialità nella natura che potrebbero andare perdute per sempre, lo stesso può succedere con culture portatrici di un messaggio ancora non ascoltato e che oggi si trovano minacciate come non mai.

Il poliedro amazzonico

29. In Amazzonia vivono molti popoli e nazionalità, e più di 110 popoli indigeni in stato di isolamento volontario (PIAV).[31] La loro situazione risulta assai fragile e molti si rendono conto di essere tra gli ultimi depositari di un tesoro destinato a scomparire, come se solo si permettesse loro di sopravvivere senza disturbare, mentre la colonizzazione postmoderna avanza. Bisogna evitare di considerarli dei “selvaggi non civilizzati”. Semplicemente hanno dato vita a culture diverse e ad altre forme di civiltà, che anticamente hanno raggiunto un notevole sviluppo.[32]

30. Prima della colonizzazione, la popolazione si concentrava lungo le rive dei fiumi e dei laghi; l’avanzata colonizzatrice sospinse poi gli antichi abitanti verso l’interno della foresta. Oggi, la crescente desertificazione costringe a nuovi spostamenti molti, che finiscono per occupare le periferie o i marciapiedi delle città, talvolta in una situazione di miseria estrema, ma anche di frammentazione interiore dovuta alla perdita dei valori da cui erano sostenuti. In tale contesto, solitamente perdono i punti di riferimento e le radici culturali che conferivano loro un’identità e un senso di dignità, e vanno ad allungare la fila degli scartati. Così si interrompe la trasmissione culturale di una saggezza che ha attraversato i secoli, di generazione in generazione. Le città, che dovrebbero essere luoghi di incontro, di mutuo arricchimento, di fecondazione tra culture diverse, si trasformano nello scenario di un doloroso scarto.

31. Ogni popolo che è riuscito a sopravvivere in Amazzonia possiede la propria identità culturale e una ricchezza unica all’interno di un universo multi-culturale, in forza della stretta relazione che gli abitanti stabiliscono con l’ambiente, in una simbiosi – non deterministica – difficile da comprendere con schemi mentali esterni:

«C’era una volta un paesaggio che appariva col suo fiume
i suoi animali, le sue nuvole, i suoi alberi.
A volte però, quando da nessuna parte si vedeva
il paesaggio col suo fiume e i suoi alberi,
a queste cose toccava apparire nella mente di un ragazzo».[33]

«Del fiume fa’ il tuo sangue […].
Poi piantati,
germoglia e cresci
che la tua radice
si aggrappi alla terra
perpetuamente
e alla fine
sii canoa,
scialuppa, zattera,
suolo, giara,
stalla e uomo».[34]

32. I gruppi umani, i loro stili di vita e le loro visioni del mondo, sono vari tanto quanto il territorio, avendo dovuto adattarsi alla geografia e alle sue risorse. Non sono la stessa cosa i popoli dediti alla pesca e quelli dediti alla caccia o all’agricoltura nell’entroterra, piuttosto che i popoli che coltivano le terre soggette a inondazioni. In Amazzonia incontriamo inoltre migliaia di comunità indigene, afro-discendenti, rivierasche e abitanti città, che a loro volta sono molto diverse tra loro e ospitano una grande diversità umana. Attraverso un territorio e le sue caratteristiche Dio si manifesta, riflette qualcosa della sua inesauribile bellezza. Pertanto, i diversi gruppi, in una sintesi vitale con l’ambiente circostante, sviluppano una forma peculiare di saggezza. Quanti osserviamo dall’esterno dovremmo evitare generalizzazioni ingiuste, discorsi semplicistici o conclusioni tratte solo a partire dalle nostre strutture mentali ed esperienze.

Custodire le radici

33. Desidero adesso ricordare che «la visione consumistica dell’essere umano, favorita dagli ingranaggi dell’attuale economia globalizzata, tende a rendere omogenee le culture e a indebolire l’immensa varietà culturale, che è un tesoro dell’umanità».[35] Ciò tocca da vicino i giovani, quando si tende «a dissolvere le differenze proprie del loro luogo di origine, a trasformarli in soggetti manipolabili fatti in serie».[36] Per evitare questa dinamica di impoverimento umano, occorre amare e custodire le radici, perché esse sono «un punto di radicamento che ci consente di crescere e di rispondere alle nuove sfide».[37] Invito i giovani dell’Amazzonia, specialmente gli indigeni, a «farsi carico delle radici, perché dalle radici viene la forza che vi fa crescere, fiorire, fruttificare».[38] Per quanti di loro sono battezzati, queste radici comprendono la storia del popolo d’Israele e della Chiesa, fino al giorno d’oggi. Conoscerle è una fonte di gioia e soprattutto di speranza che ispira azioni coraggiose e nobili.

34. Per secoli i popoli amazzonici hanno trasmesso la loro saggezza culturale oralmente, attraverso miti, leggende, narrazioni, come avveniva con «quei primitivi cantastorie che percorrevano la foresta raccontando storie di villaggio in villaggio, mantenendo viva una comunità che, senza il cordone ombelicale di questi racconti, la distanza e l’isolamento avrebbero frammentato e dissolto».[39] Per questo è importante «lasciare che gli anziani facciano lunghe narrazioni»[40] e che i giovani si fermino a bere a questa fonte.

35. Mentre è sempre più grande il rischio che questa ricchezza culturale vada perduta, grazie a Dio negli ultimi anni alcuni popoli hanno iniziato a scrivere per raccontare le proprie storie e descrivere il significato delle proprie usanze. Così essi stessi possono riconoscere, in modo esplicito, che c’è qualcosa di più di una identità etnica e che sono depositari di preziose memorie personali, familiari e collettive. Mi rallegra vedere che, coloro che hanno perso il contatto con le proprie radici, cercano di recuperare la memoria ferita. Per altro verso, anche nei settori professionali ha cominciato a svilupparsi una maggior percezione dell’identità amazzonica e anche per loro, spesso discendenti di immigrati, l’Amazzonia è diventata fonte di ispirazione artistica, letteraria, musicale, culturale. Le varie espressioni artistiche, e in particolare la poesia, si sono lasciate ispirare dall’acqua, dalla foresta, dalla vita che freme, così come dalla diversità culturale e dalle sfide ecologiche e sociali.

Incontro interculturale

36. Come ogni realtà culturale, le culture dell’Amazzonia profonda hanno i loro limiti. Anche le culture urbane dell’Occidente li hanno. Fattori come il consumismo, l’individualismo, la discriminazione, la disuguaglianza e molti altri costituiscono aspetti fragili delle culture apparentemente più evolute. Le etnie che hanno sviluppato un tesoro culturale stando legate alla natura, con forte senso comunitario, avvertono con facilità le nostre ombre, che noi non riconosciamo in mezzo al preteso progresso. Di conseguenza, raccogliere la loro esperienza di vita ci farà bene.

37. A partire dalle nostre radici ci sediamo alla tavola comune, luogo di conversazione e di speranze condivise. In questo modo la diversità, che può essere una bandiera o una frontiera, si trasforma in un ponte. L’identità e il dialogo non sono nemici. La propria identità culturale si approfondisce e si arricchisce nel dialogo con realtà differenti e il modo autentico di conservarla non è un isolamento che impoverisce. Non è perciò mia intenzione proporre un indigenismo completamente chiuso, astorico, statico, che si sottragga a qualsiasi forma di meticciato. Una cultura può diventare sterile quando «si chiude in se stessa e cerca di perpetuare forme di vita invecchiate, rifiutando ogni scambio e confronto intorno alla verità dell’uomo».[41] Ciò potrebbe sembrare poco realistico, dal momento che non è facile proteggersi dall’invasione culturale. Per questo, l’interesse ad avere cura dei valori culturali dei gruppi indigeni dovrebbe appartenere a tutti, perché la loro ricchezza è anche la nostra. Se non progrediamo in questo senso di corresponsabilità nei confronti della diversità che abbellisce la nostra umanità, non si può pretendere che i gruppi della foresta interna si aprano ingenuamente alla “civiltà”.

38. In Amazzonia, anche tra i vari popoli originari, è possibile sviluppare «relazioni interculturali nelle quali la diversità non rappresenta una minaccia, non giustifica gerarchie di potere esercitato dagli uni sugli altri, ma significa un dialogo, a partire da visioni culturali differenti, fatto di celebrazione, di interrelazioni, di rivitalizzazione della speranza».[42]

Culture minacciate, popoli a rischio

39. L’economia globalizzata danneggia senza pudore la ricchezza umana, sociale e culturale. La disintegrazione delle famiglie, che si verifica a partire da migrazioni forzate, intacca la trasmissione di valori, perché «la famiglia è ed è sempre stata l’istituzione sociale che più ha contribuito a mantenere vive le nostre culture».[43] Inoltre, «di fronte all’invasione colonizzatrice dei mezzi di comunicazione di massa», occorre promuovere per i popoli originari «comunicazioni alternative a partire dalle [loro] proprie lingue e culture» e che «gli stessi soggetti indigeni siano presenti nei mezzi di comunicazione già esistenti».[44]

40. In qualsiasi progetto per l’Amazzonia, «è necessario assumere la prospettiva dei diritti dei popoli e delle culture, e in tal modo comprendere che lo sviluppo di un gruppo sociale […] richiede il costante protagonismo degli attori sociali locali a partire dalla loro propria cultura. Neppure la nozione di qualità della vita si può imporre, ma dev’essere compresa all’interno del mondo di simboli e consuetudini propri di ciascun gruppo umano».[45] E se le culture ancestrali dei popoli originari sono nate e si sono sviluppate in intimo contatto con l’ambiente naturale circostante, difficilmente potranno conservarsi indenni quando tale ambiente si deteriora.

Con ciò si fa strada il sogno successivo.

CAPITOLO TERZO

UN SOGNO ECOLOGICO

41. In una realtà culturale come l’Amazzonia, dove esiste una relazione così stretta dell’essere umano con la natura, l’esistenza quotidiana è sempre cosmica. Liberare gli altri dalle loro schiavitù implica certamente prendersi cura dell’ambiente e proteggerlo,[46] ma ancor più aiutare il cuore dell’uomo ad aprirsi con fiducia a quel Dio che non solo ha creato tutto ciò che esiste, ma ci ha anche donato sé stesso in Gesù Cristo. Il Signore, che per primo ha cura di noi, ci insegna a prenderci cura dei nostri fratelli e sorelle e dell’ambiente che ogni giorno Egli ci regala. Questa è la prima ecologia di cui abbiamo bisogno. In Amazzonia si comprendono meglio le parole di Benedetto XVI quando diceva che «accanto all’ecologia della natura c’è un’ecologia che potremmo dire “umana”, la quale a sua volta richiede un’“ecologia sociale”. E ciò comporta che l'umanità […] debba tenere sempre più presenti le connessioni esistenti tra l’ecologia naturale, ossia il rispetto della natura, e l’ecologia umana».[47] L’insistenza sul fatto che «tutto è connesso»[48] vale in modo speciale per un territorio come l’Amazzonia.

42. Se la cura delle persone e la cura degli ecosistemi sono inseparabili, ciò diventa particolarmente significativo lì dove «la foresta non è una risorsa da sfruttare, è un essere, o vari esseri con i quali relazionarsi».[49] La saggezza dei popoli originari dell’Amazzonia «ispira cura e rispetto per il creato, con una chiara consapevolezza dei suoi limiti, proibendone l’abuso. Abusare della natura significa abusare degli antenati, dei fratelli e delle sorelle, della creazione e del Creatore, ipotecando il futuro».[50] Gli indigeni, «quando rimangono nei loro territori, sono quelli che meglio se ne prendono cura»,[51] sempre che non si lascino ingannare dai canti di sirena e dalle offerte interessate di gruppi di potere. I danni alla natura li affliggono in modo molto diretto e constatabile, perché – dicono –: «Siamo acqua, aria, terra e vita dell’ambiente creato da Dio. Pertanto, chiediamo che cessino i maltrattamenti e lo sterminio della Madre terra. La terra ha sangue e si sta dissanguando, le multinazionali hanno tagliato le vene alla nostra Madre terra».[52]

Un sogno fatto di acqua

43. In Amazzonia l’acqua è la regina, i fiumi e i ruscelli sono come vene, e ogni forma di vita origina da essa:

«Lì, nel pieno delle estati ardenti, quando svaniscono, morte nell’aria immobile, le ultime folate di vento orientale, il termometro viene sostituito dall’igrometro nella definizione del clima. Le esistenze dipendono da un alternarsi doloroso di abbassamenti e innalzamenti dei grandi fiumi. Questi si elevano sempre in una maniera impressionante. Il Rio delle Amazzoni, gonfio, esce dal suo letto, accresce in pochi giorni il livello delle sue acque […]. La piena del fiume è un arresto della vita. Prigioniero nelle maglie dei “sentieri delle canoe”, l’uomo attende perciò, con singolare stoicismo nei confronti della fatalità ineludibile, la fine di quell’inverno paradossale, dalle temperature elevate. L’abbassamento delle acque è l’estate. È la risurrezione dell’attività primordiale di coloro che da quelle parti si dibattono, dell’unica forma di vita compatibile con la natura che si impegna al massimo in manifestazioni disparate, rendendo impossibile il prolungamento di qualsiasi sforzo».[53]

44. L’acqua abbaglia nel gran Rio delle Amazzoni, che raccoglie e vivifica tutto all’intorno:

«Rio delle Amazzoni
capitale delle sillabe dell’acqua,
padre patriarca, sei
l’eternità segreta
delle fecondazioni,
a te scendono fiumi come uccelli».[54]

45. È inoltre la colonna vertebrale che armonizza e unisce: «Il fiume non ci separa, ci unisce, ci aiuta a convivere tra diverse culture e lingue».[55] Per quanto sia vero che in questo territorio ci siano molte “Amazzonie”, il suo asse principale è il grande fiume, figlio di molti altri fiumi:

«Dalle vette più alte della cordigliera, dove le nevi sono eterne, l’acqua scorre e traccia un solco vibrante nella pelle antica della pietra: il Rio delle Amazzoni è appena nato. Nasce ad ogni istante. Discende lenta, sinuosa luce, per crescere nella terra. Scacciando il verde, inventa il suo corso e cresce. Acque sotterranee affiorano per abbracciarsi con l’acqua che scende dalle Ande. Dal ventre delle nubi bianchissime, scosse dal vento, cade l’acqua celeste. Avanzano riunite, moltiplicate in percorsi infiniti, bagnando l’immensa pianura […]. È la Grande Amazzonia, tutta nel tropico umido, con la sua foresta compatta e stupefacente, dove ancora palpita, intatta e in vaste zone mai sorpresa dall’uomo, la vita che venne tessendo il suo ordito nelle intimità dell’acqua […]. Da quando l’uomo la abita, si leva dalle profondità delle sue acque, e scorre dai luoghi alti della sua foresta un tremendo timore: che questa vita, a poco a poco, stia prendendo la direzione della fine».[56]

46. I poeti popolari, che si sono innamorati della sua immensa bellezza, hanno cercato di esprimere quanto il fiume faceva loro percepire, e la vita che dona al suo passaggio, in una danza di delfini, anaconda, alberi e canoe. Ma pure deplorano i pericoli che lo minacciano. Questi poeti, contemplativi e profetici, ci aiutano a liberarci dal paradigma tecnocratico e consumista che soffoca la natura e ci priva di un’esistenza realmente dignitosa:

«Il mondo soffre per la trasformazione dei piedi in gomma, delle gambe in cuoio, del corpo in tessuto e della testa in acciaio […]. Il mondo soffre per la trasformazione della pala in fucile, dell’aratro in carro armato, dell’immagine del seminatore che sparge semi in quella dell’automa con i suoi lanciafiamme, dalla cui semina germogliano deserti. Solo la poesia, con l’umiltà della sua voce, potrà salvare questo mondo».[57]

Il grido dell’Amazzonia

47. La poesia aiuta ad esprimere una dolorosa sensazione che oggi in molti condividiamo. La verità ineludibile è che, nelle attuali condizioni, con questo modo di trattare l’Amazzonia, tanta vita e tanta bellezza stiano “prendendo la direzione della fine”, benché molti vogliano continuare a credere che non è successo nulla:

«Quelli che credevano che il fiume fosse una corda per giocare si sbagliavano.

Il fiume è una vena sottile sulla faccia della terra. […]

Il fiume è una fune a cui si aggrappano animali e alberi.

Se tirano troppo forte, il fiume potrebbe esplodere.

Potrebbe esplodere e lavarci la faccia con l’acqua e con il sangue».[58]

48. L’equilibrio planetario dipende anche dalla salute dell’Amazzonia. Assieme al bioma del Congo e del Borneo, impressiona per la diversità delle sue foreste, dalle quali dipendono anche i cicli delle piogge, l’equilibrio del clima e una grande varietà di esseri viventi. Funziona come un grande filtro del diossido di carbonio, che aiuta ad evitare il surriscaldamento della terra. In gran parte, il suo suolo è povero di humus, motivo per cui la foresta «cresce realmente sopra il terreno e non dal terreno».[59] Quando si elimina la foresta, questa non viene rimpiazzata, perché rimane un terreno con poche sostanze nutritive che si trasforma in un’area desertica o povera di vegetazione. Questo è grave, perché nelle viscere della foresta amazzonica sussistono innumerevoli risorse che potrebbero essere indispensabili per la cura di malattie. I suoi pesci, i frutti, e gli altri doni sovrabbondanti arricchiscono l’alimentazione umana. Inoltre, in un ecosistema come quello amazzonico, l’apporto di ogni singola parte nella conservazione dell’insieme si rivela indispensabile. Anche le terre costiere e la vegetazione marina hanno bisogno di essere fertilizzate da quanto trascina il Rio delle Amazzoni. Il grido dell’Amazzonia raggiunge tutti, perché «l’aspetto di conquista e di sfruttamento delle risorse […] è giunto oggi a minacciare la stessa capacità ospitale dell’ambiente: l’ambiente come “risorsa” rischia di minacciare l’ambiente come “casa”».[60] L’interesse di poche imprese potenti non dovrebbe esser messo al di sopra del bene dell’Amazzonia e dell’intera umanità.

49. Non è sufficiente prestare attenzione alla conservazione delle specie più visibili a rischio di estinzione. È cruciale tener conto che «per il buon funzionamento degli ecosistemi sono necessari anche i funghi, le alghe, i vermi, i piccoli insetti, i rettili e l’innumerevole varietà di microorganismi. Alcune specie poco numerose, che di solito passano inosservate, giocano un ruolo critico fondamentale per stabilizzare l’equilibrio di un luogo».[61] Ciò è facilmente ignorato nella valutazione dell’impatto ambientale dei progetti economici di industrie estrattive, energetiche, del legname e altre che distruggono e inquinano. Inoltre, l’acqua, abbondante in Amazzonia, è un bene essenziale per la sopravvivenza umana, ma le fonti di inquinamento sono in costante crescita.[62]

50. In realtà, oltre agli interessi economici di imprenditori e politici locali, ci sono anche «gli enormi interessi economici internazionali».[63] La soluzione non sta, dunque, in una “internazionalizzazione” dell’Amazzonia,[64] ma diventa più grave la responsabilità dei governi nazionali. Per questa stessa ragione, «è lodevole l’impegno di organismi internazionali e di organizzazioni della società civile che sensibilizzano le popolazioni e cooperano in modo critico, anche utilizzando legittimi sistemi di pressione, affinché ogni governo adempia il proprio e non delegabile dovere di preservare l’ambiente e le risorse naturali del proprio Paese, senza vendersi a ambigui interessi locali o internazionali».[65]

51. Per avere cura dell’Amazzonia è bene coniugare la saggezza ancestrale con le conoscenze tecniche contemporanee, sempre però cercando di intervenire sul territorio in modo sostenibile, preservando nello stesso tempo lo stile di vita e i sistemi di valori degli abitanti.[66] Ad essi, e in modo speciale ai popoli originari, spetta ricevere – oltre alla formazione di base – l’informazione completa e trasparente circa i progetti, la loro portata, gli effetti e i rischi, per poter confrontare questa informazione con i loro interessi e la loro conoscenza del luogo, e poter così dare o negare il proprio consenso, oppure proporre alternative.[67]

52. I più potenti non si accontentano mai dei profitti che ottengono, e le risorse del potere economico si accrescono di molto con lo sviluppo scientifico e tecnologico. Per questo dovremmo tutti insistere sull’urgenza di «creare un sistema normativo che includa limiti inviolabili e assicuri la protezione degli ecosistemi, prima che le nuove forme di potere derivate dal paradigma tecno-economico finiscano per distruggere non solo la politica ma anche la libertà e la giustizia».[68] Se la chiamata di Dio esige un ascolto attento del grido dei poveri e, nello stesso tempo, della terra,[69] per noi «il grido che l’Amazzonia eleva al Creatore è simile al grido del Popolo di Dio in Egitto (cfr Es 3,7). È un grido di schiavitù e di abbandono, che invoca la libertà».[70]

La profezia della contemplazione

53. Molte volte lasciamo che la coscienza diventi insensibile, perché «la distrazione costante ci toglie il coraggio di accorgerci della realtà di un mondo limitato e finito».[71] Se si guarda alla superficie forse sembra «che le cose non siano tanto gravi e che il pianeta potrebbe rimanere per molto tempo nelle condizioni attuali. Questo comportamento evasivo ci serve per mantenere i nostri stili di vita, di produzione e di consumo. È il modo in cui l’essere umano si arrangia per alimentare tutti i vizi autodistruttivi: cercando di non vederli, lottando per non riconoscerli, rimandando le decisioni importanti, facendo come se nulla fosse».[72]

54. Oltre a tutto ciò, desidero ricordare che ciascuna delle diverse specie ha valore in sé stessa, e però «ogni anno scompaiono migliaia di specie vegetali e animali che non potremo più conoscere, che i nostri figli non potranno vedere, perse per sempre. La stragrande maggioranza si estingue per ragioni che hanno a che fare con qualche attività umana. Per causa nostra, migliaia di specie non daranno gloria a Dio con la loro esistenza né potranno comunicarci il proprio messaggio. Non ne abbiamo il diritto».[73]

55. Imparando dai popoli originari, possiamo contemplare l’Amazzonia e non solo analizzarla, per riconoscere il mistero prezioso che ci supera. Possiamo amarla e non solo utilizzarla, così che l’amore risvegli un interesse profondo e sincero. Di più, possiamo sentirci intimamente uniti ad essa e non solo difenderla, e allora l’Amazzonia diventerà nostra come una madre. Perché «il mondo non si contempla dal di fuori ma dal di dentro, riconoscendo i legami con i quali il Padre ci ha unito a tutti gli esseri».[74]

56. Risvegliamo il senso estetico e contemplativo che Dio ha posto in noi e che a volte lasciamo si atrofizzi. Ricordiamo che, «quando non si impara a fermarsi ad ammirare ed apprezzare il bello, non è strano che ogni cosa si trasformi in oggetto di uso e abuso senza scrupoli».[75] Per contro, se entriamo in comunione con la foresta, facilmente la nostra voce si unirà alla sua e si trasformerà in preghiera: «Coricati all’ombra di un vecchio eucalipto, la nostra preghiera di luce s’immerge nel canto di fronde eterne»[76]. Tale conversione interiore è ciò che potrà permetterci di piangere per l’Amazzonia e di gridare con essa al Signore.

57. Gesù ha detto: «Cinque passeri non si vendono forse per due soldi? Eppure nemmeno uno di essi è dimenticato davanti a Dio» (Lc 12,6). Dio Padre, che ha creato ogni essere dell’universo con infinito amore, ci chiama ad essere suoi strumenti per ascoltare il grido dell’Amazzonia. Se noi accorriamo a tale richiamo straziante, potrà rendersi manifesto che le creature dell’Amazzonia non sono state dimenticate dal Padre del cielo. Per noi cristiani, è Gesù stesso che ci implora attraverso di loro, «perché il Risorto le avvolge misteriosamente e le orienta a un destino di pienezza. Gli stessi fiori del campo e gli uccelli che Egli contemplò ammirato con i suoi occhi umani, ora sono pieni della sua presenza luminosa».[77] Per queste ragioni, noi credenti troviamo nell’Amazzonia un luogo teologico, uno spazio dove Dio stesso si manifesta e chiama i suoi figli.

Educazione e abitudini ecologiche

58. Possiamo così compiere un passo ulteriore e ricordare che un’ecologia integrale non si accontenta di accomodare questioni tecniche o di decisioni politiche, giuridiche e sociali. La grande ecologia comprende sempre un aspetto educativo che sollecita lo sviluppo di nuove abitudini nelle persone e nei gruppi umani. Purtroppo molti abitanti dell’Amazzonia hanno acquisito usanze tipiche delle grandi città, dove il consumismo e la cultura dello scarto sono già molto radicati. Non ci sarà ecologia sana e sostenibile, in grado di cambiare qualcosa, se non cambiano le persone, se non le si sollecita ad adottare un altro stile di vita, meno vorace, più sereno, più rispettoso, meno ansioso, più fraterno.

59. Infatti, «più il cuore della persona è vuoto, più ha bisogno di oggetti da comprare, possedere e consumare. In tale contesto non sembra possibile che qualcuno accetti che la realtà gli ponga un limite. […] Non pensiamo solo alla possibilità di terribili fenomeni climatici o grandi disastri naturali, ma anche a catastrofi derivate da crisi sociali, perché l’ossessione per uno stile di vita consumistico, soprattutto quando solo pochi possono sostenerlo, potrà provocare soltanto violenza e distruzione reciproca».[78]

60. La Chiesa, con la sua lunga esperienza spirituale, con la sua rinnovata consapevolezza circa il valore del creato, con la sua preoccupazione per la giustizia, con la sua scelta per gli ultimi, con la sua tradizione educativa e con la sua storia di incarnazione in culture tanto diverse del mondo intero, desidera a sua volta offrire il proprio contributo alla cura e alla crescita dell’Amazzonia.

Con ciò prende avvio un ulteriore sogno, che intendo condividere più direttamente con i pastori e i fedeli cattolici.

CAPITOLO QUARTO

UN SOGNO ECCLESIALE

61. La Chiesa è chiamata a camminare con i popoli dell’Amazzonia. In America Latina questo cammino ha avuto espressioni privilegiate come la Conferenza di Vescovi a Medellín (1968) e la sua applicazione all’Amazzonia a Santarem (1972);[79] e poi a Puebla (1979), Santo Domingo (1992) e Aparecida (2007). La strada prosegue e il compito missionario, se vuole sviluppare una Chiesa dal volto amazzonico, deve crescere in una cultura dell’incontro verso una «pluriforme armonia».[80] Ma perché sia possibile questa incarnazione della Chiesa e del Vangelo deve risuonare, sempre nuovamente, il grande annuncio missionario.

L’annuncio indispensabile in Amazzonia

62. Di fronte a tanti bisogni e tante angosce che gridano dal cuore dell’Amazzonia, possiamo rispondere a partire da organizzazioni sociali, risorse tecniche, spazi di dibattito, programmi politici, e tutto ciò può far parte della soluzione. Ma come cristiani non rinunciamo alla proposta di fede che abbiamo ricevuto dal Vangelo. Pur volendo impegnarci con tutti, fianco a fianco, non ci vergogniamo di Gesù Cristo. Per coloro che lo hanno incontrato, vivono nella sua amicizia e si identificano con il suo messaggio, è inevitabile parlare di Lui e portare agli altri la sua proposta di vita nuova: «Guai a me se non annuncio il Vangelo!» (1 Cor 9,16).

63. L’autentica scelta per i più poveri e dimenticati, mentre ci spinge a liberarli dalla miseria materiale e a difendere i loro diritti, implica che proponiamo ad essi l’amicizia con il Signore che li promuove e dà loro dignità. Sarebbe triste che ricevessero da noi un codice di dottrine o un imperativo morale, ma non il grande annuncio salvifico, quel grido missionario che punta al cuore e dà senso a tutto il resto. Né possiamo accontentarci di un messaggio sociale. Se diamo la nostra vita per loro, per la giustizia e la dignità che meritano, non possiamo nascondere ad essi che lo facciamo perché riconosciamo Cristo in loro e perché scopriamo l’immensa dignità concessa loro da Dio Padre che li ama infinitamente.

64. Essi hanno diritto all’annuncio del Vangelo, soprattutto a quel primo annuncio che si chiama kerygma e che «è l’annuncio principale, quello che si deve sempre tornare ad ascoltare in modi diversi e che si deve sempre tornare ad annunciare durante la catechesi in una forma o nell’altra».[81] È l’annuncio di un Dio che ama infinitamente ogni essere umano, che ha manifestato pienamente questo amore in Cristo crocifisso per noi e risorto nella nostra vita. Propongo di rileggere un breve riassunto su tale tema contenuto nel capitolo IV dell’Esortazione Christus vivit. Questo annuncio deve risuonare costantemente in Amazzonia, espresso in molte modalità diverse. Senza questo annuncio appassionato, ogni struttura ecclesiale diventerà un’altra ONG, e quindi non risponderemo alla richiesta di Gesù Cristo: «Andate in tutto il mondo e proclamate il Vangelo ad ogni creatura» (Mc 16,15).

65. Qualsiasi proposta di maturazione nella vita cristiana deve avere come cardine permanente questo annuncio, perché «tutta la formazione cristiana è prima di tutto l’approfondimento del kerygma che va facendosi carne sempre più e sempre meglio».[82] La reazione fondamentale a questo annuncio, quando riesce a provocare un incontro personale con il Signore, è la carità fraterna, quel «nuovo comandamento che è il primo, il più grande, quello che meglio ci identifica come discepoli».[83] Pertanto, il kerygma e l’amore fraterno costituiscono la grande sintesi dell’intero contenuto del Vangelo che non si può fare a meno di proporre in Amazzonia. È quello che hanno vissuto i grandi evangelizzatori dell’America Latina come San Toribio de Mogrovejo o San José de Anchieta.

L’inculturazione

66. La Chiesa, mentre annuncia sempre di nuovo il kerygma, deve crescere in Amazzonia. Per questo, riconfigura sempre la propria identità nell’ascolto e nel dialogo con le persone, le realtà e le storie del suo territorio. In tal modo, potrà svilupparsi sempre di più un necessario processo di inculturazione, che non disprezza nulla di quanto di buono già esiste nelle culture amazzoniche, ma lo raccoglie e lo porta a pienezza alla luce del Vangelo.[84] E nemmeno disprezza la ricchezza di sapienza cristiana trasmessa lungo i secoli, come se si pretendesse di ignorare la storia in cui Dio ha operato in molti modi, perché la Chiesa ha un volto pluriforme «non solo da una prospettiva spaziale [...], ma anche dalla sua realtà temporale».[85] Si tratta dell’autentica Tradizione della Chiesa, che non è un deposito statico né un pezzo da museo, ma la radice di un albero che cresce.[86] È la millenaria Tradizione che testimonia l’azione divina nel suo Popolo e «ha la missione di mantenere vivo il fuoco più che di conservare le ceneri».[87]

67. San Giovanni Paolo II ha insegnato che, nel presentare la sua proposta evangelica, «la Chiesa non pretende negare l’autonomia della cultura. Anzi al contrario, nutre per essa il maggior rispetto», perché la cultura «non è solo soggetto di redenzione e di elevazione; ma può essere anche fautrice di mediazione e di collaborazione».[88] Rivolgendosi agli indigeni del Continente americano ha ricordato che «una fede che non diviene cultura è una fede non pienamente accolta, né totalmente pensata né fedelmente vissuta».[89] Le sfide delle culture invitano la Chiesa a «un atteggiamento di vigile senso critico, ma anche di attenzione fiduciosa».[90]

68. Si può riprendere qui ciò che ho affermato nell’Esortazione Evangelii gaudium a proposito dell’inculturazione, sulla base della convinzione che «la grazia suppone la cultura, e il dono di Dio si incarna nella cultura di chi lo riceve».[91] Avvertiamo che ciò implica un doppio movimento. Da un lato, una dinamica di fecondazione che consente di esprimere il Vangelo in un luogo, poiché «quando una comunità accoglie l’annuncio della salvezza, lo Spirito Santo ne feconda la cultura con la forza trasformante del Vangelo».[92] D’altra parte, la Chiesa stessa vive un percorso ricettivo, che la arricchisce di ciò che lo Spirito aveva già misteriosamente seminato in quella cultura. In tal modo, «lo Spirito Santo abbellisce la Chiesa, mostrandole nuovi aspetti della Rivelazione e regalandole un nuovo volto».[93] Si tratta, in definitiva, di permettere e incoraggiare che l’annuncio del Vangelo inesauribile, comunicato «con categorie proprie della cultura in cui è annunciato, provochi una nuova sintesi con tale cultura».[94]

69. Pertanto, «come possiamo vedere nella storia della Chiesa, il cristianesimo non dispone di un unico modello culturale»[95] e «non renderebbe giustizia alla logica dell’incarnazione pensare ad un cristianesimo monoculturale e monocorde».[96] Tuttavia, il rischio per gli evangelizzatori che arrivano in un luogo è credere di dover comunicare non solo il Vangelo ma anche la cultura in cui essi sono cresciuti, dimenticando che non si tratta di «imporre una determinata forma culturale, per quanto bella e antica».[97] Occorre accettare con coraggio la novità dello Spirito, capace di creare sempre qualcosa di nuovo con l’inesauribile tesoro di Gesù Cristo, perché «l’inculturazione impegna la Chiesa su un cammino difficile ma necessario».[98] È vero che «benché questi processi siano sempre lenti, a volte la paura ci paralizza troppo» e finiamo per essere «spettatori di una sterile stagnazione della Chiesa».[99] Non abbiamo timore, non tagliamo le ali allo Spirito Santo!

Vie di inculturazione in Amazzonia

70. Per ottenere una rinnovata inculturazione del Vangelo in Amazzonia, la Chiesa ha bisogno di ascoltare la sua saggezza ancestrale, tornare a dare voce agli anziani, riconoscere i valori presenti nello stile di vita delle comunità originarie, recuperare in tempo le preziose narrazioni dei popoli. In Amazzonia abbiamo già ricevuto ricchezze che provengono dalle culture precolombiane, «come l’apertura all’azione di Dio, il senso di gratitudine per i frutti della terra, il carattere sacro della vita umana e la stima per la famiglia, il senso di solidarietà e la corresponsabilità nel lavoro comune, l’importanza della dimensione cultuale, la fede in una vita al di là di quella terrena, e tanti altri valori».[100]

71. In questo contesto, i popoli indigeni amazzonici esprimono l’autentica qualità della vita come un “buon vivere” che implica un’armonia personale, familiare, comunitaria e cosmica e si manifesta nel loro modo comunitario di pensare l’esistenza, nella capacità di trovare gioia e pienezza in una vita austera e semplice, come pure nella cura responsabile della natura che preserva le risorse per le generazioni future. I popoli aborigeni potrebbero aiutarci a scoprire che cos’è una felice sobrietà e in questo senso «hanno molto da insegnarci».[101] Sanno essere felici con poco, godono dei piccoli doni di Dio senza accumulare tante cose, non distruggono senza necessità, custodiscono gli ecosistemi e riconoscono che la terra, mentre si offre per sostenere la loro vita, come una fonte generosa, ha un senso materno che suscita rispettosa tenerezza. Tutto ciò dev’essere valorizzato e tenuto in conto nell’evangelizzazione.[102]

72. Mentre lottiamo per loro e con loro, siamo chiamati «ad essere loro amici, ad ascoltarli, a comprenderli e ad accogliere la misteriosa sapienza che Dio vuole comunicarci attraverso di loro».[103] Gli abitanti delle città hanno bisogno di apprezzare questa saggezza e lasciarsi “rieducare” di fronte al consumismo ansioso e all’isolamento urbano. La Chiesa stessa può essere un veicolo in grado di aiutare questo recupero culturale in una valida sintesi con l’annuncio del Vangelo. Inoltre, essa diventa strumento di carità nella misura in cui le comunità urbane sono non solo missionarie nel loro ambiente, ma anche accoglienti verso i poveri che arrivano dall’interno spinti dalla miseria. E ugualmente lo è nella misura in cui le comunità sono vicine ai giovani migranti per aiutarli a integrarsi nella città senza cadere nelle sue reti di degrado. Tali azioni ecclesiali, che nascono dall’amore, sono percorsi preziosi all’interno di un processo di inculturazione.

73. D’altra parte, l’inculturazione eleva e conferisce pienezza. Certamente va apprezzato lo spirito indigeno dell’interconnessione e dell’interdipendenza di tutto il creato, spirito di gratuità che ama la vita come dono, spirito di sacra ammirazione davanti alla natura che ci oltrepassa con tanta vita. Tuttavia, si tratta anche di far sì che questa relazione con Dio presente nel cosmo diventi sempre più la relazione personale con un Tu che sostiene la propria realtà e vuole darle un senso, un Tu che ci conosce e ci ama:

«Galleggiano ombre di me, legni morti.
Ma la stella nasce senza rimprovero
sopra le mani di questo bambino, esperte,
che conquistano le acque e la notte.
Mi basti conoscere
che Tu mi conosci

interamente, prima dei miei giorni».[104]

74. Allo stesso modo, il rapporto con Cristo, vero Dio e vero uomo, liberatore e redentore, non è nemico di questa visione del mondo marcatamente cosmica che caratterizza questi popoli, perché Egli è anche il Risorto che penetra tutte le cose.[105] Per l’esperienza cristiana, «tutte le creature dell’universo materiale trovano il loro vero senso nel Verbo incarnato, perché il Figlio di Dio ha incorporato nella sua persona parte dell’universo materiale, dove ha introdotto un germe di trasformazione definitiva».[106] Egli è gloriosamente e misteriosamente presente nel fiume, negli alberi, nei pesci, nel vento, in quanto è il Signore che regna sul creato senza perdere le sue ferite trasfigurate, e nell’Eucaristia assume gli elementi del mondo conferendo a ciascuno il senso del dono pasquale.

Inculturazione sociale e spirituale

75. Questa inculturazione, vista la situazione di povertà e abbandono di tanti abitanti dell’Amazzonia, dovrà necessariamente avere un timbro fortemente sociale ed essere caratterizzata da una ferma difesa dei diritti umani, facendo risplendere il volto di Cristo che «ha voluto identificarsi con speciale tenerezza con i più deboli e i più poveri».[107] Perché «dal cuore del Vangelo riconosciamo l’intima connessione tra evangelizzazione e promozione umana»,[108] e ciò implica per le comunità cristiane un chiaro impegno per il Regno di giustizia nella promozione delle persone scartate. A tale scopo è di estrema importanza un’adeguata formazione degli operatori pastorali nella dottrina sociale della Chiesa.

76. Allo stesso tempo, l’inculturazione del Vangelo in Amazzonia deve integrare meglio la dimensione sociale con quella spirituale, così che i più poveri non abbiano bisogno di andare a cercare fuori dalla Chiesa una spiritualità che risponda al desiderio della loro dimensione trascendente. Pertanto, non si tratta di una religiosità alienante e individualista che mette a tacere le esigenze sociali di una vita più dignitosa, ma nemmeno si tratta di tagliare la dimensione trascendente e spirituale come se all’essere umano bastasse lo sviluppo materiale. Questo ci chiama non solo a combinare le due cose, ma a collegarle intimamente. Così risplenderà la vera bellezza del Vangelo, che è pienamente umanizzante, che dà piena dignità alle persone e ai popoli, che riempie il cuore e la vita intera.

Punti di partenza per una santità amazzonica

77. Così potranno nascere testimonianze di santità con volto amazzonico, che non siano copie di modelli da altri luoghi, santità fatta di incontro e dedizione, di contemplazione e di servizio, di solitudine accogliente e di vita comune, di gioiosa sobrietà e di lotta per la giustizia. A questa santità si arriva «ciascuno a modo suo»,[109] e ciò vale anche per i popoli, dove la grazia si incarna e brilla con tratti distintivi. Immaginiamo una santità dai lineamenti amazzonici, chiamata a interpellare la Chiesa universale.

78. Un processo di inculturazione, che implica percorsi non solo individuali ma anche comunitari, richiede per la gente un amore pieno di rispetto e comprensione. In gran parte dell’Amazzonia questo processo è già stato avviato. Più di quarant’anni fa i Vescovi dell’Amazzonia del Perù hanno rilevato che in molti dei gruppi sociali presenti in quella regione «il soggetto evangelizzatore, modellato da una propria cultura multiforme e mutevole, è inizialmente evangelizzato», poiché possiede «alcuni tratti di cattolicesimo popolare che, sebbene forse in un primo tempo siano stati promossi da operatori pastorali, attualmente sono una realtà che la gente ha fatto propria e persino ne ha mutato il significato e li trasmette di generazione in generazione».[110] Non abbiamo fretta di qualificare come superstizione o paganesimo alcune espressioni religiose che nascono spontaneamente dalla vita della gente. Piuttosto, bisogna saper riconoscere il grano che cresce in mezzo alla zizzania, perché «nella pietà popolare si può cogliere la modalità in cui la fede ricevuta si è incarnata in una cultura e continua a trasmettersi».[111]

79. È possibile recepire in qualche modo un simbolo indigeno senza necessariamente qualificarlo come idolatrico. Un mito carico di senso spirituale può essere valorizzato e non sempre considerato un errore pagano. Alcune feste religiose contengono un significato sacro e sono spazi di riunione e di fraternità, sebbene si richieda un lento processo di purificazione e maturazione. Un vero missionario cerca di scoprire quali legittime aspirazioni passano attraverso le manifestazioni religiose a volte imperfette, parziali o sbagliate, e cerca di rispondere a partire da una spiritualità inculturata.

80. Sarà senza dubbio una spiritualità centrata sull’unico Dio e Signore, ma al tempo stesso capace di entrare in contatto con i bisogni quotidiani delle persone che cercano una vita dignitosa, che vogliono godere le belle realtà dell’esistenza, trovare la pace e l’armonia, risolvere le crisi familiari, curare le loro malattie, vedere i loro bambini crescere felici. Il peggior pericolo sarebbe allontanarli dall’incontro con Cristo presentandolo come un nemico della gioia, o come uno che è indifferente alle aspirazioni e alle angosce umane.[112] Oggi è indispensabile mostrare che la santità non priva le persone di «forze, vita e gioia».[113]

L’inculturazione della liturgia

81. L’inculturazione della spiritualità cristiana nelle culture dei popoli originari trova nei Sacramenti una via di particolare valore, perché in essi si incontrano il divino e il cosmico, la grazia e il creato. In Amazzonia essi non dovrebbero essere intesi come una separazione rispetto al creato. Infatti, «sono un modo privilegiato in cui la natura viene assunta da Dio e trasformata in mediazione della vita soprannaturale».[114] Sono un compimento del creato, in cui la natura è elevata per essere luogo e strumento della grazia, per «abbracciare il mondo su un piano diverso».[115]

82. Nell’Eucaristia, Dio «al culmine del mistero dell’Incarnazione, volle raggiungere la nostra intimità attraverso un frammento di materia. […] [Essa] unisce il cielo e la terra, abbraccia e penetra tutto il creato».[116] Per questo motivo può essere «motivazione per le nostre preoccupazioni per l’ambiente, e ci orienta ad essere custodi di tutto il creato».[117] Quindi «non fuggiamo dal mondo né neghiamo la natura quando vogliamo incontrarci con Dio».[118] Questo ci consente di raccogliere nella liturgia molti elementi propri dell’esperienza degli indigeni nel loro intimo contatto con la natura e stimolare espressioni native in canti, danze, riti, gesti e simboli. Già il Concilio Vaticano II aveva richiesto questo sforzo di inculturazione della liturgia nei popoli indigeni,[119] ma sono trascorsi più di cinquant’anni e abbiamo fatto pochi progressi in questa direzione.[120]

83. Nella domenica «la spiritualità cristiana integra il valore del riposo e della festa. L’essere umano tende a ridurre il riposo contemplativo all’ambito dello sterile e dell’inutile, dimenticando che così si toglie all’opera che si compie la cosa più importante: il suo significato. Siamo chiamati a includere nel nostro operare una dimensione ricettiva e gratuita».[121] I popoli originari conoscono questa gratuità e questo sano ozio contemplativo. Le nostre celebrazioni dovrebbero aiutarli a vivere questa esperienza nella liturgia domenicale e incontrare la luce della Parola e dell’Eucaristia che illumina le nostre vite concrete.

84. I Sacramenti mostrano e comunicano il Dio vicino che viene con misericordia a guarire e fortificare i suoi figli. Pertanto devono essere accessibili, soprattutto ai poveri, e non devono mai essere negati per motivi di denaro. Neppure è ammissibile, di fronte ai poveri e ai dimenticati dell’Amazzonia, una disciplina che escluda e allontani, perché in questo modo essi alla fine vengono scartati da una Chiesa trasformata in dogana. Piuttosto, «nelle difficili situazioni che vivono le persone più bisognose, la Chiesa deve avere una cura speciale per comprendere, consolare, integrare, evitando di imporre loro una serie di norme come se fossero delle pietre, ottenendo con ciò l’effetto di farle sentire giudicate e abbandonate proprio da quella Madre che è chiamata a portare loro la misericordia di Dio».[122] Per la Chiesa, la misericordia può diventare una mera espressione romantica se non si manifesta concretamente nell’impegno pastorale.[123]

L’inculturazione della ministerialità

85. L’inculturazione deve anche svilupparsi e riflettersi in un modo incarnato di attuare l’organizzazione ecclesiale e la ministerialità. Se si incultura la spiritualità, se si incultura la santità, se si incultura il Vangelo stesso, come fare a meno di pensare a una inculturazione del modo in cui si strutturano e si vivono i ministeri ecclesiali? La pastorale della Chiesa ha in Amazzonia una presenza precaria, dovuta in parte all’immensa estensione territoriale con molti luoghi di difficile accesso, alla grande diversità culturale, ai gravi problemi sociali, come pure alla scelta di alcuni popoli di isolarsi. Questo non può lasciarci indifferenti ed esige dalla Chiesa una risposta specifica e coraggiosa.

86. Occorre far sì che la ministerialità si configuri in modo tale da essere al servizio di una maggiore frequenza della celebrazione dell’Eucaristia, anche nelle comunità più remote e nascoste. Ad Aparecida si invitò ad ascoltare il lamento di tante comunità dell’Amazzonia «private dell’Eucaristia domenicale per lunghi periodi di tempo».[124] Ma nello stesso tempo c’è bisogno di ministri che possano comprendere dall’interno la sensibilità e le culture amazzoniche.

87. Il modo di configurare la vita e l’esercizio del ministero dei sacerdoti non è monolitico e acquista varie sfumature in luoghi diversi della terra. Perciò è importante determinare ciò che è più specifico del sacerdote, ciò che non può essere delegato. La risposta consiste nel sacramento dell’Ordine sacro, che lo configura a Cristo sacerdote. E la prima conclusione è che tale carattere esclusivo ricevuto nell’Ordine abilita lui solo a presiedere l’Eucaristia.[125] Questa è la sua funzione specifica, principale e non delegabile. Alcuni pensano che ciò che distingue il sacerdote è il potere, il fatto di essere la massima autorità della comunità. Ma San Giovanni Paolo II ha spiegato che, sebbene il sacerdozio sia considerato “gerarchico”, questa funzione non equivale a stare al di sopra degli altri, ma «è totalmente ordinata alla santità delle membra di Cristo».[126] Quando si afferma che il sacerdote è segno di “Cristo capo”, il significato principale è che Cristo è la fonte della grazia: Egli è il capo della Chiesa «perché ha il potere di comunicare la grazia a tutte le membra della Chiesa».[127]

88. Il sacerdote è segno di questo Capo che effonde la grazia anzitutto quando celebra l’Eucaristia, fonte e culmine di tutta la vita cristiana.[128] Questa è la sua grande potestà, che può essere ricevuta soltanto nel sacramento dell’Ordine sacerdotale. Per questo lui solo può dire: «Questo è il mio corpo». Ci sono altre parole che solo lui può pronunciare: «Io ti assolvo dai tuoi peccati». Perché il perdono sacramentale è al servizio di una degna celebrazione eucaristica. In questi due Sacramenti c’è il cuore della sua identità esclusiva.[129]

89. Nelle circostanze specifiche dell’Amazzonia, specialmente nelle sue foreste e luoghi più remoti, occorre trovare un modo per assicurare il ministero sacerdotale. I laici potranno annunciare la Parola, insegnare, organizzare le loro comunità, celebrare alcuni Sacramenti, cercare varie espressioni per la pietà popolare e sviluppare i molteplici doni che lo Spirito riversa su di loro. Ma hanno bisogno della celebrazione dell’Eucaristia, perché essa «fa la Chiesa»[130], e arriviamo a dire che «non è possibile che si formi una comunità cristiana se non assumendo come radice e come cardine la celebrazione della sacra Eucaristia».[131] Se crediamo veramente che è così, è urgente fare in modo che i popoli amazzonici non siano privati del Cibo di nuova vita e del Sacramento del perdono.

90. Questa pressante necessità mi porta ad esortare tutti i Vescovi, in particolare quelli dell’America Latina, non solo a promuovere la preghiera per le vocazioni sacerdotali, ma anche a essere più generosi, orientando coloro che mostrano una vocazione missionaria affinché scelgano l’Amazzonia.[132] Nello stesso tempo, è opportuno rivedere a fondo la struttura e il contenuto sia della formazione iniziale sia della formazione permanente dei presbiteri, in modo che acquisiscano gli atteggiamenti e le capacità necessari per dialogare con le culture amazzoniche. Questa formazione dev’essere eminentemente pastorale e favorire la crescita della misericordia sacerdotale.[133]

Comunità piene di vita

91. L’Eucaristia, al tempo stesso, è il grande Sacramento che significa e realizza l’unità della Chiesa,[134] e si celebra «perché da estranei, dispersi e indifferenti gli uni agli altri, noi diventiamo uniti, eguali ed amici».[135] Chi presiede l’Eucaristia deve curare la comunione, che non è un’unità impoverita, ma che accoglie la molteplice ricchezza dei doni e dei carismi che lo Spirito riversa nella Comunità.

92. Pertanto, l’Eucaristia, come fonte e culmine, richiede che si sviluppi questa multiforme ricchezza. C’è necessità di sacerdoti, ma ciò non esclude che ordinariamente i diaconi permanenti – che dovrebbero essere molti di più in Amazzonia –, le religiose e i laici stessi assumano responsabilità importanti per la crescita delle comunità e che maturino nell’esercizio di tali funzioni grazie ad un adeguato accompagnamento.

93. Dunque, non si tratta solo di favorire una maggiore presenza di ministri ordinati che possano celebrare l’Eucaristia. Questo sarebbe un obiettivo molto limitato se non cercassimo anche di suscitare una nuova vita nelle comunità. Abbiamo bisogno di promuovere l’incontro con la Parola e la maturazione nella santità attraverso vari servizi laicali, che presuppongono un processo di maturazione – biblica, dottrinale, spirituale e pratica – e vari percorsi di formazione permanente.

94. Una Chiesa con volti amazzonici richiede la presenza stabile di responsabili laici maturi e dotati di autorità,[136] che conoscano le lingue, le culture, l’esperienza spirituale e il modo di vivere in comunità dei diversi luoghi, mentre lasciano spazio alla molteplicità di doni che lo Spirito Santo semina in tutti. Infatti, lì dove c’è una necessità particolare, lo Spirito ha già effuso carismi che permettano di rispondervi. Ciò richiede nella Chiesa una capacità di aprire strade all’audacia dello Spirito, di avere fiducia e concretamente di permettere lo sviluppo di una cultura ecclesiale propria, marcatamente laicale. Le sfide dell’Amazzonia esigono dalla Chiesa uno sforzo speciale per realizzare una presenza capillare che è possibile solo attraverso un incisivo protagonismo dei laici.

95. Molte persone consacrate hanno speso le loro energie e buona parte della loro vita per il Regno di Dio in Amazzonia. La vita consacrata, capace di dialogo, di sintesi, di incarnazione e di profezia, occupa un posto speciale in questa configurazione plurale e armonica della Chiesa amazzonica. Le manca, però, un nuovo sforzo di inculturazione, che metta in gioco la creatività, l’audacia missionaria, la sensibilità e la forza peculiare della vita comunitaria.

96. Le comunità di base, quando hanno saputo integrare la difesa dei diritti sociali con l’annuncio missionario e la spiritualità, sono state vere esperienze di sinodalità nel cammino evangelizzatore della Chiesa in Amazzonia. Molte volte «hanno aiutato a formare cristiani impegnati nella fede, discepoli e missionari del Signore, come testimonia la dedizione generosa, fino a versare il proprio sangue, di tanti loro membri».[137]

97. Incoraggio l’approfondimento del compito comune che si realizza attraverso la REPAM e altre associazioni, con l’obiettivo di consolidare ciò che già chiedeva Aparecida: «Stabilire, tra le Chiese locali dei diversi Paesi sudamericani che fanno parte del bacino amazzonico, una pastorale d’insieme differenziata nelle rispettive priorità».[138] Questo vale specialmente per le relazioni tra le Chiese limitrofe.

98. Infine, desidero ricordare che non sempre possiamo pensare a progetti per comunità stabili, perché in Amazzonia c’è una grande mobilità interna, una costante migrazione molte volte pendolare, e «la regione è diventata di fatto un corridoio migratorio».[139] La «transumanza amazzonica non è stata ben compresa né sufficientemente analizzata dal punto di vista pastorale».[140] Perciò occorre pensare a gruppi missionari itineranti e «sostenere l’inserimento e l’itineranza delle persone consacrate vicino ai più poveri ed esclusi».[141] D’altra parte, questo mette alla prova le nostre comunità urbane, che dovrebbero coltivare con intelligenza e generosità, specialmente nelle periferie, diverse forme di vicinanza e di accoglienza nei confronti delle famiglie e dei giovani che arrivano dall’interno.

La forza e il dono delle donne

99. In Amazzonia ci sono comunità che si sono sostenute e hanno trasmesso la fede per lungo tempo senza che alcun sacerdote passasse da quelle parti, anche per decenni. Questo è stato possibile grazie alla presenza di donne forti e generose: donne che hanno battezzato, catechizzato, insegnato a pregare, sono state missionarie, certamente chiamate e spinte dallo Spirito Santo. Per secoli le donne hanno tenuto in piedi la Chiesa in quei luoghi con ammirevole dedizione e fede ardente. Loro stesse, nel Sinodo, hanno commosso tutti noi con la loro testimonianza.

100. Questo ci invita ad allargare la visione per evitare di ridurre la nostra comprensione della Chiesa a strutture funzionali. Tale riduzionismo ci porterebbe a pensare che si accorderebbe alle donne uno status e una partecipazione maggiore nella Chiesa solo se si desse loro accesso all’Ordine sacro. Ma in realtà questa visione limiterebbe le prospettive, ci orienterebbe a clericalizzare le donne, diminuirebbe il grande valore di quanto esse hanno già dato e sottilmente provocherebbe un impoverimento del loro indispensabile contributo.

101. Gesù si presenta come Sposo della comunità che celebra l’Eucaristia, attraverso la figura di un uomo che la presiede come segno dell’unico Sacerdote. Questo dialogo tra lo Sposo e la sposa che si eleva nell’adorazione e santifica la comunità, non dovrebbe rinchiuderci in concezioni parziali sul potere nella Chiesa. Perché il Signore ha voluto manifestare il suo potere e il suo amore attraverso due volti umani: quello del suo Figlio divino fatto uomo e quello di una creatura che è donna, Maria. Le donne danno il loro contributo alla Chiesa secondo il modo loro proprio e prolungando la forza e la tenerezza di Maria, la Madre. In questo modo non ci limitiamo a una impostazione funzionale, ma entriamo nella struttura intima della Chiesa. Così comprendiamo radicalmente perché senza le donne essa crolla, come sarebbero cadute a pezzi tante comunità dell’Amazzonia se non ci fossero state le donne, a sostenerle, a sorreggerle e a prendersene cura. Ciò mostra quale sia il loro potere caratteristico.

102. Non possiamo omettere di incoraggiare i doni di stampo popolare che hanno dato alle donne tanto protagonismo in Amazzonia, sebbene oggi le comunità siano sottoposte a nuovi rischi che non esistevano in altre epoche. La situazione attuale ci richiede di stimolare il sorgere di altri servizi e carismi femminili, che rispondano alle necessità specifiche dei popoli amazzonici in questo momento storico.

103. In una Chiesa sinodale le donne, che di fatto svolgono un ruolo centrale nelle comunità amazzoniche, dovrebbero poter accedere a funzioni e anche a servizi ecclesiali che non richiedano l’Ordine sacro e permettano di esprimere meglio il posto loro proprio. È bene ricordare che tali servizi comportano una stabilità, un riconoscimento pubblico e il mandato da parte del Vescovo. Questo fa anche sì che le donne abbiano un’incidenza reale ed effettiva nell’organizzazione, nelle decisioni più importanti e nella guida delle comunità, ma senza smettere di farlo con lo stile proprio della loro impronta femminile.

Ampliare orizzonti al di là dei conflitti

104. Accade spesso che, in un determinato luogo, gli operatori pastorali intravedano soluzioni molto diverse per i problemi che affrontano, e perciò propongano forme di organizzazione ecclesiale apparentemente opposte. Quando succede questo, è probabile che la vera risposta alle sfide dell’evangelizzazione stia nel superare tali proposte, cercando altre vie migliori, forse non immaginate. Il conflitto si supera ad un livello superiore dove ognuna delle parti, senza smettere di essere fedele a sé stessa, si integra con l’altra in una nuova realtà. Tutto si risolve «su di un piano superiore che conserva in sé le preziose potenzialità delle polarità in contrasto».[142] Altrimenti il conflitto ci blocca, «perdiamo la prospettiva, gli orizzonti si limitano e la realtà stessa resta frammentata».[143]

105. In nessun modo questo significa relativizzare i problemi, fuggire da essi o lasciare le cose come stanno. Le autentiche soluzioni non si raggiungono mai annacquando l’audacia, sottraendosi alle esigenze concrete o cercando colpe esterne. Al contrario, la via d’uscita si trova per “traboccamento”, trascendendo la dialettica che limita la visione per poter riconoscere così un dono più grande che Dio sta offrendo. Da questo nuovo dono, accolto con coraggio e generosità, da questo dono inatteso che risveglia una nuova e maggiore creatività, scaturiranno, come da una fonte generosa, le risposte che la dialettica non ci lasciava vedere. Ai suoi inizi, la fede cristiana si è diffusa mirabilmente seguendo questa logica, che le ha permesso, a partire da una matrice ebraica, di incarnarsi nelle culture greca e romana e di assumere al suo passaggio differenti modalità. Analogamente, in questo momento storico, l’Amazzonia ci sfida a superare prospettive limitate, soluzioni pragmatiche che rimangono chiuse in aspetti parziali delle grandi questioni, al fine di cercare vie più ampie e coraggiose di inculturazione.

La convivenza ecumenica e interreligiosa

106. In un’Amazzonia multi-religiosa, i credenti hanno bisogno di trovare spazi per dialogare e agire insieme per il bene comune e la promozione dei più poveri. Non si tratta di renderci tutti più light o di nascondere le convinzioni proprie, alle quali siamo più legati, per poterci incontrare con altri che pensano diversamente. Se uno crede che lo Spirito Santo può agire in chi è diverso, allora proverà a lasciarsi arricchire da quella luce, ma la accoglierà dall’interno delle sue convinzioni e dalla sua identità. Perché tanto più profonda, solida e ricca è un’identità, tanto più potrà arricchire gli altri con il suo peculiare contributo.

107 Come cattolici possediamo un tesoro nelle Sacre Scritture che altre religioni non accettano, benché a volte siano capaci di leggerle con interesse e anche di apprezzare alcuni dei loro contenuti. Qualcosa di simile cerchiamo di fare noi con i testi sacri di altre religioni e comunità religiose, dove si trovano «quei precetti e quelle dottrine che […] non raramente riflettono un raggio di quella Verità che illumina tutti gli uomini».[144] Abbiamo anche una grande ricchezza nei sette Sacramenti, che alcune comunità cristiane non accettano nella loro totalità o in un identico significato. Mentre crediamo fermamente in Gesù come unico Redentore del mondo, coltiviamo una profonda devozione verso sua Madre. Pur sapendo che ciò non avviene in tutte le confessioni cristiane, sentiamo il dovere di comunicare all’Amazzonia la ricchezza del caldo amore materno del quale ci sentiamo depositari. Infatti concluderò questa Esortazione con alcune parole rivolte a Maria.

108. Tutto questo non dovrebbe farci diventare nemici. In un vero spirito di dialogo si alimenta la capacità di comprendere il significato di ciò che l’altro dice e fa, pur non potendo assumerlo come una propria convinzione. Così diventa possibile essere sinceri, non dissimulare ciò in cui crediamo, senza smettere di dialogare, di cercare punti di contatto, e soprattutto di lavorare e impegnarsi insieme per il bene dell’Amazzonia. La forza di ciò che unisce tutti i cristiani ha un valore immenso. Prestiamo tanta attenzione a quello che ci divide che a volte non apprezziamo e non valorizziamo quello che ci unisce. E quanto ci unisce è ciò che ci permette di essere nel mondo senza che ci divorino l’immanenza terrena, il vuoto spirituale, il comodo egocentrismo, l’individualismo consumista e autodistruttivo.

109. Come cristiani, ci unisce tutti la fede in Dio, il Padre che ci dà la vita e ci ama tanto. Ci unisce la fede in Gesù Cristo, l’unico Redentore, che ci ha liberato con il suo sangue benedetto e la sua risurrezione gloriosa. Ci unisce il desiderio della sua Parola che guida i nostri passi. Ci unisce il fuoco dello Spirito che ci spinge alla missione. Ci unisce il comandamento nuovo che Gesù ci ha lasciato, la ricerca di una civiltà dell’amore, la passione per il Regno che il Signore ci chiama a costruire con Lui. Ci unisce la lotta per la pace e la giustizia. Ci unisce la convinzione che non si esaurisce tutto in questa vita, ma che siamo chiamati alla festa celeste dove Dio asciugherà ogni lacrima e raccoglierà quanto abbiamo fatto per coloro che soffrono.

110. Tutto questo ci unisce. Come non lottare insieme? Come non pregare insieme e lavorare fianco a fianco per difendere i poveri dell’Amazzonia, per mostrare il volto santo del Signore e prenderci cura della sua opera creatrice?

CONCLUSIONE

LA MADRE DELL’AMAZZONIA

111. Dopo aver condiviso alcuni sogni, esorto tutti a procedere su vie concrete che permettano di trasformare la realtà dell’Amazzonia e di liberarla dai mali che la affliggono. Ora eleviamo lo sguardo a Maria. La Madre che Cristo ci ha lasciato, pur essendo l’unica Madre di tutti, si manifesta in Amazzonia in diversi modi. Sappiamo che «gli indigeni hanno un incontro vivo con Cristo attraverso molte vie; ma la via mariana ha contribuito più di tutte a questo incontro».[145] Di fronte alla bellezza dell’Amazzonia, che abbiamo scoperto sempre meglio durante la preparazione e lo svolgimento del Sinodo, credo che la cosa migliore sia concludere questa Esortazione rivolgendoci a lei:

Madre della vita,
nel tuo seno materno si è formato Gesù,
che è il Signore di tutto quanto esiste.
Risorto, Lui ti ha trasformato con la sua luce
e ti ha fatta regina di tutto il creato.
Per questo ti chiediamo, o Maria,
di regnare nel cuore palpitante dell’Amazzonia.

Mostrati come madre di tutte le creature,
nella bellezza dei fiori, dei fiumi,
del grande fiume che l’attraversa
e di tutto ciò che freme nelle sue foreste.
Proteggi col tuo affetto questa esplosione di bellezza.

Chiedi a Gesù che effonda tutto il suo amore
sugli uomini e sulle donne che vi abitano,
perché sappiano ammirarla e custodirla.

Fa’ che il tuo Figlio nasca nei loro cuori,
perché risplenda nell’Amazzonia,
nei suoi popoli e nelle sue culture,
con la luce della sua Parola, col conforto del suo amore,
col suo messaggio di fraternità e di giustizia.

Che in ogni Eucaristia
si elevi anche tanta meraviglia
per la gloria del Padre.

Madre, guarda i poveri dell’Amazzonia,
perché la loro casa viene distrutta
per interessi meschini.
Quanto dolore e quanta miseria,
quanto abbandono e quanta prepotenza
in questa terra benedetta,
traboccante di vita!

Tocca la sensibilità dei potenti
perché, se anche sentiamo che è già tardi,
tu ci chiami a salvare
ciò che ancora vive.

Madre del cuore trafitto,
che soffri nei tuoi figli oltraggiati
e nella natura ferita,
regna tu in Amazzonia
insieme al tuo Figlio.
Regna perché nessuno più si senta padrone
dell’opera di Dio.

In te confidiamo, Madre della vita,
non abbandonarci
in questa ora oscura.
Amen.

Dato a Roma, presso San Giovanni in Laterano, il 2 febbraio, Festa della Presentazione del Signore, dell’anno 2020, settimo del mio Pontificato.

FRANCESCO

_____________________________

[1] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 49: AAS 107 (2015), 866.

[2] Instrumentum laboris, 45.

[3] Ana Varela Tafur, “Timareo”, in Lo que no veo en visiones, Lima (1992).

[4] Jorge Vega Márquez, “Amazonia solitária”, in Poesía obrera, Cobija-Pando-Bolivia 2009, 39.

[5] Red Eclesial Panamazónica (REPAM), Brasil, Síntesis del aporte al Sínodo, p. 120.; cfr Instrumentum laboris, 45.

[6] Discorso ai giovani, San Paolo del Brasile (10 maggio 2007), 2: Insegnamenti III, 1 (2007), 808.

[7] Cfr Alberto C. Araújo, “Imaginario amazónico”, in Amazonia real: amazoniareal.com.br (29 gennaio 2014).

[8] S. Paolo VI, Lett. enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 57: AAS 59 (1967), 285.

[9] S. Giovanni Paolo II, Discorso alla Pontificia Accademia delle Scienze Sociali (27 aprile 2001), 4: AAS 93 (2001), 600.

[10] Cfr Instrumentum laboris, 41.

[11] V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Aparecida (29 giugno 2007), 473: ed. it. Bologna 2014, p. 243.

[12] Ramón Iribertegui, Amazonas: El hombre y el caucho, ed. Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho - Venezuela, Monografia, n. 4, Caracas 1987, 307ss.

[13] Cfr Amarílis Tupiassú, “Amazônia, das travessias lusitanas à literatura de até agora”, in Estudos Avançados, vol. 19, n. 53, San Paolo (gennaio/aprile 2005): «In effetti, dopo la fine della prima colonizzazione, l’Amazzonia ha continuato il suo percorso come regione soggetta a un’avidità secolare, ora sotto nuove impostazioni retoriche [...] da parte di agenti “civilizzatori” che non hanno nemmeno bisogno di personificazione per generare e moltiplicare i nuovi volti del vecchio sterminio, ora attraverso una morte lenta».

[14] Vescovi dell’Amazzonia brasiliana, Carta al pueblo de Dios, Santarem - Brasil (6 luglio 2012).

[15] S. Giovanni Paolo II, Messaggio per la Giornata Mondiale della Pace 1998, 3: AAS 90 (1998), 150.

[16] III Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Puebla (23 marzo 1979), 6.

[17] Instrumentum laboris, 6. Il Papa Paolo III, con il Breve Veritas ipsa (2 giugno 1537), condannò le tesi razziste, riconoscendo agli indigeni, che fossero cristiani o no, la dignità della persona umana, riconobbe loro il diritto alle proprietà e proibì che fossero ridotti in schiavitù. Affermava: «Essendo uomini come gli altri, […] non possono assolutamente essere privati della libertà e del possesso dei loro beni, nemmeno quelli che sono al di fuori della fede in Gesù Cristo». Tale magistero fu confermato dai Papi Gregorio XIV, Bolla Cum Sicuti (28 aprile 1591); Urbano VIII, Bolla Commissum Nobis (22 aprile 1639); Benedetto XIV, Bolla Immensa Pastorum Principis, indirizzata ai Vescovi del Brasile (20 dicembre 1741); Gregorio XVI, Breve In Supremo (3 dicembre 1839); Leone XIII, Epistola ai Vescovi del Brasile sulla schiavitù (5 maggio 1888); S. Giovanni Paolo II, Messaggio agli indigeni del Continente americano, Santo Domingo (12 ottobre 1992), 2: Insegnamenti 15, 2 (1992), 341-347.

[18] Frederico Benício de Sousa Costa, Carta Pastoral (1909), ed. Imprenta del gobierno del Estado de Amazonas, Manaos 1994, 83.

[19] Instrumentum laboris, 7.

[20] Discorso in occasione del II Incontro Mondiale dei Movimenti Popolari, Santa Cruz de la Sierra - Bolivia (9 luglio 2015): L’Osservatore Romano, 11 luglio 2015, p. 5.

[21] Discorso nell’Incontro con i Popoli dell’Amazzonia, Puerto Maldonado - Perù (19 gennaio 2018): L’Osservatore Romano, 21 gennaio 2018, p. 6.

[22] Instrumentum laboris, 24.

[23] Yana Lucila Lema, Tamyahuan Shamakupani (Con la lluvia estoy viviendo), 1, in http://siwarmayu.com/es/yana-lucila-lema-6-poemas-de-tamyawan-shamukupani-con-la-lluvia-estoy-viviendo/.

[24] Conferenza Episcopale Ecuadoriana, Cuidemos nuestro planeta (20 aprile 2012), 3.

[25] N. 142: AAS 107 (2015), 904-905.

[26] N. 82.

[27] Ibid., 83.

[28] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 239: AAS 105 (2013), 1116.

[29] Ibid., 218: AAS 105 (2013), 1110.

[30] Ibid.

[31] Cfr Instrumentum laboris, 57.

[32] Cfr Evaristo Eduardo de Miranda, Quando o Amazonas corria para o Pacífico, Petrópolis 2007, 83-93.

[33] Juan Carlos Galeano, “Paisajes”, in Amazonia y otros poemas, Universidad Externado de Colombia, Bogotá 2011, 31.

[34] Javier Yglesias, “Llamado”, in Revista peruana de literatura, n. 6 (giugno 2007), 31.

[35] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 144: AAS 107 (2015), 905.

[36] Esort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 186.

[37] Ibid., 200.

[38] Videomessaggio per l’Incontro Mondiale della Gioventù Indigena, Soloy-Panamá (18 gennaio 2019): L’Osservatore Romano, 19 gennaio 2019, p. 8.

[39] Mario Vargas Llosa, Prologo a El Hablador, Madrid, 8 ottobre 2007.

[40] Esort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 195.

[41] S. Giovanni Paolo II, Lett. enc. Centesimus annus (1 maggio 1991), 50: AAS 83 (1991), 856.

[42] V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Aparecida (29 giugno 2007), 97: ed. it. Bologna 2014, p. 57.

[43] Discorso nell’Incontro con i Popoli dell’Amazzonia, Puerto Maldonado, Perù (19 gennaio 2018): L’Osservatore Romano, 21 gennaio 2018, p. 6.

[44] Instrumentum laboris, 123, e.

[45] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 144: AAS 107 (2015), 906.

[46] Cfr Benedetto XVI, Lett. enc. Caritas in veritate (29 giugno 2009), 51: AAS 101 (2009), 687: «La natura, specialmente nella nostra epoca, è talmente integrata nelle dinamiche sociali e culturali da non costituire quasi più una variabile indipendente. La desertificazione e l’impoverimento produttivo di alcune aree agricole sono anche frutto dell’impoverimento delle popolazioni che le abitano e della loro arretratezza».

[47] Messaggio per la Giornata Mondiale della Pace 2007, 8: Insegnamenti II, 2 (2006), 776.

[48] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 16; 91; 117; 138; 240: AAS 107 (2015), 854; 884; 894; 903; 941.

[49] Documento Bolivia: informe país. Consulta pre-sinodal, 2019, p. 36; cfr Instrumentum laboris, 23.

[50] Instrumentum laboris, 26.

[51] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 146: AAS 107 (2015), 906.

[52] Documento con aportes al Sínodo de la Diócesis de San José del Guaviare y de la Arquidiócesis de Villavicencio y Granada (Colombia); cfr Insrumentum laboris, 17.

[53] Euclides da Cunha, Los Sertones (Os Sertões), Buenos Aires 1946, 65-66.

[54] Pablo Neruda, “Amazonas”, in Canto General (1938), I. IV.

[55] REPAM, Doc. Eje de Fronteras. Preparación para el Sínodo de la Amazonia, Tabatinga-Brasil (13 febbraio 2019), p. 3; cfr Instrumentum laboris, 8.

[56] Amadeu Thiago de Mello, Amazonas, patria da agua.

[57] Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor, Buenos Aires 2013, 166.

[58] Juan Carlos Galeano, “Los que creyeron”, in Amazonia y otros poemas, Universidad Externado de Colombia, Bogotá 2011, 44.

[59] Harald Sioli, A Amazônia, Petropolis 1985, 60.

[60] S. Giovanni Paolo II, Discorso ai partecipanti al Congresso Internazionale su “Ambiente e salute” (24 marzo 1997), 2: Insegnamenti XX, 1 (1997), 521.

[61] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 34: AAS 107 (2015), 860.

[62] Cfr ibid., 28-31: AAS 107 (2015), 858-859.

[63] Ibid., 38: AAS 107 (2015), 862.

[64] Cfr V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Aparecida (29 giugno 2007), 86: ed. it. Bologna 2014, p. 52.

[65] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 38: AAS 107 (2015), 862.

[66] Cfr ibid., 144; 187: AAS 107 (2015), 905-906; 921.

[67] Cfr ibid., 183: AAS 107 (2015), 920.

[68] Ibid., 53: AAS 107 (2015), 868.

[69] Cfr ibid., 49: AAS 107 (2015), 866.

[70] Documento preparatorio del Sinodo dei Vescovi per l’Assemblea Speciale per la Regione Pan-amazzonica, 8.

[71] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 56: AAS 107 (2015), 869.

[72] Ibid., 59: AAS 107 (2015), 870.

[73] Ibid., 33: AAS 107 (2015), 860.

[74] Ibid., 220: AAS 107 (2015), 934.

[75] Ibid., 215: AAS 107 (2015), 932.

[76] Sui Yun, Cantos para el mendigo y el rey, Wiesbaden 2000.

[77] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 100: AAS 107 (2015), 887.

[78] Ibid., 204: AAS 107 (2015), 928.

[79] Cfr Documenti di Santarem (1972) e Manaos (1997), in Conferenza Nazionale dei Vescovi del Brasile, Desafío missionário. Documentos da Igreja na Amazônia, Brasilia 2014, pp. 9-28 e 67-84.

[80] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 220: AAS 105 (2013), 1110.

[81] Ibid., 164: AAS 105 (2013), 1088-1089.

[82] Ibid., 165: AAS 105 (2013), 1089.

[83] Ibid., 161: AAS 105 (2013), 1087.

[84] Così lo intende il Concilio Vaticano II nel n. 44 della Costituzione Gaudium et spes quando dice: «[La Chiesa] fin dagli inizi della sua storia, imparò ad esprimere il messaggio di Cristo ricorrendo ai concetti e alle lingue dei diversi popoli; inoltre si sforzò di illustrarlo con la sapienza dei filosofi: e ciò allo scopo di adattare il Vangelo, nei limiti convenienti, sia alla comprensione di tutti, sia alle esigenze dei sapienti. E tale adattamento della predicazione della parola rivelata deve rimanere la legge di ogni evangelizzazione. Così, infatti, viene sollecitata in ogni popolo la capacità di esprimere secondo il modo proprio il messaggio di Cristo, e al tempo stesso viene promosso uno scambio vitale tra la Chiesa e le diverse culture dei popoli».

[85] Lettera al Popolo di Dio che è in cammino in Germania (29 giugno 2019), 9: L’Osservatore Romano, 1-2 luglio 2019, p. 9.

[86] Cfr S. Vincenzo di Lerins, Commonitorium primum, 23: PL 50, 668: «Ut annis scilicet consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate».

[87] Lettera al Popolo di Dio che è in cammino in Germania (29 giugno 2019), 9: O.R., cit. Cfr l’espressione attribuita a Gustav Mahler: “la tradizione è la salvaguardia del futuro e non la conservazione delle ceneri”.

[88] Discorso ai docenti universitari e agli uomini di cultura, Coimbra, 15 maggio 1982, 5: Insegnamenti V, 2 (1982), 1702-1703.

[89] Messaggio agli indigeni del Continente americano, Santo Domingo (12 ottobre 1992), 6: Insegnamenti, 15/2 (1992), 346; cfr Discorso ai partecipanti al Congresso nazionale del Movimento Ecclesiale di Impegno Culturale (16 gennaio 1982), 2: Insegnamenti, 5/1 (1982), 131.

[90] S. Giovanni Paolo II, Esort. ap. postsin. Vita consecrata (25 marzo 1996), 98: AAS 88 (1996), 474-475.

[91] N. 115: AAS 105 (2013), 1068.

[92] Ibid., 116: AAS 105 (2013), 1068.

[93] Ibid.

[94] Ibid., 129: AAS 105 (2013), 1074.

[95] Ibid., 116: AAS 105 (2013), 1068.

[96] Ibid., 117: AAS 105 (2013), 1069.

[97] Ibid.

[98] S. Giovanni Paolo II, Discorso all’Assemblea plenaria del Pontificio Consiglio per la Cultura (17 gennaio 1987): Insegnamenti X, 1 (1987), 125.

[99] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 129: AAS 105 (2013), 1074.

[100] IV Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Santo Domingo (12-28 ottobre 1992), 17.

[101] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[102] Cfr Vittorio Messori - Joseph Ratzinger, Rapporto sulla fede, Cinisello Balsamo 1985, 211-212.

[103] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[104] Pedro Casaldáliga, “Carta de navegar (Por el Tocantins amazónico)”, in El tiempo y la espera, Santander 1986.

[105] San Tommaso d’Aquino lo spiega così: «Il triplice modo in cui Dio è nelle cose: una è comune, per essenza, presenza e potenza; un’altra, per la grazia, nei santi; la terza, singolare, in Cristo, per unione» (Ad Colossenses, II, 2).

[106] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[107] III Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Puebla (23 marzo 1979), 196.

[108] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 178: AAS 105 (2013), 1094.

[109] Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 11; cfr Esort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 10-11.

[110] Vicariati Apostolici dell’Amazzonia Peruviana, “Segunda asamblea episcopal regional de la selva”, San Ramón - Perú (5 ottobre 1973); in Éxodo de la Iglesia en la Amazonia. Documentos pastorales de la Iglesia en la Amazonia peruana, Iquitos 1976, 121.

[111] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 123: AAS 105 (2013), 1071.

[112] Cfr Esort. ap. Gaudete et exsultate (19 marzo 2018), 126-127.

[113] Ibid., 32.

[114] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[115] Ibid.

[116] Ibid., 236: AAS 107 (2015), 940.

[117] Ibid.

[118] Ibid., 235: AAS 107 (2015), 939.

[119] Cfr Cost. Sacrosanctum Concilium, 37-40; 65; 77; 81.

[120] Nel Sinodo è emersa la proposta di elaborare un “rito amazzonico”.

[121] Lett. enc. Laudato si’ (24 maggio 2015), 237: AAS 107 (2015), 940.

[122] Esort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 49: AAS 108 (2016), 331; cfr ibid. 305: AAS 108 (2016), 436-437.

[123] Cfr ibid., 296; 308: AAS 108 (2016), 430-431; 438.

[124] V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Aparecida (29 giugno 2007), 100, e: ed. it. Bologna 2014, p. 63.

[125] Cfr Congregazione per la Dottrina della Fede, Lettera Sacerdotium ministeriale ai Vescovi della Chiesa Cattolica su alcune questioni riguardanti il ministro dell’Eucaristia (6 agosto 1983): AAS 75 (1983) 1001-1009.

[126] Lett. ap. Mulieris dignitatem (15 agosto 1988), 27: AAS 80 (1988), 1718.

[127] S. Tommaso d’Aquino, Summa Theologiae III, q. 8, a. 1, resp.

[128] Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 5; S. Giovanni Paolo II, Lett. enc. Ecclesia de Eucharistia (17 aprile 2003), 22: AAS 95 (2003), 448.

[129] È proprio del sacerdote anche amministrare l’Unzione dei malati, perché essa è intimamente legata al perdono dei peccati: «E se ha commesso peccati, gli saranno perdonati» (Gc 5,15).

[130] Catechismo della Chiesa Cattolica, 1396; S. Giovanni Paolo II, Lett. enc. Ecclesia de Eucharistia (17 aprile 2003), 26: AAS 95 (2003), 451; cfr Henry de Lubac, Meditazione sulla Chiesa, Milano 1965, 185.

[131] Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, 6.

[132] Colpisce il fatto che in alcuni Paesi del bacino amazzonico vi sono più missionari per l’Europa o per gli Stati Uniti che per aiutare i propri Vicariati dell’Amazzonia.

[133] Nel Sinodo si è parlato anche della carenza di seminari per la formazione sacerdotale di persone indigene.

[134] Cfr Conc. Ecum. Vat. II, Cost. dogm. Lumen gentium, 3.

[135] S. Paolo VI, Omelia nella Solennità del Corpus Domini, 17 giugno 1965: Insegnamenti 3 (1965), 358.

[136] È possibile, data la scarsità di sacerdoti, che il Vescovo affidi «ad un diacono o ad una persona non insignita del carattere sacerdotale o ad una comunità di persone una partecipazione nell’esercizio della cura pastorale di una parrocchia» (Codice di Diritto Canonico, 517 § 2).

[137] V Conferenza Generale dell’Episcopato Latinoamericano e dei Caraibi, Documento di Aparecida (29 giugno 2007), 178: ed. it. Bologna 2014, p. 100.

[138] Ibid., 475: ed. it. cit., p. 245.

[139] Instrumentum laboris, 65.

[140] Ibid., 63.

[141] Ibid., 129, d, 2.

[142] Esort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), 228: AAS 105 (2013), 1113.

[143] Ibid., 226: AAS 105 (2013), 1112.

[144] Conc. Ecum. Vat. II, Dich. Nostra aetate, 2.

[145] CELAM, III Simposio latinoamericano sobre Teología india, Città del Guatemala (23-27 ottobre 2006).

Traduzione in lingua francese

EXHORTATION APOSTOLIQUE POST-SYNODALE

QUERIDA AMAZONIA

DU SAINT-PÈRE FRANÇOIS

AU PEUPLE DE DIEU
ET À TOUTES LES PERSONNES DE BONNE VOLONTÉ

1. L’Amazonie bien-aimée se présente au monde dans toute sa splendeur, son drame et son mystère. Dieu nous a fait la grâce de l’avoir tenue spécialement présente au cours du Synode qui s’est déroulé à Rome du 6 au 27 octobre, et qui s’est achevé par un texte ayant pour titre Amazonie : nouveaux chemins pour l’Église et pour une écologie intégrale.

Le sens de cette Exhortation

2. J’ai écouté les interventions pendant le Synode et j’ai lu avec intérêt les contributions des cercles mineurs. Dans cette Exhortation, je souhaite exprimer les résonnances qu’a provoquées en moi ce parcours de dialogue et de discernement. Je ne développerai pas toutes les questions abondamment exposées dans le Document de conclusion. Je ne prétends pas le remplacer ni le répéter. Je désire seulement fournir un bref cadre de réflexions qui incarne, dans la réalité amazonienne, une synthèse de certaines grandes préoccupations que j’ai exprimées dans mes documents antérieurs, et qui aide et oriente vers une réception harmonieuse, créative et fructueuse de tout le chemin synodal.

3. En même temps, je veux présenter officiellement ce Document qui nous expose les conclusions du Synode auquel ont collaboré de nombreuses personnes qui connaissent, mieux que moi et que la Curie romaine, la problématique de l’Amazonie, parce qu’elles y vivent, elles y souffrent et elles l’aiment avec passion. J’ai préféré ne pas citer ce Document dans cette Exhortation parce que j’invite à le lire intégralement.

4. Dieu veuille que toute l’Église se laisse enrichir et interpeler par ce travail; que les pasteurs, les personnes consacrées et les fidèles laïcs de l’Amazonie s’engagent pour son application et qu’il puisse inspirer, d’une manière ou d’une autre, toutes les personnes de bonne volonté.

Rêves pour l’Amazonie

5. L’Amazonie est une totalité plurinationale interconnectée, un grand biome partagé par neuf pays : le Brésil, la Bolivie, la Colombie, l’Équateur, la Guyane, le Pérou, le Surinam, le Venezuela et la Guyane Française. Cependant, j’adresse cette Exhortation à tous. Je le fais, d’une part en vue d’aider à réveiller l’affection et la préoccupation pour cette terre qui est aussi la "nôtre" et vous inviter à l’admirer et à la reconnaître comme un mystère sacré. D'autre part, parce que l’attention de l’Église aux problématiques de ce lieu nous oblige à reprendre brièvement certains thèmes que nous ne devrions pas oublier et qui peuvent inspirer d’autres régions du monde face à leurs propres défis.

6. Tout ce que l’Église offre doit s’incarner de manière originale dans chaque lieu du monde, de sorte que l’Épouse du Christ acquière des visages multiformes qui manifestent mieux l’inépuisable richesse de la grâce. La prédication doit s’incarner, la spiritualité doit s’incarner, les structures de l’Église doivent s’incarner. Voilà pourquoi je me permets humblement, dans cette brève Exhortation, d’exprimer quatre grands rêves que l’Amazonie m’inspire.

7. Je rêve d’une Amazonie qui lutte pour les droits des plus pauvres, des peuples autochtones, des derniers, où leur voix soit écoutée et leur dignité soit promue.

Je rêve d’une Amazonie qui préserve cette richesse culturelle qui la distingue, où la beauté humaine brille de diverses manières.

Je rêve d’une Amazonie qui préserve jalousement l’irrésistible beauté naturelle qui la décore, la vie débordante qui remplit ses fleuves et ses forêts.

Je rêve de communautés chrétiennes capables de se donner et de s’incarner en Amazonie, au point de donner à l’Église de nouveaux visages aux traits amazoniens.

PREMIER CHAPITRE

UN RÊVE SOCIAL

8. Notre rêve est celui d’une Amazonie qui intègre et promeuve tous ses habitants pour qu’ils puissent renforcer un "bien-vivre". Mais un cri prophétique est nécessaire et une tâche exigeante est à accomplir en faveur des plus pauvres. Parce que même, si l’Amazonie se trouve devant un désastre écologique, il convient de souligner qu’«une vraie approche écologique se transforme toujours en une approche sociale qui doit intégrer la justice dans les discussions sur l’environnement, pour écouter tant la clameur de la terre que la clameur des pauvres».[1] Un conservatisme «qui se préoccupe du biome mais qui ignore les peuples amazoniens»[2] est inutile.

Injustice et crime

9. Les intérêts colonisateurs qui ont répandu et exercent -légalement et illégalement - l’extraction du bois et l’industrie minéralière, et qui ont chassé et encerclé les peuples indigènes, riverains et d’origine africaine, provoquent une clameur vers le ciel :

«Nombreux sont les arbres
où la torture a vécu,
et vastes les forêts
achetées au milieu de mille morts ».[3]

«Les bûcherons possèdent des parlementaires
et notre Amazonie, personne ne la défend [...].
Les perroquets et les singes sont exilés [...]
la récolte des châtaignes ne sera plus la même ».[4]

10. Cela a favorisé les récents mouvements migratoires des indigènes vers les périphéries des villes. Ils n’y trouvent pas une véritable libération de leurs drames, mais les pires formes d’esclavages, d’asservissements et de misères. Dans ces villes, caractérisées par une grande inégalité, où la majeure partie de la population de l’Amazonie habite aujourd’hui, la xénophobie, l’exploitation sexuelle et le trafic de personnes se développent également. C’est pour cela que le cri de l’Amazonie ne jaillit pas seulement du cœur des forêts, mais aussi de l’intérieur de ses villes.

11. Il n’est pas nécessaire de répéter ici les analyses, amples et complètes, qui ont été présentées avant et pendant le Synode. Rappelons au moins l’une des voix entendues : «Nous sommes affectés par les commerçants de bois, les éleveurs et autres. Nous sommes menacés par les acteurs économiques qui mettent en œuvre un modèle étranger à nos régions. Les entreprises forestières entrent sur le territoire pour exploiter la forêt; nous autres prenons soin de la forêt pour nos enfants, nous avons de la viande, du poisson, des médicaments à base de plantes, des arbres fruitiers [...]. La construction d’installations hydroélectriques et les projets de voies navigables ont un impact sur le fleuve et sur les territoires [...]. Nous sommes une région aux territoires volés». [5]

12. Mon prédécesseur Benoît XVI dénonçait déjà «la destruction de l'environnement en Amazonie et les menaces contre la dignité humaine de ses populations».[6] Je désire ajouter que de nombreux drames ont été mis en relation avec une fausse “mystique amazonienne”. Il est connu que, depuis les dernières décennies du siècle passé, l’Amazonie a été présentée comme un vide énorme dont il fallait s’occuper, comme une richesse brute à exploiter, comme une immensité sauvage à domestiquer. Tout cela avec un regard qui ne reconnaissait pas les droits des peuples autochtones, ou simplement les ignorait comme s’ils n’existaient pas, ou comme si ces terres qu’ils habitent ne leur appartenaient pas. Même dans les programmes éducatifs des enfants et des jeunes, les indigènes ont été vus comme des intrus ou des usurpateurs. Leurs vies, leurs inquiétudes, leurs manières de lutter et de survivre n’importaient pas, et on les considérait plus comme un obstacle dont il fallait se débarrasser que comme des êtres humains ayant la même dignité que tout un chacun, et avec des droits acquis.

13. Certains slogans ont accentué cette erreur, par exemple: «Ne pas livrer»[7] [aux étrangers], comme si cet asservissement ne pouvait venir que des pays étrangers, alors que les pouvoirs locaux, avec l’excuse du développement, ont participé aux alliances avec l’objectif de détruire la forêt – y compris les formes de vie qu’elle héberge – en toute impunité et sans limites. Les peuples autochtones ont assisté, souvent avec impuissance, à la destruction de cet environnement naturel qui leur permettait de s’alimenter, de se soigner, de survivre et de garder un style de vie et une culture qui leur donnaient une identité et un sens. La disparité de pouvoir est énorme, les faibles n’ont pas les moyens pour se défendre, alors que le gagnant continue à tout emporter. «Les peuples pauvres restent toujours pauvres, et les riches deviennent toujours plus riches».[8]

14. Il faut donner aux entreprises, nationales ou internationales, qui détruisent l’Amazonie et ne respectent pas le droit des peuples autochtones au territoire avec ses frontières, à l’autodétermination et au consentement préalable, les noms qui leur correspondent : injustice et crime. Quand certaines entreprises, assoiffées de gain facile, s’approprient des terrains et vont jusqu’à privatiser même l’eau potable, ou bien quand les autorités donnent libre cours aux industries du bois, aux projets miniers et pétroliers, et à d’autres activités qui dévastent les forêts et polluent l’environnement, les relations économiques se transforment abusivement et deviennent un instrument qui tue. Le recours à des moyens éloignés de toute éthique est fréquent, comme sanctionner les protestations, y compris en ôtant la vie aux autochtones qui s’opposent aux projets, provoquer intentionnellement des incendies forestiers, ou corrompre les politiciens et les indigènes eux-mêmes. Cela est accompagné par de graves violations des droits humains et de nouvelles formes d’esclavage qui frappent spécialement les femmes, par la peste du trafic de drogue qui prétend soumettre les indigènes, ou par la traite des personnes qui profite de ceux qui ont été chassés de leur contexte culturel. Nous ne pouvons pas permettre que la globalisation se transforme en «un nouveau type de colonialisme».[9]

S’indigner et demander pardon

15. Il faut s’indigner,[10] come s’indignait Moïse (cf. Ex 11, 8), comme s’indignait Jésus (cf. Mc 3, 5), comme Dieu s’indigne devant l’injustice (cf. Am 2, 4-8; 5, 7-12; Ps 106, 40). Il n’est pas sain de s’habituer au mal, il n’est pas bien de le laisser anesthésier la conscience sociale, alors qu’un «sillage de gaspillage, et aussi de mort, à travers toute notre région [...] met en péril la vie des milliers de personnes et spécialement l’habitation des paysans et des indigènes».[11] Les histoires d’injustices et de cruautés en Amazonie, déjà au siècle passé, devraient provoquer un profond refus, et en même temps nous rendre plus sensibles pour reconnaître les formes actuelles d’exploitation humaine, d’abus de pouvoir et de mort. De ce passé honteux, recueillons, à titre d’exemple, un récit sur les souffrances des indigènes à l’époque du caoutchouc en Amazonie vénézuélienne : «Ils ne donnaient pas d’argent aux indigènes, seulement des marchandises à des prix élevés qu’ils ne finissaient jamais de payer [...]. Ils payaient mais ils disaient à l’indigène: "Vous avez une grande dette" et l’indigène devait retourner pour travailler [...]. Plus de vingt villages ye’kuana ont été entièrement dévastés. Les femmes ye’kuana ont été violées et leurs poitrines amputées, les femmes enceintes éventrées. On coupait aux hommes les doigts de la main ou les pouces, de sorte qu’ils ne puissent pas naviguer, [...] et d’autres scènes du plus absurde sadisme».[12]

16. Cette histoire de douleur et de mépris ne se guérit pas facilement. Et la colonisation ne s’arrête pas, elle se transforme même en certains lieux, se déguise et se dissimule,[13] mais ne perd pas sa domination sur la vie des pauvres et la fragilité de l’environnement. Les évêques de l’Amazonie brésilienne ont rappelé que «l’histoire de l’Amazonie révèle qu’une minorité a toujours profité de la pauvreté de la majorité et du pillage sans scrupules des richesses naturelles de la région, don divin aux peuples qui y vivaient depuis des millénaires et aux migrants qui sont arrivés au cours des siècles passés».[14]

17. En même temps, laissons naître une saine indignation, rappelons qu’il est toujours possible de vaincre les diverses mentalités de colonisation pour construire des réseaux de solidarité et de développement. «Le défi est d'assurer une mondialisation dans la solidarité, une mondialisation sans marginalisation».[15] On peut trouver des alternatives d’élevage et d’agriculture durables, des énergies qui ne polluent pas, des sources de travail digne qui ne provoquent pas la destruction de l’environnement et des cultures. En même temps, il faut pour les indigènes et pour les plus pauvres assurer une éducation adéquate qui développe leurs capacités et les valorise. Concernant, justement, ces objectifs, la véritable adresse et l’authentique capacité des politiques entrent en jeu. Il ne s’agit pas de rendre aux morts la vie qui leur a été refusée, pas même de dédommager les survivants de ces massacres, mais il s’agit que nous soyons, aujourd’hui, réellement humains.

18. Cela nous encourage à rappeler que, au milieu des graves excès de la colonisation, faite de «contradictions et de blessures»,[16] de l’Amazonie, de nombreux missionnaires sont arrivés là avec l’Évangile, laissant leurs pays et acceptant une vie austère et difficile aux côtés des personnes les plus vulnérables. Nous savons que tous n’ont pas été exemplaires, mais le travail de ceux qui sont restés fidèles à l’Évangile a inspiré «une législation, comme les Lois des Indes, qui protégeait la dignité des autochtones contre les abus sur leurs populations et leurs territoires».[17] C’étaient souvent les prêtres qui protégeaient les indigènes des agresseurs et des abuseurs. C’est pourquoi les missionnaires racontent qu’«ils nous demandaient avec insistance que nous ne les abandonnions pas et ils nous arrachaient la promesse de revenir à nouveau».[18]

19. À présent, l’Église ne peut pas être moins engagée et elle est appelée à écouter les cris des peuples amazoniens «afin de pouvoir exercer son rôle prophétique de manière transparente».[19] En même temps, nous ne pouvons pas nier que le grain ne se soit mélangé avec l’ivraie et que les missionnaires n’ont pas toujours été aux côtés des opprimés. J’ai honte et, une fois encore, «je demande humblement pardon, non seulement pour les offenses de l’Église même, mais pour les crimes contre les peuples autochtones durant ce que l’on appelle la conquête de l’Amérique »,[20] et pour les crimes atroces qui se sont produits à travers toute l’histoire de l’Amazonie. Je remercie les membres des peuples autochtones, et je leur dis de nouveau que, «par votre vie, vous constituez un cri pour qu’on prenne conscience […]. Vous êtes la mémoire vivante de la mission que Dieu nous a donnée à nous tous : sauvegarder la Maison commune ».[21]

Sens communautaire

20. La lutte sociale implique une capacité de fraternité, un esprit de communion humaine. Sans diminuer l’importance de la liberté personnelle, on constate que les peuples autochtones de l’Amazonie ont un sens communautaire fort. Ils vivent de cette manière «le travail, le repos, les relations humaines, les rites et les célébrations. Tout se partage, les espaces privés - typiques de la modernité - sont minimes. La vie est un cheminement communautaire dans lequel les tâches et les responsabilités sont réparties et partagées en fonction du bien commun. On ne conçoit pas l’individu détaché de la communauté ou de son territoire».[22] Ces relations humaines sont imprégnées de la nature environnante parce qu’ils la sentent et la perçoivent comme une réalité qui s’intègre dans leur société et dans leur culture, comme un prolongement de leur corps personnel, familial et de groupe:

«Cette étoile du matin s'approche,
les colibris battent des ailes,
plus que la chute d'eau, mon cœur bat.
Avec tes lèvres, j'arroserai la terre
que le vent joue en nous ».[23]

21. Cela multiplie l’effet désintégrateur du déracinement que vivent les indigènes qui se voient obligés d’immigrer en ville en tentant de survivre, même indignement, au milieu des habitats urbains plus individualistes et dans un environnement hostile. Comment guérir un dommage aussi grave? Comment recomposer toutes ces vies déracinées ? Face à cette réalité, il faut valoriser et accompagner tous les efforts que font plusieurs de ces groupes pour conserver leurs valeurs et leur style de vie et s’intégrer dans des environnements nouveaux sans les perdre mais plutôt en les offrant comme une contribution au bien commun.

22. Le Christ a sauvé l’être humain tout entier et veut restaurer en chacun sa capacité d’entrer en relation avec les autres. L’Évangile propose la charité divine qui jaillit du Cœur du Christ engendrant une recherche de la justice qui est inséparablement un chant de fraternité et de solidarité, une stimulation pour la culture de la rencontre. La sagesse de la manière de vivre des peuples autochtones – malgré toutes ses limites – nous pousse à approfondir cette aspiration. Pour cette raison, les évêques de l’Équateur ont réclamé «un nouveau système social et culturel qui privilégie les relations fraternelles, dans un cadre de reconnaissance et de valorisation des différentes cultures et écosystèmes, capable de s’opposer à toute forme de discrimination et de domination entre les êtres humains».[24]

Institutions dégradées

23. Nous rappelions dans Laudato si’ que «si tout est lié, l’état des institutions d’une société a aussi des conséquences sur l’environnement et sur la qualité de vie humaine […]. À l’intérieur de chacun des niveaux sociaux et entre eux, se développent les institutions qui régulent les relations humaines. Tout ce qui leur porte préjudice a des effets nocifs, comme la perte de la liberté, l’injustice et la violence. Divers pays s’alignent sur un niveau institutionnel précaire, au prix de la souffrance des populations».[25]

24. Comment les institutions de la société civile en Amazonie sont-elles? L’Instrumentum laboris du Synode, qui recueille de nombreuses contributions de personnes et de groupes de l’Amazonie, parle d’«une culture qui empoisonne l’État et ses institutions, imprégnant toutes les couches de la société, y compris les communautés autochtones. C’est un véritable fléau moral qui aboutit à une perte de confiance dans les institutions et dans leurs représentants, discréditant totalement la politique et les organisations sociales. Les peuples amazoniens ne sont pas étrangers à la corruption et en deviennent les principales victimes».[26]

25. Nous ne pouvons pas exclure le fait que des membres de l’Église ont fait partie de réseaux de corruption au point, parfois, d’accepter de garder le silence en échange d’aides économiques pour les œuvres ecclésiales. C’est précisément pourquoi des propositions sont arrivées au Synode, invitant à «accorder une attention particulière à l’origine des dons ou à l’origine d’autres types d’avantages, ainsi qu’aux investissements réalisés par les institutions ecclésiales ou par les chrétiens».[27]

Dialogue social

26. L’Amazonie devrait être aussi un lieu de dialogue social, spécialement entre les divers peuples autochtones, pour trouver des formes de communion et de lutte conjointe. Nous autres, nous sommes appelés à participer comme "invités" et à chercher avec le plus grand respect les voies de rencontre qui enrichissent l’Amazonie. Mais si nous voulons dialoguer, nous devrions le faire avant tout avec les derniers. Ils ne sont pas des interlocuteurs quelconques qu’il faudrait convaincre, ils ne sont pas, non plus, un de plus assis à une table de pairs. Ils sont les principaux interlocuteurs desquels nous devons avant tout apprendre, que nous devons écouter par devoir de justice, et auxquels nous devons demander la permission afin de pouvoir présenter nos propositions. Leurs paroles, leurs espérances, leurs craintes devraient être la voix la plus forte autour de n’importe quelle table de dialogue sur l’Amazonie, et la grande question est: comment eux-mêmes imaginent-ils leur bien-vivre, pour eux et pour leurs descendants?

27. Le dialogue ne doit pas seulement privilégier l’option préférentielle pour la défense des pauvres, des marginalisés et des exclus, mais il doit les respecter comme des protagonistes. Il s’agit de reconnaître l’autre et de l’apprécier "comme autre", avec sa sensibilité, ses opinions plus intimes, sa manière de vivre et de travailler. Autrement, le résultat sera, comme toujours, «un projet de quelques-uns destiné à quelques-uns»,[28] quand il ne sera pas «un consensus de bureau ou une paix éphémère, pour une minorité heureuse».[29] Si cela se produit, «une voix prophétique est nécessaire»[30] et, comme chrétiens, nous sommes appelés à la faire entendre.

D’ici naît le rêve suivant.

DEUXIEME CHAPITRE

UN RÊVE CULTUREL

28. La question est de promouvoir l’Amazonie. C’est pourquoi il ne s’agit pas de la coloniser culturellement mais plutôt de faire en sorte qu’elle tire le meilleur d’elle-même. Voilà le sens de la meilleure œuvre éducative: cultiver sans déraciner, aider à croître sans affaiblir l’identité, promouvoir sans envahir. De même qu’il y a des potentialités dans la nature qui peuvent se perdre pour toujours, la même chose peut arriver avec les cultures qui portent un message non encore écouté, cultures plus que jamais menacées aujourd’hui.

Le polyèdre amazonien

29. En Amazonie il y a de nombreux peuples et nationalités et plus de cent dix peuples indigènes en état d’isolement volontaire (PIAV).[31] Leur situation est très fragile, et beaucoup sentent qu’ils sont les derniers dépositaires d’un trésor destiné à disparaître, comme si on leur permettait seulement de survivre sans déranger pendant que la colonisation post-moderne avance. Il faut éviter de les considérer comme des sauvages "non civilisés". Ils ont simplement donné vie à des cultures différentes et à d’autres formes de civilisations qui autrefois étaient très développées.[32]

30. Avant la colonisation, la population était concentrée le long des rives des fleuves et des lacs, mais l’avancée colonisatrice a expulsé les habitants autochtones vers l’intérieur de la forêt. Aujourd’hui, la désertification croissante recommence à en expulser un grand nombre qui vont vivre dans les périphéries ou sur les trottoirs des villes, souvent dans une extrême misère, mais aussi brisés intérieurement à cause de la perte des valeurs qui les soutenaient. Là, en général, les points de repère et les racines culturels qui leur conféraient une identité et un sentiment de dignité leur manquent, et ils augmentent le nombre des exclus. C’est ainsi que la transmission culturelle d’une sagesse qui a franchi des siècles, de génération en génération, s’interrompt. Les villes, qui devraient être des lieux de rencontre, d’enrichissement mutuel, de fécondation entre diverses cultures, se transforment en un douloureux lieu de rejet.

31. Les peuples qui ont réussi à survivre en Amazonie conservent leur identité culturelle et une richesse unique, dans un univers multiculturel qui est dû à l’étroite relation que les habitants établissent avec leur environnement, dans une symbiose – non déterministe – difficile à comprendre avec les schémas mentaux étrangers:

«Il était une fois un paysage qui se dévoilait avec son fleuve,
ses animaux, ses nuages et ses arbres.
Mais parfois, quand on ne voyait nulle part
le paysage avec son fleuve et ses arbres,
il fallait que les choses sortent de l’imagination d'un garçon ».[33]

«De la rivière, fais ton sang [...]
Ensuite, plante-toi,
germe et croîs.
Que ta racine
s’accroche à la terre
pour toujours et à jamais.

Et enfin,
sois un canoë,
une barque, un radeau,
une liane, une jarre,
un enclos et un homme ».[34]

32. Les groupes humains, leurs styles de vie et leur vision du monde sont aussi variés que le territoire, puisqu’ils ont dû s’adapter à la géographie et à ses possibilités. Les peuples de pêcheurs ne sont pas les mêmes que les peuples de chasseurs ou de cultivateurs sur terre ferme, ou que les peuples qui cultivent les terres inondables. De plus, nous rencontrons en Amazonie des milliers de communautés autochtones, d’ascendances africaines, riveraines et habitant les villes qui, à leur tour, sont très différentes les unes des autres et hébergent une grande diversité humaine. À travers un territoire et ses caractéristiques, Dieu se manifeste, reflète quelque chose de son inépuisable beauté. Par conséquent, les divers groupes, dans une synthèse vitale avec leur entourage, développent un mode particulier de sagesse. Nous devrions éviter envers ceux que nous observons de l’extérieur des généralisations injustes, des discours simplistes ou des conclusions faites seulement à partir de nos structures mentales et de nos expériences.

Prendre soin des racines

33. Je désire maintenant rappeler que «la vision consumériste de l’être humain, encouragée par les engrenages de l’économie globalisée actuelle, tend à homogénéiser les cultures et à affaiblir l’immense variété culturelle, qui est un trésor de l’humanité».[35] Ceci touche de très près les jeunes, quand on tend «à dissoudre les différences propres à leur lieu d’origine, à les transformer en êtres manipulables, fabriqués en série».[36] Pour éviter cette dynamique d’appauvrissement humain, il faut aimer les racines et en prendre soin car elles sont «un point d’ancrage qui nous permet de nous développer et de répondre à de nouveaux défis».[37] J’invite les jeunes de l’Amazonie, surtout les autochtones, à «prendre en charge les racines, parce que des racines provient la force qui les fait croître, fleurir, fructifier».[38] Pour les baptisés, l’histoire du peuple d’Israël et de l’Église jusqu’à aujourd’hui font partie de ces racines. Les connaître est une source de joie et surtout d’espérance qui inspire des actions braves et courageuses.

34. Des siècles durant, les peuples amazoniens ont transmis leur sagesse culturelle oralement, par des mythes, des légendes, des narrations, comme c’était le cas avec «ces conteurs anciens qui parcouraient la forêt racontant des fables de village en village, maintenant vivante une communauté qui, sans le cordon ombilical de ces histoires, aurait été fragmentée et dissoute par la distance et l’isolement».[39] C’est pourquoi il est important que «les personnes âgées racontent de longues histoires»[40] et que les jeunes s’arrêtent pour boire à cette source.

35. Alors que le risque est toujours plus grand que cette richesse culturelle se perde, ces dernières années, grâce à Dieu, certains peuples ont commencé à écrire pour raconter leurs histoires et décrire le sens de leurs coutumes. Ils peuvent ainsi reconnaître eux-mêmes, de manière explicite, qu’il y a quelque chose de plus qu’une identité ethnique et qu’ils sont dépositaires de précieuses mémoires personnelles, familiales et collectives. Je me réjouis de voir que ceux qui ont perdu le contact avec leurs propres racines cherchent à retrouver la mémoire perdue. Par ailleurs, une plus grande perception de l’identité amazonienne s’est aussi développée dans les secteurs professionnels, et même pour eux, très souvent descendants d’immigrants, l’Amazonie est devenue une source d’inspiration artistique, littéraire, musicale, culturelle. Les divers arts, et en particulier la poésie, se sont laissé inspirer par l’eau, par la forêt, par la vie qui bouillonne, ainsi que par la diversité culturelle et par les défis écologiques et sociaux.

Rencontre interculturelle

36. Comme toute réalité culturelle, les cultures de l’Amazonie profonde ont leurs limites. Les cultures urbaines de l’Occident les ont aussi. Des facteurs comme le consumérisme, l’individualisme, la discrimination, l’inégalité, et beaucoup d’autres, sont des aspects fragiles des cultures prétendument plus évoluées. Les ethnies qui ont développé un trésor culturel en étant liées à la nature, avec un fort sens communautaire, perçoivent facilement nos ténèbres que nous ne reconnaissons pas au milieu du prétendu progrès. Par conséquent, recueillir leur expérience de vie nous fera du bien.

37. Partant de nos racines, nous nous asseyons à la table commune, lieu de conversation et d’espérances partagées. De cette façon, la différence que peut représenter un drapeau ou une frontière se transforme en un pont. L’identité et le dialogue ne sont pas ennemis. La propre identité culturelle s’approfondit et s’enrichit dans le dialogue avec les différences, et le moyen authentique de la conserver n’est pas un isolement qui appauvrit. Mon intention n’est donc pas de proposer un indigénisme complètement fermé, anhistorique, figé, qui se refuserait à toute forme de métissage. Une culture peut devenir stérile lorsqu’ «elle se ferme sur elle-même et cherche à perpétuer des manières de vivre vieillies, en refusant tout échange et toute confrontation au sujet de la vérité de l'homme».[41] Il est vrai que cela pourrait sembler peu réaliste, puisqu’il est difficile de se protéger de l’invasion culturelle. C’est pourquoi la sauvegarde des valeurs culturelles des groupes indigènes devrait être une préoccupation de tous, parce que leur richesse est aussi la nôtre. Si on ne progresse pas dans ce sens de coresponsabilité face à la diversité qui embellit notre humanité, on ne pourra demander aux groupes qui habitent la forêt de s’ouvrir naïvement à la "civilisation".

38. En Amazonie, il est possible de développer, même entre les divers peuples autochtones, «des relations interculturelles où la diversité ne représente pas une menace, ne justifie pas les hiérarchies de pouvoir des uns sur les autres, mais signifie un dialogue à partir de visions culturelles différentes concernant les façons de célébrer, d’entrer en relation et de raviver l’espérance».[42]

Cultures menacées, peuples à risque

39. L’économie globalisée altère sans pudeur la richesse humaine, sociale et culturelle. La désintégration des familles, en raison des migrations forcées, affecte la transmission des valeurs, parce que «la famille est, et a toujours été, l’institution sociale qui a le plus contribué à maintenir vivantes nos cultures».[43] De plus, «face à une invasion colonisatrice des moyens de communication de masse», il est nécessaire de promouvoir pour les peuples autochtones «des communications alternatives dans leurs propres langues et cultures» et que «les sujets autochtones soient présents dans les moyens de communication déjà existants».[44]

40. Dans tout projet en faveur de l’Amazonie, «il faut inclure la perspective des droits des peuples et des cultures, et comprendre ainsi que le développement d’un groupe social […] requiert de la part des acteurs sociaux locaux un engagement constant en première ligne, à partir de leur propre culture. Même la notion de qualité de vie ne peut être imposée, mais elle doit se concevoir à l’intérieur du monde des symboles et des habitudes propres à chaque groupe humain».[45] Mais si les cultures ancestrales des peuples autochtones sont nées et se développent en étroite relation avec l’environnement naturel, elles peuvent difficilement rester intactes quand cet environnement se détériore.

Ceci ouvre la voie au rêve suivant.

TROISIÈME CHAPITRE

UN RÊVE ÉCOLOGIQUE

41. Dans une réalité culturelle comme l’Amazonie, où existe une relation si étroite entre l’homme et la nature, l’existence quotidienne est toujours cosmique. Libérer les autres de leurs servitudes implique certainement de prendre soin de leur environnement et de le défendre,[46] mais plus encore d’aider le cœur de l’homme à s’ouvrir avec confiance à ce Dieu qui, non seulement a créé tout ce qui existe, mais qui s’est aussi donné lui-même à nous en Jésus-Christ. Le Seigneur, qui le premier prend soin de nous, nous enseigne à prendre soin de nos frères et sœurs et de l’environnement qu’il nous offre chaque jour. C’est la première écologie dont nous avons besoin. En Amazonie on comprend mieux les paroles de Benoît XVI lorsqu’il disait: «En plus de l'écologie de la nature, il y a donc une écologie que nous pourrions appeler “humaine”, qui requiert parfois une “écologie sociale”. Et cela implique pour l'humanité […] d'avoir toujours plus présents à l'esprit les liens qui existent entre l'écologie naturelle, à savoir le respect de la nature, et l'écologie humaine ».[47] Cette insistance sur le fait que «tout est lié»[48] vaut spécialement pour un territoire comme l’Amazonie.

42. La protection des personnes et celle des écosystèmes sont inséparables. Cela signifie en particulier que là où «la forêt n’est pas une ressource à exploiter, elle est un être, ou plusieurs êtres avec qui entrer en relation».[49] La sagesse des peuples autochtones d’Amazonieencourage «la protection et le respect de la création, avec la conscience claire de ses limites, interdisant d’en abuser. Abuser de la nature c’est abuserdes ancêtres, des frères et sœurs, de la création et du Créateur, en hypothéquant l’avenir ».[50] Les autochtones, «quand ils restent sur leurs territoires, ce sont précisément eux qui les préservent le mieux »,[51] tant qu’ils ne se laissent pas piéger par le chant des sirènes et par les offres intéressées des groupes de pouvoir. Les dommages faits à la nature les touchent de façon très directe et visible, parce que – disent-ils - « Nous sommes eau, air, terre et vie du milieu ambiant créé par Dieu. Par conséquent, nous demandons que cessent les mauvais traitements et les destructions de la Mère terre. La terre a du sang et elle saigne, les multinationales ont coupé les veines à notre Mère terre».[52]

Ce rêve fait d’eau

43. L’eau est la reine en Amazonie, les rivières et les ruisseaux sont comme des veines, elle est déterminante pour toute forme de vie:

«Là, en plein cœur des étés torrides, quand les dernières rafales du vent d’est se diluent dans l’air stagnant, l’hygromètre remplace le thermomètre pour définir le climat. Les êtres vivants sont soumis aux flux et reflux des grands fleuves: affligeante alternative. Les crues s’élèvent d’une façon effrayante. L’Amazone s’enfle, sort de son lit, hausse en quelques jours le niveau de ses eaux […]. L’inondation est une pause dans la vie. Pris dans les mailles des igarapés, l’homme attend alors, avec un stoïcisme rare devant cette fatalité inéluctable, la fin de cet hiver paradoxal, aux températures élevées. Reflux et été sont synonymes. C’est la reviviscence de l’activité rudimentaire des hommes de ces régions, qui se démènent comme ils le peuvent face à une nature qui abuse des manifestations contradictoires et rend impossible la continuité de tout effort ».[53]

44. L’eau est éblouissante dans le grand Amazone qui rassemble et vivifie tout alentour:

«Amazone
capitale des syllabes de l’eau,
père patriarche, tu es
la mystérieuse éternité
des fécondations,
les fleuves choient en toi comme des vols d’oiseaux… ».[54]

45. Il est également la colonne vertébrale qui harmonise et unit: «Le fleuve ne nous sépare pas, il nous unit, il nous aide à vivre ensemble avec des cultures et des languesdifférentes ».[55] Cela est si vrai qu’ il y a beaucoup d’“Amazonies” sur ce territoire, son axe principal est le grand fleuve, enfant de nombreuses rivières:

«De l'extrême hauteur de la cordillère, où les neiges sont éternelles, l'eau se détache et trace un contour tremblant sur la peau ancienne de la pierre : l'Amazone vient de naître. Elle naît à chaque instant. Elle descend lentement, lumière un peu occultée, pour croître dans la terre. D'un vert saisissant, elle invente son chemin et se développe. Les eaux souterraines affleurent pour accueillir l'eau qui descend des Andes. Du ventre des nuages très blancs, touchés par le vent, tombe l'eau céleste. Ensemble, ils avancent, multipliés selon des chemins infinis, baignant l'immense plaine [...] C'est la Grande Amazonie, tout entière sous l’humide tropique, avec sa forêt compacte et étourdissante, où palpite encore, intacte et en de vastes lieux, jamais surprise par l'homme, la vie qui s'est tissée dans les intimités de l'eau [...]. Depuis que l'homme l'habite, jaillit des profondeurs de ses eaux, et glisse des centres élevés de sa forêt une peur terrible : que cette vie, lentement, coure vers la fin ».[56]

46. Les poètes populaires, qui sont tombés amoureux de son immense beauté, ont essayé d’exprimer ce que ce fleuve leur fait ressentir, et la vie qu’il offre sur son passage dans une danse de dauphins, d’anacondas, d’arbres et de pirogues. Mais ils déplorent aussi des dangers qui le menacent. Ces poètes contemplatifs et prophétiques nous aident à nous libérer du paradigme technocratique et consumériste qui détruit la nature et qui nous laisse sans existence véritablement digne:

«Le monde souffre de la transformation des pieds en caoutchouc, des jambes en cuir, du corps en tissu et de la tête en acier [...] Le monde souffre de la transformation de la bêche en fusil, de la charrue en char de guerre, de l'image du semeur qui sème en celle de l'automate avec son lance-flammes, dont le semis germe en désert. Seule la poésie, grâce à l'humilité de sa voix, pourra sauver ce monde ».[57]

Le cri de l’Amazonie

47. La poésie aide à exprimer une douloureuse sensation que beaucoup aujourd’hui partagent. La vérité inéluctable est que, dans les conditions actuelles, avec cette façon de traiter l’Amazonie, beaucoup de vie et de beauté sont en train de “courir vers la fin”, même si un grand nombre veulent continuer à croire que rien n’arrivera:

«Ceux qui pensaient que le fleuve était une corde à jouer se trompaient.
Le fleuve est une veine très fine à la surface de la terre. […]
Le fleuve est une corde à laquelle s’attachent les animaux et les arbres.
Si vous tiriez trop fort, le fleuve pourrait déborder.
Il pourrait déborder et nous laver le visage avec l'eau et le sang».[58]

48. L’équilibre planétaire dépend aussi de la santé de l’Amazonie. Avec le biome du Congo et de Bornéo, elle éblouit par la diversité de ses forêts desquelles dépendent aussi les cycles des pluies, l’équilibre du climat, et une grande variété d’êtres vivants. Elle fonctionne comme un grand filtre à dioxyde de carbone qui aide à éviter le réchauffement de la terre. Son sol est, en grande partie, pauvre en humus; c’est pourquoi la forêt «pousse, en réalité, sur le sol et non du sol».[59] Lorsque l’on élimine la forêt, elle n’est pas remplacée car elle fait place à un terrain contenant peu de nutriments qui devient désertique ou pauvre en végétation. Cela est grave car, dans les entrailles de la forêt amazonienne, d’innombrables ressources subsistent qui pourraient être indispensables à la guérison des maladies. Ses poissons, ses fruits, et autres dons surabondants, enrichissent l’alimentation humaine. De plus, dans un écosystème comme l’Amazonie, chaque partie, en raison de son importance, devient indispensable à la conservation de l’ensemble. Les basses terres et la végétation marine ont aussi besoin d’être fertilisées par ce que draine l’Amazone. Le cri de l’Amazonie parvient à tous car «la conquête et l’exploitation des ressources […] menacent aujourd’hui la capacité même d’accueil de l’environnement: l’environnement comme “ressource” met en danger l’environnement comme “maison” ».[60] L’intérêt d’un petit nombre d’entreprises puissantes ne devrait pas être mis au-dessus du bien de l’Amazonie et de l’humanité entière.

49. Il ne suffit pas de prêter attention à la conservation des espèces les plus visibles en voie d’extinction. Il est crucial de prendre en compte le fait que «pour le bon fonctionnement des écosystèmes, les champignons, les algues, les vers, les insectes, les reptiles et l’innombrable variété de micro-organismes sont aussi nécessaires. Certaines espèces peu nombreuses, qui sont d’habitude imperceptibles, jouent un rôle fondamental pour établir l’équilibre d’un lieu ».[61] Cela est facilement ignoré dans l’évaluation de l’impact environnemental des projets économiques d’industries extractives, énergétiques, forestières et autres, qui détruisent et polluent. D’autre part, l’eau, abondante en Amazonie, est un bien essentiel pour la survie humaine, mais les sources de pollution sont toujours plus grandes.[62]

50. Il est vrai qu’en plus des intérêts économiques d’entrepreneurs et de politiciens locaux, il y a aussi«les énormes intérêts économiques internationaux».[63] La solution n’est donc pas dans une “internationalisation” de l’Amazonie,[64] mais la responsabilité des gouvernements nationaux devient plus lourde. Pour cette même raison, «elle est louable la tâche des organismes internationaux et des organisations de la société civile qui sensibilisent les populations et coopèrent de façon critique, en utilisant aussi des systèmes de pression légitimes, pour que chaque gouvernement accomplisse son propre et intransférable devoir de préserver l’environnement ainsi que les ressources naturelles de son pays, sans se vendre à des intérêts illégitimes locaux ou internationaux ».[65]

51. Pour sauvegarder l’Amazonie, il est bon de conjuguer les savoirs ancestraux avec les connaissances techniques contemporaines, mais toujours en cherchant à intervenir sur le terrain de manière durable, en préservant en même temps le style de vie et les systèmes de valeurs des habitants.[66] À eux, et de manière spéciale aux peuples autochtones, il revient de recevoir – en plus de la formation de base - une information complète et transparente sur les projets, leur étendue, leurs effets et risques, afin de pouvoir confronter cette information avec leurs intérêts et leur connaissance des lieux, et ainsi donner ou non leur consentement, ou bien proposer des alternatives.[67]

52. Les plus puissants ne se contentent jamais des gains qu’ils obtiennent, et les ressources du pouvoir économique s’accroissent beaucoup avec le développement scientifique et technologique. C’est pourquoi nous devrions tous insister sur l’urgence de «créer un système normatif qui implique des limites infranchissables et assure la protection des écosystèmes, avant que les nouvelles formes de pouvoir dérivées du paradigme techno-économique ne finissent par raser non seulement la politique mais aussi la liberté et la justice ».[68] Si l’appel de Dieu exige une écoute attentive de la clameur des pauvres et de la terre,[69] pour nous, «le cri que l’Amazonie fait monter vers le Créateur est semblable au cri du Peuple de Dieu en Egypte (cf. Ex 3, 7). C’est un cri d’esclavage et d’abandon, qui appelle la liberté ».[70]

La prophétie de la contemplation

53. Souvent nous laissons notre conscience devenir insensible, car la «distraction constante nous ôte le courage de nous rendre compte de la réalité d’un monde limité et fini ».[71] Si nous regardons les choses en surface, il semble peut-être «qu’elles ne soient pas si graves et que la planète pourrait subsister longtemps dans les conditions actuelles. Ce comportement évasif nous permet de continuer à maintenir nos styles de vie, de production et de consommation. C’est la manière dont l’être humain s’arrange pour alimenter tous les vices autodestructifs: en essayant de ne pas les voir, en luttant pour ne pas les reconnaître, en retardant les décisions importantes, en agissant comme si de rien n’était ».[72]

54. Au-delà de tout cela, je voudrais rappeler que chacune des différentes espèces a une valeur en elle-même, or «chaque année, disparaissent des milliers d’espèces végétales et animales que nous ne pourrons plus connaître, que nos enfants ne pourront pas voir, perdues pour toujours. L’immense majorité disparaît pour des raisons qui tiennent à une action humaine. À cause de nous, des milliers d’espèces ne rendront plus gloire à Dieu par leur existence et ne pourront plus nous communiquer leur propre message. Nous n’en n’avons pas le droit».[73]

55. Apprenant des peuples autochtones, nous pouvons contempler l’Amazonie, et pas seulement l’étudier, pour reconnaître ce mystère qui nous dépasse. Nous pouvons l’aimer, et pas seulement l’utiliser, pour que l’amour réveille un intérêt profond et sincère. Qui plus est, nous pouvons nous sentir intimement unis à elle, et pas seulement la défendre, et alors l’Amazonie deviendra pour nous comme une mère. Car «le monde ne se contemple pas de l’extérieur mais de l’intérieur, en reconnaissant les liens par lesquels le Père nous a unis à tous les êtres ».[74]

56. Réveillons le sens esthétique et contemplatif que Dieu a mis en nous et que parfois nous laissons atrophier. Rappelons-nous que «quand quelqu’un n’apprend pas à s’arrêter pour observer et pour évaluer ce qui est beau, il n’est pas étonnant que tout devienne pour lui objet d’usage et d’abus sans scrupule ».[75] En revanche, si nous entrons en communion avec la forêt, notre voix s’unira facilement à la sienne et deviendra prière: «Couchés à l’ombre d’un vieil eucalyptus notre prière de lumière s’immerge dans le chant du feuillage éternel ».[76] Cette conversion intérieure est ce qui permettra de pleurer pour l’Amazonie et de crier avec elle devant le Seigneur.

57. Jésus disait: « Ne vend-on pas cinq passereaux pour deux sous? Et pas un d’entre eux n’est en oubli devant Dieu» (Lc 12, 6). Dieu le Père, qui a créé chaque être de l’univers avec un amour infini, nous appelle à être ses instruments pour écouter le cri de l’Amazonie. Si nous nous rendons présents à cette clameur déchirante, il sera manifeste que les créatures de l’Amazonie n’ont pas été oubliées par le Père du ciel. Pour les chrétiens, Jésus lui-même nous interpelle à partir d’elles«parce que le Ressuscité les enveloppe mystérieusement et les oriente vers un destin de plénitude. Même les fleurs des champs et les oiseaux qu’émerveillé il a contemplés de ses yeux humains, sont maintenant remplis de sa présence lumineuse ».[77] C’est pourquoi les croyants trouvent dans l’Amazonie un lieu théologique, un espace où Dieu lui-même se montre et appelle ses enfants.

Education et habitudes écologiques

58. Nous pouvons ainsi faire un pas de plus et rappeler qu’une écologie intégrale ne se contente pas de régler des questions techniques ou de prendre des décisions politiques, juridiques et sociales. La grande écologie inclut un aspect éducatif qui provoque le développement de nouvelles habitudes chez les personnes et les groupes humains. Malheureusement, beaucoup d’habitants de l’Amazonie ont adopté des habitudes propres aux grandes villes où le consumérisme et la culture du déchet sont très enracinés. Il n’y aura pas d’écologie saine et durable, capable de transformer les choses, si les personnes ne changent pas, si on ne les encourage pas à choisir un autre style de vie, moins avide, plus serein, plus respectueux, moins anxieux, plus fraternel.

59. En effet, «plus le cœur de la personne est vide, plus elle a besoin d’objets à acheter, à posséder et à consommer. Dans ce contexte, il ne semble pas possible qu’une personne accepte que la réalité lui fixe des limites […] Nous ne pensons pas seulement à l’éventualité de terribles phénomènes climatiques ou à de grands désastres naturels, mais aussi aux catastrophes dérivant de crises sociales, parce que l’obsession d’un style de vie consumériste ne pourra que provoquer violence et destruction réciproque, surtout quand seul un petit nombre peut se le permettre ».[78]

60. L’Église, avec sa grande expérience spirituelle, avec sa conscience renouvelée de la valeur de la création, avec son souci de la justice, avec son option pour les derniers, avec sa tradition éducative et avec son histoire d’incarnation dans des cultures si diverses dans le monde entier, veut à son tour contribuer à la sauvegarde et à la croissance de l’Amazonie.

Cela donne lieu au rêve suivant que je désire partager plus directement avec les pasteurs et les fidèles catholiques.

QUATRIÈME CHAPITRE

UN RÊVE ECCLÉSIAL

61. L’Église est appelée à marcher avec les peuples de l’Amazonie. En Amérique Latine, cette marche a connu des expressions privilégiées comme la Conférence des Evêques de Medellín (1968) et son application à l’Amazonie à Santarem (1972)[79]; puis à Puebla (1979), Santo Domingo (1992) et Aparecida (2007). La marche se poursuit, et si l’on veut développer une Église au visage amazonien le travail missionnaire a besoin de croître dans une culture de la rencontre visant une «harmoniemultiforme ».[80] Mais pour que cette incarnation de l’Église et de l’Évangile soit possible, la grande annonce missionnaire doit résonner, encore et encore.

L’annonce indispensable en Amazonie

62. Face à tant de besoins et d’angoisses qui crient du cœur de l’Amazonie, nous pouvons répondre par des organisations sociales, des ressources techniques, des espaces de discussion, des programmes politiques, et tout cela peut faire partie de la solution. Mais nous ne renonçons pas, en tant que chrétiens, à la proposition de la foi que nous recevons de l’Évangile. Même si nous voulons lutter avec tous, coude à coude, nous n’avons pas honte de Jésus-Christ. Pour ceux qui l’ont rencontré, vivent dans son amitié et s’identifient à son message, il est impossible de ne pas parler de lui et de proposer aux autres sa proposition de vie nouvelle: «Malheur à moi si je n’annonçais pas l’Évangile! » (1Co 9, 16).

63. L’option authentique pour les pauvres et les oubliés, en même temps qu’elle nous pousse à les libérer de la misère matérielle et à défendre leurs droits, implique que nous leurs proposions l’amitié avec le Seigneur qui les promeut et leur donne dignité. Il serait triste qu’ils reçoivent de nous un code de doctrines ou une obligation morale, et non pas la grande annonce salvifique, ce cri missionnaire qui vise le cœur et donne sens à tout le reste. Nous ne pouvons pas non plus nous contenter d’un message social. Si nous donnons notre vie pour eux, pour la justice et la dignité qu’ils méritent, nous ne pouvons pas leur cacher que nous le faisons parce que nous reconnaissons le Christ en eux et parce que nous découvrons l’immense dignité que leur donne le Père qui les aime infiniment.

64. Ils ont le droit à l’annonce de l’Évangile, surtout à cette première annonce qui s’appelle kérygme et quiest «l’annonce principale, celle que l’on doit toujours écouter de nouveau de différentes façons et que l’on doit toujours annoncer de nouveau sous une forme ou une autre ».[81] C’est l’annonce d’un Dieu qui aime infiniment chaque être humain, qui a manifesté pleinement cet amour dans le Christ crucifié pour nous et ressuscité dans nos vies. Je propose de relire un bref résumé de ce contenu dans le Chapitre 4 de l’Exhortation Christus vivit. Cette annonce doit résonner constamment en Amazonie, exprimée de nombreuses manières différentes. Sans cette annonce passionnée, toute structure ecclésiale se transformera en une ONG de plus, et ainsi, nous ne répondrons pas à la demande de Jésus-Christ: «Allez dans le monde entier, et proclamez l’Évangile à toute la création » (Mc 16, 15).

65. Toute proposition de mûrissement de la vie chrétienne a besoin d’avoir pour axe permanent cette annonce, car «toute la formation chrétienne est avant tout l’approfondissement du kérygme qui se fait chair toujours plus et toujours mieux ».[82] La réponse fondamentale face à cette annonce, quand elle parvient à provoquer une rencontre personnelle avec le Seigneur, est la charité fraternelle, «ce commandement nouveau qui est le premier, le plus grand, celui qui nous identifie le mieux comme disciples ».[83] Ainsi, le kérygme et l’amour fraternel constituent la grande synthèse de tout le contenu de l’Évangile qui ne peut pas ne pas être proposé en Amazonie. C’est ce qu’ont vécu les grands évangélisateurs de l’Amérique Latine comme saint Toribio de Mogrovejo ou saint José de Anchieta.

L’inculturation

66. L’Église, alors même qu’elle annonce encore et encore le kérygme, doit se développer en Amazonie. Pour cela elle reconfigure toujours sa propre identité par l’écoute et le dialogue avec les personnes, les réalités et les histoires de leur terre. De cette façon, pourra se développer de plus en plus un processus nécessaire d’inculturation qui ne déprécie rien de ce qu’il y a de bon dans les cultures amazoniennes, mais qui le recueille et le porte à sa plénitude à la lumière de l’Évangile.[84] Il ne dépréciera pas non plus la richesse de la sagesse chrétienne transmise pendant des siècles, comme si l’on prétendait ignorer l’histoire dans laquelle Dieu a œuvré de multiples manières, car l’Église a un visage multiforme «non seulement dans une perspective spatiale […] mais aussi dans sa réalité temporelle ».[85] Il s’agit de l’authentique Tradition de l’Église qui n’est pas un dépôt statique ni une pièce de musée, mais la racine d’un arbre qui grandit.[86] C’est la tradition millénaire qui témoigne de l’action de Dieu dans son Peuple et qui «a la mission d’entretenir vivant le feu plus que de conserver les cendres ».[87]

67. Saint Jean-Paul II enseignait qu’en présentant la proposition évangélique «l’Église ne prétend pas nier l’autonomie de la culture. Au contraire, elle a envers elle le plus grand respect », car la culture «n’est pas seulement sujet de rédemption et d’élévation, mais elle peut aussi jouer un rôle de médiation et de collaboration ».[88] En s’adressant aux indigènes du continent américain, il a rappelé qu’ «une foi qui ne se fait pas culture est une foi non pleinement accueillie, non pleinement pensée, non fidèlement vécue ».[89] Les défis des cultures invitent l’Église à «un sens critique aigu mais aussi [à la] confiance ».[90]

68. Il convient de reprendre ici ce que j’ai déjà dit dans l’Exhortation Evangelii gaudium sur l’inculturation, qui a comme base la conviction que «la grâce suppose la culture, et le don de Dieu s’incarne dans la culture de la personne qui le reçoit ».[91] Nous percevons que cela implique un double mouvement. D’une part, une dynamique de fécondation qui permet d’exprimer l’Évangile en un lieu, puisque «quand une communauté accueille l’annonce du salut, l’Esprit Saint féconde sa culture avec la force transformatrice de l’Évangile».[92] D’autre part, l’Église elle-même vit un chemin de réception qui l’enrichit de ce que l’Esprit a déjà semé mystérieusement dans cette culture. De cette manière, «l’Esprit Saint embellit l’Église, en lui indiquant de nouveaux aspects de la Révélation et en lui donnant un nouveau visage».[93] Il s’agit, en définitive, d’encourager et de permettre que l’annonce inlassable de l’Évangile, transmis avec «des catégories propres à la culture où il est annoncé, provoque une nouvelle synthèse avec cette culture ».[94]

69. C’est pourquoi, «comme nous pouvons le voir dans l’histoire de l’Église, le christianisme n’a pas un modèle culturel unique »[95] et «ce n’est pas faire justice à la logique de l’incarnation que de penser à un christianisme mono culturel et monocorde ».[96] Par conséquent, le risque pour les évangélisateurs qui arrivent en un lieu est de croire qu’ils doivent non seulement transmettre l’Évangile, mais aussi la culture dans laquelle ils ont grandi, oubliant qu’il ne s’agit pas d’«imposer une forme culturelle particulière, aussi belle et antique qu’elle soit ».[97] Il faut accepter avec courage la nouveauté de l’Esprit qui est capable de créer toujours quelque chose de nouveau avec le trésor inépuisable de Jésus-Christ, car «l’inculturation engage l’Église sur un chemin difficile, mais nécessaire ».[98] Il est vrai que, «bien que ces processus soient toujours lents, parfois la crainte nous paralyse trop » et nous finissons comme «spectateurs d’une stagnation stérile de l’Église ».[99] Ne craignons pas, ne coupons pas les ailes à l’Esprit Saint.

Chemins d’inculturation en Amazonie

70. Pour réaliser une nouvelle inculturation de l’Évangile en Amazonie, l’Église doit écouter sa sagesse ancestrale, redonner la parole aux personnes âgées, reconnaître les valeurs présentes dans le style de vie des communautés autochtones, récupérer à temps les riches récits des peuples. En Amazonie, nous avons déjà reçu des richesses qui viennent des cultures précolombiennes, «comme l’ouverture à l’action de Dieu, le sens de la reconnaissance pour les fruits de la terre, le caractère sacré de la vie humaine et la valorisation de la famille, le sens de la solidarité et la coresponsabilité dans le travail commun, l’importance du cultuel, la croyance en une vie au-delà de la vie terrestre, et beaucoup d’autres valeurs».[100]

71. Dans ce contexte, les peuples autochtones amazoniens expriment la qualité authentique de la vie comme un “bien-vivre” qui implique une harmonie personnelle, familiale, communautaire et cosmique, et qui s’exprime dans leur manière communautaire de concevoir l’existence, dans la capacité de trouver la joie et la plénitude au milieu d’une vie austère et simple, comme dans la protection responsable de la nature qui préserve les ressources pour les futures générations. Les peuples aborigènes pourraient nous aider à percevoir ce qu’est une heureuse sobriété et, dans ce sens, «ils ont beaucoup à nous enseigner».[101] Ils savent être heureux avec peu, ils jouissent des petits dons de Dieu sans accumuler beaucoup de choses, ils ne détruisent pas sans nécessité, ils prennent soin des écosystèmes et reconnaissent que la terre, en même temps qu’elle est offerte pour soutenir leur vie comme une source généreuse, a un sens maternel qui éveille à une tendresse respectueuse. Tout cela doit être valorisé et repris dans l’évangélisation.[102]

72. Pendant que nous luttons pour eux et avec eux, nous sommes appelés «à être leurs amis, à les écouter, à les comprendre et à accueillir la mystérieuse sagesse que Dieu veut nous communiquer à travers eux».[103] Les habitants des villes doivent valoriser cette sagesse et se laisser “rééduquer” face à la consommation effrénée et à l’isolement urbain. L’Église elle-même peut être un moyen qui aide à cette récupération culturelle dans une précieuse synthèse avec l’annonce de l’Évangile. Par ailleurs, elle devient un instrument de charité dans la mesure où les communautés urbaines sont non seulement missionnaires dans leur environnement, mais aussi accueillantes envers les pauvres qui arrivent de l’intérieur du pays poussés par la misère. Elle l’est également dans la mesure où les communautés sont proches des jeunes migrants pour les aider à s’intégrer dans la ville sans tomber dans les réseaux de dégradation. Ces actions ecclésiales qui jaillissent de l’amour sont des voies précieuses à l’intérieur d’un processus d’inculturation.

73. Mais l’inculturation élève et apporte plénitude. Certainement, il faut valoriser cette mystique autochtone de l’interconnexion et de l’interdépendance de toute la création, une mystique de gratuité qui aime la vie comme un don, une mystique d’admiration sacrée devant la nature qui déborde de tant de vie. Cependant, il s’agit aussi de faire en sorte que cette relation avec Dieu présent dans le cosmos se transforme toujours plus en une relation personnelle avec un Tu qui soutient sa réalité et qui veut lui donner un sens, un Tu qui nous connaît et qui nous aime:

«Mon ombre flotte, au milieu des bois morts.
Mais l’étoile est née sans reproche
sur les mains de cet enfant, expertes,
qui conquièrent les eaux et la nuit.
Il doit me suffire de savoir
que tu me connais
tout entier, bien avant ma naissance ».[104]

74. De même, la relation avec Jésus-Christ, Dieu et vrai homme, libérateur et rédempteur, n’est pas contraire à cette vision du monde fortement cosmique qui caractérise ces peuples, parce qu’il est aussi le Ressuscité qui pénètre toute chose.[105] Pour l’expérience chrétienne, «toutes les créatures de l’univers matériel trouvent leur vrai sens dans le Verbe incarné, parce que le Fils de Dieu a intégré dans sa personne une partie de l’univers matériel, où il a introduit un germe de transformation définitive».[106] Il est glorieux et mystérieusement présent dans le fleuve, dans les arbres, dans les poissons, dans le vent, comme le Seigneur qui règne dans la création sans perdre ses plaies transfigurées, et dans l’Eucharistie il assume les éléments du monde en donnant à chacun le sens du don pascal.

Inculturation sociale et spirituelle

75. Cette inculturation, étant donné la situation de pauvreté et d’abandon de nombreux habitants de l’Amazonie, devra nécessairement avoir une odeur fortement sociale et se caractériser par une défense ferme des droits humains, en faisant briller le visage du Christ qui «a voulu s’identifier par une tendresse spéciale avec les plus faibles et les plus pauvres».[107] Parce qu’ «à partir du cœur de l’Évangile, nous reconnaissons la connexion intime entre évangélisation et promotion humaine»,[108] et cela implique pour les communautés chrétiennes un engagement clair pour le Règne de justice dans la promotion des exclus. C’est pourquoi une formation adéquate des agents pastoraux dans la Doctrine Sociale de l’Église est particulièrement importante.

76. En même temps, l’inculturation de l’Évangile en Amazonie doit mieux intégrer la dimension sociale à la dimension spirituelle, de sorte que les plus pauvres ne doivent pas aller chercher hors de l’Église une spiritualité qui réponde aux aspirations de leur dimension transcendante. Par conséquent, il ne s’agit pas d’une religiosité aliénante et individualiste qui évite les revendications sociales pour une vie plus digne, mais il ne s’agit pas non plus de mutiler la dimension transcendante et spirituelle comme si seul le développement matériel suffisait à l’être humain. Cela nous invite, non seulement à combiner les deux choses, mais aussi à les relier intimement. Ainsi resplendira la vraie beauté de l’Évangile qui est pleinement humanisant, qui honore intégralement les personnes et les peuples, qui comble le cœur et la vie entière.

Points de départ pour une sainteté amazonienne

77. Ainsi pourront naître des témoins de sainteté au visage amazonien qui ne soient pas des copies de modèles des autres régions, une sainteté faite de rencontre et de don de soi, de contemplation et de service, de solitude réceptive et de vie commune, de sobriété joyeuse et de lutte pour la justice. Cette sainteté est atteinte par «chacun à sa manière»,[109] et cela vaut aussi pour les peuples où la grâce s’incarne et resplendit avec des traits distinctifs. Imaginons une sainteté aux traits amazoniens, appelée à interpeler l’Église universelle.

78. Un processus d’inculturation, qui implique des chemins non seulement individuels mais aussi populaires, exige un amour du peuple plein de respect et de compréhension. Dans une bonne partie de l’Amazonie, ce processus a déjà été initié. Il y a plus de quarante ans, les évêques de l’Amazonie du Pérou soulignaient que, dans bon nombre de groupes présents dans cette région, «le sujet évangélisateur, modelé par une culture multiple et changeante, est initialement évangélisé», il possède «certains traits du catholicisme populaire qui, bien que peut-être promus à l’origine par des agents pastoraux, sont actuellement une réalité que les gens ont fait leur, et même en ont changé la signification et les ont transmis de génération en génération».[110] Ne nous précipitons pas pour qualifier de superstition ou de paganisme certaines expressions religieuses qui surgissent spontanément de la vie des peuples. Il faut plutôt savoir reconnaître le blé qui grandit au milieu de l’ivraie, parce que «dans la piété populaire, on peut comprendre comment la foi reçue s’est incarnée dans une culture et continue à se transmettre».[111]

79. Il est possible de recueillir d’une certaine manière un symbole autochtone sans le qualifier nécessairement d’idolâtrie. Un mythe chargé de sens spirituel peut être utilisé et pas toujours être considéré comme une erreur païenne. Certaines fêtes religieuses contiennent une signification sacrée et sont des espaces de rencontre et de fraternité, bien qu’un lent processus de purification ou de maturation soit requis. Un missionnaire zélé essaie de trouver quelles aspirations légitimes cherchent une voie dans des manifestations religieuses parfois imparfaites, partielles ou équivoques, et veut répondre à partir d’une spiritualité inculturée.

80. Ce sera certainement une spiritualité centrée sur l’unique Dieu et Seigneur, mais en même temps capable d’entrer en contact avec les nécessités quotidiennes des personnes qui cherchent une vie digne, qui veulent apprécier les belles choses de l’existence, trouver la paix et l’harmonie, résoudre les crises familiales, soigner leurs maladies, voir leurs enfants grandir heureux. Le pire danger serait de les éloigner de la rencontre avec le Christ en le présentant comme un ennemi du bonheur, ou comme indifférent aux quêtes et aux angoisses humaines.[112] Aujourd’hui, il est indispensable de montrer que la sainteté ne laisse pas les personnes sans «forces, ni vie, ni joie».[113]

L’inculturation de la liturgie

81. L’inculturation de la spiritualité chrétienne dans les cultures des peuples autochtones trouve, dans les sacrements, un chemin d’une valeur particulière parce que le divin et le cosmique, la grâce et la création s’unissent en eux. En Amazonie, ils ne devraient pas être interprétés comme séparés de la création. Ils «sont un mode privilégié de la manière dont la nature est assumée par Dieu et devient médiation de la vie surnaturelle».[114] Ils sont un accomplissement de la création où la nature est élevée pour qu’elle soit le lieu et l’instrument de la grâce afin d’«embrasser le monde à un niveau différent».[115]

82. Dans l’Eucharistie, Dieu «au sommet du mystère de l’Incarnation, a voulu rejoindre notre intimité à travers un fragment de matière. […] [Elle]unit le ciel et la terre, elle embrasse et pénètre toute la création».[116] C’est pourquoi elle peut être une «motivation pour nos préoccupations concernant l’environnement, et elle nous invite à être gardiens de toute la création».[117] Ainsi, «nous ne nous évadons pas du monde, et nous ne nions pas la nature quand nous voulons rencontrer Dieu».[118] Cela nous permet de retrouver dans la liturgie beaucoup d’éléments propres de l’expérience des indigènes dans leur contact intime avec la nature et de favoriser des expressions autochtones en chants, danses, rites, gestes et symboles. Déjà le Concile Vatican II avait demandé cet effort d’inculturation de la liturgie chez les peuples autochtones,[119] mais plus de cinquante ans se sont écoulés et nous avons fait peu de progrès dans cette ligne.[120]

83. Le dimanche, «la spiritualité chrétienne intègre la valeur du loisir et de la fête. L’être humain tend à réduire le repos contemplatif au domaine de l’improductif ou de l’inutile, en oubliant qu’ainsi il retire à l’œuvre qu’il réalise le plus important : son sens. Nous sommes appelés à inclure dans notre agir une dimension réceptive et gratuite».[121] Les peuples autochtones connaissent cette gratuité et ce sain loisir contemplatif. Nos célébrations devraient les aider à vivre cette expérience dans la liturgie dominicale et à rencontrer la lumière de la Parole et de l’Eucharistie qui illumine nos vies concrètes.

84. Les sacrements montrent et communiquent le Dieu proche qui vient avec miséricorde pour soigner et fortifier ses enfants. C’est pourquoi ils doivent être accessibles, surtout aux pauvres, et ils ne doivent jamais être refusés pour des raisons d’argent. Il ne faut pas non plus qu’ils soient pour les pauvres et les oubliés de l’Amazonie une discipline qui exclut et éloigne, car ils seraient finalement mis à l’écart par une Église transformée en douane. Au contraire, «dans les situations difficiles que vivent les personnes qui sont le plus dans le besoin, l’Église doit surtout avoir à cœur de les comprendre, de les consoler, de les intégrer, en évitant de leur imposer une série de normes, comme si celles-ci étaient un roc, avec pour effet qu’elles se sentent jugées et abandonnées précisément par cette Mère qui est appelée à les entourer de la miséricorde de Dieu».[122] Dans l’Église, la miséricorde peut devenir une simple expression romantique si elle ne se manifeste pas concrètement dans la tâche pastorale.[123]

L’inculturation de la ministérialité

85. L’inculturation doit aussi se développer et se traduire dans une manière incarnée de mettre en œuvre l’organisation ecclésiale et la ministérialité. Si l’on inculture la spiritualité, si l’on inculture la sainteté, si l’on inculture même l’Évangile, comment ne pas penser à une inculturation de la manière dont les ministères ecclésiaux se structurent et se vivent? La présence pastorale de l’Église en Amazonie est précaire, en partie à cause de l’immense extension territoriale, avec de nombreux lieux d’accès difficiles, une grande diversité culturelle, de sérieux problèmes sociaux, et avec l’option, propre à certains peuples, de s’isoler. Cela ne peut nous laisser indifférents et exige de l’Église une réponse spécifique et courageuse.

86. Il faudra veiller à ce que la ministérialité se configure de telle manière qu’elle soit au service d’une plus grande fréquence de la célébration de l’Eucharistie, même dans les communautés les plus éloignées et cachées. Aparecida a invité à écouter la plainte de nombreuses communautés de l’Amazonie «privées de l’Eucharistie dominicale durant de longues périodes».[124] Mais en même temps, il faut des ministres qui puissent comprendre de l’intérieur la sensibilité et les cultures amazoniennes.

87. La manière de configurer la vie et l’exercice du ministère des prêtres n’est pas monolithique, et acquiert diverses nuances en différents lieux de la terre. C’est pourquoi il est important de déterminer ce qui est spécifique au prêtre, ce qui ne peut pas être délégué. La réponse se trouve dans le sacrement de l’Ordre sacré qui le configure au Christ prêtre. Et la première conclusion est que ce caractère exclusif reçu dans l’Ordre le rend capable, seulement lui, de présider l’Eucharistie.[125] C’est sa fonction spécifique principale et qui ne peut être déléguée. Certains pensent que ce qui distingue le prêtre est le pouvoir, le fait d’être l’autorité suprême de la communauté. Mais saint Jean-Paul II a expliqué que, même si le sacerdoce est considéré comme “hiérarchique”, cette fonction n’équivaut pas à le mettre au-dessus des autres, mais l’ordonne «totalement à la sainteté des membres du Christ».[126] Lorsqu’on affirme que le prêtre est signe du “Christ tête”, le sens principal est que le Christ est la source de la grâce: il est la tête de l’Église «parce qu’il peut communiquer la grâce à tous les membres de l’Église».[127]

88. Le prêtre est signe de cette Tête qui répand la grâce, en particulier lorsqu’il célèbre l’Eucharistie, source et sommet de toute la vie chrétienne.[128] C’est son grand pouvoir qui peut être reçu seulement dans le sacrement de l’Ordre. C’est pourquoi lui seul peut dire: “Ceci est mon corps”. Il y a d’autres paroles que lui seul peut prononcer: “Je te pardonne tes péchés”, parce que le pardon sacramentel est au service d’une célébration eucharistique digne. Le cœur de son identité exclusive se trouve dans ces deux sacrements.[129]

89. Dans les circonstances spécifiques de l’Amazonie, en particulier dans ses forêts et ses zones très reculées, il faut trouver un moyen d’assurer ce ministère sacerdotal. Les laïcs pourront annoncer la Parole, enseigner, organiser leurs communautés, célébrer certains sacrements, chercher différentes voies pour la piété populaire et développer la multitude des dons que l’Esprit répand en eux. Mais ils ont besoin de la célébration de l’Eucharistie parce qu’elle «fait l’Église»,[130] et nous en sommes arrivés à dire qu’ «aucune communauté chrétienne ne peut se construire sans trouver sa racine et son centre dans la célébration de la très sainte Eucharistie».[131] Si vraiment nous croyons qu’il en est ainsi, il est urgent d’éviter que les peuples amazoniens soient privés de cet aliment de vie nouvelle et du sacrement du pardon.

90. Cette nécessité urgente m’amène à exhorter tous les évêques, en particulier ceux de l’Amérique Latine, non seulement à promouvoir la prière pour les vocations sacerdotales, mais aussi à être plus généreux en orientant ceux qui montrent une vocation missionnaire à choisir l’Amazonie.[132] En même temps, il convient de réviser complètement la structure et le contenu tant de la formation initiale que de la formation permanente des prêtres, afin qu’ils acquièrent les attitudes et les capacités que requiert le dialogue avec les cultures amazoniennes. Cette formation doit être éminemment pastorale et favoriser le développement de la miséricorde sacerdotale.[133]

Communautés pleines de vie

91. Par ailleurs, l’Eucharistie est le grand sacrement qui signifie et réalise l’unité de l’Église,[134] et qui est célébré «afin que d’étrangers, de dispersés, et d’indifférents les uns les autres, nous devenions unis, égaux et amis».[135] Celui qui préside l’Eucharistie doit prendre soin de la communion qui n’est pas une unité appauvrie, mais qui accueille la multiple richesse des dons et des charismes que l’Esprit répand dans la communauté.

92. C’est pourquoi l’Eucharistie, source et sommet, exige que cette richesse multiforme se développe. Il faut des prêtres, mais cela n’empêche pas que, d’une façon ordinaire, les diacres permanents – qui devraient être beaucoup plus nombreux en Amazonie –, les religieuses et même les laïcs assument des responsabilités importantes pour la croissance des communautés, et arrivent à maturité dans l’exercice de ces fonctions grâce à un accompagnement adéquat.

93. Il ne s’agit pas seulement de faciliter une plus grande présence des ministres ordonnés qui peuvent célébrer l’Eucharistie. Cela serait un objectif très limité si nous n’essayions pas aussi de susciter une nouvelle vie dans les communautés. Nous devons promouvoir la rencontre avec la Parole et la maturation dans la sainteté à travers des services laïcs variés qui supposent un processus de préparation – biblique, doctrinale, spirituelle et pratique – et divers parcours de formation permanente.

94. Une Église aux visages amazoniens requiert la présence stable de responsables laïcs adultes et dotés d’autorité[136] qui connaissent les langues, les cultures, l’expérience spirituelle et la manière de vivre en communauté de chaque lieu et qui laissent en même temps un espace à la multiplicité des dons que l’Esprit Saint sème en tous. Car là où il y a des besoins particuliers, l’Esprit a déjà répandu les charismes qui permettent de leur donner une réponse. Cela demande à l’Église une capacité d’ouvrir des chemins à l’audace de l’Esprit, pour faire confiance et pour permettre de façon concrète le développement d’une culture ecclésiale propre, nettement laïque. Les défis de l’Amazonie exigent de l’Église un effort particulier pour assurer une présence capillaire qui est possible seulement avec un rôle important des laïcs.

95. Beaucoup de personnes consacrées ont dépensé leurs énergies et une bonne partie de leurs vies pour le Règne de Dieu en Amazonie. La vie consacrée, capable de dialogue, de synthèse, d’incarnation et de prophétie, occupe une place de choix dans cette configuration plurielle et harmonieuse de l’Église amazonienne. Mais elle a besoin d’un nouvel effort d’inculturation qui mette en jeu la créativité, l’audace missionnaire, la sensibilité et la force particulière de la vie communautaire.

96. Les communautés de base, quand elles ont su intégrer la défense des droits sociaux à l’annonce missionnaire et à la spiritualité, ont été de vraies expériences de synodalité dans le cheminement d’évangélisation de l’Église en Amazonie. Ellesont souvent « aidé à former des chrétiens engagés dans la foi, disciples et missionnaires du Seigneur, comme en témoigne le don généreux, jusqu’au sang versé, de tant de leurs membres».[137]

97. J’encourage l’approfondissement du travail commun qui se réalise à travers le REPAM et d’autres associations, avec l’objectif de renforcer ce que demandait Aparecida: «Établir entre les Églises locales des divers pays sud-américains qui sont dans le bassin de l’Amazonie une pastorale d’ensemble aux priorités différenciées».[138] Cela vaut particulièrement pour les relations entre les Églises limitrophes.

98. Enfin, je voudrais rappeler que nous ne pouvons pas toujours penser à des projets pour des communautés stables, parce qu’il y a une grande mobilité interne en Amazonie, une migration constante souvent journalière, et «la région s’est transformée “de fait” en un couloir migratoire».[139] La «transhumance amazonienne n’a pas été bien appréhendée ni suffisamment étudiée du point de vue pastoral».[140] C’est pourquoi il faut penser à des équipes missionnaires itinérantes et «soutenir l’insertion et l’itinérance des personnes consacrées, hommes et femmes, pour être avec les plus pauvres et les exclus».[141] D’autre part, cela met au défi nos communautés urbaines qui devraient cultiver avec ingéniosité et générosité, en particulier dans les périphéries, différentes formes d’approche et d’accueil envers les familles et les jeunes qui arrivent de l’intérieur du territoire.

La force et le don des femmes

99. En Amazonie, il y a des communautés qui se sont longtemps maintenues et ont transmis la foi sans qu’un prêtre ne passe les voir; durant même des décennies. Cela s’est fait grâce à la présence de femmes fortes et généreuses. Les femmes baptisent, sont catéchistes, prient, elles sont missionnaires, certainement appelées et animées par l’Esprit Saint. Pendant des siècles, elles ont maintenu l’Église debout dans ces régions avec un dévouement admirable et une foi ardente. Elles-mêmes, au Synode, nous ont tous émus par leur témoignage.

100. Cela nous invite à élargir le champ de vision pour éviter de réduire notre compréhension de l’Église à des structures fonctionnelles. Ce réductionnisme nous conduirait à penser qu’on n’accorderait aux femmes un statut et une plus grande participation dans l’Église seulement si on leur donnait accès à l’Ordre sacré. Mais cette vision, en réalité, limiterait les perspectives, nous conduirait à cléricaliser les femmes, diminuerait la grande valeur de ce qu’elles ont déjà donné et provoquerait un subtil appauvrissement de leur apport indispensable.

101. Jésus-Christ se présente comme Époux de la communauté qui célèbre l’Eucharistie à travers la figure d’un homme qui la préside comme signe de l’unique Prêtre. Ce dialogue entre l’Époux et l’épouse, qui s’élève dans l’adoration et qui sanctifie la communauté, ne devrait pas nous enfermer dans des approches partielles sur le pouvoir dans l’Église. Car le Seigneur a voulu manifester son pouvoir et son amour à travers deux visages humains: celui de son divin Fils fait homme et celui d’une créature qui est une femme, Marie. Les femmes apportent leur contribution à l’Église d’une manière spécifique et en prolongeant la force et la tendresse de Marie, la Mère. Ainsi, nous ne nous limitons pas à une approche fonctionnelle mais nous entrons dans la structure intime de l’Église. Nous comprenons radicalement pourquoi, sans les femmes, elle s’effondre, comme beaucoup de communautés de l’Amazonie seraient tombées en lambeaux si les femmes n’avaient pas été là, en les soutenant, en les maintenant et en s’occupant d’elles. Cela montre ce qui caractérise leur pouvoir.

102. Nous ne pouvons pas cesser d’encourager les dons populaires qui ont donné tant d’importance aux femmes en Amazonie, même si aujourd’hui les communautés sont soumises à de nouveaux risques qui n’existaient pas à d’autres époques. La situation actuelle nous demande d’encourager l’émergence d’autres services et d’autres charismes féminins qui répondent aux nécessités spécifiques des peuples amazoniens en ce moment historique.

103. Dans une Église synodale, les femmes qui jouent un rôle central dans les communautés amazoniennes devraient pouvoir accéder à des fonctions, y compris des services ecclésiaux, qui ne requièrent pas l’Ordre sacré et qui permettent de mieux exprimer leur place. Il convient de rappeler que ces services impliquent une stabilité, une reconnaissance publique et l’envoi par l’évêque. Cela donne lieu aussi à ce que les femmes aient un impact réel et effectif dans l’organisation, dans les décisions les plus importantes et dans la conduite des communautés, mais sans cesser de le faire avec le style propre de leur empreinte féminine.

Elargir des horizons au-delà des conflits

104. Il arrive souvent que, dans un endroit déterminé, les agents pastoraux entrevoient des solutions très différentes pour les problèmes qui se posent, et proposent des formes d’organisation ecclésiale apparemment opposées. Lorsque cela se produit, il est probable que la vraie réponse aux défis de l’évangélisation se trouve dans le dépassement des deux propositions en trouvant d’autres voies meilleures, peut-être non encore imaginées. Le conflit est surmonté à un niveau supérieur où chacune des parties, sans cesser d’être fidèle à elle-même, est intégrée avec l’autre dans une nouvelle réalité. Tout se résout «à un plan supérieur qui conserve, en soi, les précieuses potentialités des polarités en opposition».[142] Autrement le conflit nous enferme, «nous perdons la perspective, les horizons se limitent et la réalité même reste fragmentée».[143]

105. Cela ne veut assurément pas dire qu’il faille relativiser les problèmes, les fuir ou laisser les choses comme elles étaient. Les vraies solutions ne sont jamais atteintes en affaiblissant l’audace, en se soustrayant aux exigences concrètes ou en cherchant les culpabilités en dehors. Au contraire, l’issue réside dans le “débordement”, en transcendant la dialectique qui limite la vision afin de pouvoir reconnaître un plus grand don que Dieu offre. De ce nouveau don accueilli avec courage et générosité, de ce don inattendu qui suscite une nouvelle et une plus grande créativité, couleront comme d’une source généreuse les réponses que la dialectique ne nous laissait pas voir. À ses débuts, la foi chrétienne s’est répandue admirablement en suivant cette logique qui lui a permis, à partir d’une matrice juive, de s’incarner dans les cultures gréco-romaines et d’acquérir sur son passage différentes modalités. De façon analogue, en ce moment historique, l’Amazonie nous met au défi de surmonter des perspectives limitées, des solutions pragmatiques qui demeurent enfermées dans les aspects partiels des grandes questions, pour chercher des voies plus larges et audacieuses d’inculturation.

La cohabitation œcuménique et interreligieuse

106. Dans une Amazonie multi religieuse, les croyants ont besoin de trouver des espaces afin de discuter et agir ensemble pour le bien commun et la promotion des plus pauvres. Il ne s’agit pas de vivre plus light ou de cacher les convictions qui nous animent afin de pouvoir rencontrer les autres qui pensent différemment. Si quelqu’un croit que l’Esprit Saint peut agir dans la diversité, alors il essayera de se laisser enrichir par cette lumière, mais il l’accueillera avec ses propres convictions et avec sa propre identité. Parce que, plus une identité est profonde, solide et riche, plus elle tendra à enrichir les autres avec sa contribution spécifique.

107. Nous, les catholiques, nous avons un trésor dans les Saintes Ecritures que d’autres religions n’acceptent pas, même si elles sont parfois capables de les lire avec intérêt et même de valoriser certaines parties de leur contenu. Nous essayons de faire quelque chose de semblable devant les textes sacrés des autres religions et communautés religieuses où l’on trouve «ces règles et ces doctrines qui, […] reflètent souvent un rayon de la vérité qui illumine tous les hommes».[144] Nous avons aussi une grande richesse dans les sept sacrements que certaines communautés chrétiennes n’acceptent pas dans leur totalité ou de manière identique. En même temps que nous croyons fermement en Jésus comme unique Rédempteur du monde, nous cultivons une profonde dévotion envers sa Mère. Bien que nous sachions que cela n’existe pas dans toutes les confessions chrétiennes, nous avons le devoir de communiquer à l’Amazonie la richesse de cet ardent amour maternel dont nous sommes les dépositaires. Et je finirai cette Exhortation par quelques mots à l’intention de Marie.

108. Tout cela ne devrait pas nous rendre ennemis. Dans un esprit vrai de dialogue, la capacité de comprendre le sens de ce que l’autre dit et fait se nourrit, bien qu’on ne puisse pas l’assumer comme sa propre conviction. Il devient ainsi possible d’être sincère, de ne pas dissimuler ce que nous croyons, sans cesser de dialoguer, de chercher des points de contact, et surtout de travailler et de lutter ensemble pour le bien de l’Amazonie. La force de ce qui unit tous les chrétiens a une valeur immense. Parfois, nous prêtons beaucoup plus d’attention à ce qui nous divise et nous n’apprécions ni ne valorisons ce qui nous unit. Et ce qui nous unit c’est ce qui nous permet de vivre dans le monde sans que l’immanence terrestre, le vide spirituel, l’égocentrisme confortable, l’individualisme de consommation et d’autodestruction nous dévorent.

109. Nous tous, chrétiens, nous sommes unis dans la foi en Dieu le Père qui nous donne la vie et qui nous aime tant. Nous sommes unis dans la foi en Jésus-Christ, l’unique Rédempteur qui nous a libérés par son Sang béni et par sa Résurrection glorieuse. Nous sommes unis dans le désir de sa Parole qui guide nos pas. Nous sommes unis dans le feu de l’Esprit qui nous pousse à la mission. Nous sommes unis dans le commandement nouveau que Jésus nous a laissé, la recherche d’une civilisation de l’amour, la passion pour le Royaume que le Seigneur nous appelle à construire avec lui. Nous sommes unis dans la lutte pour la paix et la justice. Nous sommes unis dans la conviction que tout ne s’achève pas dans cette vie, mais nous sommes appelés à la fête céleste où Dieu sèchera toutes les larmes et reconnaîtra ce que nous avons fait pour ceux qui souffrent.

110. Nous sommes unis par tout cela. Comment ne pas lutter ensemble? Comment ne pas prier ensemble et travailler côte à côte pour défendre les pauvres de l’Amazonie, pour montrer la sainte face du Seigneur et pour prendre soin de sa création?

CONCLUSION

LA MÈRE DE L’AMAZONIE

111. Après avoir partagé quelques rêves, j’encourage chacun à s’engager sur des chemins concrets qui permettront de transformer la réalité de l’Amazonie et de la libérer des maux qui l’affectent. À présent, levons les yeux vers Marie. La Mère que le Christ nous a laissée est l’unique Mère de tous, mais se manifeste en Amazonie de différentes manières. Nous savons que «les autochtones rencontrent vitalement Jésus-Christ par différentes voies; mais la voie mariale a le plus contribué à cette rencontre».[145] Devant la merveille de l’Amazonie que nous avons découverte de mieux en mieux dans la préparation et le déroulement du Synode, je crois qu’il est préférable de conclure cette Exhortation en nous adressant à elle:

Mère de la vie,
dans ton sein maternel s’est formé Jésus,
qui est le Seigneur de tout ce qui existe.
Ressuscité, il t’a transformée par sa lumière
et t’a faite reine de toute la création.
C’est pourquoi nous te demandons de régner, Marie,
dans le cœur palpitant de l’Amazonie.

Montre-toi comme mère de toutes les créatures,
dans la beauté des fleurs, des rivières,
du grand fleuve qui la traverse
et de tout ce qui vibre dans ses forêts.

Prends soin avec tendresse de cette explosion de splendeur.
Demande à Jésus de répandre son amour
sur les hommes et les femmes qui y vivent,
pour qu’ils sachent l’admirer et prendre soin d’elle.

Fais naître ton Fils dans leurs cœurs
pour qu’il resplendisse en Amazonie,
dans ses peuples et ses cultures,
par la lumière de sa Parole, par le réconfort de son amour,
par son message de fraternité et de justice.

Que dans chaque Eucharistie
s’élève aussi une telle merveille
pour la gloire du Père.

Mère, regarde les pauvres de l’Amazonie,
parce que leur maison est en cours de destruction
pour des intérêts mesquins.
Que de douleur et que de misère,
que d’abandon et que de violations
en cette terre bénie,
débordante de vie!

Touche la sensibilité des puissants
parce que, même si nous sentons qu’il est tard,
tu nous appelles à sauver
ce qui vit encore.

Mère au cœur transpercé,
toi qui souffres dans tes enfants abusés
et dans la nature blessée,
règne toi-même en Amazonie
avec ton Fils.
Règne pour que personne ne se sente plus jamais maître
de l’œuvre de Dieu.

Nous nous confions à toi, Mère de la vie,
ne nous abandonne pas
en cette heure sombre.
Amen.

Donné à Rome, près de Saint Jean du Latran, le 2 février, fête de la Présentation du Seigneur de l’année 2020, la septième de mon Pontificat.

FRANÇOIS

_______________________________________

[1] Lett. enc. Laudato sì’ (24 mai 2015), n. 49, AAS 107 (2015), p. 866.

[2] Instrumentum laboris, n. 45.

[3] Ana Varela Tafur, « Timareo » in Lo que no veo en visiones, Lima (1992).

[4] Jorge Vega Márquez, « Amazonia solitária », in Posesía obrera, Cobija-Pando – Bolivie (2009), p. 39.

[5] Red Eclesial Panamzónica (REPAM), Brésil, Synthèse de l’apport au Synode, n. 120: cf.Instrumentum laboris, n. 45.

[6] Discours durant la rencontre avec les jeunes, San Paolo - Brésil (10 mai 2007), n. 2: Insegnamenti 3, 1 (2007), p. 808.

[7] Cf. Alberto C. Araújo, « Imaginario amazónico », in Amazonia real : amazoniareal.com.br, (29 janvier 2014).

[8] S. Paul VI, Lett. enc. Populorum progressio (26 mars 1967), n. 57 : AAS 59 (1967), p.285.

[9] S. Jean Paul II, Discours à l’Académie Pontificale des Sciences Sociales (27 avril 2001), n. 4 : AAS 93 (2001), p. 600.

[10] Cf. Instrumentum laboris, n. 41.

[11] Vème Conférence Générale de l’Episcopat Latino-Américain et des Caraïbes, Document d’Aparecida (29 juin 2007), n. 473.

[12] Ramón Iribertegui, Amazonas: El hombre y el caucho, Vicariat Apostolique de Puerto Ayacucho - Venezuela, Monografia, n. 4, Caracas (1987), p. 307ss.

[13] Cf. Amarílis Tupiassú, «Amazônia, das travessias lusitanas à literatura de até agora», in Estudos Avançados, vol. 19, n. 53, San Paolo - Brésil (janvier/avril 2005) : «En effet, après la fin de la première colonisation, l’Amazonie a continué son parcours comme région sujette à une avidité séculaire, maintenant sous de nouveaux paramètres rhétoriques […] de la part des agents "civilisateurs" qui n’ont pas besoin de personnification pour générer et multiplier les nouveaux visages de la vieille extermination, maintenant à travers une mort lente».

[14] Evêques de l’Amazonie du Brésil, Lettre au peuple de Dieu, Santarem - Brésil (6 juillet 2012).

[15] S. Jean-Paul II, Message pour la Journée Mondiale de la Paix 1998, n. 3 : AAS 90 (1998),p. 150.

[16] IIIème Conférence Générale de l’Episcopat Latino-Américain et des Caraïbes, Document de Puebla (23 mars 1979), n. 6.

[17] Instrumentum laboris, n. 6. Le Pape Paul III, avec le Bref Véritas ipsa (2juin1537), a condamné les thèses racistes, reconnaissant aux Indiens, chrétiens ou non, la dignité de la personne humaine; il leur reconnut le droit à leurs biens et interdit qu’ils soient réduits en esclavage. Il affirmait: « Étant des hommes comme les autres, […] ils ne peuvent absolument pas être privés de leur liberté ni de la possession de leurs biens, pas plus que ceux qui sont en dehors de la foi en Jésus-Christ ». Ce magistère a été réaffirmé par les papes Gregoire XIV, Bulle Cum sicuti (28avril1591); Urbain VIII, Bulle Commissum nobis (22avril1639); Benoît XIV, Bulle Immensa pastorum principis, adressée aux évêques du Brésil (20décembre1741); Gregoire XVI, Bref In supremo (3décembre1839); Léon XIII, Lettre aux Évêques du Brésil sur l’esclavage (5mai1888); S. Jean-Paul II, Message aux indigènes du Continent américain, Saint Domingue (12 octobre 1992), n.2: Insegnamenti, 15, 2 (1992), pp. 341-347.

[18] Frederico Benício de Souza Costa, Lettre pastorale (1909), éd. Imprenta del gobierno de estado de Amazonas, Manaos (1994), p. 83.

[19] Instrumentum laboris, n. 7.

[20] Discours à l’occasion de la IIème Rencontre Mondiale des Mouvements Populaires, Santa Cruz de la Sierra - Bolivie (9 juillet 2015) : L’Osservatore Romano, éd. en langue française, 16 juillet 2015, p. 16.

[21] Discours lors de la Rencontre avec les peuples de l’Amazonie, Puerto Maldonado – Pérou (19 janvier 2018): L’Osservatore Romano, éd. en langue française, 25 janvier 2018, p. 10.

[22] Instrumentum laboris, n. 24.

[23] Yana Lucila Lema, Tamyahuan Shamakupani (Con la lluvia estoy viviendo), 1, in http://siwarmayu.com/es/yana-lucila-lema-6-poemas-de-tamyawan-shamukupani-con-la-lluvia-estoy-viviendo/.

[24] Conférence Episcopale Equatorienne, Cuidemos nuestro planeta, (20 avril 2012), n.3.

[25] N. 142 : AAS 107 (2015), pp. 904-905.

[26] N. 82.

[27] Ibid., n. 83.

[28] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 239 : AAS 105 (2013), p. 1116.

[29] Ibid., n. 218 : AAS 105 (2013), p. 1110.

[30] Ibid.

[31] Cf. Instrumentum laboris, n. 57.

[32] Cf. Evaristo Eduardo de Miranda, Quando o Amazonas corria para o Pacífico, Petrópolis (2007), pp. 83-93.

[33] Juan Carlos Galeano, «Paisajes», in Amazonia y otros poemas, éd. Universidad Externado de Colombia, Bogota (2011), p. 31.

[34] Javier Yglesias, «Llamado», in Revista peruana de literatura, n. 6 (juin 2007), p. 31.

[35] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 144 : AAS 107 (2015), p. 905.

[36] Exhort. ap. postsyn. Christus vivit (25 mars 2019), n. 186.

[37] Ibid., n. 200.

[38] Vidéo message pour la Rencontre Mondiale des Jeunes Indigènes, Soloy - Panama (18janvier 2019).

[39] Mario Vargas Llosa, Prologue de El Hablador, Madrid (8 octobre 2007).

[40] Exhort. ap. postsyn. Christus vivit (25 mars 2019), n. 195.

[41] S. Jean-Paul II, Lett. enc. Centesimus annus (1er mai 1991), n. 50 : AAS 83 (1991), p.856.

[42] Vème Conférence Générale de l’Episcopat Latino-Américain et des Caraïbes, Document d’Aparecida (29 juin 2007), n. 97.

[43] Discours lors de la rencontre avec le Peuples de l’Amazonie, Puerto Maldonado - Pérou (19 janvier 2018).

[44] Instrumentum laboris, n. 123 e.

[45] Lett. enc. Laudato sì’ (24 mai 2015), n. 144 : AAS 107 (2015), p. 906.

[46] Cf. Benoît XVI, Lett. enc. Caritas in veritate (29 juin 2009), n. 51: AAS 101 (2009), p.687: «À notre époque en particulier, la nature est tellement intégrée dans les dynamiques sociales et culturelles qu’elle ne constitue presque plus une donnée indépendante. La désertification et la baisse de la productivité de certaines régions agricoles sont aussi le fruit de l’appauvrissement et du retard des populations qui y habitent ».

[47] Message pour la Journée Mondiale de la Paix 2007, n. 8; Insegnamenti, 2, 2 (2006), p. 776.

[48] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), nn. 16 ; 91 ; 117 ; 138 ; 240 : AAS 107 (2015), pp. 854 ; 884 ; 894 ; 903 ; 941.

[49] Document Bolivia: informe país, Consulta pre-sinodal (2019), n. 36; cf. Instrumentum laboris, n.23.

[50] Instrumentum laboris, n. 26.

[51] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 146 : AAS 107 (2015), p. 906.

[52] Documento con aportes al Sínodo de la Diócesis de San José del Guaviare y de l’Arquidiócesis de Villavicencio y Granada ; cf. Instrumentum laboris, n. 17.

[53] Euclides da Cunha, Los Sertones (Os Sertões) Buenos Aires (1946), pp. 65-66 : Trad. Française, Hautes Terres, La guerre de Canudos, ed. Métaillé, Paris (2012), p. 107.

[54] Pablo Neruda, «Amazonas», in Canto General (1938), I, IV ; Trad. française, Chant général, Gallimard, Paris (1977), p. 23.

[55] REPAM, Doc. Eje de Fronteras. Préparation pour le Synode de l’Amazonie, Tabatinga – Brésil (13 février 2019), p. 3; cf. Instrumentum laboris, n. 8.

[56] Amadeu Thiago de Mello, Amazonas, patria de agua.

[57] Vinicius de Moraes, Para vivir un gran amor, Buenos Aires (2013), p. 166.

[58] Juan Carlos Galean, «Los que creyeron», in Amazonia y otros poemas, ed. Universidad Externado de Colombia, Bogota (2011), p. 44.

[59] Harald Sioli, A Amazônia, Petropolis (1985), p. 60.

[60] S. Jean-Paul II, Discours aux participants au Congrès Internationale sur “Environnement et Santé” (24 mars 1997), n. 2: Insegnamenti 20, 1 (1997), p. 521.

[61] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 34 : AAS 107 (2015), p. 860.

[62] Cf. Ibid., nn. 28-31: AAS 107 (2015), pp. 858-859.

[63] Ibid., n. 38: AAS 107 (2015), p. 862.

[64] Cf. Vème Conférence Générale des Episcopats Latino-américains et des Caraïbes, Document d’Aparecida (29 juin 2017), n. 86.

[65] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 38 : AAS 107 (2015), p. 862.

[66] Cf. Ibid., nn. 144 ; 187: AAS 107 (2015), pp. 905-906; 921.

[67] Cf. Ibid., n. 183: AAS 107 (2015), p. 920.

[68] Ibid., n. 53: AAS 107 (2015), p. 868.

[69] Cf. Ibid., n. 49: AAS 107 (2015), p. 866.

[70] Document préparatoire à l’Assemblée spéciale du Synode des Evêques pour la Région Panamazonienne, n. 8.

[71] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 56 : AAS 107 (2015), p. 869.

[72] Ibid., n. 59: AAS 107 (2015), p. 870.

[73] Ibid., n. 33: AAS 107 (2015), p. 860.

[74] Ibid., n. 220: AAS 107 (2015), p. 934.

[75] Ibid., n. 215: AAS 107 (2015), p. 932.

[76] Sui Yun, Cantos para el mendigo y el rey, Wiesbaden (2000).

[77] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 100 : AAS 107 (2015), p. 887.

[78] Ibid., n. 204: AAS 107 (2015), p. 928.

[79] Cf. Documents de Santarem (1972) et de Manaos (1997): in Conférence Nationale des Evêques du Brésil, Desafio missionário. Documentos da Igreja na Amazônia, Brasilia (2014), pp. 9-28 ; 67-84.

[80] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 220: AAS 105 (2013), p. 1110.

[81] Ibid., n. 164: AAS 105 (2013), pp. 1088-1089.

[82] Ibid., n. 165: AAS 105 (2013), p. 1089.

[83] Ibid., n. 161: AAS 105 (2013), p. 1087.

[84] Ainsi le présente le Concile Vatican II au n. 44 de la Constitution Gaudium et spes lorsqu’il dit: «Dès les débuts de son histoire, [l’Église] a appris à exprimer le message du Christ en se servant des concepts et des langues des divers peuples et, de plus, elle s’est efforcée de le mettre en valeur par la sagesse des philosophes : ceci afin d’adapter l’Évangile, dans les limites convenables, et à la compréhension de tous et aux exigences des sages. À vrai dire, cette manière appropriée de proclamer la parole révélée doit demeurer la loi de toute évangélisation. C’est de cette façon, en effet, que l’on peut susciter en toute nation la possibilité d’exprimer le message chrétien selon le mode qui lui convient, et que l’on promeut en même temps un échange vivant entre l’Église et les diverses cultures».

[85] Lettre au Peuple de Dieu en marche en Allemagne (29 juin 2019), n. 9.

[86] Cf. S. Vincent de Lérins, Commonitorium primum, chap. 23: PL 50, p.668: «Ut annis scilicet consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate ».

[87] Lettre au Peuple de Dieu en marche en Allemagne (29 juin 2019), n. 9: cf. l’expression attribuée à Gustav Mahler: «La tradition est la garantie de l’avenir et non la conservation des cendres».

[88] Discours aux professeurs d’université et aux hommes de culture, Coimbra (15 mai 1982), n. 5: Insegnamenti 5, 2 (1982), pp. 1702-1703.

[89] Message aux indigènes du Continent américain, Saint Domingue (12 octobre 1992), n.6: Insegnamenti, 15, 2 (1992), p. 346; cf. Discours aux participants au Congrès national du Mouvement Ecclesial de l’engagement Culturel (16 janvier 1982), n.2: Insegnamenti, 5, 1 (1982), p. 131.

[90] Exhort. ap. postsyn. Vita consacrata (25 mars 1996), n. 98 : AAS 88 (1996), pp. 474-475.

[91] N. 115 : AAS 105 (2013), p. 1068.

[92] Ibid., n. 116: AAS 105 (2013), p. 1068.

[93] Ibid.

[94] Ibid., n. 129: AAS 105 (2013), p. 1074.

[95] Ibid., n. 116: AAS 105 (2013), p. 1068.

[96] Ibid., n. 117: AAS 105 (2013), p. 1069.

[97] Ibid.

[98] S. Jean-Paul II, Discours à l’Assemblée plénière du Conseil Pontifical pour la Culture (17 janvier 1987), n. 5: Insegnamenti 10, 1 (1987), p. 125.

[99] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 129 : AAS 105 (2013), p. 1074.

[100] IVème Conférence générale de l’Episcopat latino-américain et des Caraïbes, Document de Saint Domingue, (12-28 octobre 1992), n. 17.

[101] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 198: AAS 105 (2013), p. 1103.

[102] Cf. Vittorio Messori - Joseph Ratzinger, Informe sobrae la fe, ed. BAC, Madrid (2015), pp. 209-210.

[103] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 198: AAS 105 (2013), p. 1103.

[104] Pedro Casaldáliga, «Carta de navegar (Por el Tocantins amazónico)», in El tiempo y la espera, Santander (1986).

[105] Saint Thomas d’Aquin l’explique de cette manière: «La triple manière dont Dieu est dans les choses: l’une est commune, par essence, présence et puissance; une autre par la grâce dans ses saints, la troisième, singulière dans le Christ, par l’union» (Ad Colossenses, c. II, I. 2).

[106] Lettre enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 235: AAS 107 (2015), p. 939.

[107] IIIème Conférence générale de l’Episcopat latino-américain et des Caraïbes, Document de Puebla (23 mars 1979), n. 196.

[108] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 178: AAS 105 (2013), p. 1094.

[109] Conc. Œcum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium sur l’Église, n. 11; cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 mars 2018), nn. 10-11.

[110] Vicariats Apostoliques de l’Amazonie Péruvienne, «Deuxième assemblée épiscopale régionale de la forêt», San Ramón – Pérou (5 octobre 1973), in Éxodo de la Iglesia en la Amazonia. Documentos pastorales de la Iglesia en la Amazonia peruana, Iquitos (1976), p. 121.

[111] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 123: AAS 105 (2013), p. 1071.

[112] Cf. Exhort. ap. Gaudete et exsultate (19 mars 2018), nn. 126-127.

[113] Ibid., n. 32.

[114] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 235: AAS 107 (2015), p. 939.

[115] Ibid.

[116] Ibid., n. 236: AAS 107 (2015), p. 940.

[117] Ibid.

[118] Ibid., n. 235: AAS 107 (2015), p. 939.

[119] Cf. Conc. Œcum. Vat. II, Const. Sacrosanctum Concilium, sur la Liturgie sacrée, nn.37-40 ; 65; 77; 81.

[120] Dans le Synode a germé la proposition d’élaborer un “rite amazonien”.

[121] Lett. enc. Laudato si’ (24 mai 2015), n. 237: AAS 107 (2015), p. 940.

[122] Exhort. ap. postsyn. Amoris laetitia (19 mars 2016), n. 49: AAS 108 (2016), p. 331; cf. Ibid. n. 305: AAS 108 (2016), pp. 436-437.

[123] Cf. Ibid., nn. 296 ; 308: AAS 108 (2016), pp. 430-431 ; 438.

[124] Vème Conférence Générale de l’Episcopat Latino-Américain et des Caraïbes, Document d’Aparecida (29 juin 2007), n. 100, e.

[125] Cf. Congrégation pour la Doctrine de la Foi, Lettre Sacerdotium ministeriale aux évêques de l’Église Catholique sur quelques questions concernant le ministre de l’Eucharistie (6 août 1983): AAS 75 (1983) pp. 1001-1009.

[126] Lett. ap. Mulieris dignitatem (15 août 1988), n. 27: AAS 80 (1988), p. 1718.

[127] S. Thomas d’Aquin, Summa Theologiae, III, q. 8, a. 1, rép.

[128] Cf. Conc. Œcum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis sur le ministère et la vie des prêtres, n. 5; S. Jean-Paul II, Lett. enc. Ecclesia de Eucharistia (17 avril 2003), n. 22: AAS 95 (2003), p. 448.

[129] Il appartient aussi exclusivement au prêtre d’administrer l’Onction des malades, qui demeure intimement liée au pardon des péchés: «S’il a commis des péchés, ils lui seront remis» (Jc 5, 15).

[130] Catéchisme de l’Église Catholique, n. 1396; S. Jean-Paul II, Lett. enc. Ecclesia de Eucharistia (17 avril 2003), n. 26: AAS 95 (2003), p. 451; cf. Henri de Lubac, Méditations sur l’Église, Paris (1968), p. 101.

[131] Conc. Œcum. Vat. II, Decr. Presbyterorum ordinis, sur le ministère et la vie des prêtres, n. 6.

[132] J’attire l’attention sur le fait que, dans certains pays du bassin amazonien, il y a plus de missionnaires pour l’Europe ou pour les Etats Unis que pour aider leurs propres Vicariats de l’Amazonie.

[133] Dans le Synode, on a également parlé du manque de séminaires pour la formation sacerdotale des personnes indigènes.

[134] Cf. Conc. Œcum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium sur l’Église, n. 3.

[135] S. Paul VI, Homélie en la Solennité du Corpus Christi, (17 juin 1965): Insegnamenti3 (1965), p. 358.

[136] Il est possible, qu’à cause du manque de prêtres, l’Evêque confie «une participation à l’exercice de la charge pastorale d’une paroisse à un diacre ou à une autre personne non revêtue du caractère sacerdotal, ou encore à une communauté de personnes» (Code de Droit Canonique, can. 517 § 2).

[137] Vème Conférence Générale de l’Episcopat Latino-Américain et des Caraïbes, Document d’Aparecida (29 juin 2007), n. 178.

[138] Ibid., n. 475.

[139] Instrumentum laboris, n. 65.

[140] Ibid., n. 63.

[141] Ibid., n. 129 d, 2.

[142] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 novembre 2013), n. 228: AAS 105 (2013), p. 1113.

[143] Ibid., n. 226: AAS 105 (2013), p. 1112.

[144] Conc. Œcum. Vat. II, Dec. Nostra aetate sur les relations de l’Église avec les religions non chrétiennes, n. 2.

[145] Celam, IIIème Symposium latino-américain sur la Théologie indienne, Guatemala (23-27 octobre 2006).

Traduzione in lingua inglese

POST-SYNODAL APOSTOLIC EXHORTATION

QUERIDA AMAZONIA


OF THE HOLY FATHER FRANCIS

TO THE PEOPLE OF GOD
AND TO ALL PERSONS OF GOOD WILL

1. The beloved Amazon region stands before the world in all its splendour, its drama and its mystery. God granted us the grace of focusing on that region during the Synod held in Rome from 6-27 October last, which concluded by issuing its Final Document, The Amazon: New Paths for the Church and for an Integral Ecology.

The significance of this Exhortation

2. During the Synod, I listened to the presentations and read with interest the reports of the discussion groups. In this Exhortation, I wish to offer my own response to this process of dialogue and discernment. I will not go into all of the issues treated at length in the final document. Nor do I claim to replace that text or to duplicate it. I wish merely to propose a brief framework for reflection that can apply concretely to the life of the Amazon region a synthesis of some of the larger concerns that I have expressed in earlier documents, and that can help guide us to a harmonious, creative and fruitful reception of the entire synodal process.

3. At the same time, I would like to officially present the Final Document, which sets forth the conclusions of the Synod, which profited from the participation of many people who know better than myself or the Roman Curia the problems and issues of the Amazon region, since they live there, they experience its suffering and they love it passionately. I have preferred not to cite the Final Document in this Exhortation, because I would encourage everyone to read it in full.

4. May God grant that the entire Church be enriched and challenged by the work of the synodal assembly. May the pastors, consecrated men and women and lay faithful of the Amazon region strive to apply it, and may it inspire in some way every person of good will.

Dreams for the Amazon region

5. The Amazon region is a multinational and interconnected whole, a great biome shared by nine countries: Brazil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Guyana, Peru, Surinam, Venezuela and the territory of French Guiana. Yet I am addressing the present Exhortation to the whole world. I am doing so to help awaken their affection and concern for that land which is also “ours”, and to invite them to value it and acknowledge it as a sacred mystery. But also because the Church’s concern for the problems of this area obliges us to discuss, however briefly, a number of other important issues that can assist other areas of our world in confronting their own challenges.

6. Everything that the Church has to offer must become incarnate in a distinctive way in each part of the world, so that the Bride of Christ can take on a variety of faces that better manifest the inexhaustible riches of God’s grace. Preaching must become incarnate, spirituality must become incarnate, ecclesial structures must become incarnate. For this reason, I humbly propose in this brief Exhortation to speak of four great dreams that the Amazon region inspires in me.

7. I dream of an Amazon region that fights for the rights of the poor, the original peoples and the least of our brothers and sisters, where their voices can be heard and their dignity advanced.

I dream of an Amazon region that can preserve its distinctive cultural riches, where the beauty of our humanity shines forth in so many varied ways.

I dream of an Amazon region that can jealously preserve its overwhelming natural beauty and the superabundant life teeming in its rivers and forests.

I dream of Christian communities capable of generous commitment, incarnate in the Amazon region, and giving the Church new faces with Amazonian features.

CHAPTER ONE

A SOCIAL DREAM

8. Our dream is that of an Amazon region that can integrate and promote all its inhabitants, enabling them to enjoy “good living”. But this calls for a prophetic plea and an arduous effort on behalf of the poor. For though it is true that the Amazon region is facing an ecological disaster, it also has to be made clear that “a true ecological approach always becomes a social approach; it must integrate questions of justice in debates on the environment, so as to hear both the cry of the earth and the cry of the poor”.[1] We do not need an environmentalism “that is concerned for the biome but ignores the Amazonian peoples”.[2]

Injustice and crime

9. The colonizing interests that have continued to expand – legally and illegally – the timber and mining industries, and have expelled or marginalized the indigenous peoples, the river people and those of African descent, are provoking a cry that rises up to heaven:

“Many are the trees
where torture dwelt,
and vast are the forests
purchased with a thousand deaths”.
[3]

“The timber merchants have members of parliament,
while our Amazonia has no one to defend her…
They exiled the parrots and the monkeys…
the chestnut harvests will never be the same”.
[4]

10. This encouraged the more recent migrations of the indigenous peoples to the outskirts of the cities. There they find no real freedom from their troubles, but rather the worst forms of enslavement, subjection and poverty. Those cities, marked by great inequality, where the majority of the population of the Amazon region now live, are witnessing an increase of xenophobia, sexual exploitation and human trafficking. The cry of the Amazon region does not rise up from the depths of the forests alone, but from the streets of its cities as well.

11. There is no need for me to repeat here the ample diagnoses presented before and during the Synod. Yet let us at least listen to one of the voices that was heard: “We are being affected by the timber merchants, ranchers and other third parties. Threatened by economic actors who import a model alien to our territories. The timber industries enter the territory in order to exploit the forest, whereas we protect the forest for the sake of our children, for there we have meat, fish, medicinal plants, fruit trees… The construction of hydroelectric plants and the project of waterways has an impact on the river and on the land… We are a region of stolen territories”.[5]

12. My predecessor Benedict XVI condemned “the devastation of the environment and the Amazon basin, and the threats against the human dignity of the peoples living in that region”.[6] I would add that many of these tragic situations were related to a false “mystique of the Amazon”. It is well known that, ever since the final decades of the last century, the Amazon region has been presented as an enormous empty space to be filled, a source of raw resources to be developed, a wild expanse to be domesticated. None of this recognizes the rights of the original peoples; it simply ignores them as if they did not exist, or acts as if the lands on which they live do not belong to them. Even in the education of children and young people, the indigenous were viewed as intruders or usurpers. Their lives, their concerns, their ways of struggling to survive were of no interest. They were considered more an obstacle needing to be eliminated than as human beings with the same dignity as others and possessed of their own acquired rights.

13. Certain slogans contributed to this mistaken notion, including the slogan “Don’t give it away!”,[7] as if this sort of takeover could only come from other countries, whereas in fact local powers, using the excuse of development, were also party to agreements aimed at razing the forest – together with the life forms that it shelters – with impunity and indiscriminately. The original peoples often witnessed helplessly the destruction of the natural surroundings that enabled them to be nourished and kept healthy, to survive and to preserve a way of life in a culture which gave them identity and meaning. The imbalance of power is enormous; the weak have no means of defending themselves, while the winners take it all, and “the needy nations grow more destitute, while the rich nations become even richer”.[8]

14. The businesses, national or international, which harm the Amazon and fail to respect the right of the original peoples to the land and its boundaries, and to self-determination and prior consent, should be called for what they are: injustice and crime. When certain businesses out for quick profit appropriate lands and end up privatizing even potable water, or when local authorities give free access to the timber companies, mining or oil projects, and other businesses that raze the forests and pollute the environment, economic relationships are unduly altered and become an instrument of death. They frequently resort to utterly unethical means such as penalizing protests and even taking the lives of indigenous peoples who oppose projects, intentionally setting forest fires, and suborning politicians and the indigenous people themselves. All this accompanied by grave violations of human rights and new forms of slavery affecting women in particular, the scourge of drug trafficking used as a way of subjecting the indigenous peoples, or human trafficking that exploits those expelled from their cultural context. We cannot allow globalization to become “a new version of colonialism”.[9]

To feel outrage and to beg forgiveness

15. We need to feel outrage,[10] as Moses did (cf. Ex 11:8), as Jesus did (cf. Mk 3:5), as God does in the face of injustice (cf. Am 2:4-8; 5:7-12; Ps 106:40). It is not good for us to become inured to evil; it is not good when our social consciousness is dulled before “an exploitation that is leaving destruction and even death throughout our region… jeopardizing the lives of millions of people and especially the habitat of peasants and indigenous peoples”.[11] The incidents of injustice and cruelty that took place in the Amazon region even in the last century ought to provoke profound abhorrence, but they should also make us more sensitive to the need to acknowledge current forms of human exploitation, abuse and killing. With regard to the shameful past, let us listen, for example, to an account of the sufferings of the indigenous people during the “rubber age” in the Venezuelan Amazon region: “They gave no money to the indigenous people, but only merchandise, for which they charged dearly and the people never finished paying for it… They would pay for it but they were told, “You are racking up a debt” and the indigenous person would have to go back to work… More than twenty ye’kuana towns were entirely razed to the ground. The ye’kuana women were raped and their breasts amputated, pregnant women had their children torn from the womb, men had their fingers or hands cut off so they could not sail… along with other scenes of the most absurd sadism”.[12]

16. Such a history of suffering and contempt does not heal easily. Nor has colonization ended; in many places, it has been changed, disguised and concealed,[13] while losing none of its contempt for the life of the poor and the fragility of the environment. As the bishops of the Brazilian Amazon have noted, “the history of the Amazon region shows that it was always a minority that profited from the poverty of the majority and from the unscrupulous plundering of the region’s natural riches, God’s gift to the peoples who have lived there for millennia and to the immigrants who arrived in centuries past”.[14]

17. Yet even as we feel this healthy sense of indignation, we are reminded that it is possible to overcome the various colonizing mentalities and to build networks of solidarity and development. “The challenge, in short, is to ensure a globalization in solidarity, a globalization without marginalization”.[15] Alternatives can be sought for sustainable herding and agriculture, sources of energy that do not pollute, dignified means of employment that do not entail the destruction of the natural environment and of cultures. At the same time, the indigenous peoples and the poor need to be given an education suited to developing their abilities and empowering them. These are the goals to which the genuine talent and shrewdness of political leaders should be directed. Not as a way of restoring to the dead the life taken from them, or even of compensating the survivors of that carnage, but at least today to be authentically human.

18. It is encouraging to remember that amid the grave excesses of the colonization of the Amazon region, so full of “contradictions and suffering”,[16] many missionaries came to bring the Gospel, leaving their homes and leading an austere and demanding life alongside those who were most defenceless. We know that not all of them were exemplary, yet the work of those who remained faithful to the Gospel also inspired “a legislation like the Laws of the Indies, which defended the dignity of the indigenous peoples from violence against their peoples and territories”.[17] Since it was often the priests who protected the indigenous peoples from their plunderers and abusers, the missionaries recounted that “they begged insistently that we not abandon them and they extorted from us the promise that we would return”.[18]

19. Today the Church can be no less committed. She is called to hear the plea of the Amazonian peoples and “to exercise with transparency her prophetic mission”.[19] At the same time, since we cannot deny that the wheat was mixed with the tares, and that the missionaries did not always take the side of the oppressed, I express my shame and once more “I humbly ask forgiveness, not only for the offenses of the Church herself, but for the crimes committed against the native peoples during the so-called conquest of America”[20] as well as for the terrible crimes that followed throughout the history of the Amazon region. I thank the members of the original peoples and I repeat: “Your lives cry out… You are living memory of the mission that God has entrusted to us all: the protection of our common home”.[21]

A sense of community

20. Efforts to build a just society require a capacity for fraternity, a spirit of human fellowship. Hence, without diminishing the importance of personal freedom, it is clear that the original peoples of the Amazon region have a strong sense of community. It permeates “their work, their rest, their relationships, their rites and celebrations. Everything is shared; private areas – typical of modernity – are minimal. Life is a communal journey where tasks and responsibilities are apportioned and shared on the basis of the common good. There is no room for the notion of an individual detached from the community or from the land”.[22] Their relationships are steeped in the surrounding nature, which they feel and think of as a reality that integrates society and culture, and a prolongation of their bodies, personal, familial and communal:

“The morning star draws near,
the wings of the hummingbirds flutter;
my heart pounds louder than the cascade:
with your lips I will water the land
as the breeze softly blows among us”
.[23]

21. All this makes even more unsettling the sense of bewilderment and uprootedness felt by those indigenous people who feel forced to migrate to the cities, as they attempt to preserve their dignity amid more individualistic urban habitats and a hostile environment. How do we heal all these hurts, how do we bring serenity and meaning to these uprooted lives? Given situations like these, we ought to appreciate and accompany the efforts made by many of those groups to preserve their values and way of life, and to integrate in new situations without losing them, but instead offering them as their own contribution to the common good.

22. Christ redeemed the whole person, and he wishes to restore in each of us the capacity to enter into relationship with others. The Gospel proposes the divine charity welling up in the heart of Christ and generating a pursuit of justice that is at once a hymn of fraternity and of solidarity, an impetus to the culture of encounter. The wisdom of the way of life of the original peoples – for all its limitations – encourages us to deepen this desire. In view of this, the bishops of Ecuador have appealed for “a new social and cultural system which privileges fraternal relations within a framework of acknowledgment and esteem for the different cultures and ecosystems, one capable of opposing every form of discrimination and oppression between human beings”.[24]

Broken institutions

23. In the Encyclical Laudato Si’, I noted that “if everything is related, then the health of the society’s institutions has consequences for the environment and the quality of human life… Within each social stratum, and between them, institutions develop to regulate human relationships. Anything which weakens those institutions has negative consequences, such as injustice, violence and loss of freedom. A number of countries have a relatively low level of institutional effectiveness, which results in greater problems for their people”.[25]

24. Where do the institutions of civil society in the Amazon region stand? The Synod’s Instrumentum Laboris, which synthesizes contributions made by numerous individuals and groups from the Amazon region, speaks of “a culture that poisons the state and its institutions, permeating all social strata, including the indigenous communities. We are talking about a true moral scourge; as a result, there is a loss of confidence in institutions and their representatives, which totally discredits politics and social organizations. The Amazonian peoples are not immune to corruption, and they end up being its principal victims”.[26]

25. Nor can we exclude the possibility that members of the Church have been part of networks of corruption, at times to the point of agreeing to keep silent in exchange for economic assistance for ecclesial works. Precisely for this reason, proposals were made at the Synod to insist that “special attention be paid to the provenance of donations or other kinds of benefits, as well as to investments made by ecclesiastical institutions or individual Christians”.[27]

Social dialogue

26. The Amazon region ought to be a place of social dialogue, especially between the various original peoples, for the sake of developing forms of fellowship and joint struggle. The rest of us are called to participate as “guests” and to seek out with great respect paths of encounter that can enrich the Amazon region. If we wish to dialogue, we should do this in the first place with the poor. They are not just another party to be won over, or merely another individual seated at a table of equals. They are our principal dialogue partners, those from whom we have the most to learn, to whom we need to listen out of a duty of justice, and from whom we must ask permission before presenting our proposals. Their words, their hopes and their fears should be the most authoritative voice at any table of dialogue on the Amazon region. And the great question is: “What is their idea of ‘good living’ for themselves and for those who will come after them?”

27. Dialogue must not only favour the preferential option on behalf of the poor, the marginalized and the excluded, but also respect them as having a leading role to play. Others must be acknowledged and esteemed precisely as others, each with his or her own feelings, choices and ways of living and working. Otherwise, the result would be, once again, “a plan drawn up by the few for the few”,[28] if not “a consensus on paper or a transient peace for a contented minority”.[29] Should this be the case, “a prophetic voice must be raised”,[30] and we as Christians are called to make it heard.

This gives rise to the following dream.

CHAPTER TWO

A CULTURAL DREAM

28. The important thing is to promote the Amazon region, but this does not imply colonizing it culturally but instead helping it to bring out the best of itself. That is in fact what education is meant to do: to cultivate without uprooting, to foster growth without weakening identity, to be supportive without being invasive. Just as there are potentialities in nature that could be lost forever, something similar could happen with cultures that have a message yet to be heard, but are now more than ever under threat.

The Amazonian polyhedron

29. The Amazon region is host to many peoples and nationalities, and over 110 indigenous peoples in voluntary isolation (IPVI).[31] Their situation is very tenuous and many feel that they are the last bearers of a treasure doomed to disappear, allowed to survive only if they make no trouble, while the postmodern colonization advances. They should not be viewed as “uncivilized” savages. They are simply heirs to different cultures and other forms of civilization that in earlier times were quite developed.[32]

30. Prior to the colonial period, the population was concentrated on the shores of the rivers and lakes, but the advance of colonization drove the older inhabitants into the interior of the forest. Today, growing desertification once more drives many of them into the outskirts and sidewalks of the cities, at times in dire poverty but also in an inner fragmentation due to the loss of the values that had previously sustained them. There they usually lack the points of reference and the cultural roots that provided them with an identity and a sense of dignity, and they swell the ranks of the outcast. This disrupts the cultural transmission of a wisdom that had been passed down for centuries from generation to generation. Cities, which should be places of encounter, of mutual enrichment and of exchange between different cultures, become a tragic scenario of discarded lives.

31. Each of the peoples that has survived in the Amazon region possesses its own cultural identity and unique richness in our multicultural universe, thanks to the close relationship established by the inhabitants with their surroundings in a non-deterministic symbiosis which is hard to conceive using mental categories imported from without:

“Once there was a countryside, with its river,
its animals, its clouds and its trees.
But sometimes, when the countryside, with its river and trees,
was nowhere to be seen,
those things had to spring up in the mind of a child”
.[33]

“Make the river your blood…
Then plant yourself,
blossom and grow:
let your roots sink into the ground
forever and ever,
and then at last
become a canoe,
a skiff, a raft,
soil, a jug,
a farmhouse and a man”
.[34]

32. Human groupings, their lifestyles and their worldviews, are as varied as the land itself, since they have had to adapt themselves to geography and its possibilities. Fishers are not the same as hunters, and the gatherers of the interior are not the same as those who cultivate the flood lands. Even now, we see in the Amazon region thousands of indigenous communities, people of African descent, river people and city dwellers, who differ from one another and embrace a great human diversity. In each land and its features, God manifests himself and reflects something of his inexhaustible beauty. Each distinct group, then, in a vital synthesis with its surroundings, develops its own form of wisdom.Those of us who observe this from without should avoid unfair generalizations, simplistic arguments and conclusions drawn only on the basis of our own mindsets and experiences.

Caring for roots

33. Here I would like to point out that “a consumerist vision of human beings, encouraged by the mechanisms of today’s globalized economy, has a leveling effect on cultures, diminishing the immense variety which is the heritage of all humanity”.[35] This especially affects young people, for it has a tendency to “blur what is distinctive about their origins and backgrounds, and turn them into a new line of malleable goods”.[36] In order to prevent this process of human impoverishment, there is a need to care lovingly for our roots, since they are “a fixed point from which we can grow and meet new challenges”.[37] I urge the young people of the Amazon region, especially the indigenous peoples, to “take charge of your roots, because from the roots comes the strength that will make you grow, flourish and bear fruit”.[38] For those of them who are baptized, these roots include the history of the people of Israel and the Church up to our own day. Knowledge of them can bring joy and, above all, a hope capable of inspiring noble and courageous actions.

34. For centuries, the Amazonian peoples passed down their cultural wisdom orally, with myths, legends and tales, as in the case of “those primitive storytellers who traversed the forests bringing stories from town to town, keeping alive a community which, without the umbilical cord of those stories, distance and lack of communication would have fragmented and dissolved”.[39] That is why it is important “to let older people tell their long stories”[40] and for young people to take the time to drink deeply from that source.

35. Although there is a growing risk that this cultural richness will be lost; thanks be to God, in recent years some peoples have taken to writing down their stories and describing the meaning of their customs. In this way, they themselves can explicitly acknowledge that they possess something more than an ethnic identity and that they are bearers of precious personal, family and collective memories. I am pleased to see that people who have lost contact with their roots are trying to recover their damaged memory. Then too, the professional sectors have seen a growing sense of Amazonian identity; even for people who are the descendants of immigrants, the Amazon region has become a source of artistic, literary, musical and cultural inspiration. The various arts, and poetry in particular, have found inspiration in its water, its forests, its seething life, as well as its cultural diversity and its ecological and social challenges.

Intercultural encounter

36. Like all cultural realities, the cultures of the interior Amazon region have their limits. Western urban cultures have them as well. Factors like consumerism, individualism, discrimination, inequality, and any number of others represent the weaker side of supposedly more developed cultures. The ethnic groups that, in interaction with nature, developed a cultural treasure marked by a strong sense of community, readily notice our darker aspects, which we do not recognize in the midst of our alleged progress. Consequently, it will prove beneficial to listen to their experience of life.

37. Starting from our roots, let us sit around the common table, a place of conversation and of shared hopes. In this way our differences, which could seem like a banner or a wall, can become a bridge. Identity and dialogue are not enemies. Our own cultural identity is strengthened and enriched as a result of dialogue with those unlike ourselves. Nor is our authentic identity preserved by an impoverished isolation. Far be it from me to propose a completely enclosed, a-historic, static “indigenism” that would reject any kind of blending (mestizaje). A culture can grow barren when it “becomes inward-looking, and tries to perpetuate obsolete ways of living by rejecting any exchange or debate with regard to the truth about man”.[41] That would be unrealistic, since it is not easy to protect oneself from cultural invasion. For this reason, interest and concern for the cultural values of the indigenous groups should be shared by everyone, for their richness is also our own. If we ourselves do not increase our sense of co-responsibility for the diversity that embellishes our humanity, we can hardly demand that the groups from the interior forest be uncritically open to “civilization”.

38. In the Amazon region, even between the different original peoples, it is possible to develop “intercultural relations where diversity does not mean threat, and does not justify hierarchies of power of some over others, but dialogue between different cultural visions, of celebration, of interrelationship and of revival of hope”.[42]

Endangered cultures, peoples at risk

39. The globalized economy shamelessly damages human, social and cultural richness. The disintegration of families that comes about as a result of forced migrations affects the transmission of values, for “the family is and has always been the social institution that has most contributed to keeping our cultures alive”.[43] Furthermore, “faced with a colonizing invasion of means of mass communication”, there is a need to promote for the original peoples “alternative forms of communication based on their own languages and cultures” and for “the indigenous subjects themselves [to] become present in already existing means of communication”.[44]

40. In any project for the Amazon region, “there is a need to respect the rights of peoples and cultures and to appreciate that the development of a social group presupposes an historical process which takes place within a cultural context and demands the constant and active involvement of local people from within their own culture. Nor can the notion of the quality of life be imposed from without, for quality of life must be understood within the world of symbols and customs proper to each human group”.[45] If the ancestral cultures of the original peoples arose and developed in intimate contact with the natural environment, then it will be hard for them to remain unaffected once that environment is damaged.

This leads us to the next dream.

CHAPTER THREE

AN ECOLOGICAL DREAM

41. In a cultural reality like the Amazon region, where there is such a close relationship between human beings and nature, daily existence is always cosmic. Setting others free from their forms of bondage surely involves caring for the environment and defending it,[46] but, even more, helping the human heart to be open with trust to the God who not only has created all that exists, but has also given us himself in Jesus Christ. The Lord, who is the first to care for us, teaches us to care for our brothers and sisters and the environment which he daily gives us. This is the first ecology that we need.

In the Amazon region, one better understands the words of Benedict XVI when he said that, “alongside the ecology of nature, there exists what can be called a ‘human’ ecology which in turn demands a ‘social’ ecology. All this means that humanity… must be increasingly conscious of the links between natural ecology, or respect for nature, and human ecology”.[47] This insistence that “everything is connected”[48] is particularly true of a territory like the Amazon region.

42. If the care of people and the care of ecosystems are inseparable, this becomes especially important in places where “the forest is not a resource to be exploited; it is a being, or various beings, with which we have to relate”.[49] The wisdom of the original peoples of the Amazon region “inspires care and respect for creation, with a clear consciousness of its limits, and prohibits its abuse. To abuse nature is to abuse our ancestors, our brothers and sisters, creation and the Creator, and to mortgage the future”.[50] When the indigenous peoples “remain on their land, they themselves care for it best”,[51] provided that they do not let themselves be taken in by the siren songs and the self-serving proposals of power groups. The harm done to nature affects those peoples in a very direct and verifiable way, since, in their words, “we are water, air, earth and life of the environment created by God. For this reason, we demand an end to the mistreatment and destruction of mother Earth. The land has blood, and it is bleeding; the multinationals have cut the veins of our mother Earth”.[52]

This dream made of water

43. In the Amazon region, water is queen; the rivers and streams are like veins, and water determines every form of life:

“There, in the dead of summer, when the last gusts from the East subside in the still air, the hydrometer takes the place of the thermometer in determining the weather. Lives depend on a painful alternation of falls and rises in the level of the great rivers. These always swell in an impressive manner. The Amazonas overflows its bed and in just a few days raises the level of its waters… The flooding puts a stop to everything. Caught in the dense foliage of the igarapies, man awaits with rare stoicism the inexorable end of that paradoxical winter of elevated temperatures. The receding of the waters is summer. It is the resurrection of the primitive activity of those who carry on with the only form of life compatible with the unequal extremes of nature that make the continuation of any effort impossible”.[53]

44. The shimmering water of the great Amazon River collects and enlivens all its surroundings:

“Amazonas,
capital of the syllables of water,
father and patriarch, you are
the hidden eternity
of the processes of fertilization;
streams alight upon you like birds”
.[54]

45. The Amazon is also the spinal column that creates harmony and unity: “the river does not divide us. It unites us and helps us live together amid different cultures and languages”.[55] While it is true that in these lands there are many “Amazon regions”, the principal axis is the great river, the offspring of many rivers:

“From the high mountain range where the snows are eternal, the water descends and traces a shimmering line along the ancient skin of the rock: the Amazon is born. It is born every second. It descends slowly, a sinuous ray of light, and then swells in the lowland. Rushing upon green spaces, it invents its own path and expands. Underground waters well up to embrace the water that falls from the Andes. From the belly of the pure white clouds, swept by the wind, water falls from heaven. It collects and advances, multiplied in infinite pathways, bathing the immense plain… This is the Great Amazonia, covering the humid tropic with its astonishingly thick forest, vast reaches untouched by man, pulsing with life threading through its deep waters… From the time that men have lived there, there has arisen from the depths of its waters, and running through the heart of its forest, a terrible fear: that its life is slowly but surely coming to an end”.[56]

46. Popular poets, enamoured of its immense beauty, have tried to express the feelings this river evokes and the life that it bestows as it passes amid a dance of dolphins, anacondas, trees and canoes. Yet they also lament the dangers that menace it. Those poets, contemplatives and prophets, help free us from the technocratic and consumerist paradigm that destroys nature and robs us of a truly dignified existence:

“The world is suffering from its feet being turned into rubber, its legs into leather, its body into cloth and its head into steel… The world is suffering from its trees being turned into rifles, its ploughshares into tanks, as the image of the sower scattering seed yields to the tank with its flamethrower, which sows only deserts. Only poetry, with its humble voice, will be able to save this world”.[57]

The cry of the Amazon region

47. Poetry helps give voice to a painful sensation shared by many of us today. The inescapable truth is that, as things stand, this way of treating the Amazon territory spells the end for so much life, for so much beauty, even though people would like to keep thinking that nothing is happening:

“Those who thought that the river was only a piece of rope,
a plaything, were mistaken.
The river is a thin vein on the face of the earth…
The river is a cord enclosing animals and trees.
If pulled too tight, the river could burst.
It could burst and spatter our faces with water and blood”
.[58]

48. The equilibrium of our planet also depends on the health of the Amazon region. Together with the biome of the Congo and Borneo, it contains a dazzling diversity of woodlands on which rain cycles, climate balance, and a great variety of living beings also depend. It serves as a great filter of carbon dioxide, which helps avoid the warming of the earth. For the most part, its surface is poor in topsoil, with the result that the forest “really grows on the soil and not from the soil”.[59] When the forest is eliminated, it is not replaced, because all that is left is a terrain with few nutrients that then turns into a dry land or one poor in vegetation. This is quite serious, since the interior of the Amazonian forest contains countless resources that could prove essential for curing diseases. Its fish, fruit and other abundant gifts provide rich nutrition for humanity. Furthermore, in an ecosystem like that of the Amazon region, each part is essential for the preservation of the whole. The lowlands and marine vegetation also need to be fertilized by the alluvium of the Amazon. The cry of the Amazon region reaches everyone because “the conquest and exploitation of resources… has today reached the point of threatening the environment’s hospitable aspect: the environment as ‘resource’ risks threatening the environment as ‘home’”.[60] The interest of a few powerful industries should not be considered more important than the good of the Amazon region and of humanity as a whole.

49. It is not enough to be concerned about preserving the most visible species in danger of extinction. There is a crucial need to realize that “the good functioning of ecosystems also requires fungi, algae, worms, insects, reptiles and an innumerable variety of microorganisms. Some less numerous species, although generally unseen, nonetheless play a critical role in maintaining the equilibrium of a particular place.”[61] This is easily overlooked when evaluating the environmental impact of economic projects of extraction, energy, timber and other industries that destroy and pollute. So too, the water that abounds in the Amazon region is an essential good for human survival, yet the sources of pollution are increasing.[62]

50. Indeed, in addition to the economic interests of local business persons and politicians, there also exist “huge global economic interests”.[63] The answer is not to be found, then, in “internationalizing” the Amazon region,[64] but rather in a greater sense of responsibility on the part of national governments. In this regard, “we cannot fail to praise the commitment of international agencies and civil society organizations which draw public attention to these issues and offer critical cooperation, employing legitimate means of pressure, to ensure that each government carries out its proper and inalienable responsibility to preserve its country’s environment and natural resources, without capitulating to spurious local or international interests”.[65]

51. To protect the Amazon region, it is good to combine ancestral wisdom with contemporary technical knowledge, always working for a sustainable management of the land while also preserving the lifestyle and value systems of those who live there.[66] They, particularly the original peoples, have a right to receive – in addition to basic education – thorough and straightforward information about projects, their extent and their consequences and risks, in order to be able to relate that information to their own interests and their own knowledge of the place, and thus to give or withhold their consent, or to propose alternatives.[67]

52. The powerful are never satisfied with the profits they make, and the resources of economic power greatly increase as a result of scientific and technological advances. For this reason, all of us should insist on the urgent need to establish “a legal framework which can set clear boundaries and ensure the protection of ecosystems… otherwise, the new power structures based on the techno-economic paradigm may overwhelm not only our politics, but also freedom and justice”.[68] If God calls us to listen both to the cry of the poor and that of the earth,[69] then for us, “the cry of the Amazon region to the Creator is similar to the cry of God’s people in Egypt (cf. Ex 3:7). It is a cry of slavery and abandonment pleading for freedom”.[70]

The prophecy of contemplation

53. Frequently we let our consciences be deadened, since “distractions constantly dull our realization of just how limited and finite our world really is”.[71] From a superficial standpoint, we might well think that “things do not look that serious, and the planet could continue as it is for some time. Such evasiveness serves as a license to carrying on with our present lifestyles and models of production and consumption. This is the way human beings contrive to feed their self-destructive vices: trying not to see them, trying not to acknowledge them, delaying the important decisions and pretending that nothing will happen”.[72]

54. In addition, I would also observe that each distinct species has a value in itself, yet “each year sees the disappearance of thousands of plant and animal species which we will never know, which our children will never see, because they have been lost forever. The great majority become extinct for reasons related to human activity. Because of us, thousands of species will no longer give glory to God by their very existence, nor convey their message to us. We have no such right”.[73]

55. From the original peoples, we can learn to contemplate the Amazon region and not simply analyze it, and thus appreciate this precious mystery that transcends us. We can love it, not simply use it, with the result that love can awaken a deep and sincere interest. Even more, we can feel intimately a part of it and not only defend it; then the Amazon region will once more become like a mother to us. For “we do not look at the world from without but from within, conscious of the bonds with which the Father has linked us to all beings”.[74]

56. Let us awaken our God-given aesthetic and contemplative sense that so often we let languish. Let us remember that “if someone has not learned to stop and admire something beautiful, we should not be surprised if he or she treats everything as an object to be used and abused without scruple”.[75] On the other hand, if we enter into communion with the forest, our voices will easily blend with its own and become a prayer: “as we rest in the shade of an ancient eucalyptus, our prayer for light joins in the song of the eternal foliage”.[76] This interior conversion will enable us to weep for the Amazon region and to join in its cry to the Lord.

57. Jesus said: “Are not five sparrows sold for two pennies? Yet not one of them is forgotten in God’s sight” (Lk 12:6). God our Father, who created each being in the universe with infinite love, calls us to be his means for hearing the cry of the Amazon region. If we respond to this heartrending plea, it will become clear that the creatures of the Amazon region are not forgotten by our heavenly Father. For Christians, Jesus himself cries out to us from their midst, “because the risen One is mysteriously holding them to himself and directing them towards fullness as their end. The very flowers of the field and the birds which his human eyes contemplated and admired are now imbued with his radiant presence”.[77] For all these reasons, we believers encounter in the Amazon region a theological locus, a space where God himself reveals himself and summons his sons and daughters.

Ecological education and habits

58. In this regard, we can take one step further and note that an integral ecology cannot be content simply with fine-tuning technical questions or political, juridical and social decisions. The best ecology always has an educational dimension that can encourage the development of new habits in individuals and groups. Sadly, many of those living in the Amazon region have acquired habits typical of the larger cities, where consumerism and the culture of waste are already deeply rooted. A sound and sustainable ecology, one capable of bringing about change, will not develop unless people are changed, unless they are encouraged to opt for another style of life, one less greedy and more serene, more respectful and less anxious, more fraternal.

59. Indeed, “the emptier a person’s heart is, the more he or she needs things to buy, own and consume. It becomes almost impossible to accept the limits imposed by reality… Our concern cannot be limited merely to the threat of extreme weather events, but must also extend to the catastrophic consequences of social unrest. Obsession with a consumerist lifestyle, above all when few people are capable of maintaining it, can only lead to violence and mutual destruction”.[78]

60. The Church, with her broad spiritual experience, her renewed appreciation of the value of creation, her concern for justice, her option for the poor, her educational tradition and her history of becoming incarnate in so many different cultures throughout the world, also desires to contribute to the protection and growth of the Amazon region.

This leads to the next dream, which I would like to share more directly with the Catholic pastors and faithful.

CHAPTER 4

AN ECCLESIAL DREAM

61. The Church is called to journey alongside the people of the Amazon region. In Latin America, this journey found privileged expression at the Bishops’ Conference in Medellin (1968) and its application to the Amazon region at Santarem (1972),[79] followed by Puebla (1979), Santo Domingo (1992) and Aparecida (2007). The journey continues, and missionary efforts, if they are to develop a Church with an Amazonian face, need to grow in a culture of encounter towards “a multifaceted harmony”.[80] But for this incarnation of the Church and the Gospel to be possible, the great missionary proclamation must continue to resound.

The message that needs to be heard in the Amazon region

62. Recognizing the many problems and needs that cry out from the heart of the Amazon region, we can respond beginning with organizations, technical resources, opportunities for discussion and political programmes: all these can be part of the solution. Yet as Christians, we cannot set aside the call to faith that we have received from the Gospel. In our desire to struggle side by side with everyone, we are not ashamed of Jesus Christ. Those who have encountered him, those who live as his friends and identify with his message, must inevitably speak of him and bring to others his offer of new life: “Woe to me if I do not preach the Gospel!” (1 Cor 9:16).

63. An authentic option for the poor and the abandoned, while motivating us to liberate them from material poverty and to defend their rights, also involves inviting them to a friendship with the Lord that can elevate and dignify them. How sad it would be if they were to receive from us a body of teachings or a moral code, but not the great message of salvation, the missionary appeal that speaks to the heart and gives meaning to everything else in life. Nor can we be content with a social message. If we devote our lives to their service, to working for the justice and dignity that they deserve, we cannot conceal the fact that we do so because we see Christ in them and because we acknowledge the immense dignity that they have received from God, the Father who loves them with boundless love.

64. They have a right to hear the Gospel, and above all that first proclamation, the kerygma, which is “the principal proclamation, the one which we must hear again and again in different ways, the one which we must announce one way or another”.[81] It proclaims a God who infinitely loves every man and woman and has revealed this love fully in Jesus Christ, crucified for us and risen in our lives. I would ask that you re-read the brief summary of this “great message” found in Chapter Four of the Exhortation Christus Vivit. That message, expressed in a variety of ways, must constantly resound in the Amazon region. Without that impassioned proclamation, every ecclesial structure would become just another NGO and we would not follow the command given us by Christ: “Go into all the world and preach the Gospel to the whole creation” (Mk 16:15).

65. Any project for growth in the Christian life needs to be centred continually on this message, for “all Christian formation consists of entering more deeply into the kerygma”.[82] The fundamental response to this message, when it leads to a personal encounter with the Lord, is fraternal charity, “the new commandment, the first and the greatest of the commandments, and the one that best identifies us as Christ’s disciples”.[83] Indeed, the kerygma and fraternal charity constitute the great synthesis of the whole content of the Gospel, to be proclaimed unceasingly in the Amazon region. That is what shaped the lives of the great evangelizers of Latin America, like Saint Turibius of Mongrovejo or Saint Joseph of Anchieta.

Inculturation

66. As she perseveres in the preaching of the kerygma, the Church also needs to grow in the Amazon region. In doing so, she constantly reshapes her identity through listening and dialogue with the people, the realities and the history of the lands in which she finds herself. In this way, she is able to engage increasingly in a necessary process of inculturation that rejects nothing of the goodness that already exists in Amazonian cultures, but brings it to fulfilment in the light of the Gospel.[84] Nor does she scorn the richness of Christian wisdom handed down through the centuries, presuming to ignore the history in which God has worked in many ways. For the Church has a varied face, “not only in terms of space… but also of time”.[85] Here we see the authentic Tradition of the Church, which is not a static deposit or a museum piece, but the root of a constantly growing tree.[86] This millennial Tradition bears witness to God’s work in the midst of his people and “is called to keep the flame alive rather than to guard its ashes”.[87]

67. Saint John Paul II taught that in proposing the Gospel message, “the Church does not intend to deny the autonomy of culture. On the contrary, she has the greatest respect for it”, since culture “is not only an object of redemption and elevation but can also play a role of mediation and cooperation”.[88] Addressing indigenous peoples of America, he reminded them that “a faith that does not become culture is a faith not fully accepted, not fully reflected upon, not faithfully lived”.[89] Cultural challenges invite the Church to maintain “a watchful and critical attitude”, while at the same time showing “confident attention”.[90]

68. Here I would reiterate what I stated about inculturation in the Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium, based on the conviction that “grace supposes culture, and God’s gift becomes flesh in the culture of those who receive it”.[91] We can see that it involves a double movement. On the one hand, a fruitful process takes place when the Gospel takes root in a given place, for “whenever a community receives the message of salvation, the Holy Spirit enriches its culture with the transforming power of the Gospel”.[92] On the other hand, the Church herself undergoes a process of reception that enriches her with the fruits of what the Spirit has already mysteriously sown in that culture. In this way, “the Holy Spirit adorns the Church, showing her new aspects of revelation and giving her a new face”.[93] In the end, this means allowing and encouraging the inexhaustible riches of the Gospel to be preached “in categories proper to each culture, creating a new synthesis with that particular culture”.[94]

69. “The history of the Church shows that Christianity does not have simply one cultural expression”,[95] and “we would not do justice to the logic of the incarnation if we thought of Christianity as monocultural and monotonous”.[96] There is a risk that evangelizers who come to a particular area may think that they must not only communicate the Gospel but also the culture in which they grew up, failing to realize that it is not essential “to impose a specific cultural form, no matter how beautiful or ancient it may be”.[97] What is needed is courageous openness to the novelty of the Spirit, who is always able to create something new with the inexhaustible riches of Jesus Christ. Indeed, “inculturation commits the Church to a difficult but necessary journey”.[98] True, “this is always a slow process and that we can be overly fearful”, ending up as “mere onlookers as the Church gradually stagnates”.[99] But let us be fearless; let us not clip the wings of the Holy Spirit.

Paths of inculturation in the Amazon region

70. For the Church to achieve a renewed inculturation of the Gospel in the Amazon region, she needs to listen to its ancestral wisdom, listen once more to the voice of its elders, recognize the values present in the way of life of the original communities, and recover the rich stories of its peoples. In the Amazon region, we have inherited great riches from the pre-Columbian cultures. These include “openness to the action of God, a sense of gratitude for the fruits of the earth, the sacred character of human life and esteem for the family, a sense of solidarity and shared responsibility in common work, the importance of worship, belief in a life beyond this earth, and many other values”.[100]

71. In this regard, the indigenous peoples of the Amazon Region express the authentic quality of life as “good living”. This involves personal, familial, communal and cosmic harmony and finds expression in a communitarian approach to existence, the ability to find joy and fulfillment in an austere and simple life, and a responsible care of nature that preserves resources for future generations. The aboriginal peoples give us the example of a joyful sobriety and in this sense, “they have much to teach us”.[101] They know how to be content with little; they enjoy God’s little gifts without accumulating great possessions; they do not destroy things needlessly; they care for ecosystems and they recognize that the earth, while serving as a generous source of support for their life, also has a maternal dimension that evokes respect and tender love. All these things should be valued and taken up in the process of evangelization.[102]

72. While working for them and with them, we are called “to be their friends, to listen to them, to speak for them and to embrace the mysterious wisdom which God wishes to share with us through them”.[103] Those who live in cities need to appreciate this wisdom and to allow themselves to be “re-educated” in the face of frenzied consumerism and urban isolation. The Church herself can be a means of assisting this cultural retrieval through a precious synthesis with the preaching of the Gospel. She can also become a sign and means of charity, inasmuch as urban communities must be missionary not only to those in their midst but also to the poor who, driven by dire need, arrive from the interior and are welcomed. In the same way, these communities can stay close to young migrants and help them integrate into the city without falling prey to its networks of depravity. All these forms of ecclesial outreach, born of love, are valuable contributions to a process of inculturation.

73. Inculturation elevates and fulfills. Certainly, we should esteem the indigenous mysticism that sees the interconnection and interdependence of the whole of creation, the mysticism of gratuitousness that loves life as a gift, the mysticism of a sacred wonder before nature and all its forms of life.

At the same time, though, we are called to turn this relationship with God present in the cosmos into an increasingly personal relationship with a “Thou” who sustains our lives and wants to give them a meaning, a “Thou” who knows us and loves us:

“Shadows float from me, dead wood.
But the star is born without reproach
over the expert hands of this child,
that conquer the waters and the night.
It has to be enough for me to know
that you know me
completely, from before my days”
.[104]

74. Similarly, a relationship with Jesus Christ, true God and true man, liberator and redeemer, is not inimical to the markedly cosmic worldview that characterizes the indigenous peoples, since he is also the Risen Lord who permeates all things.[105] In Christian experience, “all the creatures of the material universe find their true meaning in the incarnate Word, for the Son of God has incorporated in his person part of the material world, planting in it a seed of definitive transformation”.[106] He is present in a glorious and mysterious way in the river, the trees, the fish and the wind, as the Lord who reigns in creation without ever losing his transfigured wounds, while in the Eucharist he takes up the elements of this world and confers on all things the meaning of the paschal gift.

Social and spiritual inculturation

75. Given the situation of poverty and neglect experienced by so many inhabitants of the Amazon region, inculturation will necessarily have a markedly social cast, accompanied by a resolute defence of human rights; in this way it will reveal the face of Christ, who “wished with special tenderness to be identified with the weak and the poor”.[107] Indeed, “from the heart of the Gospel we see the profound connection between evangelization and human advancement”.[108] For Christian communities, this entails a clear commitment to the justice of God’s kingdom through work for the advancement of those who have been “discarded”. It follows that a suitable training of pastoral workers in the Church’s social doctrine is most important.

76. At the same time, the inculturation of the Gospel in the Amazon region must better integrate the social and the spiritual, so that the poor do not have to look outside the Church for a spirituality that responds to their deepest yearnings. This does not mean an alienating and individualistic religiosity that would silence social demands for a more dignified life, but neither does it mean ignoring the transcendent and spiritual dimension, as if material development alone were sufficient for human beings. We are thus called not merely to join those two things, but to connect them at a deeper level. In this way, we will reveal the true beauty of the Gospel, which fully humanizes, integrally dignifies persons and peoples, and brings fulfilment to every heart and the whole of life.

Starting points for an Amazonian holiness

77. This will give rise to witnesses of holiness with an Amazonian face, not imitations of models imported from other places. A holiness born of encounter and engagement, contemplation and service, receptive solitude and life in community, cheerful sobriety and the struggle for justice. A holiness attained by “each individual in his or her own way”,[109] but also by peoples, where grace becomes incarnate and shines forth with distinctive features. Let us imagine a holiness with Amazonian features, called to challenge the universal Church.

78. A process of inculturation involving not only individuals but also peoples demands a respectful and understanding love for those peoples. This process has already begun in much of the Amazon region. More than forty years ago, the bishops of the Peruvian Amazon pointed out that in many of the groups present in that region, those to be evangelized, shaped by a varied and changing culture, have been “initially evangelized”. As a result, they possess “certain features of popular Catholicism that, perhaps originally introduced by pastoral workers, are now something that the people have made their own, even changing their meaning and handing them down from generation to generation”.[110] Let us not be quick to describe as superstition or paganism certain religious practices that arise spontaneously from the life of peoples. Rather, we ought to know how to distinguish the wheat growing alongside the tares, for “popular piety can enable us to see how the faith, once received, becomes embodied in a culture and is constantly passed on”.[111]

79. It is possible to take up an indigenous symbol in some way, without necessarily considering it as idolatry. A myth charged with spiritual meaning can be used to advantage and not always considered a pagan error. Some religious festivals have a sacred meaning and are occasions for gathering and fraternity, albeit in need of a gradual process of purification or maturation. A missionary of souls will try to discover the legitimate needs and concerns that seek an outlet in at times imperfect, partial or mistaken religious expressions, and will attempt to respond to them with an inculturated spirituality.

80. Such a spirituality will certainly be centred on the one God and Lord, while at the same time in contact with the daily needs of people who strive for a dignified life, who want to enjoy life’s blessings, to find peace and harmony, to resolve family problems, to care for their illnesses, and to see their children grow up happy. The greatest danger would be to prevent them from encountering Christ by presenting him as an enemy of joy or as someone indifferent to human questions and difficulties.[112] Nowadays, it is essential to show that holiness takes nothing away from our “energy, vitality or joy”.[113]

The inculturation of the liturgy

81. The inculturation of Christian spirituality in the cultures of the original peoples can benefit in a particular way from the sacraments, since they unite the divine and the cosmic, grace and creation. In the Amazon region, the sacraments should not be viewed in discontinuity with creation. They “are a privileged way in which nature is taken up by God to become a means of mediating supernatural life”.[114] They are the fulfillment of creation, in which nature is elevated to become a locus and instrument of grace, enabling us “to embrace the world on a different plane”.[115]

82. In the Eucharist, God, “in the culmination of the mystery of the Incarnation, chose to reach our intimate depths through a fragment of matter”. The Eucharist “joins heaven and earth; it embraces and penetrates all creation”.[116] For this reason, it can be a “motivation for our concerns for the environment, directing us to be stewards of all creation”.[117] In this sense, “encountering God does not mean fleeing from this world or turning our back on nature”.[118] It means that we can take up into the liturgy many elements proper to the experience of indigenous peoples in their contact with nature, and respect native forms of expression in song, dance, rituals, gestures and symbols. The Second Vatican Council called for this effort to inculturate the liturgy among indigenous peoples;[119] over fifty years have passed and we still have far to go along these lines.[120]

83. On Sunday, “Christian spirituality incorporates the value of relaxation and festivity. [Nowadays] we tend to demean contemplative rest as something unproductive and unnecessary, but this is to do away with the very thing which is most important about work: its meaning. We are called to include in our work a dimension of receptivity and gratuity”.[121] Aboriginal peoples are familiar with this gratuity and this healthy contemplative leisure. Our celebrations should help them experience this in the Sunday liturgy and encounter the light of God’s word and the Eucharist, which illumines our daily existence.

84. The sacraments reveal and communicate the God who is close and who comes with mercy to heal and strengthen his children. Consequently, they should be accessible, especially for the poor, and must never be refused for financial reasons. Nor is there room, in the presence of the poor and forgotten of the Amazon region, for a discipline that excludes and turns people away, for in that way they end up being discarded by a Church that has become a toll-house. Rather, “in such difficult situations of need, the Church must be particularly concerned to offer understanding, comfort and acceptance, rather than imposing straightaway a set of rules that only lead people to feel judged and abandoned by the very Mother called to show them God’s mercy”.[122] For the Church, mercy can become a mere sentimental catchword unless it finds concrete expression in her pastoral outreach.[123]

Inculturation of forms of ministry

85. Inculturation should also be increasingly reflected in an incarnate form of ecclesial organization and ministry. If we are to inculturate spirituality, holiness and the Gospel itself, how can we not consider an inculturation of the ways we structure and carry out ecclesial ministries? The pastoral presence of the Church in the Amazon region is uneven, due in part to the vast expanse of the territory, its many remote places, its broad cultural diversity, its grave social problems, and the preference of some peoples to live in isolation. We cannot remain unconcerned; a specific and courageous response is required of the Church.

86. Efforts need to be made to configure ministry in such a way that it is at the service of a more frequent celebration of the Eucharist, even in the remotest and most isolated communities. At Aparecida, all were asked to heed the lament of the many Amazonian communities “deprived of the Sunday Eucharist for long periods of time”.[124] There is also a need for ministers who can understand Amazonian sensibilities and cultures from within.

87. The way of shaping priestly life and ministry is not monolithic; it develops distinctive traits in different parts of the world. This is why it is important to determine what is most specific to a priest, what cannot be delegated. The answer lies in the sacrament of Holy Orders, which configures him to Christ the priest. The first conclusion, then, is that the exclusive character received in Holy Orders qualifies the priest alone to preside at the Eucharist.[125] That is his particular, principal and non-delegable function. There are those who think that what distinguishes the priest is power, the fact that he is the highest authority in the community. Yet Saint John Paul II explained that, although the priesthood is considered “hierarchical”, this function is not meant to be superior to the others, but rather is “totally ordered to the holiness of Christ’s members”.[126] When the priest is said to be a sign of “Christ the head”, this refers principally to the fact that Christ is the source of all grace: he is the head of the Church because “he has the power of pouring out grace upon all the members of the Church”.[127]

88. The priest is a sign of that head and wellspring of grace above all when he celebrates the Eucharist, the source and summit of the entire Christian life.[128] That is his great power, a power that can only be received in the sacrament of Holy Orders. For this reason, only the priest can say: “This is my body”. There are other words too, that he alone can speak: “I absolve you from your sins”. Because sacramental forgiveness is at the service of a worthy celebration of the Eucharist. These two sacraments lie at the heart of the priest’s exclusive identity.[129]

89. In the specific circumstances of the Amazon region, particularly in its forests and more remote places, a way must be found to ensure this priestly ministry. The laity can proclaim God’s word, teach, organize communities, celebrate certain sacraments, seek different ways to express popular devotion and develop the multitude of gifts that the Spirit pours out in their midst. But they need the celebration of the Eucharist because it “makes the Church”.[130] We can even say that “no Christian community is built up which does not grow from and hinge on the celebration of the most holy Eucharist”.[131] If we are truly convinced that this is the case, then every effort should be made to ensure that the Amazonian peoples do not lack this food of new life and the sacrament of forgiveness.

90. This urgent need leads me to urge all bishops, especially those in Latin America, not only to promote prayer for priestly vocations, but also to be more generous in encouraging those who display a missionary vocation to opt for the Amazon region.[132] At the same time, it is appropriate that the structure and content of both initial and ongoing priestly formation be thoroughly revised, so that priests can acquire the attitudes and abilities demanded by dialogue with Amazonian cultures. This formation must be preeminently pastoral and favour the development of priestly mercy.[133]

Communities filled with life

91. The Eucharist is also the great sacrament that signifies and realizes the Church’s unity.[134] It is celebrated “so that from being strangers, dispersed and indifferent to each another, we may become united, equals and friends”.[135] The one who presides at the Eucharist must foster communion, which is not just any unity, but one that welcomes the abundant variety of gifts and charisms that the Spirit pours out upon the community.

92. The Eucharist, then, as source and summit, requires the development of that rich variety. Priests are necessary, but this does not mean that permanent deacons (of whom there should be many more in the Amazon region), religious women and lay persons cannot regularly assume important responsibilities for the growth of communities, and perform those functions ever more effectively with the aid of a suitable accompaniment.

93. Consequently, it is not simply a question of facilitating a greater presence of ordained ministers who can celebrate the Eucharist. That would be a very narrow aim, were we not also to strive to awaken new life in communities. We need to promote an encounter with God’s word and growth in holiness through various kinds of lay service that call for a process of education – biblical, doctrinal, spiritual and practical – and a variety of programmes of ongoing formation.

94. A Church of Amazonian features requires the stable presence of mature and lay leaders endowed with authority[136] and familiar with the languages, cultures, spiritual experience and communal way of life in the different places, but also open to the multiplicity of gifts that the Holy Spirit bestows on every one. For wherever there is a particular need, he has already poured out the charisms that can meet it. This requires the Church to be open to the Spirit’s boldness, to trust in, and concretely to permit, the growth of a specific ecclesial culture that is distinctively lay. The challenges in the Amazon region demand of the Church a special effort to be present at every level, and this can only be possible through the vigorous, broad and active involvement of the laity.

95. Many consecrated persons have devoted their energies and a good part of their lives in service to the Kingdom of God in Amazonia. The consecrated life, as capable of dialogue, synthesis, incarnation and prophecy, has a special place in this diverse and harmonious configuration of the Church in the Amazon region. But it needs a new impetus to inculturation, one that would combine creativity, missionary boldness, sensitivity and the strength typical of community life.

96. Base communities, when able to combine the defence of social rights with missionary proclamation and spirituality, have been authentic experiences of synodality in the Church’s journey of evangelization in the Amazon region. In many cases they “have helped form Christians committed to their faith, disciples and missionaries of the Lord, as is attested by the generous commitment of so many of their members, even to the point of shedding their blood”.[137]

97. I encourage the growth of the collaborative efforts being made through the Pan Amazonian Ecclesial Network and other associations to implement the proposal of Aparecida to “establish a collaborative ministry among the local churches of the various South American countries in the Amazon basin, with differentiated priorities”.[138] This applies particularly to relations between Churches located on the borders between nations.

98. Finally, I would note that we cannot always plan projects with stable communities in mind, because the Amazonian region sees a great deal of internal mobility, constant and frequently pendular migration; “the region has effectively become a migration corridor”.[139] “Transhumancein the Amazon has not been well understood or sufficiently examined from the pastoral standpoint”.[140] Consequently, thought should be given to itinerant missionary teams and “support provided for the presence and mobility of consecrated men and women closest to those who are most impoverished and excluded”.[141] This is also a challenge for our urban communities, which ought to come up with creative and generous ways, especially on the outskirts, to be close and welcoming to families and young people who arrive from the interior.

The strength and gift of women

99. In the Amazon region, there are communities that have long preserved and handed on the faith even though no priest has come their way, even for decades. This could happen because of the presence of strong and generous women who, undoubtedly called and prompted by the Holy Spirit, baptized, catechized, prayed and acted as missionaries. For centuries, women have kept the Church alive in those places through their remarkable devotion and deep faith. Some of them, speaking at the Synod, moved us profoundly by their testimony.

100. This summons us to broaden our vision, lest we restrict our understanding of the Church to her functional structures. Such a reductionism would lead us to believe that women would be granted a greater status and participation in the Church only if they were admitted to Holy Orders. But that approach would in fact narrow our vision; it would lead us to clericalize women, diminish the great value of what they have already accomplished, and subtly make their indispensable contribution less effective.

101. Jesus Christ appears as the Spouse of the community that celebrates the Eucharist through the figure of a man who presides as a sign of the one Priest. This dialogue between the Spouse and his Bride, which arises in adoration and sanctifies the community, should not trap us in partial conceptions of power in the Church. The Lord chose to reveal his power and his love through two human faces: the face of his divine Son made man and the face of a creature, a woman, Mary. Women make their contribution to the Church in a way that is properly theirs, by making present the tender strength of Mary, the Mother. As a result, we do not limit ourselves to a functional approach, but enter instead into the inmost structure of the Church. In this way, we will fundamentally realize why, without women, the Church breaks down, and how many communities in the Amazon would have collapsed, had women not been there to sustain them, keep them together and care for them. This shows the kind of power that is typically theirs.

102. We must keep encouraging those simple and straightforward gifts that enabled women in the Amazon region to play so active a role in society, even though communities now face many new and unprecedented threats. The present situation requires us to encourage the emergence of other forms of service and charisms that are proper to women and responsive to the specific needs of the peoples of the Amazon region at this moment in history.

103 In a synodal Church, those women who in fact have a central part to play in Amazonian communities should have access to positions, including ecclesial services, that do not entail Holy Orders and that can better signify the role that is theirs. Here it should be noted that these services entail stability, public recognition and a commission from the bishop. This would also allow women to have a real and effective impact on the organization, the most important decisions and the direction of communities, while continuing to do so in a way that reflects their womanhood.

Expanding horizons beyond conflicts

104. It often happens that in particular places pastoral workers envisage very different solutions to the problems they face, and consequently propose apparently opposed forms of ecclesial organization. When this occurs, it is probable that the real response to the challenges of evangelization lies in transcending the two approaches and finding other, better ways, perhaps not yet even imagined. Conflict is overcome at a higher level, where each group can join the other in a new reality, while remaining faithful to itself. Everything is resolved “on a higher plane and preserves what is valid and useful on both sides”.[142] Otherwise, conflict traps us; “we lose our perspective, our horizons shrink and reality itself begins to fall apart”.[143]

105. In no way does this mean relativizing problems, fleeing from them or letting things stay as they are. Authentic solutions are never found by dampening boldness, shirking concrete demands or assigning blame to others. On the contrary, solutions are found by “overflow”, that is, by transcending the contraposition that limits our vision and recognizing a greater gift that God is offering. From that new gift, accepted with boldness and generosity, from that unexpected gift which awakens a new and greater creativity, there will pour forth as from an overflowing fountain the answers that contraposition did not allow us to see. In its earliest days, the Christian faith spread remarkably in accordance with this way of thinking, which enabled it, from its Jewish roots, to take shape in the Greco-Roman cultures, and in time to acquire distinctive forms. Similarly, in this historical moment, the Amazon region challenges us to transcend limited perspectives and “pragmatic” solutions mired in partial approaches, in order to seek paths of inculturation that are broader and bolder.

Ecumenical and interreligious coexistence

106. In an Amazonian region characterized by many religions, we believers need to find occasions to speak to one another and to act together for the common good and the promotion of the poor. This has nothing to do with watering down or concealing our deepest convictions when we encounter others who think differently than ourselves. If we believe that the Holy Spirit can work amid differences, then we will try to let ourselves be enriched by that insight, while embracing it from the core of our own convictions and our own identity. For the deeper, stronger and richer that identity is, the more we will be capable of enriching others with our own proper contribution.

107. We Catholics possess in sacred Scripture a treasure that other religions do not accept, even though at times they may read it with interest and even esteem some of its teachings. We attempt to do something similar with the sacred texts of other religions and religious communities, which contain “precepts and doctrines that... often reflect a ray of that truth which enlightens all men and women”.[144] We also possess a great treasure in the seven sacraments, which some Christian communities do not accept in their totality or in the same sense. At the same time that we believe firmly in Jesus as the sole Redeemer of the world, we cultivate a deep devotion to his Mother. Even though we know that this is not the case with all Christian confessions, we feel it our duty to share with the Amazon region the treasure of that warm, maternal love which we ourselves have received. In fact, I will conclude this Exhortation with a few words addressed to Mary.

108. None of this needs to create enmity between us. In a true spirit of dialogue, we grow in our ability to grasp the significance of what others say and do, even if we cannot accept it as our own conviction. In this way, it becomes possible to be frank and open about our beliefs, while continuing to discuss, to seek points of contact, and above all, to work and struggle together for the good of the Amazon region. The strength of what unites all of us as Christians is supremely important. We can be so attentive to what divides us that at times we no longer appreciate or value what unites us. And what unites us is what lets us remain in this world without being swallowed up by its immanence, its spiritual emptiness, its complacent selfishness, its consumerist and self-destructive individualism.

109. All of us, as Christians, are united by faith in God, the Father who gives us life and loves us so greatly. We are united by faith in Jesus Christ, the one Saviour, who set us free by his precious blood and his glorious resurrection. We are united by our desire for his word that guides our steps. We are united by the fire of the Spirit, who sends us forth on mission. We are united by the new commandment that Jesus left us, by the pursuit of the civilization of love and by passion for the kingdom that the Lord calls us to build with him. We are united by the struggle for peace and justice. We are united by the conviction that not everything ends with this life, but that we are called to the heavenly banquet, where God will wipe away every tear and take up all that we did for those who suffer.

110. All this unites us. How can we not struggle together? How can we not pray and work together, side by side, to defend the poor of the Amazon region, to show the sacred countenance of the Lord, and to care for his work of creation?

CONCLUSION

MOTHER OF THE AMAZON REGION

111. After sharing a few of my dreams, I encourage everyone to advance along concrete paths that can allow the reality of the Amazon region to be transformed and set free from the evils that beset it. Let us now lift our gaze to Mary. The Mother whom Christ gave us is also the one Mother of all, who reveals herself in the Amazon region in distinct ways. We know that “the indigenous peoples have a vital encounter with Jesus Christ in many ways; but the path of Mary has contributed greatly to this encounter”.[145] Faced with the marvel of the Amazon region, which we discovered ever more fully during the preparation and celebration of the Synod, I consider it best to conclude this Exhortation by turning to her:

Mother of life,
in your maternal womb Jesus took flesh,
the Lord of all that exists.
Risen, he transfigured you by his light
and made you the Queen of all creation.
For that reason, we ask you, Mary, to reign
in the beating heart of Amazonia.

Show yourself the Mother of all creatures,
in the beauty of the flowers, the rivers,
the great river that courses through it
and all the life pulsing in its forests.
Tenderly care for this explosion of beauty.

Ask Jesus to pour out all his love
on the men and women who dwell there,
that they may know how to appreciate and care for it.


Bring your Son to birth in their hearts,
so that he can shine forth in the Amazon region,
in its peoples and in its cultures,
by the light of his word,
by his consoling love,
by his message of fraternity and justice.

And at every Eucharist,
may all this awe and wonder be lifted up
to the glory of the Father.


Mother, look upon the poor of the Amazon region,
for their home is being destroyed by petty interests.
How much pain and misery,
how much neglect and abuse there is
in this blessed land
overflowing with life!

Touch the hearts of the powerful,
for, even though we sense that the hour is late,
you call us to save
what is still alive.

Mother whose heart is pierced,
who yourself suffer in your mistreated sons and daughters,
and in the wounds inflicted on nature,
reign in the Amazon,
together with your Son.
Reign so that no one else can claim lordship
over the handiwork of God.

We trust in you, Mother of life.
Do not abandon us
in this dark hour.
Amen.

Given in Rome, at the Cathedral of Saint John Lateran, on 2 February, the Feast of the Presention of the Lord,in the year 2020, the seventh of my Pontificate.

FRANCIS

___________________________

[1] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 49: AAS 107 (2015), 866.

[2] Instrumentum Laboris, 45

[3] ANA VARELA TAFUR, “Timareo”, in Lo que no veo en visiones, Lima, 1992.

[4] JORGE VEGA MÁRQUEZ, “Amazonia solitária”, in Poesía obrera, Cobija-Pando-Bolivia, 2009, 39.

[5] RED ECLESIAL PANAMAZÓNICA (REPAM), Brazil, Síntesis del aporte al Sínodo, 120; cf. Instrumentum Laboris, 45.

[6] Address to Young People, São Paulo, Brazil (10 May 2007), 2.

[7] Cf. ALBERTO C. ARAÚJO, “Imaginario amazónico”, in Amazonia real: amazoniareal.com.br (29 January 2014).

[8] SAINT PAUL VI, Encyclical Letter Populorum Progressio (26 March 1967), 57: AAS 59 (1967), 285.

[9] SAINT JOHN PAUL II, Address to the Pontifical Academy of Social Sciences (27 April 2001), 4: AAS 93 (2001), 600.

[10] Cf. Instrumentum Laboris, 41.

[11] FIFTH GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS, Aparecida Document (29 June 2007), 473.

[12] RAMÓN IRIBERTEGUI, Amazonas: El hombre y el caucho, ed. Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho-Venezuela, Monografía n. 4, Caracas, 1987, 307ff.

[13] Cf. “AMARÍLIS TUPIASSÚ, “Amazônia, das travessias lusitanas à literatura de até agora”, in Estudos Avançados vol. 19, n. 53, São Paulo (Jan./Apr. 2005): “In effect, after the end of the first colonization, the Amazon region continued to be an area subject to age-old greed, now under new rhetorical guises… on the part of “civilizing” agents who did not even need to be personified in order to generate and multiply the new faces of the old decimation, now through a slow death”.

[14] BISHOPS OF THE BRAZILIAN AMAZON REGION, Carta al Pueblo de Dios, Santarem-Brazil (6 July 2012).

[15] SAINT JOHN PAUL II, Message for the 1998 World Day of Peace, 3: AAS 90 (1998), 150.

[16] THIRD GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS, Puebla Document (23 March 1979), 6.

[17] Instrumentum Laboris, 6. Pope Paul III, in his the Brief Veritas Ipsa (2 June 1537), condemned racist theses and recognized that the native peoples, whether Christian or not, possess the dignity of the human person, enjoy the right to their possessions and may not be reduced to slavery. The Pope declared: “as truly men … are by no means to be deprived of their liberty or the possession of their property, even though they be outside the faith of Jesus Christ”. This magisterial teaching was reaffirmed by Popes GREGORY XIV, Bull Cum Sicuti (28 April 1591); URBAN VIII, Bull Commissum Nobis (22 April 1639); BENEDICT XIV, Bull Immensa Pastorum Principis to the Bishops of Brazil (20 December 1741); GREGORY XVI, Brief In Supremo (3 December 1839); LEO XIII, Epistle to the Bishops of Brazil on Slavery (15 May 1888); and SAINT JOHN PAUL II, Message to the Indigenous People of America, Santo Domingo (12 October 1992), 2: Insegnamenti 15/2 (1982), 346.

[18] FREDERICO BENÍCIO DE SOUSA COSTA, Pastoral Letter (1909). Ed. Imprenta del gobierno del estado de Amazonas, Manaus, 1994, 83.

[19] Instrumentum Laboris, 7.

[20] Address at the Second World Meeting of Popular Movements, Santa Cruz de la Sierra-Bolivia (9 July 2015).

[21] Address at the Meeting with Indigenous People of Amazonia, Puerto Maldonado-Peru (19 January 2018): AAS 110 (2018), 300.

[22] Instrumentum Laboris, 24.

[23] YANA LUCILA LEMA, Tamyahuan Shamakupani (Con la lluvia estoy viviendo), 1, at http://siwarmayu.com/es/yana-lucila-lema-6-poemas-de-tamyawan-shamukupani-con-la-lluvia-estoy-viviendo.

[24] BISHOPS’ CONFERENCE OF ECUADOR, Cuidemos nuestro planeta (20 April 2012), 3.

[25] No. 142: AAS 107 (2015), 904-905.

[26] No. 82.

[27] Ibid., 83.

[28] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 239: AAS 105 (2013), 1116.

[29] Ibid., 218: AAS 105 (2013), 1110.

[30] Ibid.

[31] Cf. Instrumentum Laboris, 57.

[32] Cf. EVARISTO EDUARDO DE MIRANDA, Quando o Amazonas corria para o Pacifico, Petrópolis, 2007, 83-93.

[33] JUAN CARLOS GALEANO, “Paisajes”, in Amazonia y otros poemas, ed. Universidad Externado de Colombia, Bogotá, 2011, 31.

[34] JAVIER YGLESIAS, “Llamado”, in Revista peruana de literatura, n. 6 (June 2007), 31.

[35] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 144: AAS 107 (2015) 905.

[36] Post-Synodal Apostolic Exhortation Christus Vivit (25 March 2019), 186.

[37] Ibid., 200.

[38] Videomessage for the World Indigenous Youth Gathering, Soloy-Panama (18 January 2019).

[39] MARIO VARGAS LLOSA, Prologue to El Hablador, Madrid (8 October 2007).

[40] Post-Synodal Apostolic Exhortation Christus Vivit (25 March 2019), 195.

[41] SAINT JOHN PAUL II, Encyclical Letter Centesimus Annus (1 May 1991), 50: AAS 83 (1991), 856.

[42] FIFTH GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS, Aparecida Document (29 June 2007), 97.

[43] Address at the Meeting with Indigenous People of Amazonia, Puerto Maldonado-Peru (19 January 2018): AAS 110 (2018), 301.

[44] Instrumentum Laboris, 123, e.

[45] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 144: AAS 107 (2015), 906.

[46] Cf. BENEDICT XVI, Encyclical Letter Veritas in Caritate (29 June 2009), 51: AAS 101 (2009), 687: “Nature, especially in our time, is so integrated into the dynamics of society and culture that by now it hardly constitutes an independent variable. Desertification and the decline in productivity in some agricultural areas are also the result of impoverishment and underdevelopment among their inhabitants”.

[47] Message for the 2007 World Day of Peace, 8: Insegnamenti, II/2 (2006), 776.

[48] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 16, 91, 117, 138, 240: AAS 107 (2015), 854, 884, 894, 903, 941.

[49] Document Bolivia: informe país. Consulta pre sinodal, 2019, p. 36; cf. Instrumentum Laboris, 23.

[50] Instrumentum Laboris, 26.

[51] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 146: AAS 107 (2015), 906.

[52] Documento con aportes al Sínodo de la Diócesis de San José del Guaviare y de la Arquidiócesis de Villavicencio y Granada (Colombia); cf. Instrumentum Laboris, 17.

[53] EUCLIDES DA CUNHA, Los Sertones (Os Sertões), Buenos Aires (1946), 65-66.

[54] PABLO NERUDA, “Amazonas” in Canto General (1938), I, IV.

[55] REPAM, Document Eje de Fronteras. Preparación para el Sínodo de la Amazonia, Tabatinga-Brasil (3 February 2019), p. 3; cf. Instrumentum Laboris, 8.

[56] AMADEU THIAGO DE LELLO, Amazonas, patria da agua. Spanish translation by Jorge Timossi, in http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/mello_thiago/amazonas_patria_da_agua.htm.

[57] VINICIUS DE MORAES, Para vivir un gran amor, Buenos Aires, 2013, 166.

[58] JUAN CARLOS GALEANO, “Los que creyeron”, in Amazonia y otros poemas, ed. Universidad externado de Colombia, Bogotá, 2011, 44.

[59] HARALD SIOLI, A Amazônia, Petropolis (1985), 60.

[60] SAINT JOHN PAUL II, Address to an International Convention on “The Environment and Health” (24 March 1997), 2.

[61] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 34: AAS 107 (2015), 860.

[62] Cf. ibid., 28-31: AAS 107 (2015), 858-859.

[63] Ibid., 38: AAS 107 (2015), 862.

[64] Cf. FIFTH GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS, Aparecida Document (29 June 2007), 86.

[65] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 38: AAS 107 (2015), 862.

[66] Cf. ibid, 144, 187: AAS 107 (2015), 905-906, 921.

[67] Cf. ibid., 183: AAS 107 (2015), 920.

[68] Ibid., 53: AAS 107 (2015), 868.

[69] Cf. ibid., 49: AAS 107 (2015), 866.

[70] Preparatory Document for the Synod on the Pan Amazon Region, 8.

[71] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 56: AAS 107 (2015), 869.

[72] Ibid., 59: AAS 107 (2015), 870.

[73] Ibid., 33: AAS 107 (2015), 860.

[74] Ibid, 220: AAS 107 (2015), 934.

[75] Ibid., 215: AAS 107 (2015), 932.

[76] SUI YUN, Cantos para el mendigo y el rey, Wiesbaden, 2000.

[77] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 100: AAS 107 (2015), 887.

[78] Ibid., 204: AAS 107 (2015), 928.

[79] Cf. Documents of Santarem (1972) and Manaos (1997) in NATIONAL CONFERENCE OF THE BISHOPS OF BRAZIL, Desafío missionário. Documentos da Igreja na Amazônia, Brasilia, 2014, pp. 9-28 and 67-84.

[80] Cf. Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 220: AAS 105 (2013), 1110.

[81] Ibid., 164: AAS 105 (2013), 1088-1089.

[82] Ibid., 165: AAS 105 (2013), 1089.

[83] Ibid., 161: AAS 105 (2013), 1087.

[84] As the Second Vatican Council states in No. 44 of the Constitution Gaudium et Spes: “The Church learned early in her history to express the Christian message in the concepts and languages of different peoples and tried to clarify it in the light of the wisdom of their philosophers: it was an attempt to adapt the Gospel to the understanding of all and the requirements of the learned, insofar as this could be done. Indeed, this kind of adaptation and preaching of the revealed word must ever be the law of all evangelization. In this way it is possible to create in every country the possibility of expressing the message of Christ in suitable terms and to foster vital contact and exchange between the Church and different cultures”.

[85] Letter to the Pilgrim People of God in Germany, 29 June 2019, 9: L’Osservatore Romano, 1-2 July 2019, p. 9.

[86] Cf. SAINT Vincent of Lerins, Commonitorium primum, cap. 23: PL 50, 668: “Ut annis scilicet consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate”.

[87] Letter to the Pilgrim People of God in Germany, 29 June 2019, 9. Cf. the words attributed to Gustav Mahler: “Tradition ist nicht die Anbetung der Asche, sondern die Weitergabe des Feuers”: “Tradition is not the worship of ashes but the passing on of the flame”.

[88] Address to University Professors and Cultural Leaders, Coimbra (15 May 1982): Insegnamenti 5/2 (1982), 1702-1703.

[89] Message to the Indigenous Peoples of the American Continent, Santo Domingo (12 October 1992), 6: Insegnamenti 15/2 (1992), 346; cf. Address to Participants in the National Congress of the Ecclesial Movement of Cultural Commitment (16 January 1982), 2: Insegnamenti 5/1 (1982), 131.

[90] SAINT JOHN PAUL II, Post-Synodal Apostolic Exhortation Vita Consecrata (15 March 1996), 98: AAS 88 (1996), 474-475.

[91] No. 115: AAS 105 (2013),1068.

[92] Ibid., 116: AAS 105 (2013),1068.

[93] Ibid.

[94] Ibid., 129: AAS 105 (2013), 1074.

[95] Ibid., 116: AAS 105 (2013), 1068.

[96] Ibid., 117: AAS 105 (2013), 1069.

[97] Ibid.

[98] SAINT JOHN PAUL II, Address to the Plenary Assembly of the Pontifical Council for Culture (17 January 1987): Insegnamenti 10/1 (1987), 125.

[99] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 129: AAS 105 (2013), 1074.

[100] FOURTH GENERAL MEETING OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN EPISCOPATE, Santo Domingo Document (12-28 October 1992), 17.

[101] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[102] Cf. VITTORIO MESSORI-JOSEPH RATZINGER, Rapporto sulla fede, Cinisello Balsamo, 1985, 211-212.

[103] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 198: AAS 105 (2013), 1103.

[104] PEDRO CASALDÁLIGA, “Carta de navegar (Por el Tocantins amazónico)” in El tiempo y la espera, Santander, 1986.

[105] Saint Thomas Aquinas explains it in this way: “The threefold way that God is in things: one is common, by essence, presence and power; another by grace in his saints; a third in Christ, by union” (Ad Colossenses, II, 2).

[106] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[107] THIRD GENERAL MEETING OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN EPISCOPATE, Puebla Document (23 March 1979), 196.

[108] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 178: AAS 105 (2013), 1094.

[109] SECOND VATICAN ECUMENICAL COUNCIL, Dogmatic Constitution on the Church Lumen Gentium, 11; cf. Apostolic Exhortation Gaudete et Exsultate (19 March 2018), 10-11.

[110] APOSTOLIC VICARIATES OF THE PERUVIAN AMAZON, “Segunda asamblea episcopal regional de la selva”, San Ramón-Perú (5 October 1973), in Éxodo de la Iglesia en la Amazonia. Documentos pastorales de la Iglesia en la Amazonia peruana, Iquitos, 1976, 121.

[111] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 123: AAS 105 (2013), 1071.

[112] Cf. Apostolic Exhortation Gaudete et Exsultate (19 March 2018), 126-127.

[113] Ibid., 32.

[114] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 235: AAS 107 (2015), 939.

[115] Ibid.

[116] Ibid., 236: AAS 107 (2015), 940.

[117] Ibid.

[118] Ibid., 235: AAS 107 (2015), 939.

[119] Cf. Constitution on the Sacred Liturgy Sacrosanctum Concilium, 37-40, 65, 77, 81.

[120] During the Synod, there was a proposal to develop an “Amazonian rite”.

[121] Encyclical Letter Laudato Si’ (24 May 2015), 237: AAS 107 (2015), 940.

[122] Apostolic Exhortation Amoris Laetitia (19 March 2016), 49: AAS 108 (2016), 331; cf. ibid. 305: AAS 108 (2016), 436-437.

[123] Cf. ibid., 296, 308: AAS 108 (2016), 430-431, 438.

[124] FIFTH GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS' CONFERENCES, Aparecida Document, 29 June 2007, 100 e.

[125] Cf. CONGREGATION FOR THE DOCTRINE OF THE FAITH, Letter Sacerdotium Ministeriale to Bishops of the Catholic Church on certain questions concerning the minister of the Eucharist (6 August 1983): AAS 75 (1983), 1001-1009.

[126] Apostolic Letter Mulieris Dignitatem (15 August 1988), 27: AAS 80 (1988), 1718.

[127] SAINT THOMAS AQUINAS, Summa Theologiae III, q. 8, a.1, resp.

[128] Cf. SECOND VATICAN ECUMENICAL COUNCIL, Decree on the Ministry and Life of Priests Presbyterorum Ordinis, 5; SAINT JOHN PAUL II, Encyclical Letter Ecclesia de Eucharistia (17 April 2003), 26: AAS 95 (2003), 448.

[129] It is also proper to the priest to administer the Anointing of the Sick, because it is intimately linked to the forgiveness of sins: “And if he has committed sins, he will be forgiven” (Jas 5:15).

[130] Catechism of the Catholic Church, 1396; SAINT JOHN PAUL II, Encyclical Letter Ecclesia de Eucharistia (17 April 2003), 26: AAS 95 (2003), 451; cf. HENRI DE LUBAC, Meditation sur l’Église, Paris (1968), 101.

[131] SECOND VATICAN ECUMENICAL COUNCIL, Decree on the Ministry and Life of Priests Presbyterorum Ordinis, 6.

[132] It is noteworthy that, in some countries of the Amazon Basin, more missionaries go to Europe or the United States than remain to assist their own Vicariates in the Amazon region.

[133] At the Synod, mention was also made of the lack of seminaries for the priestly formation of indigenous people.

[134] Cf. SECOND VATICAN ECUMENICAL COUNCIL, Dogmatic Constitution on the Church Lumen Gentium, 3.

[135] SAINT PAUL VI, Homily on the Solemnity of Corpus Christi, 17 June 1965: Insegnamenti 3 (1965), 358.

[136] It is possible that, due to a lack of priests, a bishop can entrust “participation in the exercise of the pastoral care of a parish… to a deacon, to another person who is not a priest, or to a community of persons” (Code of Canon Law, 517 §2).

[137] FIFTH GENERAL CONFERENCE OF THE LATIN AMERICAN AND CARIBBEAN BISHOPS’ CONFERENCES, Aparecida Document, 29 June 2007, 178.

[138] Ibid., 475.

[139] Instrumentum Laboris, 65.

[140] Ibid., 63.

[141] Ibid., 129, d, 2.

[142] Apostolic Exhortation Evangelii Gaudium (24 November 2013), 228: AAS 105 (2013), 1113.

[143] Ibid., 226: AAS 105 (2013), 1112.

[144] SECOND VATICAN ECUMENICAL COUNCIL, Declaration on the Relation of the Church to Non-Christian Religions Nostra Aetate, 2.

[145] CELAM, III Simposio latinoamericano sobre Teología India, Ciudad de Guatemala (23-27 October 2006).

[00189-EN.01] [Original text: Spanish]

Traduzione in lingua tedesca

---

[00189-DE.01] [Originalsprache: Spanisch]

Traduzione in lingua portoghese

EXORTAÇÃO APOSTÓLICA PÓS-SINODAL

QUERIDA AMAZONIA

DO SANTO PADRE FRANCISCO

AO POVO DE DEUS

E A TODAS AS PESSOAS DE BOA VONTADE

1. A AMAZÓNIA QUERIDA apresenta-se aos olhos do mundo com todo o seu esplendor, o seu drama e o seu mistério. Deus concedeu-nos a graça de a termos presente de modo especial no Sínodo que se realizou em Roma de 6 a 27 de outubro de 2019, concluindo com o Documento Amazónia: Novos Caminhos para a Igreja e para uma Ecologia Integral.

O sentido desta Exortação

2. Ouvi as intervenções ao longo do Sínodo e li, com interesse, as contribuições dos Círculos Menores. Com esta Exortação, quero expressar as ressonâncias que provocou em mim este percurso de diálogo e discernimento. Aqui, não vou desenvolver todas as questões amplamente tratadas no Documento conclusivo; não pretendo substitui-lo nem repeti-lo. Desejo apenas oferecer um breve quadro de reflexão que encarne na realidade amazónica uma síntese de algumas grandes preocupações já manifestadas por mim em documentos anteriores, que ajude e oriente para uma receção harmoniosa, criativa e frutuosa de todo o caminho sinodal.

3. Ao mesmo tempo, quero apresentar de maneira oficial o citado Documento, que nos oferece as conclusões do Sínodo e no qual colaboraram muitas pessoas que conhecem melhor do que eu e do que a Cúria Romana a problemática da Amazónia, porque vivem lá, por ela sofrem e a amam apaixonadamente. Nesta Exortação, preferi não citar o Documento, convidando a lê-lo integralmente.

4. Deus queira que toda a Igreja se deixe enriquecer e interpelar por este trabalho, que os pastores, os consagrados, as consagradas e os fiéis-leigos da Amazónia se empenhem na sua aplicação e que, de alguma forma, possa inspirar todas as pessoas de boa vontade.

Sonhos para a Amazónia

5. A Amazónia é um todo plurinacional interligado, um grande bioma partilhado por nove países: Brasil, Bolívia, Colômbia, Equador, Guiana, Perú, Suriname, Venezuela e Guiana Francesa. Todavia dirijo esta Exortação ao mundo inteiro. Faço-o, por um lado, para ajudar a despertar a estima e solicitude por esta terra, que também é «nossa», convidando-o a admirá-la e reconhecê-la como um mistério sagrado; e, por outro, porque a atenção da Igreja às problemáticas deste território obriga-nos a retomar brevemente algumas questões que não devemos esquecer e que podem servir de inspiração para outras regiões da terra enfrentarem os seus próprios desafios.

6. Tudo o que a Igreja oferece deve encarnar-se de maneira original em cada lugar do mundo, para que a Esposa de Cristo adquira rostos multiformes que manifestem melhor a riqueza inesgotável da graça. Deve encarnar-se a pregação, deve encarnar-se a espiritualidade, devem encarnar-se as estruturas da Igreja. Por isso, nesta breve Exortação, ouso humildemente formular quatro grandes sonhos que a Amazónia me inspira:

7. Sonho com uma Amazónia que lute pelos direitos dos mais pobres, dos povos nativos, dos últimos, de modo que a sua voz seja ouvida e sua dignidade promovida.

Sonho com uma Amazónia que preserve a riqueza cultural que a carateriza e na qual brilha de maneira tão variada a beleza humana.

Sonho com uma Amazónia que guarde zelosamente a sedutora beleza natural que a adorna, a vida transbordante que enche os seus rios e as suas florestas.

Sonho com comunidades cristãs capazes de se devotar e encarnar de tal modo na Amazónia, que deem à Igreja rostos novos com traços amazónicos.

CAPÍTULO I

UM SONHO SOCIAL

8. O nosso é o sonho duma Amazónia que integre e promova todos os seus habitantes, para poderem consolidar o «bem viver». Mas impõe-se um grito profético e um árduo empenho em prol dos mais pobres. Pois, apesar do desastre ecológico que a Amazónia está a enfrentar, deve-se notar que «uma verdadeira abordagem ecológica sempre se torna uma abordagem social, que deve integrar a justiça nos debates sobre o meio ambiente, para ouvir tanto o clamor da terra como o clamor dos pobres».[1] Não serve um conservacionismo «que se preocupa com o bioma, porém ignora os povos amazónicos».[2]

Injustiça e crime

9. Os interesses colonizadores que, legal e ilegalmente, fizeram – e fazem – aumentar o corte de madeira e a indústria minerária e que foram expulsando e encurralando os povos indígenas, ribeirinhos e afrodescendentes, provocam um clamor que brada ao céu:

«São muitas as árvores
onde morou a tortura
e vastas as florestas
compradas entre mil mortes».[3]

«Os madeireiros têm parlamentares
e nossa Amazónia não tem quem a defenda (…)
Mandam em exílio os papagaios e os macacos (…)
Já não será igual a colheita da castanha».[4]

10. Isto favoreceu os movimentos migratórios mais recentes dos indígenas para as periferias das cidades. Aqui não encontram uma real libertação dos seus dramas, mas as piores formas de escravidão, sujeição e miséria. Nestas cidades caraterizadas por uma grande desigualdade, onde hoje habita a maior parte da população da Amazónia, crescem também a xenofobia, a exploração sexual e o tráfico de pessoas. Por isso o clamor da Amazónia não brota apenas do coração das florestas, mas também do interior das suas cidades.

11. Não é necessário repetir aqui as análises tão abrangentes e completas que foram apresentadas antes e durante o Sínodo. Mas lembremos ao menos uma das vozes ouvidas: «Estamos sendo afetados pelos madeireiros, criadores de gado e outros terceiros. Ameaçados por agentes económicos que implementam um modelo alheio em nossos territórios. As empresas madeireiras entram no território para explorar a floresta, nós cuidamos da floresta para nossos filhos, dispomos de carne, pesca, remédios vegetais, árvores frutíferas (…). A construção de hidroelétricas e o projeto de hidrovias têm impacto sobre o rio e sobre os territórios (…). Somos uma região de territórios roubados».[5]

12. Já o meu antecessor, Bento XVI, denunciava «a devastação ambiental da Amazónia e as ameaças à dignidade humana das suas populações».[6] Desejo acrescentar que muitos dramas tiveram a ver com uma falsa «mística amazónica»: é sabido que, desde os últimos decénios do século passado, a Amazónia tem sido apresentada como um enorme vazio que deve ser preenchido, como uma riqueza em estado bruto que se deve aprimorar, como uma vastidão selvagem que precisa de ser domada. E, tudo isto, numa perspetiva que não reconhece os direitos dos povos nativos ou simplesmente os ignora como se não existissem e como se as terras onde habitam não lhes pertencessem. Nos próprios programas educacionais de crianças e jovens, os indígenas apareciam como intrusos ou usurpadores. As suas vidas e preocupações, a sua maneira de lutar e sobreviver não interessavam, considerando-os mais como um obstáculo de que nos temos de livrar do que como seres humanos com a mesma dignidade que qualquer outro e com direitos adquiridos.

13. Para aumentar esta confusão, contribuíram alguns slogans, nomeadamente o de «não entregar»,[7] como se a citada sujeição fosse provocada apenas por países estrangeiros, quando os próprios poderes locais, com a desculpa do progresso, fizeram parte de alianças com o objetivo de devastar, de maneira impune e indiscriminada, a floresta com as formas de vida que abriga. Os povos nativos viram muitas vezes, impotentes, a destruição do ambiente natural que lhes permitia alimentar-se, curar-se, sobreviver e conservar um estilo de vida e uma cultura que lhes dava identidade e sentido. A disparidade de poder é enorme, os fracos não têm recursos para se defender, enquanto o vencedor continua a levar tudo, «os povos pobres ficam sempre pobres e os ricos tornam-se cada vez mais ricos».[8]

14. Às operações económicas, nacionais ou internacionais, que danificam a Amazónia e não respeitam o direito dos povos nativos ao território e sua demarcação, à autodeterminação e ao consentimento prévio, há que rotulá-las com o nome devido: injustiça e crime. Quando algumas empresas sedentas de lucro fácil se apropriam dos terrenos, chegando a privatizar a própria água potável, ou quando as autoridades deixam mão livre a madeireiros, a projetos minerários ou petrolíferos e outras atividades que devastam as florestas e contaminam o ambiente, transformam-se indevidamente as relações económicas e tornam-se um instrumento que mata. É usual lançar mão de recursos desprovidos de qualquer ética, como penalizar os protestos e mesmo tirar a vida aos indígenas que se oponham aos projetos, provocar intencionalmente incêndios florestais, ou subornar políticos e os próprios nativos. A acompanhar tudo isto, temos graves violações dos direitos humanos e novas escravidões que atingem especialmente as mulheres, a praga do narcotráfico que procura submeter os indígenas, ou o tráfico de pessoas que se aproveita daqueles que foram expulsos de seu contexto cultural. Não podemos permitir que a globalização se transforme num «novo tipo de colonialismo».[9]

Indignar-se e pedir perdão

15. É preciso indignar-se,[10] como se indignou Moisés (cf. Ex 11, 8), como Se indignava Jesus (cf. Mc 3, 5), como Se indigna Deus perante a injustiça (cf. Am 2, 4-8; 5, 7-12; Sal 106/105, 40). Não é salutar habituarmo-nos ao mal; faz-nos mal permitir que nos anestesiem a consciência social, enquanto «um rasto de delapidação, inclusive de morte, por toda a nossa região, (…) coloca em perigo a vida de milhões de pessoas, em especial do habitat dos camponeses e indígenas».[11] Os casos de injustiça e crueldade verificados na Amazónia, ainda durante o século passado, deveriam gerar uma profunda repulsa e ao mesmo tempo tornar-nos mais sensíveis para também reconhecer formas atuais de exploração humana, violência e morte. Por exemplo, a propósito do passado vergonhoso, recolhamos uma narração dos sofrimentos dos indígenas da época da borracha na Amazónia venezuelana: «Os nativos não recebiam dinheiro, mas apenas mercadorias, e caras, que nunca acabavam de pagar. (...) Pagava, mas diziam ao indígena: “Ainda estás a dever tanto” e o indígena tinha que voltar a trabalhar (...). Mais de vinte aldeias ye’kuana foram completamente arrasadas. As mulheres ye’kuana foram violadas e seus seios cortados; as grávidas desventradas. Aos homens, cortavam-lhes os dedos das mãos ou os pulsos, para não poderem navegar (...), juntamente com outras cenas do sadismo mais absurdo».[12]

16. Esta história de sofrimento e desprezo não se cura facilmente. E a colonização não para; embora em muitos lugares se transforme, disfarce e dissimule,[13] todavia não perde a sua prepotência contra a vida dos pobres e a fragilidade do meio ambiente. Os bispos da Amazónia brasileira recordaram que «a história da Amazónia revela que foi sempre uma minoria que lucrava à custa da pobreza da maioria e da depredação sem escrúpulos das riquezas naturais da região, dádiva divina para os povos que aqui vivem há milénios e os migrantes que chegaram ao longo dos séculos passados».[14]

17. Ao mesmo tempo que nos deixamos tomar por uma sã indignação, lembremo-nos de que sempre é possível superar as diferentes mentalidades de colonização para construir redes de solidariedade e desenvolvimento: «o desafio é assegurar uma globalização na solidariedade, uma globalização sem marginalização».[15] Podem-se encontrar alternativas de pecuária e agricultura sustentáveis, de energias que não poluem, de fontes dignas de trabalho que não impliquem a destruição do meio ambiente e das culturas. Simultaneamente é preciso garantir, para os indígenas e os mais pobres, uma educação adequada que desenvolva as suas capacidades e empoderamento. É precisamente nestes objetivos que se mede a verdadeira solércia e a genuína capacidade dos políticos. Não servirá para devolver aos mortos a vida que lhes foi negada, nem para compensar os sobreviventes daqueles massacres, mas ao menos para hoje sermos todos realmente humanos.

18. Anima-nos recordar que, no meio dos graves excessos da colonização da Amazónia, cheia de «contradições e lacerações»,[16] muitos missionários chegaram lá com o Evangelho, deixando os seus países e aceitando uma vida austera e desafiadora junto dos mais desprotegidos. Sabemos que nem todos foram exemplares, mas o trabalho de quantos se mantiveram fiéis ao Evangelho também inspirou «uma legislação, como as Leis das Índias, que protegiam a dignidade dos indígenas contra as violações de seus povos e territórios».[17] E dado que frequentemente eram os sacerdotes que protegiam os indígenas de ladrões e abusadores, aqueles «pediam-nos insistentemente – contam os missionários – que não os abandonássemos e faziam-nos prometer que voltaríamos novamente».[18]

19. E, nos dias de hoje, a Igreja não pode estar menos comprometida, chamada como está a ouvir os clamores dos povos amazónicos, «para poder exercer com transparência o seu papel profético».[19] Entretanto como não podemos negar que o joio se misturou com o trigo, pois os missionários nem sempre estiveram do lado dos oprimidos, deploro-o e mais uma vez «peço humildemente perdão, não só pelas ofensas da própria Igreja, mas também pelos crimes contra os povos nativos durante a chamada conquista da América»[20] e pelos crimes atrozes que se seguiram ao longo de toda a história da Amazónia. Aos membros dos povos nativos, agradeço e digo novamente que, «com a vossa vida, sois um grito lançado à consciência (…). Vós sois memória viva da missão que Deus nos confiou a todos: cuidar da Casa Comum».[21]

Sentido comunitário

20. A luta social implica capacidade de fraternidade, um espírito de comunhão humana. Então, sem diminuir a importância da liberdade pessoal, ressalta-se que os povos nativos da Amazónia possuem um forte sentido comunitário. Vivem assim «o trabalho, o descanso, os relacionamentos humanos, os ritos e as celebrações. Tudo é compartilhado, os espaços particulares – típicos da modernidade – são mínimos. A vida é um caminho comunitário onde as tarefas e as responsabilidades se dividem e compartilham em função do bem comum. Não há espaço para a ideia de indivíduo separado da comunidade ou de seu território».[22] Estas relações humanas estão impregnadas pela natureza circundante, porque a sentem e percebem como uma realidade que integra a sua sociedade e cultura, como um prolongamento do seu corpo pessoal, familiar e de grupo:

«Aquele luzeiro se aproxima
revolteiam os beija-flores
mais do que a cascata troa meu coração
com esses teus lábios regarei a terra
possa o vento jogar em nós».[23]

21. Isto multiplica o efeito desintegrador do desenraizamento que vivem os indígenas forçados a emigrar para a cidade, procurando sobreviver, por vezes de forma não digna, no meio dos costumes urbanos mais individualistas e dum ambiente hostil. Como sanar um dano tão grave? Como reconstruir estas vidas desenraizadas? À vista desta realidade, é preciso valorizar e acompanhar todos os esforços que fazem muitos destes grupos para preservar os seus valores e estilo de vida e integrar-se nos contextos novos sem os perder, antes pelo contrário oferecendo-os como uma própria contribuição para o bem comum.

22. Cristo redimiu o ser humano inteiro e deseja recompor em cada um a sua capacidade de se relacionar com os outros. O Evangelho propõe a caridade divina que brota do Coração de Cristo e gera uma busca da justiça que é inseparavelmente um canto de fraternidade e solidariedade, um estímulo à cultura do encontro. A sabedoria do estilo de vida dos povos nativos – mesmo com todos os limites que possa ter – estimula-nos a aprofundar tal anseio. Por esta razão, os bispos do Equador solicitaram «um novo sistema social e cultural que privilegie as relações fraternas, num quadro de reconhecimento e valorização das diferentes culturas e dos ecossistemas, capaz de se opor a todas as formas de discriminação e domínio entre os seres humanos».[24]

Instituições degradadas

23. Na Encíclica Laudato si’, lembramos que, «se tudo está relacionado, também o estado de saúde das instituições duma sociedade tem consequências no ambiente e na qualidade de vida humana (…). Dentro de cada um dos níveis sociais e entre eles, desenvolvem-se as instituições que regulam as relações humanas. Tudo o que as danifica comporta efeitos nocivos, como a perda da liberdade, a injustiça e a violência. Vários países são governados por um sistema institucional precário, à custa do sofrimento do povo».[25]

24. Como estão as instituições da sociedade civil na Amazónia? O Instrumentum laboris do Sínodo, que reúne muitas contribuições de pessoas e grupos da Amazónia, refere-se a «uma cultura que envenena o Estado e suas instituições, permeando todos os estratos sociais, inclusive as comunidades indígenas. Trata-se de um verdadeiro flagelo moral; como resultado, perde-se a confiança nas instituições e em seus representantes, o que desacredita totalmente a política e as organizações sociais. Os povos amazónicos não são alheios à corrupção e tornam-se suas principais vítimas».[26]

25. Não podemos excluir que membros da Igreja tenham feito parte das redes de corrupção, por vezes chegando ao ponto de aceitar manter silêncio em troca de ajudas económicas para as obras eclesiais. Por isso mesmo, chegaram ao Sínodo propostas que convidavam a «prestar uma atenção especial à procedência de doações ou outro tipo de benefícios, assim como aos investimentos realizados pelas instituições eclesiásticas ou pelos cristãos».[27]

Diálogo social

26. A Amazónia deveria ser também um local de diálogo social, especialmente entre os diferentes povos nativos, para encontrar formas de comunhão e luta conjunta. Os demais, somos chamados a participar como «convidados», procurando com o máximo respeito encontrar vias de encontro que enriqueçam a Amazónia. Mas, se queremos dialogar, devemos começar pelos últimos. Estes não são apenas um interlocutor que é preciso convencer, nem mais um que está sentado a uma mesa de iguais. Mas são os principais interlocutores, dos quais primeiro devemos aprender, a quem temos de escutar por um dever de justiça e a quem devemos pedir autorização para poder apresentar as nossas propostas. A sua palavra, as suas esperanças, os seus receios deveriam ser a voz mais forte em qualquer mesa de diálogo sobre a Amazónia. E a grande questão é: Como imaginam eles o «bem viver» para si e seus descendentes?

27. O diálogo não se deve limitar a privilegiar a opção preferencial pela defesa dos pobres, marginalizados e excluídos, mas há de também respeitá-los como protagonistas. Trata-se de reconhecer o outro e apreciá-lo «como outro», com a sua sensibilidade, as suas opções mais íntimas, o seu modo de viver e trabalhar. Caso contrário, o resultado será, como sempre, «um projeto de poucos para poucos»,[28] quando não «um consenso de escritório ou uma paz efémera para uma minoria feliz».[29] Se tal acontecer, «é necessária uma voz profética»[30] e, como cristãos, somos chamados a fazê-la ouvir.

Daqui nasce o sonho sucessivo...

CAPÍTULO II

UM SONHO CULTURAL

28. O objetivo é promover a Amazónia; isto, porém, não implica colonizá-la culturalmente, mas fazer de modo que ela própria tire fora o melhor de si mesma. Tal é o sentido da melhor obra educativa: cultivar sem desenraizar, fazer crescer sem enfraquecer a identidade, promover sem invadir. Assim como há potencialidades na natureza que se poderiam perder para sempre, o mesmo pode acontecer com culturas portadoras duma mensagem ainda não escutada e que estão ameaçadas hoje mais do que nunca.

O poliedro amazónico

29. Na Amazónia, vivem muitos povos e nacionalidades, sendo mais de cento e dez os povos indígenas em isolamento voluntário (PIAV).[31] A sua situação é fragilíssima; e muitos sentem que são os últimos depositários dum tesouro destinado a desaparecer, como se lhes fosse permitido sobreviver apenas sem perturbar, enquanto avança a colonização pós-moderna. Temos que evitar de os considerar como «selvagens não-civilizados»; simplesmente criaram culturas diferentes e outras formas de civilização, que antigamente registaram um nível notável de desenvolvimento.[32]

30. Antes da colonização, os centros habitados concentravam-se nas margens dos rios e lagos, mas o avanço da colonização expulsou os antigos habitantes para o interior da floresta. Hoje, a crescente desertificação obriga a novas deslocações muitos, que acabam por ocupar as periferias ou as calçadas das cidades por vezes numa situação de miséria extrema, mas também de dilaceração interior devido à perda dos valores que os sustentavam. Neste contexto, habitualmente perdem os pontos de referência e as raízes culturais que lhes conferiam uma identidade e um sentido de dignidade e vão alongar a fila dos descartados. Assim interrompe-se a transmissão cultural duma sabedoria que, durante séculos, foi passando de geração em geração. As cidades, que deveriam ser lugares de encontro, enriquecimento mútuo e fecundação entre diferentes culturas, tornam-se palco dum doloroso descarte.

31. Cada povo, que conseguiu sobreviver na Amazónia, possui a sua própria identidade cultural e uma riqueza única num universo multicultural, em virtude da estreita relação que os habitantes estabelecem com o meio circundante, numa simbiose – de tipo não determinista – difícil de entender com esquemas mentais alheios:

«Havia outrora uma paisagem que despontava com seu rio,
seus animais, suas nuvens e suas árvores.
Às vezes, porém, quando não se via em lado nenhum
a paisagem com seu rio e suas árvores,
competia a tais coisas assomar à mente dum
garotinho».[33]

«Do rio, fazes o teu sangue (…).
Depois planta-te,
germina e cresce
que tua raiz
se agarre à terra

mais e mais para sempre
e, por último,
sê canoa,
barco, jangada,
solo, jarra,
estábulo e homem».[34]

32. Os grupos humanos, seus estilos de vida e cosmovisões são tão variados como o território, pois tiveram que se adaptar à geografia e aos seus recursos. Não são iguais as aldeias de pescadores às de caçadores, nem as aldeias de agricultores do interior às dos cultivadores de terras sujeitas a inundações. Além disso, na Amazónia, encontram-se milhares de comunidades de indígenas, afrodescendentes, ribeirinhos e habitantes das cidades que, por sua vez, são muito diferentes entre si e abrigam uma grande diversidade humana. Deus manifesta-Se, reflete algo da sua beleza inesgotável através dum território e das suas caraterísticas, pelo que os diferentes grupos, numa síntese vital com o ambiente circundante, desenvolvem uma forma peculiar de sabedoria. Quantos de nós observamos de fora deveríamos evitar generalizações injustas, discursos simplistas ou conclusões elaboradas apenas a partir das nossas próprias estruturas mentais e experiências.

Cuidar das raízes

33. Quero lembrar agora que «a visão consumista do ser humano, incentivada pelos mecanismos da economia globalizada atual, tende a homogeneizar as culturas e a debilitar a imensa variedade cultural, que é um tesouro da humanidade».[35] Isto afeta muito os jovens, quando se tende a «dissolver as diferenças próprias do seu lugar de origem, transformá-los em sujeitos manipuláveis feitos em série».[36] Para evitar esta dinâmica de empobrecimento humano, é preciso amar as raízes e cuidar delas, porque são «um ponto de enraizamento que nos permite crescer e responder aos novos desafios».[37] Convido os jovens da Amazónia, especialmente os indígenas, a «assumir as raízes, pois das raízes provém a força que [os] fará crescer, florescer e frutificar».[38] Para quantos deles são batizados, incluem-se nestas raízes a história do povo de Israel e da Igreja até ao dia de hoje. Conhecê-las é uma fonte de alegria e sobretudo de esperança que inspira ações válidas e corajosas.

34. Durante séculos, os povos amazónicos transmitiram a sua sabedoria cultural, oralmente, através de mitos, lendas, narrações, como sucedia com «aqueles primitivos jograis que percorriam as florestas contando histórias de aldeia em aldeia, mantendo assim viva uma comunidade que, sem o cordão umbilical destas histórias, a distância e a falta de comunicação teriam fragmentado e dissolvido».[39] Por isso, é importante «deixar que os idosos contem longas histórias»[40] e que os jovens se detenham a beber desta fonte.

35. Enquanto o risco de perder esta riqueza cultural é cada vez maior, nos últimos anos – graças a Deus – alguns povos começaram a escrever para contar as suas histórias e descrever o significado dos seus costumes. Assim, eles próprios podem reconhecer explicitamente que há algo mais do que uma identidade étnica e que são depositários de preciosas memórias pessoais, familiares e coletivas. Alegra-me ver aqueles que perderam o contacto com as suas raízes tentarem recuperar a memória danificada. Por outro lado, nos próprios setores profissionais, começou a desenvolver-se uma maior perceção da identidade amazónica, tornando-se a Amazónia – mesmo para eles, muitas vezes descendentes de imigrantes – fonte de inspiração artística, literária, musical, cultural. As várias expressões artísticas, particularmente a poesia, deixaram-se inspirar pela água, a floresta, a vida que se agita, bem como pela diversidade cultural e os desafios ecológicos e sociais.

Encontro intercultural

36. As culturas da Amazónia profunda, como aliás toda a realidade cultural, têm as suas limitações; as culturas urbanas do Ocidente também as têm. Fatores, como o consumismo, o individualismo, a discriminação, a desigualdade e muitos outros, constituem aspetos frágeis das culturas aparentemente mais evoluídas. As etnias que desenvolveram um tesouro cultural em conexão com a natureza, com forte sentido comunitário, apercebem-se facilmente das nossas sombras, que não reconhecemos no meio do suposto progresso. Assim, far-nos-á bem recolher a sua experiência da vida.

37. É a partir das nossas raízes que nos sentamos à mesa comum, lugar de diálogo e de esperanças compartilhadas. Deste modo a diferença, que pode ser uma bandeira ou uma fronteira, transforma-se numa ponte. A identidade e o diálogo não são inimigos. A própria identidade cultural aprofunda-se e enriquece-se no diálogo com os que são diferentes, e o modo autêntico de a conservar não é um isolamento que empobrece. Por isso, não é minha intenção propor um indigenismo completamente fechado, a-histórico, estático, que se negue a toda e qualquer forma de mestiçagem. Uma cultura pode tornar-se estéril, quando «se fecha em si própria e procura perpetuar formas antiquadas de vida, recusando qualquer mudança e confronto com a verdade do homem».[41] Isto poderia parecer pouco realista, já que não é fácil proteger-se da invasão cultural. Por isso, cuidar dos valores culturais dos grupos indígenas deveria ser interesse de todos, porque a sua riqueza é também a nossa. Se não progredirmos nesta direção de corresponsabilidade pela diversidade que embeleza a nossa humanidade, não se pode pretender que os grupos do interior da floresta se abram ingenuamente à «civilização».

38. Na Amazónia, mesmo entre os distintos povos nativos, é possível desenvolver «relações interculturais onde a diversidade não significa ameaça, não justifica hierarquias de um poder sobre os outros, mas sim diálogo a partir de visões culturais diferentes, de celebração, de inter-relacionamento e de reavivamento da esperança».[42]

Culturas ameaçadas, povos em risco

39. A economia globalizada danifica despudoradamente a riqueza humana, social e cultural. A desintegração das famílias, que resulta das migrações forçadas, afeta a transmissão dos valores, porque «a família é, e sempre foi, a instituição social que mais contribuiu para manter vivas as nossas culturas».[43] Além disso, «diante duma invasão colonizadora maciça dos meios de comunicação», é necessário promover para os povos nativos «comunicações alternativas, a partir das suas próprias línguas e culturas», e que «os próprios indígenas se façam protagonistas presentes nos meios de comunicação já existentes».[44]

40. Em qualquer projeto para a Amazónia, «é preciso assumir a perspetiva dos direitos dos povos e das culturas, dando assim provas de compreender que o desenvolvimento dum grupo social (...) requer constantemente o protagonismo dos atores sociais locais a partir da sua própria cultura. Nem mesmo a noção da qualidade de vida se pode impor, mas deve ser entendida dentro do mundo de símbolos e hábitos próprios de cada grupo humano».[45] E se as culturas ancestrais dos povos nativos nasceram e se desenvolveram em estreito contacto com o ambiente natural circundante, dificilmente podem ficar ilesas quando se deteriora este ambiente.

Isto abre passagem ao sonho sucessivo...

CAPÍTULO III

UM SONHO ECOLÓGICO

41. Numa realidade cultural como a Amazónia, onde existe uma relação tão estreita do ser humano com a natureza, a vida diária é sempre cósmica. Libertar os outros das suas escravidões implica certamente cuidar do seu meio ambiente e defendê-lo[46] e – mais importante ainda – ajudar o coração do homem a abrir-se confiadamente àquele Deus que não só criou tudo o que existe, mas também Se nos deu a Si mesmo em Jesus Cristo. O Senhor, que primeiro cuida de nós, ensina-nos a cuidar dos nossos irmãos e irmãs e do ambiente que Ele nos dá de prenda cada dia. Esta é a primeira ecologia que precisamos. Na Amazónia, compreendem-se melhor as palavras de Bento XVI, quando dizia que, «ao lado da ecologia da natureza, existe uma ecologia que podemos designar “humana”, a qual, por sua vez, requer uma “ecologia social”. E isto requer que a humanidade (…) tome consciência cada vez mais das ligações existentes entre a ecologia natural, ou seja, o respeito pela natureza, e a ecologia humana».[47] Esta insistência em que «tudo está interligado»[48] vale especialmente para um território como a Amazónia.

42. Se o cuidado das pessoas e o cuidado dos ecossistemas são inseparáveis, isto torna-se particularmente significativo lá onde «a floresta não é um recurso para explorar, é um ser ou vários seres com os quais se relacionar».[49] A sabedoria dos povos nativos da Amazónia «inspira o cuidado e o respeito pela criação, com clara consciência dos seus limites, proibindo o seu abuso. Abusar da natureza significa abusar dos antepassados, dos irmãos e irmãs, da criação e do Criador, hipotecando o futuro».[50] Os indígenas, «quando permanecem nos seus territórios, são quem melhor os cuidam»,[51] desde que não se deixem enredar pelos cantos das sereias e pelas ofertas interesseiras de grupos de poder. Os danos à natureza preocupam-nos, de maneira muito direta e palpável, porque – dizem eles – «somos água, ar, terra e vida do meio ambiente criado por Deus. Por conseguinte, pedimos que cessem os maus-tratos e o extermínio da “Mãe Terra”. A terra tem sangue e está sangrando, as multinacionais cortaram as veias da nossa “Mãe Terra”».[52]

Esse sonho feito de água

43. Na Amazónia, a água é a rainha; rios e córregos lembram veias, e toda a forma de vida brota dela: «Ali, no pleno dos estios quentes, quando se diluem, mortas nos ares parados, as últimas lufadas de leste, o termómetro é substituído pelo higrómetro na definição do clima. As existências derivam numa alternativa dolorosa de vazantes e enchentes dos grandes rios. Estas alteiam-se sempre de um modo assombrador. O Amazonas referto salta fora do leito, levanta em poucos dias o nível das águas. A enchente é uma paragem na vida. Preso nas malhas dos igarapés, o homem aguarda, então, com estoicismo raro ante a fatalidade incoercível, o termo daquele inverno paradoxal, de temperaturas altas. A vazante é o verão. É a revivescência da atividade rudimentar dos que ali se agitam, do único modo compatível com uma natureza que se excede em manifestações dispares tornando impossível a continuidade de quaisquer esforços».[53]

44. A água encanta no grande Amazonas, que abraça e vivifica tudo ao seu redor:

«Amazonas,
capital das sílabas d'água,
pai patriarca, és
a eternidade secreta
das fecundações,
chegam-te rios como pássaros».[54]

45. Além disso é a coluna vertebral que harmoniza e une: «O rio não nos separa; mas une-nos, ajudando-nos a conviver entre diferentes culturas e línguas».[55] Embora seja verdade que, neste território, há muitas «Amazónias», o seu eixo principal é o grande rio, filho de muitos rios: «Da altura extrema da cordilheira, onde as neves são eternas, a água se desprende, e traça trémula um risco na pele antiga da pedra: o Amazonas acaba de nascer. A cada instante ele nasce. Desce devagar, para crescer no chão. Varando verdes, faz o seu caminho e se acrescenta. Aguas subterrâneas afloram para abraçar-se com a água que desceu dos Andes. De mais alto ainda, desce a água celeste. Reunidas elas avançam, multiplicadas em infinitos caminhos, banhando a imensa planície (...). É a Grande Amazónia, toda ela no trópico húmido, com a sua floresta compacta e atordoante, onde ainda palpita, intocada pelo homem, a vida que se foi urdindo nas intimidades da água (...). Desde que o homem a habita, ergue-se das funduras das suas águas e dos altos centros de sua floresta um terrível temor: a de que essa vida esteja, devagarinho, tomando o rumo do fim».[56]

46. Os poetas populares, enamorados da sua imensa beleza, procuraram expressar o que este rio lhes fazia sentir e a vida que ele oferece à sua passagem, com uma dança de delfins, anacondas, árvores e canoas. Mas lamentam também os perigos que a ameaçam. Estes poetas, contemplativos e proféticos, ajudam a libertar-nos do paradigma tecnocrático e consumista que sufoca a natureza e nos deixa sem uma existência verdadeiramente digna: «Sofre o mundo da transformação dos pés em borracha, das pernas em couro, do corpo em pano e da cabeça em aço (...). Sofre o mundo da transformação da pá em fuzil, do arado em tanque de guerra, da imagem do semeador que semeia na do autómato com seu lança-chamas, de cuja sementeira brotam solidões. A esse mundo, só a poesia poderá salvar, e a humildade diante da sua voz».[57]

O grito da Amazónia

47. A poesia ajuda a expressar uma dolorosa sensação que muitos compartilhamos hoje. A verdade ineludível é que, nas condições atuais, com este modo de tratar a Amazónia, tanta riqueza de vida e de tão grande beleza estão «tomando o rumo do fim», embora muitos pretendam continuar a crer que tudo vai bem, como se nada acontecesse:

«Aqueles que pensavam que o rio fosse uma corda para

jogar, enganavam-se.
O rio é uma veia muito subtil sobre a face da terra. (…)
O rio é uma corda onde se agarram os animais e as árvores.
Se o puxarem demais, o rio poderia rebentar.
Poderia explodir e lavar-nos a cara com a água e com o sangue».[58]

48. O equilíbrio da terra depende também da saúde da Amazónia. Juntamente com os biomas do Congo e do Bornéu, deslumbra pela diversidade das suas florestas, das quais dependem também os ciclos das chuvas, o equilíbrio do clima e uma grande variedade de seres vivos. Funciona como um grande filtro do dióxido de carbono, que ajuda a evitar o aquecimento da terra. Em grande parte, o solo é pobre em húmus, de modo que a floresta «cresce realmente sobre o solo e não do solo».[59] Quando se elimina a floresta, esta não é substituída, ficando um terreno com poucos nutrientes que se transforma num território desértico ou pobre em vegetação. Isto é grave, porque, nas entranhas da floresta amazónica, subsistem inúmeros recursos que poderiam ser indispensáveis para a cura de doenças. Os seus peixes, frutos e outros dons sobreabundantes enriquecem a alimentação humana. Além disso, num ecossistema como o amazónico, é incontestável a importância de cada parte para a conservação do todo. As próprias terras costeiras e a vegetação marinha precisam de ser fertilizadas por aquilo que o rio Amazonas arrasta. O grito da Amazónia chega a todos, porque a «conquista e exploração de recursos (...) hoje chega a ameaçar a própria capacidade acolhedora do ambiente: o ambiente como “recurso” corre o perigo de ameaçar o ambiente como “casa”».[60] O interesse de algumas empresas poderosas não deveria ser colocado acima do bem da Amazónia e da humanidade inteira.

49. Não basta prestar atenção à preservação das espécies mais visíveis em risco de extinção. É crucial ter em conta que, «para o bom funcionamento dos ecossistemas, também são necessários os fungos, as algas, os vermes, os pequenos insetos, os répteis e a variedade inumerável de micro-organismos. Algumas espécies pouco numerosas, que habitualmente nos passam despercebidas, desempenham uma função censória fundamental para estabelecer o equilíbrio dum lugar».[61] E isto facilmente se ignora na avaliação do impacto ambiental dos projetos económicos de indústrias extrativas, energéticas, madeireiras e outras que destroem e poluem. Além disso a água, que abunda na Amazónia, é um bem essencial para a sobrevivência humana, mas as fontes de poluição vão aumentando cada vez mais.[62]

50. Com efeito, além dos interesses económicos de empresários e políticos locais, existem também «os enormes interesses económicos internacionais».[63] Por isso, a solução não está numa «internacionalização» da Amazónia,[64] mas a responsabilidade dos governos nacionais torna-se mais grave. Pela mesma razão, «é louvável a tarefa de organismos internacionais e organizações da sociedade civil que sensibilizam as populações e colaboram de forma crítica, inclusive utilizando legítimos sistemas de pressão, para que cada governo cumpra o dever próprio e não-delegável de preservar o meio ambiente e os recursos naturais do seu país, sem se vender a espúrios interesses locais ou internacionais».[65]

51. Para cuidar da Amazónia, é bom conjugar a sabedoria ancestral com os conhecimentos técnicos contemporâneos, mas procurando sempre intervir no território de forma sustentável, preservando ao mesmo tempo o estilo de vida e os sistemas de valores dos habitantes.[66] A estes, especialmente aos povos nativos, cabe receber, para além da formação básica, a informação completa e transparente dos projetos, com a sua amplitude, os seus efeitos e riscos, para poderem confrontar esta informação com os seus interesses e com o próprio conhecimento do local e, assim, dar ou negar o seu consentimento ou então propor alternativas.[67]

52. Os mais poderosos nunca ficam satisfeitos com os lucros que obtêm, e os recursos do poder económico têm aumentado muito com o desenvolvimento científico e tecnológico. Por isso, todos deveríamos insistir na urgência de «criar um sistema normativo que inclua limites invioláveis e assegure a proteção dos ecossistemas, antes que as novas formas de poder derivadas do paradigma tecno-económico acabem por arrasá-los não só com a política, mas também com a liberdade e a justiça».[68] Se a chamada por Deus exige uma escuta atenta do grito dos pobres e ao mesmo tempo da terra,[69] para nós «o grito da Amazónia ao Criador é semelhante ao grito do Povo de Deus no Egito (cf. Ex 3, 7). É um grito desde a escravidão e o abandono, que clama por liberdade».[70]

A profecia da contemplação

53. Muitas vezes deixamos que a consciência se torne insensível, porque «a constante distração nos tira a coragem de advertir a realidade dum mundo limitado e finito».[71] Se nos detivermos na superfície, pode parecer «que as coisas não estejam assim tão graves e que o planeta poderia subsistir ainda por muito tempo nas condições atuais. Este comportamento evasivo serve-nos para mantermos os nossos estilos de vida, de produção e consumo. É a forma como o ser humano se organiza para alimentar todos os vícios autodestrutivos: tenta não os ver, luta para não os reconhecer, adia as decisões importantes, age como se nada tivesse acontecido».[72]

54. Além de tudo isso, quero lembrar que cada uma das diferentes espécies tem valor em si mesma. Ora, «anualmente, desaparecem milhares de espécies vegetais e animais, que já não poderemos conhecer, que os nossos filhos não poderão ver, perdidas para sempre. A grande maioria delas extingue-se por razões que têm a ver com alguma atividade humana. Por nossa causa, milhares de espécies já não darão glória a Deus com a sua existência, nem poderão comunicar-nos a sua própria mensagem. Não temos direito de o fazer».[73]

55. Aprendendo com os povos nativos, podemos contemplar a Amazónia, e não apenas analisá-la, para reconhecer esse precioso mistério que nos supera; podemos amá-la, e não apenas usá-la, para que o amor desperte um interesse profundo e sincero; mais ainda, podemos sentir-nos intimamente unidos a ela, e não só defendê-la: e então a Amazónia tornar-se-á nossa como uma mãe. Porque se «contempla o mundo, não como alguém que está fora dele, mas dentro, reconhecendo os laços com que o Pai nos uniu a todos os seres».[74]

56. Despertemos o sentido estético e contemplativo que Deus colocou em nós e que, às vezes, deixamos atrofiar. Lembremo-nos de que, «quando não se aprende a parar a fim de admirar e apreciar o que é belo, não surpreende que tudo se transforme em objeto de uso e abuso sem escrúpulos».[75] Pelo contrário, se entrarmos em comunhão com a floresta, facilmente a nossa voz se unirá à dela e transformar-se-á em oração: «Deitados à sombra dum velho eucalipto, a nossa oração de luz mergulha no canto da folhagem eterna».[76] Tal conversão interior é que nos permitirá chorar pela Amazónia e gritar com ela diante do Senhor.

57. Jesus disse: «Não se vendem cinco passarinhos por duas pequeninas moedas? Contudo, nenhum deles passa despercebido diante de Deus» (Lc 12, 6). Deus Pai, que criou com infinito amor cada ser do universo, chama-nos a ser seus instrumentos para escutar o grito da Amazónia. Se acudirmos a este clamor angustiado, tornar-se-á manifesto que as criaturas da Amazónia não foram esquecidas pelo Pai do céu. Segundo os cristãos, o próprio Jesus nos chama a partir delas, «porque o Ressuscitado as envolve misteriosamente e guia para um destino de plenitude. As próprias flores do campo e as aves que Ele, admirado, contemplou com os seus olhos humanos, agora estão cheias da sua presença luminosa».[77] Por todas estas razões, nós, os crentes, encontramos na Amazónia um lugar teológico, um espaço onde o próprio Deus Se manifesta e chama os seus filhos.

Educação e hábitos ecológicos

58. Assim, podemos dar mais um passo e lembrar que uma ecologia integral não se dá por satisfeita com ajustar questões técnicas ou com decisões políticas, jurídicas e sociais. A grande ecologia sempre inclui um aspeto educativo, que provoca o desenvolvimento de novos hábitos nas pessoas e nos grupos humanos. Infelizmente, muitos habitantes da Amazónia adquiriram costumes próprios das grandes cidades, onde já estão muito enraizados o consumismo e a cultura do descarte. Não haverá uma ecologia sã e sustentável, capaz de transformar seja o que for, se não mudarem as pessoas, se não forem incentivadas a adotar outro estilo de vida, menos voraz, mais sereno, mais respeitador, menos ansioso, mais fraterno.

59. De facto, «quanto mais vazio está o coração da pessoa, tanto mais necessita de objetos para comprar, possuir e consumir. Em tal contexto, parece não ser possível, para uma pessoa, aceitar que a realidade lhe assinale limites; (…) não pensemos só na possibilidade de terríveis fenómenos climáticos ou de grandes desastres naturais, mas também nas catástrofes resultantes de crises sociais, porque a obsessão por um estilo de vida consumista, sobretudo quando poucos têm possibilidades de o manter, só poderá provocar violência e destruição recíproca».[78]

60. A Igreja, com a sua longa experiência espiritual, a sua consciência renovada sobre o valor da criação, a sua preocupação com a justiça, a sua opção pelos últimos, a sua tradição educativa e a sua história de encarnação em culturas tão diferentes de todo o mundo, deseja, por sua vez, prestar a sua contribuição para o cuidado e o crescimento da Amazónia.

Isso dá lugar ao novo sonho, que pretendo partilhar mais diretamente com os pastores e os fiéis católicos.

CAPÍTULO IV

UM SONHO ECLESIAL

61. A Igreja é chamada a caminhar com os povos da Amazónia. Na América Latina, esta caminhada teve expressões privilegiadas, como a Conferência dos Bispos em Medellín (1968) e a sua aplicação à Amazónia em Santarém (1972);[79] e, depois, em Puebla (1979), Santo Domingo (1992) e Aparecida (2007). O caminho continua e o trabalho missionário, se quiser desenvolver uma Igreja com rosto amazónico, precisa de crescer numa cultura do encontro rumo a uma «harmonia pluriforme».[80] Mas, para tornar possível esta encarnação da Igreja e do Evangelho, deve ressoar incessantemente o grande anúncio missionário.

O anúncio indispensável na Amazónia

62. Perante tantas necessidades e angústias que clamam do coração da Amazónia, é possível responder a partir de organizações sociais, recursos técnicos, espaços de debate, programas políticos… e tudo isso pode fazer parte da solução. Mas, como cristãos, não renunciamos à proposta de fé que recebemos do Evangelho. Embora queiramos empenhar-nos lado a lado com todos, não nos envergonhamos de Jesus Cristo. Para quantos O encontraram, vivem na sua amizade e se identificam com a sua mensagem, é inevitável falar d’Ele e levar aos outros a sua proposta de vida nova: «Ai de mim, se eu não evangelizar!» (1 Cor 9, 16).

63. A autêntica opção pelos mais pobres e abandonados, ao mesmo tempo que nos impele a libertá-los da miséria material e defender os seus direitos, implica propor-lhes a amizade com o Senhor que os promove e dignifica. Seria triste se recebessem de nós um código de doutrinas ou um imperativo moral, mas não o grande anúncio salvífico, aquele grito missionário que visa o coração e dá sentido a todo o resto. Nem podemos contentar-nos com uma mensagem social. Se dermos a vida por eles, pela justiça e a dignidade que merecem, não podemos ocultar-lhes que o fazemos porque reconhecemos Cristo neles e porque descobrimos a imensa dignidade a eles concedida por Deus Pai que os ama infinitamente.

64. Eles têm direito ao anúncio do Evangelho, sobretudo àquele primeiro anúncio que se chama querigma e «é o anúncio principal, aquele que sempre se tem de voltar a ouvir de diferentes maneiras e aquele que sempre se tem de voltar a anunciar duma forma ou doutra».[81] É o anúncio de um Deus que ama infinitamente cada ser humano, que manifestou plenamente este amor em Cristo crucificado por nós e ressuscitado na nossa vida. Proponho voltar a ler um breve resumo deste conteúdo no capítulo IV da Exortação Christus vivit. Este anúncio deve ressoar constantemente na Amazónia, expresso em muitas modalidades distintas. Sem este anúncio apaixonado, cada estrutura eclesial transformar-se-á em mais uma ONG e, assim, não responderemos ao pedido de Jesus Cristo: «Ide pelo mundo inteiro, proclamai o Evangelho a toda a criatura» (Mc 16, 15).

65. Qualquer proposta de amadurecimento na vida cristã precisa de ter este anúncio como eixo permanente, porque «toda a formação cristã é, primariamente, o aprofundamento do querigma que se vai, cada vez mais e melhor, fazendo carne».[82] A reação fundamental a este anúncio, quando o mesmo consegue provocar um encontro pessoal com o Senhor, é a caridade fraterna, aquele «mandamento novo que é o primeiro, o maior, o que melhor nos identifica como discípulos».[83] Deste modo, o querigma e o amor fraterno constituem a grande síntese de todo o conteúdo do Evangelho, que não se pode deixar de propor na Amazónia. É o que viveram grandes evangelizadores da América Latina como São Toríbio de Mogrovejo ou São José de Anchieta.

A inculturação

66. Ao mesmo tempo que anuncia sem cessar o querigma, a Igreja deve crescer na Amazónia. Para isso, não para de moldar a sua própria identidade na escuta e diálogo com as pessoas, realidades e histórias do território. Desta forma, ir-se-á desenvolvendo cada vez mais um processo necessário de inculturação, que nada despreza do bem que já existe nas culturas amazónicas, mas recebe-o e leva-o à plenitude à luz do Evangelho.[84] E também não despreza a riqueza de sabedoria cristã transmitida ao longo dos séculos, como se pretendesse ignorar a história na qual Deus operou de várias maneiras, porque a Igreja possui um rosto pluriforme, vista «não só da perspetiva espacial (…), mas também da sua realidade temporal».[85] Trata-se da Tradição autêntica da Igreja, que não é um depósito estático nem uma peça de museu, mas a raiz duma árvore que cresce.[86] É a Tradição milenar que testemunha a ação divina no seu povo e cuja «missão é mais a de manter vivo o fogo, do que conservar as suas cinzas».[87]

67. São João Paulo II ensinou que a Igreja, ao apresentar a sua proposta evangélica, «não pretende negar a autonomia da cultura. Antes pelo contrário, nutre por ela o maior respeito», porque a cultura «não é só sujeito de redenção e de elevação; mas pode ter também um papel de mediação e de colaboração».[88] E, dirigindo-se aos indígenas do Continente Americano, lembrou que «uma fé que não se torna cultura é uma fé não de modo pleno acolhida, não inteiramente pensada, nem com fidelidade vivida».[89] Os desafios das culturas convidam a Igreja a uma «atitude de prudente sentido crítico, mas também de atenção e confiança».[90]

68. Vale a pena lembrar aqui o que afirmei na Exortação Evangelii gaudium a propósito da inculturação: esta baseia-se na convicção de que «a graça supõe a cultura, e o dom de Deus encarna-se na cultura de quem o recebe».[91] Notemos que isto implica um duplo movimento: por um lado, uma dinâmica de fecundação que permite expressar o Evangelho num lugar concreto, pois «quando uma comunidade acolhe o anúncio da salvação, o Espírito Santo fecunda a sua cultura com a força transformadora do Evangelho»;[92] por outro, a própria Igreja vive um caminho de receção, que a enriquece com aquilo que o Espírito já tinha misteriosamente semeado naquela cultura. Assim, «o Espírito Santo embeleza a Igreja, mostrando-lhe novos aspetos da Revelação e presenteando-a com um novo rosto».[93] Trata-se, em última instância, de permitir e incentivar a que o anúncio do Evangelho inexaurível, comunicado «com categorias próprias da cultura onde é anunciado, provoque uma nova síntese com essa cultura».[94]

69. Por isso, «como podemos ver na história da Igreja, o cristianismo não dispõe de um único modelo cultural»[95] e «não faria justiça à lógica da encarnação pensar num cristianismo monocultural e monocórdico».[96] Entretanto, o risco dos evangelizadores que chegam a um lugar é julgar que devem não só comunicar o Evangelho, mas também a cultura em que cresceram, esquecendo que não se trata de «impor uma determinada forma cultural, por mais bela e antiga que seja».[97] É necessário aceitar corajosamente a novidade do Espírito capaz de criar sempre algo de novo com o tesouro inesgotável de Jesus Cristo, porque «a inculturação empenha a Igreja num caminho difícil mas necessário».[98] É verdade que, «embora estes processos sejam sempre lentos, às vezes o medo paralisa-nos demasiado» e acabamos como «espectadores duma estagnação estéril da Igreja».[99] Não tenhamos medo, não cortemos as asas ao Espírito Santo.

Caminhos de inculturação na Amazónia

70. Para conseguir uma renovada inculturação do Evangelho na Amazónia, a Igreja precisa de escutar a sua sabedoria ancestral, voltar a dar voz aos idosos, reconhecer os valores presentes no estilo de vida das comunidades nativas, recuperar a tempo as preciosas narrações dos povos. Na Amazónia, já recebemos riquezas que provêm das culturas pré-colombianas, tais «como a abertura à ação de Deus, o sentido da gratidão pelos frutos da terra, o caráter sagrado da vida humana e a valorização da família, o sentido de solidariedade e a corresponsabilidade no trabalho comum, a importância do cultual, a crença em uma vida para além da terrena e tantos outros valores».[100]

71. Neste contexto, os povos indígenas da Amazónia expressam a autêntica qualidade de vida como um «bem viver», que implica uma harmonia pessoal, familiar, comunitária e cósmica e manifesta-se no seu modo comunitário de conceber a existência, na capacidade de encontrar alegria e plenitude numa vida austera e simples, bem como no cuidado responsável da natureza que preserva os recursos para as gerações futuras. Os povos aborígenes podem ajudar-nos a descobrir o que é uma sobriedade feliz e, nesta linha, «têm muito para nos ensinar».[101] Sabem ser felizes com pouco, gozam dos pequenos dons de Deus sem acumular tantas coisas, não destroem sem necessidade, preservam os ecossistemas e reconhecem que a terra, ao mesmo tempo que se oferece para sustentar a sua vida, como uma fonte generosa, tem um sentido materno que suscita respeitosa ternura. Tudo isto deve ser valorizado e recebido na evangelização.[102]

72. Enquanto lutamos por eles e com eles, somos chamados «a ser seus amigos, a escutá-los, a compreendê-los e a acolher a misteriosa sabedoria que Deus nos quer comunicar através deles».[103] Os habitantes das cidades precisam de apreciar esta sabedoria e deixar-se «reeducar» quanto ao consumismo ansioso e ao isolamento urbano. A própria Igreja pode ser um veículo capaz de ajudar esta recuperação cultural numa válida síntese com o anúncio do Evangelho. Além disso, torna-se instrumento de caridade, na medida em que as comunidades urbanas forem não apenas missionárias no seu ambiente, mas também acolhedoras dos pobres que chegam do interior acossados pela miséria. É-o, igualmente, na medida em que as comunidades estiverem próximas dos jovens migrantes para os ajudarem a integrar-se na cidade sem cair nas suas redes de degradação. Tais ações eclesiais, que brotam do amor, são caminhos valiosos dentro dum processo de inculturação.

73. Mas, a inculturação eleva e dá plenitude. Sem dúvida, há que apreciar esta espiritualidade indígena da interconexão e interdependência de todo o criado, espiritualidade de gratuidade que ama a vida como dom, espiritualidade de sacra admiração perante a natureza que nos cumula com tanta vida. Apesar disso, trata-se também de conseguir que esta relação com Deus presente no cosmos se torne cada vez mais uma relação pessoal com um «Tu», que sustenta a própria realidade e lhe quer dar um sentido, um «Tu» que nos conhece e ama:

«Flutuam sombras de mim, madeiras mortas.
Mas a estrela nasce sem censura
sobre as mãos deste menino, especialistas
que conquistam as águas e a noite.
Bastar-me-á saber
que Tu me conheces
inteiramente, ainda antes dos meus dias».[104]

74. De igual modo, a relação com Jesus Cristo, verdadeiro Deus e verdadeiro homem, libertador e redentor, não é inimiga desta visão do mundo marcadamente cósmica que carateriza estes povos, porque Ele é também o Ressuscitado que penetra todas as coisas.[105] Segundo a experiência cristã, «todas as criaturas do universo material encontram o seu verdadeiro sentido no Verbo encarnado, porque o Filho de Deus incorporou na sua pessoa parte do universo material, onde introduziu um gérmen de transformação definitiva».[106] Ele está, gloriosa e misteriosamente, presente no rio, nas árvores, nos peixes, no vento, enquanto é o Senhor que reina sobre a criação sem perder as suas chagas transfiguradas e, na Eucaristia, assume os elementos do mundo dando a cada um o sentido do dom pascal.

Inculturação social e espiritual

75. Esta inculturação, atendendo à situação de pobreza e abandono de tantos habitantes da Amazónia, deverá necessariamente ter um timbre marcadamente social e caraterizar-se por uma defesa firme dos direitos humanos, fazendo resplandecer o rosto de Cristo que «quis, com ternura especial, identificar-Se com os mais frágeis e pobres».[107] Pois, «a partir do coração do Evangelho, reconhecemos a conexão íntima que existe entre evangelização e promoção humana»,[108] e isto exige das comunidades cristãs um claro empenho com o Reino de justiça na promoção dos descartados. Para isso, é sumamente importante uma adequada formação dos agentes pastorais na doutrina social da Igreja.

76. Ao mesmo tempo, a inculturação do Evangelho na Amazónia deve integrar melhor a dimensão social com a espiritual, para que os mais pobres não tenham necessidade de ir buscar fora da Igreja uma espiritualidade que dê resposta aos anseios da sua dimensão transcendente. Naturalmente, não se trata duma religiosidade alienante ou individualista que faça calar as exigências sociais duma vida mais digna, mas também não se trata de mutilar a dimensão transcendente e espiritual como se bastasse ao ser humano o desenvolvimento material. Isto convida-nos não só a combinar as duas coisas, mas também a ligá-las intimamente. Deste modo resplandecerá a verdadeira beleza do Evangelho, que é plenamente humanizadora, dá plena dignidade às pessoas e aos povos, cumula o coração e a vida inteira.

Pontos de partida para uma santidade amazónica

77. Assim poderão nascer testemunhos de santidade com rosto amazónico, que não sejam cópias de modelos doutros lugares, santidade feita de encontro e dedicação, de contemplação e serviço, de solidão acolhedora e vida comum, de jubilosa sobriedade e luta pela justiça. Chega-se a esta santidade «cada um por seu caminho»,[109] e isto aplica-se também aos povos, onde a graça se encarna e brilha com traços distintivos. Imaginemos uma santidade com traços amazónicos, chamada a interpelar a Igreja universal.

78. Um processo de inculturação, que implica caminhos não só individuais, mas também comunitários, exige um amor ao povo cheio de respeito e compreensão. Em boa parte da Amazónia, este processo já começou. Há mais de quarenta anos, os bispos da Amazónia do Perú assinalavam que, em muitos dos grupos presentes naquela região, «o sujeito de evangelização, modelado por uma cultura própria, multiforme e mutável, está inicialmente evangelizado», pois possui «certos traços de catolicismo popular que, embora num primeiro tempo talvez tenham sido promovidos por agentes pastorais, atualmente são uma realidade que o povo assumiu e até mudou o seu significado transmitindo-os de geração em geração».[110] Não nos apressemos a qualificar como superstição ou paganismo certas expressões religiosas que nascem, espontaneamente, da vida do povo. Antes, é necessário saber reconhecer o trigo que cresce no meio do joio, porque, «na piedade popular, pode-se captar a modalidade em que a fé recebida se encarnou numa cultura e continua a transmitir-se».[111]

79. É possível receber, de alguma forma, um símbolo indígena sem o qualificar necessariamente como idolátrico. Um mito denso de sentido espiritual pode ser valorizado, sem continuar a considerá-lo um extravio pagão. Algumas festas religiosas contêm um significado sagrado e são espaços de reunião e fraternidade, embora se exija um lento processo de purificação e maturação. Um verdadeiro missionário procura descobrir as aspirações legítimas que passam através das manifestações religiosas, às vezes imperfeitas, parciais ou equivocadas, e tenta dar-lhes resposta a partir duma espiritualidade inculturada.

80. Será, sem dúvida, uma espiritualidade centrada no único Deus e Senhor, mas ao mesmo tempo capaz de entrar em contacto com as necessidades diárias das pessoas que procuram uma vida digna, querem gozar as coisas belas da existência, encontrar a paz e a harmonia, resolver as crises familiares, curar as suas doenças, ver os seus filhos crescerem felizes. O pior perigo seria afastá-los do encontro com Cristo, apresentando-O como um inimigo da alegria ou como alguém que é indiferente às aspirações e angústias humanas.[112] Hoje é indispensável mostrar que a santidade não priva as pessoas de «forças, vida e alegria».[113]

A inculturação da liturgia

81. A inculturação da espiritualidade cristã nas culturas dos povos nativos encontra, nos Sacramentos, um caminho particularmente valioso, porque neles se unem o divino e o cósmico, a graça e a criação. Na Amazónia, os Sacramentos não deveriam ser vistos como separação da criação, pois «constituem um modo privilegiado em que a natureza é assumida por Deus e transformada em mediação da vida sobrenatural».[114] São uma plenificação da criação, na qual a natureza é elevada para ser lugar e instrumento da graça, para «abraçar o mundo num plano diferente».[115]

82. Na Eucaristia vemos que, «no apogeu do mistério da Encarnação, o Senhor quer chegar ao nosso íntimo através dum pedaço de matéria. (…) [Ela] une o céu e a terra, abraça e penetra toda a criação».[116] Por isso, a Eucaristia pode ser «fonte de luz e motivação para as nossas preocupações pelo meio ambiente, e leva-nos a ser guardiões da criação inteira».[117] Assim, «não fugimos do mundo, nem negamos a natureza, quando queremos encontrar-nos com Deus».[118] Isto permite-nos receber na liturgia muitos elementos próprios da experiência dos indígenas no seu contacto íntimo com a natureza e estimular expressões autóctones em cantos, danças, ritos, gestos e símbolos. O Concílio Vaticano II solicitara este esforço de inculturação da liturgia nos povos indígenas,[119] mas passaram-se já mais de cinquenta anos e pouco avançamos nesta linha.[120]

83. No domingo, «a espiritualidade cristã integra o valor do repouso e da festa. O ser humano tende a reduzir o descanso contemplativo ao âmbito do estéril ou do inútil, esquecendo que deste modo se tira à obra realizada o mais importante: o seu significado. Na nossa atividade, somos chamados a incluir uma dimensão recetiva e gratuita».[121] Os povos nativos conhecem esta gratuidade e este sadio lazer contemplativo. As nossas celebrações deveriam ajudá-los a viver esta experiência na liturgia dominical e encontrar a luz da Palavra e da Eucaristia que ilumina as nossas vidas concretas.

84. Os Sacramentos mostram e comunicam o Deus próximo que vem, com misericórdia, curar e fortalecer os seus filhos. Por isso, devem ser acessíveis, sobretudo aos pobres, e nunca devem ser negados por razões de dinheiro. Nem é admissível, face aos pobres e abandonados da Amazónia, uma disciplina que exclua e afaste, porque assim acabam descartados por uma Igreja transformada numa alfândega. Pelo contrário, «nas situações difíceis em que vivem as pessoas mais necessitadas, a Igreja deve pôr um cuidado especial em compreender, consolar e integrar, evitando impor-lhes um conjunto de normas como se fossem uma rocha, tendo como resultado fazê-las sentir-se julgadas e abandonadas precisamente por aquela Mãe que é chamada a levar-lhes a misericórdia de Deus».[122] Segundo a Igreja, a misericórdia pode tornar-se uma mera expressão romântica, se não se manifestar concretamente no serviço pastoral.[123]

A inculturação do ministério

85. A inculturação deve desenvolver-se e espelhar-se também numa forma encarnada de realizar a organização eclesial e o ministério. Se se incultura a espiritualidade, se se incultura a santidade, se se incultura o próprio Evangelho, será possível evitar de pensar numa inculturação do modo como se estruturam e vivem os ministérios eclesiais? A pastoral da Igreja tem uma presença precária na Amazónia, devido em parte à imensa extensão territorial, com muitos lugares de difícil acesso, grande diversidade cultural, graves problemas sociais e a própria opção de alguns povos se isolarem. Isto não pode deixar-nos indiferentes, exigindo uma resposta específica e corajosa da Igreja.

86. É necessário conseguir que o ministério se configure de tal maneira que esteja ao serviço duma maior frequência da celebração da Eucaristia, mesmo nas comunidades mais remotas e escondidas. Em Aparecida, convidou-se a ouvir o lamento de tantas comunidades na Amazónia «privadas da Eucaristia dominical por longos períodos de tempo».[124] Mas, ao mesmo tempo, há necessidade de ministros que possam compreender a partir de dentro a sensibilidade e as culturas amazónicas.

87. O modo de configurar a vida e o exercício do ministério dos sacerdotes não é monolítico, adquirindo matizes diferentes nos vários lugares da terra. Por isso, é importante determinar o que é mais específico do sacerdote, aquilo que não se pode delegar. A resposta está no sacramento da Ordem sacra, que o configura a Cristo sacerdote. E a primeira conclusão é que este caráter exclusivo recebido na Ordem deixa só ele habilitado para presidir à Eucaristia.[125] Esta é a sua função específica, principal e não delegável. Alguns pensam que aquilo que distingue o sacerdote seja o poder, o facto de ser a máxima autoridade da comunidade; mas São João Paulo II explicou que, embora o sacerdócio seja considerado «hierárquico», esta função não equivale a estar acima dos outros, mas «ordena-se integralmente à santidade dos membros do corpo místico de Cristo».[126] Quando se afirma que o sacerdote é sinal de «Cristo cabeça», o significado principal é que Cristo constitui a fonte da graça: Ele é cabeça da Igreja «porque tem o poder de comunicar a graça a todos os membros da Igreja».[127]

88. O sacerdote é sinal desta Cabeça que derrama a graça, antes de tudo, quando celebra a Eucaristia, fonte e cume de toda a vida cristã.[128] Este é o seu grande poder, que só pode ser recebido no sacramento da Ordem. Por isso, apenas ele pode dizer: «Isto é o meu corpo». Há outras palavras que só ele pode pronunciar: «Eu te absolvo dos teus pecados»; pois o perdão sacramental está ao serviço duma celebração eucarística digna. Nestes dois sacramentos, está o coração da sua identidade exclusiva.[129]

89. Nas circunstâncias específicas da Amazónia, especialmente nas suas florestas e lugares mais remotos, é preciso encontrar um modo para assegurar este ministério sacerdotal. Os leigos poderão anunciar a Palavra, ensinar, organizar as suas comunidades, celebrar alguns Sacramentos, buscar várias expressões para a piedade popular e desenvolver os múltiplos dons que o Espírito derrama neles. Mas precisam da celebração da Eucaristia, porque ela «faz a Igreja»,[130] e chegamos a dizer que «nenhuma comunidade cristã se edifica sem ter a sua raiz e o seu centro na celebração da Santíssima Eucaristia».[131] Se acreditamos verdadeiramente que as coisas estão assim, é urgente fazer com que os povos amazónicos não estejam privados do Alimento de vida nova e do sacramento do perdão.

90. Esta premente necessidade leva-me a exortar todos os bispos, especialmente os da América Latina, a promover a oração pelas vocações sacerdotais e também a ser mais generosos, levando aqueles que demonstram vocação missionária a optarem pela Amazónia.[132] Ao mesmo tempo, é oportuno rever a fundo a estrutura e o conteúdo tanto da formação inicial como da formação permanente dos presbíteros, de modo que adquiram as atitudes e capacidades necessárias para dialogar com as culturas amazónicas. Esta formação deve ser eminentemente pastoral e favorecer o crescimento da misericórdia sacerdotal.[133]

Comunidades cheias de vida

91. A Eucaristia é também o grande sacramento que significa e realiza a unidade da Igreja,[134] celebrando-se «para que, de estranhos, dispersos e indiferentes uns aos outros, nos tornemos unidos, iguais e amigos».[135] Quem preside à Eucaristia deve ter a peito a comunhão, que, longe de ser uma unidade empobrecida, acolhe a múltipla riqueza de dons e carismas que o Espírito derrama na comunidade.

92. Ora a Eucaristia, como fonte e cume, exige que se desenvolva esta riqueza multiforme. São necessários sacerdotes, mas isto não exclui que ordinariamente os diáconos permanentes – deveriam ser muitos mais na Amazónia –, as religiosas e os próprios leigos assumam responsabilidades importantes em ordem ao crescimento das comunidades e maturem no exercício de tais funções, graças a um adequado acompanhamento.

93. Portanto não se trata apenas de facilitar uma presença maior de ministros ordenados que possam celebrar a Eucaristia. Isto seria um objetivo muito limitado, se não procurássemos também suscitar uma nova vida nas comunidades. Precisamos de promover o encontro com a Palavra e o amadurecimento na santidade por meio de vários serviços laicais, que supõem um processo de maturação – bíblica, doutrinal, espiritual e prática – e distintos percursos de formação permanente.

94. Uma Igreja de rostos amazónicos requer a presença estável de responsáveis leigos, maduros e dotados de autoridade,[136] que conheçam as línguas, as culturas, a experiência espiritual e o modo de viver em comunidade de cada lugar, ao mesmo tempo que deixem espaço à multiplicidade dos dons que o Espírito Santo semeia em todos. Com efeito, onde houver uma necessidade peculiar, Ele já infundiu carismas que permitam dar-lhe resposta. Isto requer na Igreja capacidade para abrir estradas à audácia do Espírito, confiar e concretamente permitir o desenvolvimento duma cultura eclesial própria, marcadamente laical. Os desafios da Amazónia exigem da Igreja um esforço especial para conseguir uma presença capilar que só é possível com um incisivo protagonismo dos leigos.

95. Muitas pessoas consagradas gastaram as suas energias e grande parte da sua vida pelo Reino de Deus na Amazónia. A vida consagrada, capaz de diálogo, síntese, encarnação e profecia, ocupa um lugar especial nesta configuração plural e harmoniosa da Igreja amazónica. Mas faz-lhes falta um novo esforço de inculturação, que ponha em jogo a criatividade, a audácia missionária, a sensibilidade e a força peculiar da vida comunitária.

96. As comunidades de base, sempre que souberam integrar a defesa dos direitos sociais com o anúncio missionário e a espiritualidade, foram verdadeiras experiências de sinodalidade no caminho evangelizador da Igreja na Amazónia. Muitas vezes «têm ajudado a formar cristãos comprometidos com a sua fé, discípulos e missionários do Senhor, como o testemunha a entrega generosa, até derramar o sangue, de muitos dos seus membros».[137]

97. Encorajo o aprofundamento do serviço conjunto que se realiza através da REPAM e outras associações com o objetivo de consolidar aquilo que solicitava Aparecida: «estabelecer, entre as Igrejas locais de diversos países sul-americanos que estão na bacia amazónica, uma pastoral de conjunto com prioridades diferenciadas».[138] Isto vale especialmente para a relação entre as Igrejas confinantes.

98. Por fim, quero lembrar que nem sempre podemos pensar em projetos para comunidades estáveis, porque na Amazónia há uma grande mobilidade interna, uma migração constante, muitas vezes pendular, e «a região transformou-se efetivamente num corredor migratório».[139] A «transumância amazónica não foi bem compreendida nem suficientemente elaborada do ponto de vista pastoral».[140] Por isso devemos pensar em grupos missionários itinerantes e «apoiar a inserção e a itinerância dos consagrados e consagradas ao lado dos mais desfavorecidos e excluídos».[141] Por outro lado, isto desafia as nossas comunidades urbanas, que deveriam cultivar com inteligência e generosidade, especialmente nas periferias, várias formas de proximidade e receção às famílias e jovens que chegam ao território.

A força e o dom das mulheres

99. Na Amazónia, há comunidades que se mantiveram e transmitiram a fé durante longo tempo, mesmo decénios, sem que algum sacerdote passasse por lá. Isto foi possível graças à presença de mulheres fortes e generosas, que batizaram, catequizaram, ensinaram a rezar, foram missionárias, certamente chamadas e impelidas pelo Espírito Santo. Durante séculos, as mulheres mantiveram a Igreja de pé nesses lugares com admirável dedicação e fé ardente. No Sínodo, elas mesmas nos comoveram a todos com o seu testemunho.

100. Isto convida-nos a alargar o horizonte para evitar reduzir a nossa compreensão da Igreja a meras estruturas funcionais. Este reducionismo levar-nos-ia a pensar que só se daria às mulheres um status e uma participação maior na Igreja se lhes fosse concedido acesso à Ordem sacra. Mas, na realidade, este horizonte limitaria as perspetivas, levar-nos-ia a clericalizar as mulheres, diminuiria o grande valor do que elas já deram e subtilmente causaria um empobrecimento da sua contribuição indispensável.

101. Jesus Cristo apresenta-Se como Esposo da comunidade que celebra a Eucaristia, através da figura de um varão que a ela preside como sinal do único Sacerdote. Este diálogo entre o Esposo e a esposa que se eleva na adoração e santifica a comunidade não deveria fechar-nos em conceções parciais sobre o poder na Igreja. Porque o Senhor quis manifestar o seu poder e o seu amor através de dois rostos humanos: o de seu divino Filho feito homem e o de uma criatura que é mulher, Maria. As mulheres prestam à Igreja a sua contribuição segundo o modo que lhes é próprio e prolongando a força e a ternura de Maria, a Mãe. Deste modo não nos limitamos a uma impostação funcional, mas entramos na estrutura íntima da Igreja. Assim compreendemos radicalmente por que, sem as mulheres, ela se desmorona, como teriam caído aos pedaços muitas comunidades da Amazónia se não estivessem lá as mulheres, sustentando-as, conservando-as e cuidando delas. Isto mostra qual é o seu poder caraterístico.

102. Não podemos deixar de incentivar os talentos populares que deram às mulheres tanto protagonismo na Amazónia, embora hoje as comunidades estejam sujeitas a novos riscos que outrora não existiam. A situação atual exige que estimulemos o aparecimento doutros serviços e carismas femininos que deem resposta às necessidades específicas dos povos amazónicos neste momento histórico.

103. Numa Igreja sinodal, as mulheres, que de facto realizam um papel central nas comunidades amazónicas, deveriam poder ter acesso a funções e inclusive serviços eclesiais que não requeiram a Ordem sacra e permitam expressar melhor o seu lugar próprio. Convém recordar que tais serviços implicam uma estabilidade, um reconhecimento público e um envio por parte do bispo. Daqui resulta também que as mulheres tenham uma incidência real e efetiva na organização, nas decisões mais importantes e na guia das comunidades, mas sem deixar de o fazer no estilo próprio do seu perfil feminino.

Ampliar horizontes para além dos conflitos

104. Frequentemente sucede que, num determinado lugar, os agentes pastorais vislumbram soluções muito diferentes para os problemas que enfrentam e, por isso, propõem formas aparentemente opostas de organização eclesial. Quando isto acontece, é provável que a verdadeira resposta aos desafios da evangelização esteja na superação de tais propostas, procurando outros caminhos melhores, talvez ainda não imaginados. O conflito supera-se num nível superior, onde cada uma das partes, sem deixar de ser fiel a si mesma, se integra com a outra numa nova realidade. Tudo se resolve «num plano superior que conserva em si as preciosas potencialidades das polaridades em contraste».[142] Caso contrário, o conflito fecha-nos, «perdemos a perspetiva, os horizontes reduzem-se e a própria realidade fica fragmentada».[143]

105. Isto não significa de maneira alguma relativizar os problemas, fugir deles ou deixar as coisas como estão. As verdadeiras soluções nunca se alcançam amortecendo a audácia, subtraindo-se às exigências concretas ou buscando culpas externas. Pelo contrário, a via de saída encontra-se por «transbordamento», transcendendo a dialética que limita a visão para poder assim reconhecer um dom maior que Deus está a oferecer. Deste novo dom recebido com coragem e generosidade, deste dom inesperado que desperta uma nova e maior criatividade, brotarão, como que duma fonte generosa, as respostas que a dialética não nos deixava ver. Nos seus primórdios, a fé cristã difundiu-se admiravelmente seguindo esta lógica que lhe permitiu, a partir duma matriz judaica, encarnar-se nas culturas grega e romana e adquirir na sua passagem fisionomias diferentes. De forma análoga, neste momento histórico, a Amazónia desafia-nos a superar perspetivas limitadas, soluções pragmáticas que permanecem enclausuradas em aspetos parciais das grandes questões, para buscar caminhos mais amplos e ousados de inculturação.

A convivência ecuménica e inter-religiosa

106. Numa Amazónia plurirreligiosa, os crentes precisam de encontrar espaços para dialogar e atuar juntos pelo bem comum e a promoção dos mais pobres. Não se trata de nos tornarmos todos mais volúveis nem de escondermos as convicções próprias que nos apaixonam, para podermos encontrar-nos com outros que pensam de maneira diferente. Se uma pessoa acredita que o Espírito Santo pode agir no diverso, então procurará deixar-se enriquecer com essa luz, mas acolhê-la-á a partir de dentro das suas próprias convicções e da sua própria identidade. Com efeito, quanto mais profunda, sólida e rica for uma identidade, mais enriquecerá os outros com a sua contribuição específica.

107. Nós, católicos, possuímos um tesouro nas Escrituras Sagradas que outras religiões não aceitam, embora às vezes sejam capazes de as ler com interesse e inclusive apreciar alguns dos seus conteúdos. Algo semelhante, procuramos nós fazer face aos textos sagrados doutras religiões e comunidades religiosas, onde se encontram «preceitos e doutrinas que (…) refletem não raramente um raio da verdade que ilumina todos os homens».[144] Temos também uma grande riqueza nos sete Sacramentos, que algumas comunidades cristãs não aceitam na sua totalidade ou com idêntico sentido. Ao mesmo tempo que acreditamos firmemente em Jesus como único Redentor do mundo, cultivamos uma profunda devoção à sua Mãe. Embora saibamos que isto não se verifica em todas as confissões cristãs, sentimos o dever de comunicar à Amazónia a riqueza deste ardente amor materno, do qual nos sentimos depositários. De facto, terminarei esta Exortação com algumas palavras dirigidas a Maria.

108. Nada disto teria que nos tornar inimigos. Num verdadeiro espírito de diálogo, nutre-se a capacidade de entender o sentido daquilo que o outro diz e faz, embora não se possa assumi-lo como uma convicção própria. Deste modo torna-se possível ser sincero, sem dissimular o que acreditamos, nem deixar de dialogar, procurar pontos de contacto e sobretudo trabalhar e lutar juntos pelo bem da Amazónia. A força do que une a todos os cristãos tem um valor imenso. Prestamos tanta atenção ao que nos divide que, às vezes, já não apreciamos nem valorizamos o que nos une. E isto que nos une é o que nos permite estar no mundo sem sermos devorados pela imanência terrena, o vazio espiritual, o cómodo egocentrismo, o individualismo consumista e autodestrutivo.

109. Como cristãos, a todos nos une a fé em Deus, o Pai que nos dá a vida e tanto nos ama. Une-nos a fé em Jesus Cristo, o único Redentor, que nos libertou com o seu bendito sangue e a sua ressurreição gloriosa. Une-nos o desejo da sua Palavra, que guia os nossos passos. Une-nos o fogo do Espírito que nos impele para a missão. Une-nos o mandamento novo que Jesus nos deixou, a busca duma civilização do amor, a paixão pelo Reino que o Senhor nos chama a construir com Ele. Une-nos a luta pela paz e a justiça. Une-nos a convicção de que nem tudo acaba nesta vida, mas estamos chamados para a festa celeste, onde Deus enxugará as nossas lágrimas e recolherá o que tivermos feito pelos que sofrem.

110. Tudo isto nos une. Como não lutar juntos? Como não rezar juntos e trabalhar lado a lado para defender os pobres da Amazónia, mostrar o rosto santo do Senhor e cuidar da sua obra criadora?

Conclusão

A MÃE DA AMAZÓNIA

111. Depois de partilhar alguns sonhos, exorto todos a avançar por caminhos concretos que permitam transformar a realidade da Amazónia e libertá-la dos males que a afligem. Agora levantemos o olhar para Maria, a Mãe que Cristo nos deixou. E, embora seja a única Mãe de todos, manifesta-Se de distintas maneiras na Amazónia. Sabemos que «os indígenas se encontram vitalmente com Jesus Cristo por muitos caminhos; mas o caminho mariano contribuiu mais que tudo para este encontro».[145] Perante a beleza da Amazónia, que fomos descobrindo cada vez melhor durante a preparação e o desenrolar do Sínodo, penso que o melhor será concluir esta Exortação dirigindo-nos a Ela:

Mãe da vida,
no vosso seio materno formou-Se Jesus,
que é o Senhor de tudo o que existe.
Ressuscitado, Ele transformou-Vos com a sua luz
e fez-Vos Rainha de toda a criação.
Por isso Vos pedimos que reineis, Maria,
no coração palpitante da Amazónia.

Mostrai-Vos como mãe de todas as criaturas,
na beleza das flores, dos rios,
do grande rio que a atravessa
e de tudo o que vibra nas suas florestas.
Protegei, com o vosso carinho, aquela explosão de beleza.

Pedi a Jesus que derrame todo o seu amor
nos homens e mulheres que moram lá,
para que saibam admirá-la e cuidar dela.

Fazei nascer vosso Filho nos seus corações
para que Ele brilhe na Amazónia,
nos seus povos e nas suas culturas,
com a luz da sua Palavra, com o conforto do seu amor,
com a sua mensagem de fraternidade e justiça.

Que, em cada Eucaristia,
se eleve também tanta maravilha
para a glória do Pai.

Mãe, olhai para os pobres da Amazónia,
porque o seu lar está a ser destruído
por interesses mesquinhos.
Quanta dor e quanta miséria,
quanto abandono e quanto atropelo
nesta terra bendita,
transbordante de vida!

Tocai a sensibilidade dos poderosos
porque, apesar de sentirmos que já é tarde,
Vós nos chamais a salvar
o que ainda vive.

Mãe do coração trespassado,
que sofreis nos vossos filhos ultrajados
e na natureza ferida,
reinai Vós na Amazónia
juntamente com vosso Filho.
Reinai, de modo que ninguém mais se sinta dono
da obra de Deus.

Em Vós confiamos, Mãe da vida!
Não nos abandoneis
nesta hora escura.
Amen
.

Dado em Roma, na Basílica de São João de Latrão, a 2 de fevereiro – Festa da Apresentação do Senhor – do ano 2020, sétimo do pontificado.

FRANCISCO

____________________

[1] Francisco, Carta enc. Laudato si’ (24/V/2015), 49: AAS 107 (2015), 866.

[2] Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 45.

[3] Ana Varela Tafur, «Timareo», in: Lo que no veo en visiones (Lima 1992).

[4] Jorge Vega Márquez, «Amazónia solitária», in: Poesía obrera (Cobija-Pando: Bolívia 2009), 39.

[5] Rede Eclesial Pan-Amazónica (REPAM), Brasil, Síntese da contribuição para o Sínodo, 120; cf. Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 45.

[6] Discurso no encontro com os jovens (São Paulo, Brasil 10/V/2007), 2: Insegnamenti III/1 (2007), 808.

[7] Cf. Alberto C. Araújo, «Imaginário amazónico», in: Amazónia real. Ver amazoniareal.com.br (29/I/2014).

[8] São Paulo VI, Carta enc. Populorum progressio (26/III/1967), 57: AAS 59 (1967), 285.

[9] São João Paulo II, Discurso à Academia Pontifícia das Ciências Sociais (27/IV/2001), 4: AAS 93 (2001), 600.

[10] Cf. Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 41.

[11] V Conferência Geral do Episcopado Latino-americano e do Caribe, Documento de Aparecida (29/VI/2007), 473.

[12] Ramón Iribertegui, Amazonas: El hombre y el caucho, ed. Vicariato Apostólico de Puerto Ayacucho – Venezuela, Monografia n.º 4 (Caracas 1987), 307ss.

[13] Cf. Amarílis Tupiassú, «Amazônia, das travessias lusitanas à literatura de até agora», in Estudos Avançados, vol. 19, n. 53 (São Paulo, janeiro/abril 2005): «De fato, depois de findar a primeira colonização, a Amazônia continuou seu trajeto de região açulada pela antiquíssima ganância, agora sob novas impostações retóricas (…) por agentes civilizatórios que nem precisam de corporificação para gerar e multiplicar as novas facetas da antiga dizimação, agora por via da morte devagar».

[14] Bispos da Amazónia do Brasil, Carta ao Povo de Deus (Santarém – Brasil 6/VII/2012).

[15] São João Paulo II, Mensagem para o Dia Mundial da Paz em 1998 (8/XII/1997), 3: AAS 90 (1998), 150.

[16] III Conferência Geral do Episcopado Latino-Americano e do Caribe, Documento de Puebla (23/III/1979), 6.

[17] Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 6. O Papa Paulo III, com o Breve Veritas ipsa (2/VI/1537), condenou as teses racistas, reconhecendo aos índios, cristãos ou não, a dignidade de pessoa humana, reconheceu-lhes o direito aos seus bens e proibiu que fossem reduzidos à escravidão. Afirmava: «Sendo homens como os outros, (...) não podem de modo algum ser privados da sua liberdade e da posse dos seus bens, nem mesmo aqueles que estão fora da fé de Jesus Cristo». Este ensinamento foi reiterado pelos Papas Gregório XIV, com a Bula Cum Sicuti (28/IV/1591), Urbano VIII, com a Bula Commissum Nobis (22/IV/1639), Bento XIV, com a Bula Immensa Pastorum Principis, dirigida aos bispos do Brasil (20/XII/1741), Gregório XVI, com o Breve In Supremo (3/XII/1839), Leão XIII, na Epístola aos Bispos do Brasil sobre a escravatura (5/V/1888), São João Paulo II, na Mensagem aos indígenas da América (Santo Domingo 12/X/1992), 2: Insegnamenti XV/2 (1992), 341-347.

[18] Frederico Benício de Sousa Costa, Carta Pastoral (1909), ed. Imprensa do governo do Estado de Amazonas (Manaus 1994), 83.

[19] Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 7.

[20] Francisco, Discurso por ocasião do II Encontro Mundial dos Movimentos Populares (Santa Cruz da Serra – Bolívia 09/VII/2015): L’Osservatore Romano (ed. portuguesa de 16/VII/2015), 13.

[21] Francisco, Discurso no Encontro com os Povos da Amazónia (Puerto Maldonado – Perú 19/I/2018): L’Osservatore Romano (ed. portuguesa de 25/I/2018), 8.

[22] Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 24.

[23] Yana Lucila Lema, Tamyahuan Shamakupani (Com a chuva estou vivendo), 1. Ver http://siwarmayu.com/es/yana-lucila-lema-6-poemas-de-tamyawan-shamu-ku-pa-ni-con-la-lluvia-estoy-viviendo/

[24] Conferência Episcopal Equatoriana, Cuidemos nuestro planeta (20/IV/2012), 3.

[25] N. 142: AAS 107 (2015), 904-905.

[26] N. 82.

[27] Sínodo dos Bispos – Assembleia Especial para a Região Pan-Amazónica, Instrumentum laboris, 83.